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Full text of "Historia de Nuevo León con noticias sobre Coahuila, Tejas, Nuevo México"

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DOCUMENTOS 
PARA LA HISTOEIA DE MEXICO 



Los "Docutnentos Ineditos 6 muj' Raros para la Historia de 
Mexico'' se publican en tomes bimestrales. 
Precio de cada tomo: 

Alarustica $ 1-50 

Con pasta "amateur"' 2.00 

Los pedidos se deben hdcer al Editor, Ignacio B. del Castillo, 
apartado postal 337, 6 calle de Montealegre 9. 



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HOCUMENTOS 

IDITOS 6 MUr RAROS 

ParaIaHistoriacleMe:xico 

fm/CADos roR 

GENARO GARCIA. 

TOMO XXV 

HISTOEIA DE NUEVO LEON/ 




CON NOTICIAS SOBRE COAHmiA, TEJAS 
Y NUEVO MEXICO 



CAPITAN ALONSO DE LEON, 
UN AUTOE ANONIMO 

Y EL GENERAL 

FEENANDO SANCHEZ DE ZAMOEA 



MEXICO 

LIBREKIA DE LA VDA. DE CH. BOURET 

45— Cinco de Mayo — 45 

1909 



Queda asegurada la pro- 
piedad literaria por haber- 
se hecho el depOsito legal. 



Tip. D. Garcia y Cia.— 4^ Av. Balderas, 62.— Mexico. 





ADTEETENOIA 



UBLiCAMos hoy tres anti- 
guas relaciones ineclitas 
sobre el Nuevo Reino de 
Leon, con algunos datos 
concernientes a Coahui- 
la, Tejas, Nuevo Mexico 
yuna colonia francesa, 
establecida sobre la costa del Mar del Norte: la 
primera, escrita por ei Capitan Alonso de Leon; 
la segunda, por un autor anonirao, e, incluida en 
ella, la tercera, por el General Fernando Sanchez 
deZamora. Las tres forman un todo sin solucion de 
continuidad ni lugares comunes, y son de inesti- 
mable valor, porque los autores escriben de visit 
con igual naturalidad que precisi6n. Abarcan des- 
de los primeros descubrimientos hechos por los 
espanoles, hasta el ano de 1690. 

Salvo las primeras paginas de este tomo, pla- 
gadas de citas religiosas y profanas, segiin la cos- 
tumbre de la epoca, todas las restantes son de 



6 

muy agradable lectara, por su estilo castizo y 
corriente y por susabundantes descripciones pin- 
torescas. Nos enseiian con ingenua verdad los des- 
cubrimientos, conquistas y colonizaciones em- 
prendidas por los espanoles; los usos, costumbres 
y vida entera de los indigenas; las primeras re- 
laciones entabladas entre unos y otros, y la gue- 
rra irreconciliablemente exterminadora que en- 
tre ambos surgio de una manera inevitable, a 
causa de que los espanoles se conducian como 
senores absolutos, no respetaban ni la propiedad 
ni la libertad de los indios, y cuando entraban en 
tierras desconocidas, era comunmente para sacar 
a los naturales, «que se vendian bien, cebo con 
que acudian mas soldados, que llovidos aventu- 
reros.» Tanto abusaron en esto los espanoles, que 
el Arzobispo y Virrey D. Pedro Moya de Con- 
treras tuvo que prohibirles que sacaran indios 
de sus pueblos; mas como los espanoles «no te- 
nian otro entretenimiento ni de que comer, se 
iban saliendo af uera, ya cuatro, ya diez,» y deja- 
ron por ultimo despoblada la ciudad de Leon. 
Sin embargo, elabuso perdur6, porque ya se ha- 
bia convertido en habito: «no se tenia por hom- 
bre el (espanol) que no llegaba a las rancherias 
de (indios) amigos 6 enemigos y quitaba loshijos 
a las madres.» Naturalmente, asicomo «vemos a 
una gallina embestir al milano para defender 
a sus hijos, poniendo la vida en riesgo para am- 
parar la de ellos,» del propio modo y con mayor 
raz6n la gente indigena defendia a los suyos y 
combatia y mataba a los espanoles cada vez que 
se le presentaba alguna ocasion. Al fin de cuen- 
tas, la pirateria y guerra constantes habian aca- 
bado con las incontables poblaciones indigenas, 
sin dejar «casi ninguna.» 

El Capitan Alonso de Le6n nacio y se educo 



en Mexico; fue al Nuevo Reino de Le6x] en 1636 
y desde entonces comenzo a escribir su obra, la 
cual perfecciono «escudriDando archivos» e in- 
forraandose «de personas antiguas y mas cer- 
canas a los primeros descubridores.» Figure co- 
mo principal protagonista en no pocos de los he- 
chos que narra, y deseoapeno varios cargos im- 
portantes, entre ellos, los de Procurador General, 
Alcalde Mayor y Capitan a Guerra de la villa de 
Cadereyta y de Procurador, en Mexico y Espa- 
na, del Gobernador del Nuevo Reino de Le6n, 
D. Martin de Zavala. Murio en el valle delPilon, 
el alio de 1661. D. Jose Mariano Beristain de 
Sousa habla, en su «Biblioteca Hispano America- 
na Septentrional, » del Capitan Alonso de Leon y 
de su obra, peroconfundiendolo con su hijo y ha- 
ciendo de ambos uno solo. 

El autor anonimo de la segunda relacion publi- 
cada aqui, llego a Nuevo Leon, a fines de 1650; 
sirvio alia en la milicia e intimo mucho con el Ca- 
pitan Alonso de Leon, cuya obra se propuso con- 
tinuar «por el singular afecto» que habia profe- 
sado a dicho Capitan; escribia y vivia en 1690. 

El General Fernando Sanchez de Zamora, sobri- 
nodel Gobernador Martin de Zavala, vivi6 en San 
Luis Potosi, de donde pas6 a Rio Blanco, el ano de 
1659, con el caracter de Justicia Mayor y Capi 
tan a Guerra. Escribi6 su relacion en 1680, y la 
presto al Autor Anonimo, quien la transcribio 
textualmente en la suya. 

El original de las tres relaciones impresas en 
el presente tomo, fue escrito tal vez por el au- 
tor de la segunda, quien cuido de copiar las 
otras dos: la escritura es manifiestamente de 
fines del siglo XVII. Dicho original forma un 
volumen en 12*?. de 2 f. eu bianco + 1 M. S. 
+ 2en bianco + 79 M. SS. + 91 + 3 en bianco + 12 



M. SS. +9 en bianco; miden 2lY nam. por 175, y 
las 12 penultimas encierran un itinerario de un 
viaje que hizo a Tejas AlonsodeLeon, hijo, y del 
cual hablan detalladanaente los ditimos capitulos 
de la segunda relacion, por lo que hemos omitido 
dicho itinerario. 

El expresado original pertenecia a la rica bi- 
blioteca de nuestro excelente y muy respetable 
ainigo el infatigable y eruditisinao bibliografo 
Sr. Canonigo D. Vicente de P. Andrade, quien, 
con su acostumbrada generosidad, se sirvio pro- 
porcionarnoslo para que lo publicasemos. Reci- 
ba el distinguido sabio, que tanto honra las le- 
tras patrias. un testimonio publico de nuestra 
personal gratitud. 

No obstante que el presente tomo encierracasi 
el doble del material contenido en cualquiera de 
los tomos anteriores, hemos resuelto venderlo a 
igual precio; es oportuno declarar aqui que con 
los «Documentos Ineditos 6 muy Raros para la 
Historia de Mexico, » no perseguimos otro fin que 
coadyuvar,en nuestra humilde esfera, a la forma- 
cion de la historia patria. 

Mexico, 1^ de agosto de 1909. 

Genaro Garcia. 



RELACION Y DISCURSOS 

DEL 

DESCUBRIMIENTO, POBLACION Y PACIFIC ACION 

DE ESTE 

NUEVO REINO DE LEON; 

TEMPERAMENTO Y CALIDAD DE LA TIERRA . 

HECHOS POR EL CAPITAN 

ALONSO DE LEON, 

VECINO DE LA VILLA DE CADEREYTA, 

EN EL NUEVO REINO DE LEON, Y 

NATURAL DE LA MUY NOBLE Y LEAL CIUDAD 

DE MEXICO. 

DIRIGIDOS AL ILMO. SR. DR. 

D. JUAN DE MANOZCA, 

IN^UISIDOR EN EL SANTO OFICIO 

DE LA 

NUEVA ESPANA. 

SUBORDINADO TODO LO OUE DIJERE 

A LA CORRECCION DE LA S. R. E. C. 

ANO DEL SENOR DE 164-9. 




Al Muy Ilustre Sr. Dr. D. Juan de Manoz- 
CA, Inquisidor del Santo Tribunal de la 

NUEVA ESPANA. 




osTUMBRE es [Ilustre 
Sr.] de los que escri- 
ben, aunque sea poco, 
dedicarlo a personas 
grandes, para qae con 
su amparo teng-an lus- 
tre las obras y defensa 
contra los maidicieDtes, 
que, no sabiendo juzgar 
las de su casa, quieran corregir las faltas de la 
ajena; y habiendo de tener partes necesarias pa- 
ra ello, no halie sujeto mas a proposito que es el 
de Vm., elig-iendole por mi Mecenas para que, con 
su autoridad, acompaSada con su virtud, santi- 
dad y letras, tan arraigadas, de sus primeros aiios, 
que como testigo de vista puedo afirmar, y Me- 
xico admiro; pues cuando como muchachos de- 
seabamos la desocupacion de los gimnasios de la 



12 

Compania para dar un rato al tiempo lo que era 
suyo, Vm., en tan santos ejercicios, retirado en 
lo mas oculto de su casa, agregando algunos con- 
discipulos, dandoles documentos y reformando 
costumbres con titulo de religion de San Bruno, 
aprovechando juntamente en la leccion que basas 
firmes (sic) de la columna que hoy esta Vm. re- 
presentando en el Santo Tribunal de la Fe, cuan- 
do se hallaba en estas Indias tan combatido (por) 
disimulados enemigos, que f ue muy bien necesa- 
rio al subjeto para laexpedici6n de tantas causas, 
habiendo sido en el discurso de su vida un ejem- 
plo de santidad en el ejercicio de las limosnas y 
obras pias, dignas de eterna memoria, que pasa- 
re en silencio por requerir otro ingenio y obra 
particular para decirlas al mundo, y tambien por 
no ser notado de adulador, cosa ajena de mi pro- 
fesion. Conociendo, pues, la afabilidad con que 
Vm. [corao tan sabio y prudente] admite la vo- 
luntad de los que le desean servir, dandoles el 
favor que de tal mano se espera, me anime a 
ofrecer a Vm. estos discursos, fruto de mi flaco 
ingenio. Bien entiendo no tiene caudal mi sufi- 
ciencia para salir del amparo de Vm., por lo cual 
le suplico los admita, no segun lo que son [si bien 
es lo que puedo], sino segiin la voluntadcon que 
los of rezco; y si por la falta de elegancia su humil- 
de estilo, se juzgare indigno de la merced que pi- 
do, supla esa falta el virtuoso atrevimiento que 
tuve en dirigirlos, suplicando a Vm., si las gran- 
des importantes ocupaciones dan lugar, pase los 
ojos por ellos, haciendoles la protecci6n que es- 
pero de Vm., que guarde Dios muchos y felices 
anos en muy grande prelacia. 

Cadereyta y julio 26 de 1649 anos. 

Alonsso de Leon. 




PrOEMIO AL CURI080 Y BEN^IVOLO LECTOR. 



RANDE ha sido la admi- 
racion que he tenido [sa- 
bio y prudente lector], 
desde que entre a este 
Reino, que f u6 el ano de 
treinta y seis, consideran- 
do cuan pocos eran los que 
en el, por escrito 6 tra- 
dicion, podian dar razon verdadera de los suce- 
sos, poblaciones, generos y otras cosas sucedidas 
en el, de que se pudiera sacar, ya que no fruto, 
deleitacion; y como la condici6n humana, con los 
f undamentos de algiin estudio, se deleite en al- 
canzar las cosas pasadas, para por ellas venir en 
conocimiento de las futuras, mediante a la ocu- 
pacion de las artes, siendo buenas, con que recibe 
salud el alma, autoridad el cuerpo, honestidad la 
vida y adorno hermoso la fama; lo cual, como 
conociesen los sabios antiguos, avidaran a sus 
hijos, ricos y famosos, no del oro mundano, sino 




14 

de virtud y buenas artes, teniendo a lasabiduria 
por verdadera posesion y principal tesoro, esti- 
mando mas la gloria del entendimiento que las 
f uerzas corporales, menospreciando las codicias 
y ambiciones humanas, de que do estaban infi- 
cionados los ingenios de los hombres; mas ya en 
esto es tanta la corrupcion, que primero se ha- 
bla de la hacienda de cada uno, y lo postrero de la 
vida y costumbres, y aquella solapa a estas, como 
el oro a las pildoras, disf razando, con el gusto de 
su capa, lo acerbo de ellas, beneticiando aquello 
del satirico: cuanto tienes, cuanto vales, y aun 
tanto sabes. Lo cual, como por mi f uese consi- 
derado, doliendome de ver tantos y tan grandes 
trabajos de algunos espanoles, de tantos como 
quiza con tan buen celo ban perecido a manos de 
estos barbaros, sepultados en las cavernas del ol- 
vido; determine por mi curiosidad hacer un apun- 
te, en mis papeles, de todas las cosas subcedidas 
[si posible fuese], y hallandolas confusas, dudo- 
sas y con tan poca certidambre, resolvi dejarlas 
[tanto fue el descuido de los antiguos]; mas ha- 
biendome un amigo de Mexico, curioso y a quien 
tengo obligaciones, enviado a pedir le diese re- 
lacion de esta tierra, sus descubridores, guerra, 
temperamento y condicion de los naturales, me 
halle perplejo, por una parte, viendo el inmenso 
trabajo que me habia de costar, por la ignor(an- 
c)ia que de esto habia, el darla, aunque fuese muy 
corta; por otra, el ser forzoso el hacerlo sin ex- 
CQsa, poniendola en estilo y con la verdad que a 
scraejantes personas se debe. Tom^ con esto atre- 
viiniento y osadia [benevolo lector], confiando el 
favor que de los prudentes espero, a escribirla 
repartida en tres discursos, con la mayor verdad 
y certeza que se puede, escudrinando archives e 
informandome de personas antiguas y mas cer- 



15 

canas a los primeros descubridores; confieso se 
hallabanenellosinadvertenciaSjfaltasydescuidos; 
algunos son de los tiempos y arios en que subce- 
dieron algunos casos. Toda diligencia puse y no 
pude averiguarlo; disculpado quedoen losdemas 
que a mi tocan; mis continuas ocupaciones en el 
ejercicio de la guerra no me ban dado lugar a co- 
rregirlas ni ponerlas con mejor elocucion, por ser 
tan contrarias al sosiego que pide la escritura; y 
asi, ruego al curioso lector la supla con su discre 
cion y considere me oblig6 la fuerza, y que es 
facil y subjeto a errar el entendimiento humano. 
Y si algiin memo los leyere con intencion de con- 
denarlos, no agradeciendo mi trabajo [siendo ver- 
dad merece igual agradecimiento al que sabe apu- 
rar el oro, que el descubridor delas minas donde 
nace, no menos debe ser estimado el trabajo del 
que ayuda a su republica con ambos servicios], 
dispongase a escribir otra y pasar adelante con 
la piedra, si le pareciere la dejo muy cerca. Res- 
tame decirte [curioso lector] que, pues te doy la 
corneja [que pone Horacio], adornada y hermo- 
seada con las plumas de mis trabajos, no seas tan 
desconocido que me pongas el cuervo, que, sin 
respeto a la blancura de mi intencion, hallando 
alguna pupa 6 macula, por pequeSa que sea, alii 
pique. El fin de este trabajo sea dar gracias a 
Dios, autor de todo, que con eso quedare bien 
pagado y satisf echo, avisandome de sus defectos, 
que tendre por graciosa recompensa, no dando 
oido a las carcomosasmormuraciones^ de los ma- 
le vol os envidiosos. Yale, pio lector. 



1 Equivalia antiguamente A murmuraciones.— G. G. 



DISCURSO PRIMERO. 



CAPITULO I 

COMO EL HOMBRE ES INCLINADO k BUSCAK A DiOS. 




OMO el hombre se ha 
hecho, segun se escri- 
be en el Genesis, ^ de 
las divinas manos de 
Dios, a su imagen y 
semejanza, en hado 
(sic), en gracia, dedi- 
cado a si, como ultimo fin del hombre, sin tener 
este tal hombre, para recibir tan notables benefi- 
cios, y merced tan singular, merecimiento de su 
parte, pues, no siendo, carecia de merito, y, des- 
pues de hecho y criado, no lo podia tener en aquel 
principio, cuando apenas acabo de ser cieno, f ue 



1 Genesis, 3. 



18 

forzoso darle algiin impulso natural, para que 
por su medio buscase (a) aquel Senor, fin ultimo 
suyo, y, hallandole, le amase, conociese y reve- 
renciase, dandole las gracias merecidas, si no 
iguales a su bondad y majestad increada; puso, 
pues, su saber infinito en el una lumbrera inte- 
lectual, por lo cual, con un confuso conocimien- 
to, segun su corta capacidad, le conozca por su 
Dios y Criador Universal de todas las cosas, en 
cuyas manos esta la vida y el ser, como principio 
y origen de todas las criaturas, y a quien natu- 
ralmente todos los hombres tienen inclinaci6n y 
apetito de ir con un impulso, cuauto le es posi- 
ble, por aquella lumbre impresa en el alma, ima- 
ginando que toda su excelencia y bien consiste 
solo en el mismo Dios que la crio, de la propia 
suerte que el f uego encendido en la tierra, su lla- 
ma, en cuanto le es posible, encamina a lo alto, 
centro suyo. Por esta lumbre, que es el entendi- 
miento, viene la voluntad, reina de las potencias 
[aunque, como dicen los fil6sofos], a conocerse, 
segun es alumbrado, al Dios a quien por recono- 
cimiento y superioridad deben adorar y reveren- 
ciar, y tanto mas se llegan al verdadero, cuanto 
el entendiraiento esta mas claro en las conside- 
raciones de las cosas criadas, y al contrario; el 
cual conocimiento, menos queriendo, fil6sofo, y 
por discurso de tiempo no lo alcanzaban los hom- 
bres, como se ve en Aristoteles, que, para ha- 
llarse por solo rastro y naturales movimientos, 
trabajo tanto en la composicion de tantos li- 
bros, y hallando ser Dios primera causa de todas 
las causas, como una substancia pura y inmaterial 
de que en todo depende, dijo, habiendovistoque 
seria de maravillosa y excelente propiedad y delei- 
taci6n: pues ya te he escudrinado y rastreado. 
Causa Primera de las causas, apiadate de mi; de 



19 

suerte que haber Dios 6 causa suprema que con 
suma potencia, inteligencia y voluntad gobierne 
el mundo natural mente, le es al hombre su cono- 
ciraiento conf uso, con el cualse inclina abuscar- 
le como a su centre propio; pero cual sea "y cua- 
les sus propiedades, si es uno 6 muchos, es im- 
posible sin lumbre de fe, la cual falto a los filo- 
sofos antisruos. 



CAPITULO II 
Como se prueba haber Dios. 

Para declarar haber Dios, que todas las cosas 
gobierna y tiene debajo de su poderio, segun las 
cosas naturales, es necesario tratarlo, lo que al- 
gunos filosofos y, entre ellos, Marco Tulio dice, 
en el libro segundo de La Naturaleza de los Die- 
ses: no puede haber en el mundo ningun hombre 
racional que, por la lumbre natural, notengaco- 
nocimiento de Dios y le conozca conf usamente; ^ 
y entre los gentiles, sobre la cantidad hubo di- 
versas opiniones, y el mismo Tulio, en el primer 
libro de sus Trasculanas (sic por Tusculanos), 
dijo: no hay nacion en el mundo, por barbaraque 
sea, que carezca de Dios; y en el libro arriba ci- 
tado introduce a Oieantes, filosofo estoico, el 
cual, para el conocimiento de Dios, propone cua- 
tro causas a quien natural y confusamente el 
hombre se inclina a adorar, obedecery servir co- 
mo a Senor de todo: la primera es haber en el 
mundo adivinos y agoreros que, por sus agiieros 
de aves y otras cosas, adivinaban lo porvenir, lo 
cual tenian por cosa divina los gentiles, de que 

1 CiccrSn, 2. De Nat. Deorum. 



20 

inferian: mal pudieran estos acertar en lo future, 
si no hubiera Dios queselo(s) comunicara por 
aquellos medios, haciendolos sus interpretes; y 
formando su argumento, hallaban haber Dios que 
les declarara lo porvenir. La segunda causa es la 
grandeza de los cielos, sus influencias y templan- 
za, sus provechos y utilidades, la f ru(c)tificaci6n 
de las tierras y comodidades que de ella recibi- 
mos para el sustento de la vida humana, todo lo 
cual vemos y palpamos, y no de quien proceden; 
luego es causa divina y, por consiguiente, digna 
de adoracion. La tercera es ver los relampagos, 
truenos y rayos; nubes, lluvias, cometas y otras 
impresiones del aire; pestilencias, terremotos; 
abrirse la tierra:hundirse las ciudades; los asom- 
bros y espantos en el corazon y otras cosas que 
causen horror: demostracion haber en el cielo mo- 
vedor, de quien resultaban era Dios. La cuarta 
es la Concordia, igualdad y templaaza continua 
de los movimientos celestes, del sol, luna y es- 
trellas fijas; planetas; su distincion, su utilidad, 
su mucha hermosura, su orden y concierto, su 
curso sin confusion ni mezcla de desconciertos, 
todo lo cual, considerado con los ojosdela razon, 
muestran no ser acaso [como los epicureos que- 
rian], sino de proposito y de muymaduroacuer- 
do, y siendo con tanta consonancia, sin jamas fal- 
tar un punto de lo dispuestopor su Criador, tan- 
tos siglos guardada, es necesario confcsar alguna 
causa que las rija y gobierne; esta, pues, es Dios 
Universal, Senor y Criador de todo lo, a quien 
llamamos Dios. 

Aristoteles dijo: todos los hombres convienon 
en que el cielo es palacio real y lugar supremo 
de Dios, y no solo suyo, sino de sus espiritus, 
por quienes entendemos los angeles; ^ otros, que 

1 Aristoteles, 1. 6. De Ce. A M. 



21 

con mas obscures ojos miraban y notaban las co- 
sas, como los egipcios, tuvieron adoracion a ani- 
males inmundos, por dioses, ^ de donde los grie- 
gos la tomaron, dandodeidad a hombres viciosos 
y carnales, y de ellos vino a los troyanos, de 
quienes sucedio en Roma honrar con sacrificios 
a semejantes dioses, inventando cada dia mas, de 
tal suerte, que, en tierapo de Hesiodo, poeta, se- 
gun refiere Eusebio en el libro quinto de su Me- 
dicacion Evangelica, y lo repite Moya,'- habiaen 
Roma treinta mil dioses, y no era mucho, segun 
la pocadeidad (que) a cadauno daban. Delasra- 
zones de los gentiles arriba dichas, cogieron los 
teologos para tratar de este conocimiento de Dios, 
y asi dice Boecio que la razon natural ensenaser 
Dios digno de ser amado y servido, porque la 
naturaleza racional arde en deseo de su Criador. ^ 
Santo Tomas prueba que ofrecer sacrificios a 
Dios es de ley natural; ^ de suerte que en cuaP 
quiera tiempo y edad, y entretodas lasnaciones, 
hubo la dicha adoracion y culto divino, y el 
conocimiento del verdadero Dios no ha faltado 
en el mundo desde su creaci6n, ni los sacrificios, 
como consta del Genesis, dondese ve quede Adan 
vino. Vino a Enos, y del a Noe, y del a Abra- 
ham, de quien la deprendio y saco; y del Ja- 
cob, a quien subcedieron los patriarcas; y de ellos 
Moises, caudillo electo de Dios, por cuya orden 
vino a los jueces, reyes y pontifices hasta la ve- 
nida del Mesias, cordero sin mancilla, unido hi- 
jo de Dios, distinto en personas, igual en subs- 
tancia con el Padre y el Espiritu Santo, como 
nos lo ensena nuestra Santa Fe Catolica, y de 
quien el mismo Padre Eterno, en el Monte Ta- 

1 Cicer(3n, 2 De Nat. Deorum. 

2 Moya, ] . 1°, cap 8, phil°. 

3 Boecio, lib. 6, 3 pro., cap. 1.° 

4 D. Th., 2, quest 85. 



22 

bor, dijo: este es mi hijo amado, en quienyome 
recreo; oidle y seguid en lo que os dijere, como 
a vuestro maestro, a quien debemos creer y ser- 
vir.^ 



CAPITULO III 

C6mO TODAS las NACIONES del MUNDO, for BAR- 
BARAS QUE SEAN, HAN TENIDO DIOSES, SI NO ES 
LA DE ESTE NUEVO ReTNO DE LeON. 

Habiendo probado, en los capitulos pasados, 
haber Oios y las causas que al hombre natural- 
mente mueven a reverenciarle y adorarle, con- 
viene en este mostrar como todas las naciones, 
asi del Viejo como de este Nuevo Mundo, por 
barbaras que hayan sido, ban llegado a tener dio 
ses a quien adorar y reverenciar, si no son las 
que ban habitado y al presente habitan en el bar- 
barismo de este Nuevo Reino de Leon; dando 
las causas para ello con las mejores autoridades 
que sea posible. 

En la primera edad no pudo haber idolatria, 
por cuanto era toda una lecg'ua, y aunque los 
hombres pecaron y fueron malos, que merecie- 
ron el castigo del diluvio, - no poresodejaron de 
tener maestros, como Adan, Noe, que les acor- 
daban las obras de Dios verdadero. Pasado el di- 
luvio y multiplicados los hombres, envidioso el 
demonio de su extremada perdida, instigo a los 
habitadores de la tierra a hacer aquella soberbia 
Torre de Babel, donde se confundieron las len- 
guas, ^ que les obligo a repartirse por diversas 

1 Matheo, cap. 17. 

2 Genesis, cap. 11. 

3 Genesis, cap. 7. 



23 

partes del mundo; y como en algunas faltasen 
liombres de edad y prudencia para dar razon de 
la que tenian del verdadero Dios, llegaron a ha- 
cer idolos, adorando (a)hombres; y segun San 
Agustin, los primeros que adoraron el solyluna 
fueron los egipcios, ^ aprendiendolode Cham, hi- 
jo de Noe, el cual poblo aquella provincia y fue 
hechicero, deseando (sic por desechando) la doc- 
trina que el padre le habia dado, del verdadero 
Dios; fue amigo de inventarcosas nuevas, estra- 
gando a los hombres y atrayendolos a sus nove- 
dades; y creyendo (sic por creciendo) el mundo 
y con el la ignorancia, llegaron a dar divinidada 
cosas torpes y viles, como son gatos, ratones y 
otras inraundicias. 

Los caldeos adoraron el f uego, porque decian 
era la cosa mas poderosa del mundo, pues consu- 
mia todas cuantas materias habia, de que se ha- 
cian los otrosdioses; esta adoracion quiso (des- 
truir) donosamente un sacerdote egipcio, como 
rehere Rufino, ^' el cual tomo una tinaja grande 
de barro, hecha con muchos abujericos (sic)rauy 
sutiles, los cuales tapo con cera, y llena de agua, 
pinto, por disimularlos abujeros, de diversos co- 
lores; tomo una cabezade unidolo viejo, compil- 
sola sobre la tinaja y desatio a los caldeos con 
su dios, diciendo era el mas poderoso detodos los 
dioses, y que trujeran el suyo a probar cual era 
el mas valiente; los caldeos, para acreditar el su- 
yo, por la contianza que del tenian, lo trujeron 
de buena gana; echo un gran f uego el egipcio, pu- 
so su tinaja con su dios encima, y como el calor 
derritiese la cera, comenzo a (d)estilarse el agua, 
sin ser sentida, por la delicadez del abujero, y 
se apago la lumbre y salio vencedora la tinaja. 

1 Lib. 16, cap. 11 de Civit. Dei. 

2 Arcit. ejlesiastica. 



24 

Visto por los presentes, largaron el f uego y ado- 
raron la tinaja, llamandola el Gran Dios Canopo; 
desta suerte procedio, de gente en gente, a los 
griegos, troyanos y romanos, y en comun adora- 
ron a los reyes, dandoles divinidad. 

No falto este conocimiento de Dios verdadero 
6 falso en ninguna nacion de las que hasta hoy 
se han visto en el mundo, porque, si dejamos las 
antiguas, de quienes tanto han escrito, y po- 
nemos los ojos en estas del Nuevo Orbe, hallare- 
mos que los del Perii adoraban infinitos, dando 
superioridad a uno, llamado Viracocha; los de Me- 
xico y todas sus provincias, y bien distintas en 
lenguas y principados, tenian mayor numero de 
dioses que los romanos, ni todas las naciones 
del mundo, siempre reconociendo a uno por su- 
premo, llamado Huisilepuztli (por Huitzilopox- 
tli.) Pasando a aquellas partes orientales, como 
es la India, Etiopia, China y Japon, vemos, por 
las historias hechas de autores fidedignos, tener 
religion, templos, culto y adoracion de sus ido- 
los. En la Vizcaya, Florida, Nuevo Mexico, no 
les ha faltado, pues cada dia los quitan los reli- 
giosos de San Francisco de las cuevas, que en los 
bosques tienen, como me conto lo habia hecho, 
en la sierra de Auazamota, el P. Fr. Francisco 
Labado, siendo Guardian de aquel convento. 

Solamente en esta parte de Indias, en esta por- 
cion del mundo que hay entre los limites de la 
Nueva Espaiia, Florida, la Vizcaya y costa del 
Norte, que se intitula Nuevo K,eino de Leon, 
aqui es solo donde no se halla ese, ni verdadero 
ni confuso, conocimiento de Dios; aqui solo es 
donde el barbarismo se ha recopilado; aqui solo 
es donde, de todo punto, los hombres, dejando la 
naturaleza, no la forma, se han convertidoen fie- 
ras, olvidando el fin para que f ueron criados, sin 



25 

recoDOcimiento a diosni rey, dandosuperioridad 
a cosa criada; pues para que algunos indios, en- 
fermos, 6 puestos, por delitos, para ahorcar, re- 
ciban el bautismo, es necesario proponerles que 
ban de ir al cielo y que hay alia muchos mimotes 
(sic por mitotes) y que comer, con cuyo cebo lo 
admiten. 

La causa porque ha sido tanto el barbarismo, 
ceguera y bestialidad de esta gente, es, miran- 
dolo con consideracion cristiana, permision de 
Dios; que los hombres que estan a rienda suelta, 
se olvidan de Su Divina Majestad, dandose todos 
al vicio, a las carnalidades, pecados que son f ue- 
ra de los limites de la razon humana; siendo de- 
jados de su poderosa mano, dejandonos (sic por 
dejandolos) caminar con sus desordenados apeti- 
tos, para que, encenegados en ellos, se olviden de 
la obligaci6n que a su Criador tienen, no hacien- 
do caso de su palabra, ni temiendole; los que, 
faltandoles este temory conocimiento, notenien- 
do maestros que les ensenen, pierden el respeto a 
Dios, la vergiienza al mundo y quedan iguales 
a los brutos irracionales, como dice el Ap6stol 
San Pablo: ^ entregolos Dios aun reprobado sen- 
tido. para que hagan aquellas cosas que no con- 
viene hacerse, por estar llenos de toda maldad, 
malicia, fornicacion, avaricia y iniquidad, y por- 
que estan como hidr6picos, hinchados de vicios, 
vomitando muertes, envidias, enganos y conten- 
ciones; con que queda ello entendido que la cau- 
sa que da el Apostol, es haberse los hombres en- 
tregado tan a rienda suelta a sus vicios, que han 
quedado en ellos con un habito grosero, ciegos y 
confusos, cual estan estos indios de e£te Reino, 



1 Rom. 1. 



26 

tan olvidados de aquello que huela a religion, 
que no se dif erencian mas que en la forma, de los 
brutos animales. 



CAPITULO IV 

06mO NINGUNA NACI6n HACARECIDO de MAE8TR08 
PARA EL CONOCIMIENTO DEL VERDADERO DiOS, 
Y LOS RESQUICIOS (siC POR INDICIOs) QUE EN ES- 
TE ReINO se HAN HALLADO DE HABERLOS HA" 
BIDO. 

En la primera edad del mundo, se lee en todo 
el sagrado libro del Genesis, que Adan enseno a 
los hombres el conocimiento de las cosas natura- 
les, el conocimiento y temor de Dios, y que el 
patriarca Enoc(h), hi jo de Set(h), nieto suyo, en- 
seno el culto divino invocando su santo nombre, 
comolo notan aquellas palabras: iste cepit in- 
vocare nomen domini;^ pues no queriendo ellos 
seguir las pisadas de este, se apartaron de la ca- 
ra de Dios, causando tanto desorden, que obligo 
a Dios, pesandole de haber f ormado al hombre [si 
es que puede haber en Dios arrepentimiento], a 
anegar al mundo con el general diluvio, guar- 
dando al patriarca Enoc(h), hi jo de Lared, (sic 
por Jared), donde es servido,- para comprobacion 
de esta verdad. 

Despues del diluvio, hasta la venida de Cristo 
al mundo, fin de la quinta edad, no faltaron pro- 
fetas, profecias, castigos, y presagios que daban 
aviso del Creador de todas las cosas, para que no 
se ignorasen en las tres partes del mundo descu- 
bierto, como(de) todalaSagradaEscriptura y de 

1 Genesis, 4. 

2 Genesis, 6. 



27 

muchas historias divinas y profanas consta, cuya 
verdad y certeza atestiguara el celosoElias, cuan- 
do la Divina Majestad lo saque del lugar de su 
dep6sito; venido, pues, el Salvador del mundo, 
dandole luz, desterrando las tinieblas en que es- 
taba sumergido, despues que con el sagrado bau- 
tismo dio gracia a los hombres para que pudiesen 
entrar por las puertas diamantinas que abrio 
desde la cruz, a gozar de aquellos inmensos bie- 
nes de su celestial morada, mando a sus discipu- 
los se repartiesen por el mundo a predicar, di- 
ciendoles: cuntes in mundiivi universum predi- 
cate evangelium omni criature. ^ De creer es que 
en aquella palabra universum, se comprende to- 
do lo que esta debajo del orbe, y que en perso- 
nas tan santas, tan celosas de la ley y tan deseosas 
de predicarla y sacar al mundo de sus tinieblas, 
que no dejarian, en todo el, tierra poblada donde 
no pasasen a predicar; pues quien llevo los ani- 
males de este Nuevo Mundo a guarecer en el area 
de Noe para que su especie no se perdiera en el 
general diluvio, y quien llevo al prof eta Abacuc 
por un cabello a Babilonia a dar de comer al que 
estaba en la leonera, mejor traerla y mostraria 
vias faciles a sus apostoles para que predicasen 
su santa ley; que claro esta que, habiendo derra- 
(ma)do su sangre, padecicndo tantos tormentos, 
ydado la vida porelhombre, no habia de dejar a 
tantos millares, coraoen este Nuevo Mundo ha- 
bia, sin ese nuevo conocimiento; pues el precio 
de la que derramo fue por librar, tanto a estos 
barbaros y como a los mas altos principes de su 
pueblo, que, como dijo por San Marcos,^' no venia 
Si este mundo sino a Uamar a los pecadores, no a 
los justos; y, asi, piadosamente se puede creer 

1 Marcos, 16. 

2 Marcos, 2. 



28 

que alguDO de los apostoles, por ordenacion di- 
vina, vendria a predicar a estas partes; y aunque 
no se hallan muestras de ello, por haber tantos 
anos desde aquel tiempo a la entrada de los es- 
panoles, se puede colegir, de las historias de los 
indios, que refiere(D) el P. Fr. Juan de Torque- 
mada, Gomara y otros, tenian un dios llamado 
Quetzalcohuatl (por Quetzalcoatl) los mexicanos, 
el cual les di6 leyes, ritos y ceremonias, y, dejan- 
dolos bien instruidos, se fue por la mar, prome- 
tiendo de volver; este tal dies era bianco y barba- 
do, y ellos le esperaban por la parte que sale el 
sol, que habia de venir por el mar. Y no desdice 
que sea algun apostol que les predicase la ley evan- 
gelica y vueltose, y con su mucha ausencia y pro- 
li jidad de mil y quinientos aiios, f ueron, con las su- 
persticiones del demonio, perdiendo lo que el divi- 
no Apostol les enseno, adulterando la sana con la 
falsa doctrina; y como no tavieron libros ni letras 
con que ensenarse unos a otros, se perdio total- 
mente, porque en aquel tiempo era gentebarbara, 
y no tenian las nudas (sic) 6 tipos que despues usa- 
ron para sus memorias. En el pueblo de Cuextla- 
bac se vieron, en una peiia tajada, hombres pin- 
tados, al traje espanol, y gallinas de Castilla, y 
no supieron los indios dar razon quien alii los 
habia pintado, segun refiere Henrico Martinez; '- 
y pasando a esta gente de este nuevo Reino, tam- 
bien en medio de su barbarismo no dejaron de te- 
ner algun hombre, 6, por voluntad de Dios, algun 
angel, que les diese luz de la verdad, dejando, en 
senal de su dureza de corazon, los vestigios que 
en una muy dura piedra se ven; que a quien fa- 
ciiito el pasaje en el vientre de la bestia marina 
para que pudiese predicar su palabra al pueblo 

1 Henrico Martinez, 25, tra. 2. 



29 

gentilico/ no le seria dificultoso hacerlo por di- 
versos modos a esta miserable gente. Yendo yo 
con una compania, por el mes de agosto del ano 
de mil seiscientos y cuarenta y tres, desde la vi- 
lla de Cerralvo al descubrimiento de una salina, 
a quien llamamos San Lorenzo, por haberlo he- 
cho un dia antes de su festividad, iba por len- 
gua un indio llamado Martinillo, de nacion cata- 
ara, que habia andado toda aquella tierra y comu- 
nicado con los indios que estan, pasado el rio, 
que en aquella parte conserva el nombre de San 
Juan, me dijo delante de todos los companeros: 
senor, si hallamos las salinas, volveremos por 
aquellos bosques que acuUa parecen, y veras un 
ojito de agua pequeno, que siempre esta lleno y 
no corre, ni crece, ni mengua, ni se le halla fon- 
do, y en su bordo esta una macolla de trigo de 
Castilla, que espiga y grana, y aunque los indios 
la cortan, siempre sale y jamas falta, y cerca del 
ojo de agua esta una piedra grande y dura, a 
la cual, 01 a los viejos antiguos que sus mayores 
les decian, venia algunas veces un hombre de 
buen rostro, y mozo, y les decia muchas cosas 
buenas, y les estaba un rato hablando, y despues 
se iba, y que cuando ya no parecia, venia otro 
hombre muy feo, pintado como ellos y les decia 
que no creyesen lo que aquel les decia, que era 
un embustero, y que con esto, en volviendo el 
otro, estaba triste y hacia su platica y se iba con 
poco fruto, y visto no le querian seguir, se fue 
de una vez y dejo la estampa de los dos pies en 
la piedra donde se paraba y que hasta ahora es- 
taba asi. Seguimos la Jornada, y al cabo de lar- 
gas vueltas, pasamos muy lejos del puesto sena- 
lado, y dando razojQ a Su Seiioria, mando se ali- 

1 Jontis, 2. 



30 

Base Jornada aquella parte, que no tuvo efecta 
por estar Martinillo enfermo, que murio en bre- 
ve, quedando una cosa de tanta importancia sin 
descubrir, ya que se puede dar credito, por ha- 
berlo Martinillo dicho con tantas razones tan 
verosimiles, que no se puede tener duda, cuando 
tenemos un Dios tan inmenso y de caminos in- 
vestigables, que el mejor entendimiento es tierra 
para comprenderlos. 

En la relacion que liace Cabeza de Vaca, de 
los trabajos que paso con tres companeros que 
quedaron de la Jornada de Panfilo de Narvaez, 
en la Florida, atravesaron la tierra que hay de 
ella a la Mar del Sur, ensenando a la gente bar- 
bara que la habitaba, y le haciendo, por virtud de 
la senal de la cruz, infinitos milagros, hasta re- 
sucitar muertos, y parece, por buena regla de 
Cosmografia, de donde salieron para llegar a la. 
parte donde llegaron, era forzoso pasasen por 
muy cerca de donde es hoy la villa de Cerralvo, 
por la parte del Norte, todo lo cual no carece de 
misterio, pues en ningiin tiempo les ha faltado- 
quien les de luz de la ley evangelica y de Dio& 
Trino y Uno para que, cuando se vean en aquel 
juicio supremo, no tengan en su favor disculpa, 
sino que queden justamente convencidos, pues, 
viendo Dios su obstinacion y malicia, castigo su& 
pecados con pecados, dejandolos en la ceguera en 
que viven; cierraos Dios vuestros ojos para que no 
le veais, dice el prof eta Isaias; ^ anegandolos en 
los abismos de viciosenque viven, quedando he- 
chos salvajes y sin tener mas dios ni adoracion que 
a su vientre; en el idolatran, y teniendolo lleno, 
quedan hartos, como el topo de tierra, y ciegos, 
que siempre los que se apartan de Dios no tie- 

1 Isaias, 6. 



31 

nen mejor descanso que sus propios vicios, la 
cual defendera aquel fiel vestigio (sic) que dur- 
mio en los pechos de su maestro, cuando venga 
a predicar al mundo y cuando, como juez, juzga- 
re las gentes que habitaron el orbe, que sera en 
la consumaci6n del mundo. ^ 



CAPITULO V 

De las diversidades de lbnguas que estas 
gentes hablan. 

Cosa muy antigua es en los hombres seguir 
varios pareceres y no venir en lo que algunos 
ban querido, causa de conf undirse las republicas 
que ban sido gobernadas por hombres doctos y 
regidas con leyes propias; pues vemos que hasta 
en el cielo bubo, luego que f ue la creacion de los 
angeles, aquella tan renida contienda entre ellos, 
por seguir diversas opiniones, blasfemando unos, 
y otros confesando el poder de Dios. Asi estas 
gentes de este Nuevo Reino, viendose en los prin- 
cipios de su poblacion con el descuido y flojedad 
que los hombres sin dios ni rey tienen, no obli- 
gados por preceptos a conservarse en un cuerpo, 
un lenguaje y un pueblo, sino siguiendo instiga- 
dos del demonio, por tener mas ocasion de atraer- 
los a su reconocimiento — el mal natural que de 
nuestros padres heredamos — armaron contiendas, 
dividiendose en parcialidades. Asimismo, en la 
primera poblaci6n del mundo, las bubo entre 
Cain ^ y Abel, matando a este, de que resultoel 



1 Lucas. 22.— Matheo 19. 

2 Cain, 4. 



32 

apartarse del gremio de la Iglesia y, por consi- 
gaiente, anegarse en lasgenerales aguas. 

Extendiendose, pues, en este Reino, cada hom- 
bre con su mujer y hijos por diversos rios y mon- 
tes, por gusto suyo y por mas largamente darse 
a sus vicios y seguir sus pareceres, hallando ca- 
da dia diferentes puestos, arboles y plantas de 
las que no habian visto, unos por unas y otros 
por otras partes, f ueron confundiendo la lengua 
propia en tanta diversidad de ellas, que parece 
que la fabula de O^idio, que cuenta de la hidra 
que Hercules mato, a quien, cortandole una ca- 
beza, de siete que tenia, le nacian dos, ^ se pue- 
de entender por esta gente, que, divisa, cada par- 
cialidad formo vocablos, corrompiendo los nati- 
vos, que una rancheria a otra no se entendian, 
aunque no fuera mucha la distancia de leguas 
que habitaban [siendo tanta, que son sin numero;] 
y no hay que espantar que en tan poca distancia 
perdiesen tanto de su lenguaje, pues menos ha- 
bia entre los fabricadores de la soberbia torre y 
permitio Dios la conf usi6n de lenguas, y viendo 
no se entendian los unos con los otros, fue for- 
zoso dividirse a diversas regiones, castigo justo 
a su soberbia por seguir su gusto solo. Asi estos 
barbaros, difusos por estos bosques, perdiendo 
el lenguaje, perdieron tambien el conocimiento 
que podrian tener de la creacion del mundo, que- 
dando en la ceguedad e ignorancia que ban teni- 
do, y hoy, por voluntad de Dios 6 justo juicio 
suyo, les dura, con menos esperanzas de su con- 
versi6n hoy, que a los principios. Cuentan a este 
proposito el P. Acosta - y Henrico Martinez, ^ 
que, caminando los mexicanos del Norte, donde 

1 Ovidio, lib. 7, 9 Mcthamorfosis. 
.2 Joseph Acosta 70, cap. 4. 
3 Henrico Martinez, cap. 11, trat 42. 



33 

vinieron, pasaron por la Provincia de Michoa- 
can, y queriendo, por su fertilidad, quedar alii 
a poblar, no lo consintio su idolo, permitiendoles 
el dejar alguna gente que lo hiciese, y buscando 
modo para hacerlo, porque de no estar todos, no 
queria nadie poblar. aguardaron a que entraran 
a banarse a una laguna muchos hombres y muje- 
res, y entrados, les hurtaron la ropa, y sin ser 
vistos, prosiguieron su viaje, y habiendo salido 
los del bano, no hallando su ropa y viendo la hui- 
da, se enojaron y conchabaron a no seguirlos en 
camino ni religion, y se juramentaron a mudar 
lenguaje, y asi lo hicieron, y siendo a estos fa- 
cil, mas lo seria a los de este Reino, por ser mas 
divisiones de menos razon. 



CAPITULO VI 

Del modo de vivir de esta gente. 

Entre todas las naciones del mundo que hasta 
hoy se ha sabido, no ha faltado la virtud de la 
justicia, de la cual depende el vivir politicamen- 
te, pues de ella nace el gobierno por donde se 
rigen las repiiblicas, castigando agravios y pre- 
miando virtudes, con que parece tienen enfrena- 
dos los siibditos con aquel temor, a la cual llama 
Aristoteles^ virtud social, y de necesidad le han de 
seguir las otras virtudes, como, a la contra, la 
injusticia es causa de enemistad y discordia. De- 
mostenes dijo que, como el cuerpo sin alma es 
f orzoso caer, asi la republica sin gobierno ha de 
caer a un abismo de confusiones y se ha de aca- 

1 AristOteles, Politica 3, cap. 8. 



34 

bar. De esta justicia, que es f uente de todas vir- 
tudes, nace el gobierno de las repiiblicas, el cual 
es en tres maneras: monarquia, aristocracia y de- 
mocracia; monarquia consiste en el gobierno de 
uno, como del rey; aristocracia, en el de algunos 
pocos, como los senados; democracia es el de to- 
do el pueblo en comun. De estos tres es el me- 
jor aquel que menos cabezas tiene, asi como la 
monarquia; este, pues, para la conf usi6n de mu- 
chas gentes, se ve al vivo en las abejas, conocien- 
do y reverenciando a su rey, como a senor natu- 
ral suyo. 

De ninguno de estos tres gobiernos gozan es- 
tos habitadores de este Nuevo Reino, pues por 
experiencia se conoce viven la vida bestial, sin 
politica, teniendo el gobierno cuarto que pone 
D. Fernando Pizarro, llamado anarquia. Habitan 
por montes en hajios^ mudandose de una parte a 
otra, dividiendose 6 juntandose las familias co- 
mo se les suele antojar, sin tener entre el los re- 
conocimiento ni temor, mas que los brutos, ni se 
guardan aquel respeto que por orden natural te- 
nemos a nuestros padres, siendo tan presto los 
hijos en burlas y veras a abofetear al padre y 
madre, comoellos lo podian hacer a sus hijos, de 
que ni se avergtienzan ni se corren. La mayor 
congregacion [que se llama rancheria] que hacen, 
suele hallarse de quince chozas a modo de cam- 
panas; esas las forman en hileras 6 en media lu- 
na, fortaleciendolas puntas con otrasdos chozas, 
y esto es mayormente cuandotienen guerras, que 
cuando no, cada familia 6 rancho, 6 dos juntos, 
andan por los montes, vivieodo dos dias aqui y 
cuatro aculla; mas no por esto se ha de entender, 
salen del termino y territorio que tienen senala- 
do con otra rancheria, si no es con su consenti- 
miento y permiso, en cada rancho 6 hajio^ y 



35 

vienen ocho 6 diez, 6 mas personas, hombres, 
mujeres y niSos; y, asi, esta gente no merece 
nombre de republica, sino de confusion, viviendo 
cada uno a la ley de su antojo y gusto, y son tan- 
tos como hombres hay entre ellos; dejandose lle- 
var este furioso caballo desbocado, sin sujecion 
de f reno, a despenar al abismo en que al presente 
le vemos, diciendo, por el, Cristo: el Reino divi- 
so, facilmente sera asolado. 



CAPITULO VII 

De las costumbres de estos indios; condici6n 
y fiereza. 

Toda esta gente, como tengo dicho, carece de 
ley, rey y senor, y por consiguiente, de todo ge- 
nero de politica, por lo cual viven en unos hajios 
de zacate 6 carrizo, a forma de campana, con po- 
co menos hueco que el que hace un pabellon de 
seda; las puertas son bajas, que les obliga a en- 
trar agachados; en medio tienen de ordinario lum- 
bre, no tanta que les obligue a salir del hajio^ 
ni tan poca que el invierno les cause frio; esta 
mas la tienen por costumbre, que por necesidad 
de luz, pues a ellos lo propio es estar a escuras ^ 
que llenos de humo; duermen en el suelo, con 
algun heno 6 zacate a la cabecera, y algunos en al- 
gun mal cuero de venado, si lo tienen. Es gente 
muy puerca; no usan el barrer y toda la porque- 
ria esta, asi en el rancho como fuera de el, y es 
vergiienzp, y causa asco y horror llegar a una ran- 
cheria, segiin las inmundicias (que) hay y heden- 

1 Equivalia antiguamente ^ obscuras— G. G. 



36 

tina, pues suele un hombre apenas hallar donde 
poner el pie; no se lavan las manos, y, caso que 
se banen, mas es por refresco que por limpieza; 
cualquier parte del cuerpo le tiene(n) de manteles. 
Andan los varones desnudos, en carnes, y tal 
vez se ponen unas suelas en los pies, atadas con 
Unas correas, que llaman cacles, para defensa de 
las espinas; los cabellos largos, traen caidos atras, 
con una correa de venado, que les da la punta 
a las nalgas, 6 sueltos, como mas quieren; pin- 
tanse las caras en general, cada nacion con dife- 
rentes rayas, y otros todo el cuerpo, a la larga, 
atravesadas, derechas las rayas, 6 ondeadas, cual 
suele estar la tireba; algunos tienen, de la coro- 
nilla a la frente, pelado y rayado, que nacen las 
rayas de las narices: llamanlos calvos 6 pelones; 
y esta parte pelada, unas naciones la tienen mas 
ancha que otras, pero todas muy lisa, de arte 
que, apenas apunta el velio, cuando lo quitan, 
que parece, segiin esta aquella parte, que el ar- 
tificio ha convertido en naturaleza y que no po- 
dra nacer cabello; mas nace, si lo dejan. No di- 
fieren las indias de ellos, en las rayas muy poco, 
ni en lo demas; ellas cubren sus partes deshones- 
tas con heno 6 zacate 6 unos torcidos que hacen 
de cierta yerba, como lino, y sobre eso suelen, 
las que lo tienen, ponerse, como faldellin, un 
cuero de venado atras, y otro adelante; este, mas 
corto, que da a las espinillas; aquel les arrastra 
un palmo, del cual cuelgan cuentas, 6 frisoles 6, 
frutillas duras; 6 otros generos de caracoles 6 
dientes de animales, que hacen un ruido al andar, 
que tienen por muy gran gala; suelen traer otro 
cuero colgado al hombro, como cobija. Otras na- 
ciones se visten, hombres y mujeres, con unos 
zamarros hechos de pellejos de conejos, torcidos, 
de forma que cadapellejo hace un hilo; y muchos 



37 

de estos, juntos, al modelo del de San Juan Bautis- 
ta, echanselo al hombro; ellos usan dearcoyfle- 
cha, que, asi al hacerlas como al tirarlas, son dies- 
tros; usan llevar con el arco un palo arqueado a 
forma de catana^ de Japon, que, demas de ser- 
virles de arrimo en pie, de cabecera durmiendo, 
les sirve de azadon 6 barreta para sus necesi- 
dades. 

Es gente cruel, feroz naturalmente, vengati- 
vos y guardan mucho tiempo el enojo. De bue- 
nas estaturas, muy ligeros, que andan y corren 
como un caballo; bien agestados; algunos abu- 
jeranse las orejas y ternillas de las narices, don- 
de se meten palos, plumas 6 huesos, por gala; 
otros se abujeran el beso (sic por befo). Son de 
corta capacidad, sin ningiin discurso, prontos a 
hacer cualquier mal 6 traicion, y si hallan oca- 
sion, no la pierden; inclinados a hurtar; es gente 
mentirosa, vana y enemiga de todo lo criado; no 
cultivan la tierra, ni siembran; viven libres, en 
ociosidad, raiz de todos los males en que estan 
sepultados. 

CAPITULO VIII 

De las comidas de estas gentes. 

Son tan extranos en el comer las gentes de este 
Reino, que si con atencion se notan, diferencian, 
como en la condicion y trato, de todos los demas 
hombres del mundo. Las comidas generales suyas 
son, el invierno, una que llaman mezcale^ que ha- 
cen cortando las pencas a la lechuguilla; y aquel 
corazon, con el principio de ellas, hacen en bar- 

1 Antiguamente servia de nombre A una especie de alfanje 
usada en el Jap6n — G. G. 



38 

bacoa; dura dos dias con sus noches en cocer; y 
aquel jugo y carnaza comen, mascandolo y chu- 
pandolo; tiran las hebras, por encima de lo cual 
andan y duermen, y esto dura mientras el tiempo 
no calienta, porque entonces se les dafia; fal tan- 
doles la comida, las vuelven a coger, pisadas, y 
resecas al sol, las muelen en unos morteros de 
palo, de que usan en general, y aquel polvo co- 
men. Esta comida es caliente, no de mucha subs- 
tancia, pues en este tiempo andan flacos y agal- 
■gados; es purgativa; comenla caliente y fria, co- 
mo mas les agrada; puede guardar muchos dias. 
El verano, y desde que empieza a brotar el no- 
pal, lo comen; la flor de la tuna y la misma tuna 
pequeSa, en barbacoa, que hay gran copia en 
toda la tierra; esto les dura mientras no madura, 
que entonces los hombres traen una redecilla ca- 
da uno, con que la cogen, limpian y comen con 
mucha facilidad, no desechando mas que el ho- 
llejo, bien chupado; de esta hay muchos generos, 
Unas mejores que otras, y todas malas, pues la 
mejor no llega a la peor de la Nueva Espana; 
hacen su pasa de ella, unas veces entera, otras 
partida a la larga, tendidas al sol en algunos pe- 
tates 6 en el suelo. Comen por este tiempo el mez- 
quite, que hay en abundancia; comenlo desde que 
empieza a sazonar hasta que esta seco, y enton- 
ces lo muelen en sus morteros, y aquellos guar- 
dan, uno cernido, otros con pepitas, y puesto en 
unos petatillos, a modo de costales, hechos a 
proposito, 6 en nopales abiertos: llamanle mez- 
quitamal; es comida de muy gran substancia, ca- 
liente y seca; hacelos engordar en este tiempo. 
Hay muchos generos de frutillas silvestres, que 
no f altan en todo el Reino, de manera que, el ve- 
.rano, comen las frutas, el invierno, las raices, y 



39 

€ntonces andan como puercos, osando (sic) el 
campo por sacarlas, y traen muchas. 

Donde les coge la noche, duermen;hacen lum- 
bre donde quiera, estregando unos palos con otros 
con mucha facilidad. Son grandes cazadores y, 
asi, cuando salen, no dejan cosa viva; corren co- 
mo un venado; la carne del cual es la mejor que 
tienen, y, en matandolo, lo dejan, y envian a sus 
mujeres, otro dia, por el, y ellas por el rastro lo 
hallan y lo traen; es suyo del cazador el cuero y 
no come de la carne; repartense entre todos. No 
hay ave ni animal que no comen, hasta los in- 
mundos y ponzonosos, como son culebras, vibo- 
ras, ratones y de los demas, excepto el sapo y la- 
gartija. Son, asi ellos como ellas, grandes Pes- 
cadores; pescan de di versos modos, con flecha, 
encandilando el pescado de noche, con redes, 
entrando a buscarlos a sus cuevas; hacenlo en 
barbacoa con tripas, y suelen (sic), de dos dias 
de muerto, no les fastidia el hedor, y asi, cual- 
quier cosa de ocho dias muerta, con gusanos, la 
comen. 

Son glotones, epicureos, flojos y holgazanes. 
Sus mujeres son las que, de dia y de noche, bus- 
can las comidas y las hacen, mientras ellos duer- 
men 6 se pasean; y suele un iudiotener un mon- 
ton de tunas a la ca*becera, cuando se echan (sic), 
tamano como una fanega de otro cualquier ge- 
nero, y aquella noche, sin levantarse la cabeza, 
lo come todo y aiin amanece hambriento a pepe- 
nar las cascaras que ha tirado. Comen sal, y, si 
les falta, comen un genero de yerba, como rome- 
rillo, quemada y hecha ceniza, en su lugar. Be- 
ben cualquiera agua muy bien con las manos, 
cuando estan en ella, y, cuando lejos, cargan las 
indias doce 6 catorce nopales huecos, llenos de 
agua, sin que aquellas babazas le quite(n) el gusto, 



40 

en unos cacaxtles de red, armados en dos arcos 
de palo, del grosor de un dedo, los cuales cargan 
a las espaldas de la frente, en que cabe una fa- 
nega de trigo; en sus paseras, distantes del agua, 
hacen unos hoyos, al modo de un pilon de azu- 
car, en el suelo, muy bien pisado; por encima, 
Unas varillas y zacate, y alii machacan las tunas, de 
tal modo, que el hoyo se va hinchiendo del zu- 
mo, y de aquello beben, con que matan la sed y 
ref rescan mucho. 

Toda cuanta solicitud ponen en hacer pasa y 
mezquitamal^ que podian tener para todo el ano, 
descansadamente, les dura solo el tiempo que las 
frutas verdes, caso de notar cuan poco provei- 
dos son, pues los consumen en sus glotonerias, 
sin cuidado de guardar para maSana, comiendo 
mas por satisfacer el vientre, sin hartarse, que 
por conservar, como hombres, la vida; levantan- 
dose ansiosos por la manana a buscar el susten- 
to de aquel dia, como propiedad de brutos irra- 
cionales. 

Y si esta gente tuviera la religi6n cristiana y 
en amor de Dios pasara los trabajos, hambres, 
como desnudeces, aflicciones que padecen, no hay 
duda sino que fueran a gozar de las eternas mo- 
radas, teniendo la perfecta pobreza que Cristo 
Senor Nuestro dijo habian de tener sus discipu- 
los.^ Mas, oh, Saber Infinito, que permitas por 
tus secretos juicios que esta gente, redimida con 
tu preciosa sangre y llamada por ti a aquella 
gran cena, puesta la mesa de tu sagrado evange- 
lio, ^ convidando a todos, por medio de tus pre- 
goneros [cual son los predicadores], a que, ves- 
tidos de boda, vayan al convite que con tus en- 
traSas abiertas tienes aparejadas, este tan ciega 

t Lucas, 12. 
2 Matheo, 12. 



41 

en sus vicios, tan olvidada de su Criador, a quien 
debian aquel reconocimiento, y dejada de su ben- 
dita mano, desnudos de toda virtud, los lleven 
amarrados a dar el pago de sus maldades al f ue- 
go eterno, diciendo con razon que en este mun- 
do ban pasado un infierno temporal [que tal es 
su vida] y en la otra el eterno, del cual, Senor 
Infinito, te ruego me libres por los meritos de tu 
sagrada pasion y no mires las ofensas que cada 
dia, como flaco, contra ti cometo, y me des tu 
gracia, pues sin ella, como dijiste por San Juan 
[sin mi no hareis cosa alguna], ^ es imposible lie- 
gar a gozar de tu divina presencia. 



CAPITULO IX 

C6mO COMEN CARNE HUMANA EST08 INDIOS. 



La costumbre de comer carne humana en el 
mundo, es muy antigua, y asi parece de aquellas 
mujeres de Samaria que comieron (a) el hijo, se- 
giin cuenta el cuarto de los reyes; ^ los masage- 
tas, los seitas (sic por celtas) la acostumbraron 
comer, como en diversas historias se cuenta; sien- 
do gente cruel y bestial, acostumbrados a tener 
por manjsr las entranas de los hombres; de los 
tartaros se dice que asaban (a) los hombres en- 
teros ydespuescon losdientes los despedazaban, 
habiendoles primero bebido la sangre; de otras 
muchas naciones se cuenta lo misrao, y el P. Jo- 
seph de Acosta, en su Historia Natural y Moral 
de las Indias, dice la comian los indios de Nueva 

1 Juan, 15. 

2 Rey 4, cap. 6. 



42 

Espana, en sus sacrificios, en mucha cantidad. 
Entre esta gente de este Eeino es tan usado, que 
asi del enemigo como del atnigo la comen, con 
esta diferencia: que la del amigo comen en fies- 
tas y bailes, a fin de emparentar con el dif unto, la 
carne hecha en barbacoa y los huesos bebidos, y 
molido el polvo, en el diabolico brevaje de su 
peyote^ con que se emborrachan, como adelante 
diremos; mas la del enemigo la comen por via de 
venganza,— Ique bestialidad!, — por costumbre 
que tienen, como gente habituada a comer cuan- 
tas carnes y inmundicias hay, y medio crudas. Y a 
mi me ha acontecido dar en algunas rancherias 
a tiempo que hemos hallado los huesos de los di- 
funtos, roidos y puestos en un petate, con evi- 
dentes muestras de haberlos hecho en barbacoa, 
y ser acabada de comer la carne, y estar ya para 
comer los huesos, para beberlos en su peyote; y 
hallados, los he hecho quemar. Guardan siempre 
el casco de arriba de la cabeza, y beben y comen 
en ellos (sic), y me ha acontecido mandar quemar 
en una rancheria veinte y treinta juntos, cosa 
horrible y mo(n)struosa. Unaindia ladina de ha- 
cia la sierra que llaman Tamaulipa la Vieja, in- 
formandome de ella, me dijo que la carne del 
amigo la comian las mujeres de la rancheria. y 
los varones no; que los huesos si bebian todos 
en comun. Tambien los huesos muelen en seco, 
medio quemados, y los revuelven con el mezq^ui- 
tamal; ya ha acontecido lo comen, como yo vide 
(sic), saliendo a una entrada en la compania del 

1 Bebida que, segun una relaci6n antigua, "Se hace de una es- 
pecie de vinagrilla del tamano de una boJa de truco que se cri'a 
en terreno seco y esteril, y moj^ndola, ]a ponen en unos morte- 
ros de palo a fermentar con agua, }• para avivaria mas, la echan 
una 6 dos hojas de tabaco, en cuya forma la beben Jos indies gen- 
tiles [previas unas revanadas del propio peyo/el en los bailes 
m^s solemnes, no obbtante que los entorpece y facilita bombras 
muv fanestas." — G. G. 



43 

Capitan Bernardo Garcia de Sepiilveda, que los 
indios amigos y los compaSeros hallaron un pe- 
tate de mesquitamal, de que muy gustosos co- 
mian por el camino; y aunque los amigos sabian lo 
quetenian (sic) revuelto, porque lo v(e)ian, como 
quien en la color 6 gusto lo habian experimen- 
tado, callaban y dejaban comer a los espanoles, 
hasta que, de alii a seis dias, que ya habian comi- 
do demasiado y llegado a la villa de Cadereyta, 
el capitan de los amigos lo declare y, para mayor 
verificacion, mostraba los huesecillos que no se 
habian bien molido, y por el asco de algunos, sol- 
do la cosacon decir eran de venado; a mi me dijo 
no eran sino de gente, y despues lo he sabido de 
diferentes indios, como es costumbre en general 
de todos. 

CAPITULO X 

De los eegocijos y mitotes de estos indios. 

La cosa mas comdn y que frecuentan mucho 
los indios en esta tierra, es sus bailes y mitotes, los 
cuales sirven en todas ocasiones, porque ellos 
los hacen para sus regocijos, tambien para sus 
monipodios j alzamientos y platicar enemistades 
y guerras con los espanoles y otros de otras par- 
cialidades; hacenlos tambien para hacer las pa- 
ces, y,*como les sirven a tantos ef ectos, los hacen 
rhuchas veces, y en particular el verano, porque, 
como a ese tiempo tienen las trojes, que Dios 
Nuestro Senor, proveedor general del mundo, les 
ha llenado de todos los generos de frutas y co- 
midas que en la tierra hay, y ellos usan, no se 
ocupan en otra cosa mas que en sus bestialidades. 
Son en esta forma: en cualquier genero de mito- 



44 

te es costumbre tener cogido mucho peyote^ y, 
si en su comarca no lo hay, lo envian a buscar 
ocultamente, 6 por via de mercancia, con cueros 
6 flechas, que es su moneda; envian a los que ban 
de convidar, una fiecha, si es para regocijo, sin 
piedra, y colgados algunos huesos 6 dientes de 
animales, y a senalar el dia, los cuales (invitados), 
si la reciben, estan en oblig-acion de venir, que 
raras veces rehusan. Vienen ese dia sobre tarde, 
embijados, y los que son casados, almagrados (en) 
las cabezas, y encebados con cualquier genero de 
cebo, que se mueren por el. Los que hacen el 
baile, todos aquellos dias cazan, y buscansus co- 
midas, y hacen muchas barbacoas, y que sacan 
aquella tarde y ponen alii, y llamanle monton. 
Llegado el dia, van llegando los convidados y se 
ponen cerca, a un lado, sin hablar palabra ni sa- 
ludarse, que no es costumbre en ellos, y se sien- 
tan al cabo de rato, y poco a poco traban plati- 
cas, y asi hacen los demas; desde prima noche 
hacen un fogon, para lo cual tienen gran canti- 
dad de lena junta, y empiezan a tocar unas cala- 
bacillas con muchos abujericos y dentro muchas 
piedrezuelas de hormiguero, j en unos palos de 
ebano y otros palos de otros, muy rayados, hon- 
dos, de forma que pasando recio otro palillo por 
encima de las rayas, hace un agradable sonido; 
y empiezan a bailarindios y indias, en una 6 dos 
ruedas, en torno del f uego, los pies muy juntos, 
los codos salidos y las espaldas medio agachadas; 
dando saltitos adelante, casi arrastrando los pies 
y tan juntos, que la barriga del uno va topando 
en las nalgas del otro; sin discrepar un punto 
el uno del otro, cuatro 6 seis horas, sin cesar, 
desde que esta ya la noche obscura, eantando a 
su modo las palabras que quieren, sin tener sen- 
tido, solo consonancia, y van en ellas tan pare- 



45 

jos, que no disuena el uno del otro, sino que pa- 
rece una voz sola; entran en este corro todos los 
que quieren, algunas veces ciento, otras mas y 
nienos; beben el peyote molido y deshecho en 
agua, la cual bebida embriaga, de manera que les 
hace perder el sentido y se quedan, del movimiento 
y del vino, en el suelo como muertos. Aestos ta- 
les, cogenentre dos 6 tres, ycon unospicos de un 
pe.ie,llamado abuja (sic por agu ja), que son de poco 
mas de un jeme, como lamifcad de un canon aca- 
nalado, y en los dos bordos de la canal muchos 
dientes blancos, tan juntos y menudos como alfi- 
leres, les aranan desde los hombros hasta los to- 
billos y hasta las munecas de las manos, de don- 
de les sale cantidad de sangre, y con ella los em- 
barran todo el cuerpo, y de esta suerte los dejan 
hasta que se les quitan (sic) la borrachera. En 
amaneciendo, como a las nueve, que ya estan re- 
cordados, y quieren irse los con vid ados, les van 
repartiendo aqueila comida y algunos cueros de 
venado, que es lo que ellos mas estiman, en esta 
forma: toma el capitan de la rancheria, 6, porme- 
jor decir, el convidador, y conforme la gente 
(que) hay, hace las particiones, y a cada uno, en 
la parte donde esta, le lleva desde el monton la 
suya, y alii se la pone en el suelo 6 la tierra, sin 
hablar palabra, y asi a los demas, los cuales, cuan- 
do quieren, se van desapareciendo, sin mas des- 
pedim(i)ento que lo que digo. 

Para convocar a guerras, el mensajero que 
envian lleva unas flechas con piedra, y ensan- 
grentadas, y con ellas convida al mitote, al cual 
vienen el dia citado; se las reciben, y en el se 
aunan. Cuando es para hacer paces, envian el 
recaudo y una flecha sin piedra, lisa, sin embije 
(sic por bija) ni untura, y queda hecha la amis- 



46 

tad, mientras que con su fragil condicioQ, por 
leves causas, no la quiebran. 

Hoyno venvisiones ni tienen apariciones algu- 
nas en estos bailes; antigaamente las debieron de 
tener, mostrandoseles el demonio acada nacion en 
la forma que le parecia, de que no hay duda sino 
que tomaron el retrato en las rayas y cabellos, 
segiin es la variedad de ellos, en todas las ranche- 
rias de este Reino; porque, como padre de men- 
tiras, los engano y dejo tan industriados en la 
bestialidad y engano que hoy viven, que no ha 
tenido necesidad muchos anos ha de recorrerlos, 
porque ha visto que, segun la tienen arraigada y 
la mala inclinaci6n que tienen, por mucho que los 
religiosos quieran y hayan desveladose desde el 
principio de la poblacion de este Reino, es impo- 
sible la conversion de ellos, si no es con la ayuda 
de la mano de Dios y con particular auxllio suyo, 
como mies cultivada (sic) del enemigo univer- 
sal del genero humano, que no puede llegar a la 
fuentedel sagrado bautismo, quees el medio por 
donde habian de gozar de la bienaventuranza. 



CAPITULO XI 

De los agueros, embustes t hechicerias 
que tienen, 

En todo el universo mundo, en todos tiempos 
ynaciones, hahabidohechicerosy encantadores, y 
conforme ha sido la capacidad de las gentes, asi 
ha sido el arte 6 engano con que el demonio los ha 
tenido sujetos. En el sagrado libro del Exodo, ^ 
(se) dice que cuando Moises f ue a pedir licencia 

1 Exodo, 7. 



47 

para sacar su pueblo a orar al desierto, que por 
senal convirtio su vara en culebra; los hechice- 
ros de Egipto hicieron lo mismo; y en los Niime- 
ros/ que el Rey Baal (sic por Balac) llamo, para 
maldecir al pueblo escogido, al hechicero Ba- 
laam; y en el primero de los Reyes,- Saiil, teme- 
roso de los filisteos, habiendose partado (sic) Dios, 
el consulto a la Pitonisa hechicera, que llamo a 
Samuel; y en otros diversos lugares de la escri- 
tura, y en muchas historias profanas; y en las de 
estas Indias Occidentales cuentan Gomara, el P. 
Joseph de Acosta y el P. Fr. Juan de Torque- 
mada, loshabiaen muchacantidad, habiendomu- 
chos sacerdotes, y todos hechiceros, y con hechi- 
zos y encantamentos querian impedir la entrada 
a los espanoles en Mexico. Todos estos necesita- 
ban de conjuros, palabras, fuera de yerbas y 
confusiones para sus unturas, porque las perso- 
nas con quien trataban eran de mas capacidad, y 
sin demostraciones evidentes no creyeran los en- 
gaSos de estos, con que les movian a hacer cuan- 
to querian, reverenciandolos como a cosas di- 
vinas. 

Pero entre estas gentes de este Reino, como 
mas torpes de entendimiento, mas crueles y bes- 
tiales, no necesito el demonio de buscar artes ni 
nuevas maneras para enganarlos, pues, para gen- 
te tan suya, de tan flacas murallas, poca muni- 
cion habia menestsr para su cotidiana bateria; 
tomando por medio unos indios viejos, que se ha- 
cen curanderos, con los mas ridiculos visajes y 
acciones que se pueden ver, y todas sus curas 
paran en chupar la parte que duele, llevando es- 
condido en la boca algiin carbon cillo, piedrezue- 
la, espina 6 hueso, y luego van dando arqueadas, 

1 Numeros, 22. 

2 Rey, 28. 



48 

como cuando un perro quiere vomitar; y con 
ellas y veinte regiieldos, hacen que aquello que 
llevaba(n) escondido, saca (sic) del pecho, donde 
con los chupetones se le(s) habia metido; mues- 
tranlo a la gente y al enf ermo y apartanse lejos a 
machucarlo entre unas piedras, y esto hacen tres 
6 cuatro veces y cada vez llevan en la boca lo 
que a mano pueden llevar, donde machucan lo que 
ban fingido sacar. Con este embeleco y la f uerza 
de la iiiiaginaci6n, que es poderosa, como dice 
el Padre Juan Eusebio en su Filosofia Curio- 
sa,^ cuando se aprende, sana el enf ermo, de la 
misma suerte que se muere aquel a quien algiin 
embustero de estos dice que ha enhechizado, que, 
estando bueno y sano, muere, 6 falta la vista, 6 
le sucede aquello que el hechicero le pronostica; 
y asi, es terrible el cuidado con que vive(n) cuan- 
do pasan por tierra ajena, ocultando lo que tiran 
de la comida, como son las cascaras de tuna, y 
asi de lo demas, por no ser enhechizados. 

Los que habitan de Monterrey para Oriente, 
no tienen otro agiiero; los que habitan al Norte 
acostumbran, si suenan que ha de morir alguno, 
(u) otros semejantes suenos, matar al hi jo, ohija, 
6 otro muchacho cercano en parentesco, como 
usan los indios alazapas y de aquella cordillera; 
y suele Dios permitir, para que mas conf usos y 
ciegos queden, suceda como ellosimaginan, por- 
que no conozcan la luz, metidos en sus horrores, 
y las mas veces muere, asi el enfermo como los 
sacrificados en sulugar, porque quien es muerte, 
mal puede dar vida, sucediendo, por estarensus 
agiieros y tener fe en quien es padre de mentiras, 
lo que a Ochosias, Rey de Samaria, por consul- 
tar a Belcebu.2 

1 Juan Eusebio; lib. 2; in totum, par. 1. 
12 4 Rey, 1°. 



49 

El Capitan Gonzalo Fernandez de Castro, hom- 
bre de verdad, me conto que, estando en una ha- 
cienda suya, que se llama La Pesqueria, oyo una 
manana ruido en la rancheria, de su gente que 
estaban de pie en la labor, y f ue alia y vio que un 
indio capitanejo estaba torciendo la cabeza a una 
hija suya, de hasta siete anos. Viendo tan ho- 
rrendo caso, lo riiio y quito (a) la muchacha, 
medio ahogada, el cual le dijo: Senor, dejamela 
matar, porque anoche sone que esta sierra se caia 
y nos habia de matar a todos, y hundirse el mun- 
do [es una sierra alta, aspera y no se puede su- 
bir a la cumbre, esla del Potrero]. Divirtiolode 
aquel mal pensamiento, cuid6 de la muchacha, 
que vivio, y al siguiente dia, al amanecer, sedes- 
gaj6 de lo alto de la sierra una gran pena, que, 
desencajada de su centro con el sol, naturalmen- 
te, y carcomida del pie con las aguas que en dis- 
curso de tantos afios como ha que Dios la crio 
alii, han caido, movida quiza de algiin viento, 
con el mucho peso y poca consistencia, cay 6, y co- 
mo de tan alto venia, dando saltos y porrazos en 
otras de su calidad, se partia, cuyos pedazos, con 
losquede su encuentrocaian, hacian unestruendo 
temeroso, que, oido del indio, f ue corriendo a su 
amo a dar voces: ves, senor, como se hunde el 
mundo; tu tienes la culpa en no dejarme matar a 
mi hija. No pudo sin alguna confusion estar al 
principio el Capitan Gonzalo Fernandez, hasta 
que, con el dia, sosego el ruido, y asi lo hizo (con) 
el indio con razones naturales, como hombre cris- 
tiano y de buen entendimiento, para que el indio 
conociese como todas aquellas eran ilusiones del 
demonio, y como quien sabia el dia, poco mas 6 
menos, en que podia caer aquella piedra, segun 
el flaco lugar en que estaba y su mucho peso, se 
lo represent© en sueno, para que, siendo homicida 



50 

de la hija, tuviese el aquel rabioso pecho en algo 
coDsolado con lo hecho en la criatura, ya que no 
pudo en el Criador, como el perro que, no pu- 
diendo morder al hombre, muerde a la piedra 
que le tiran, como si en eso aplacara algo de su 
dolor. 

No temen los rayos; si hay tempestades con 
muchos truenos, dan gritos y tambien sale algu- 
no de carrera de su rancho, y como que estaco- 
lerico, hacia la parte donde esta la nube, le tiran 
(sic) piedras, palos y tizones; y haciendo visajes, y 
vuelve a su rancho como si hubiera hecho alguna 
hazana de consideracion, mas confiado de que con 
aquello habia de sosegar la tempestad; que asi 
iba el caudillo del pueblo escogido cuando hirio 
a la peSa para que salieraelagua,pareciendoim- 
posible, y mas que el profetaElias cuando, habien- 
do visto la nubecita del tamano del hombre, como 
delante de la carrozadel rey, dandole prisa, por- 
que no le cogiera el agua en el camino. 



CAPITULO XII 

De los casamientos. — Poco empacho y ver- 

GUENZA QUE TIENEN. 

Natural ha sido siempre, desde que se celebro 
el primero en el deleitoso jardin, el matrimonio, 
medio con que se multiplico el mundo dos veces. 
Si bien al principio f ue cada varon con una hem- 
bra, vemos tambien que muchos hombres justos, 
como Abraham, David y Salomon, tuvieron mu- 
chedumbre, y el postrero, como lo dice el tercero 
de los Reyes, ^ llego a tantoexceso, que tuvo se- 

1 Rey, 11. 



51 

tecientas legitim&s, trescientas concubinas. Hase 
extendido tanto, que todas las naciones del mun- 
do lo han continuado hasta el tiempo presente, y 
no ha(n) faltado naciones que las hayantenido (a 
las mujeres) comunes a todos, de que estan las 
historias llenas. En las Indias, generalmente se 
ha usado, y los senores mas que los plebeyos, con- 
forme la posibilidad (que) cada uno tenia. 

Ed esta gente de este Reino, con verdad ni se 
puede afirmar si son las mujeres de un varon solo 
6 si son comunes a todos, porque cuando esta al- 
g'lin indio con su mujer, a pocos dias tiene otro 
marido, y el otra, y otras mujeres, que usan las 
que quieren, y esta mudanza es en la propia ran- 
cheria; y son tan faciles en esto, que sin causa 
eligen el marido que quieren, y asi hay, en una 
rancheria, india que tiene cuatro 6 cinco hijos y 
cada uno desu padre, y todos presentes, y andan 
ellas de uno en otro, como los muchachos dicen: 
salta tii y damela tu; y teniendo tres 6 cuatro 
mujeres, duerme el indio en medio de ellas, que 
entre ellas no hay celo, antes mucha conformidad; 
sin empacho ni vergiienza, duermen asimismo 
los hijos y otros hombres en el ranchillo, que es- 
tan todos acurr(uc)ados, cual suele el ganado ove- 
juno, el estio, debajo de algun arbol; en cuya 
presencia, eso sea de dia que de noclie, tienen sus 
actos carnales y otros, que es vergiienza decirlos, 
perdiendola de todo punto, mas que los brutos, 
pues se lee en las historias antiguas y modernas 
la castidad que el elef ante guarda, pues tales ac- 
tos excusa le vean hacerlos otros, escondiendose 
en lo mas oculto de los montes, ejemplo con que 
la Divina Justicia ha de confundir a este barba- 
rismo por haber perdido, con la razon, el distinto 
que los animales conservan, sin tenerla. 

En (sic por el) casamiento entre ellos, esconfor- 



52 

midad de la parte 6 gusto de los padres de ella, a 
quien por un venado 6 cuero que el pretendiente le 
da, compra(a)lahija, que no repugna, y porque, 
como todos son de una rancheria y no hay vergiien- 
za, es f acil. Hacese sin ceremonia, que no la tienen ; 
dura el tiempo que el amor entre ellos, y si es gran- 
dey ella diese alguna causa, la desecha el 6 repu- 
dia, y en lugar del libelo que Dios mandaba en el 
Deuteronomio,^ como gentequecareciadeletras, 
lequita los cueros y el heno que traen las partes 
vergonzosas, y con violencia laecha de si; yaes- 
ta tal jamas vuelve, aunque reciba otras muchas. 

Desdeque la india se siente prenada hasta que 
ha parido y purgado, no llegan a ella; no saben 
decir, y se lo he preguntado a muchos de ellos, 
que sea la causa, mas de que es costumbre; y lo 
mismo, cada vez que esta con su regla, acude a 
lo que Dios mandaba en el Levitico," que no Ilega- 
ra el var6n a la mujer que estuviera con su mes- 
trico (sic por menstruo). 

No guardan grado de a6nidad; de consaguini- 
dad, muy pocos: suelen tener un indio, hija y ma- 
dre a un tiempo, y dos 6 tres hermanas, y otras 
parientas muy cercanas, sin escrupulo ni novedad, 
y asimismo a las que sus hermanos han tenido, co- 
rriendo la misma razon por ellas que por ellos. 
El origen en ellos no lo se; puedese entender sea 
tradicion antigua, originada de las partes de Asia, 
de donde es presuncion vinieron; pues dice el sa- 
grado texto ^ que Jacob caso con Lia y la hermo- 
sa Kaquel, hermanas ellas y primas suyas de el, 
a un tiempo; y los hijos del patriarca Judas (sic 
por Juda), Her y Honias (sic por Orian), muer- 
to el uno, caso el otro con la hermosa Thamar; "^ 

1 Deuteronoraio, 24. 

2 Levitico, 18. 

3 Genesis, 29. 

4 Genesis, 33. 



53 

y en el Levitico no prohibe Dios a su pueblo, si 
no es el primer grado, como son hermanos con 
hermanas, mas primes hermanos se casaban;^ y 
en la edad primera refiere Josepho que Cain caso 
con su hermana Galneana;- y Virgilio, en el pri- 
mero de sus Eneidas, refiere haberse casado Jupi- 
ter con su hermana Juno; ^ y Ovidio cuenta en sus 
Metamorfosis, '^ y lo refiere el Br. Juan Perez de 
Moya en el libro segundo de su Filosofia Secreta, 
que Eolo, dios de los vientos, tuvo seis hijos y seis 
hijas y los caso a los unos con los otros. '-^ Fuese 
corrompiendo eso, como San Matheo escribe que 
Herodes tetrarca caso con la mujer de su herma- 
no Filipo, siendo el vivo, cuya reprension cost6 
la vida al Pi-esetor (sic por Precursor) Divino. ^ 
Esta corrupcion llego a estos tiempos a estos bar- 
baros, de arte que no reservan grado ninguno. 

Yasu lasciviay libertad no hay doncellas entre 
ellos que con el inestimable tesoro de la virgini- 
dad llegue a los diez anos, sino que, cual puercos en- 
cenegados, desde que nacenseguran (sic) los unos 
con los otros, que, como les falta Dios, les falta 
el conocimiento de sus virtudes; por consiguien- 
te, les sobra la malicia paraentodos los males; de 
ahi vienen a estar casi todos los mas danados y 
podridos, castigando Dios sus desordenados ape- 
titos con el mismo fruto de ellos, como castigaba 
alas adulteras en los Numeros, pudriendoseleslas 
entranas, los muslos y acancerandoseles (sic) con 
lasaguas que el sacerdote le(s) daba a peticiondel 
marido. 

Esta gente, como vive imperfectamente y no 
pueden pedir los adulterios, pues no guardan 

1 Levitico, 18, 

2 Josepho, 1, Antig-iiedades Judaicas. 
S "Eneida, 1.° 

4 Ovidio, 6, Metamorfosis. 

5 Moya, 1 2°, Filosofia. 

6 Matheo, 14. , 



54 

castidad, ni en cosa alguna son continentes, ha 
permitido Dios sean castigados con el mismo pe- 
cado en que estan; sin rienda se deleitan, sirvien- 
doles a ellos y a ellas del agua maldita revuelta 
con tierra del templo, que Dios mandaba dar en 
el lugar citado, pudriendoseles y cancerando(se) a 
ellos las entranas por las partes donde le cometen, 
muriendo miserablemente, y a ellos los muslos, 
viviendo en perpetuos dolores, con los incor- 
dios 6 potros tan continues, que son pocos los que 
se escapan de tenerlos, corriendo siempre mate- 
ria de aquellas partes, los mas db los primeros 
aiios, que es cuando empiezan a seguir sus des- 
ordenados apetitos y vicios. 

Y tienen tantos, que aun el nefando no perdo- 
no, siendo tan torpe, que con justa causa lo pro- 
hibio Dios, en el Levitico, con penademuerte, co- 
mo lo habia asegurado en aquellas dos misera- 
bles ciudades de Sodoma y Goraorra, abrasando- 
las con f uego y azuf re caido del cielo, hasta con- 
sumirlas y dejar, porque no quedara rastro de tan 
torpe gente, un lago en los dichos puestos. Entre 
estos ciegos hay algunos que, siendo varones, sir- 
ven de hembras contra naturaleza, y, para cono- 
cerse, andan en el propio traje de las indias, y 
cargando su huacal ^ y haciendo los propios mi- 
nisterios que ellas, sin que por ello el se afrente, 
ni ellas lo menosprecien. Y noes mucho, sinacio- 
nes liorentisimas, barbaros(sic)consentian,envian- 
do a sus hijos a los gimnasios a aprender letras, 
virtudes, que alii usasen el pecado nefando con 
ellos, por via de sacrificio a sus falsos dioses; 
y en el segundo de los Macabeos se dice que Ja- 
so, despues que alcanzo el pontificado, consin- 
tio lo mismo, edifica(n)do junto al templo casa 

1 Del mexicano uacalii, especie de cesto en forma de caja cua- 
drangular.— C G. 



00 

publica de moros para el vicio nefanclo,^^ escue- 
la de ritos para los idolos; y siendo esto asi, no 
hay que espantar que en gente tan barbara y 
licenciosa haya semejante vicio, pues el autor de 
ellos no se descuida en arraigarlos para mas se- 
guramente llevar sus almas a la carcel del f uego, 
donde paguen sus desconciertos, de la cual nos li- 
bre Dios por su infinita bondad, juzgandonos 
conforme a su santisima misericordia. 



CAPITULO XIII 

De los nacimientos, crianzas y mortuorios 
de esta gente. 

De la propia forma que esta gente del Nuevo 
Reino de Leon es diferente de las demas del raun- 
do, en todas sus acciones, lo estambien en el pa- 
rir, cosa que escierto de admiracion ver la dure- 
za que, en este tan riguroso trance para otras, 
tienen las mujeres barbaras de esta region; aun- 
que esten con la barriga [como dicen] a la boca, 
no dejan de cargar el huacal Ueno de sus comidas, 
ejercicio cotidiano, y leiia para dormir de noche; 
y cuando les dan los dolores del parto, en la parte 
donde le dan, que suele ser una 6 dos leguas de 
su rancheria, si hay algunas indias con ella, se 
hinca de rodillas, casi sentada, las nalgas en el 
suelo, reclinada un poco de pechos, y las compa- 
neras le menean la barriga por los costados, y le 
aprietan por bajo de la boca del estomago, hasta 
quellegala hora, y, a cuatro pujos, echa la cria- 
tura por detras, a modo de los perros; esta un 
ratillo asi soliviada para que caigan las pares, ^ y 

1 Antiguamente significaba placentas esta palabra.— G. G. 



56 

caidas, con las unas cortan el ombligo por donde 
les parece y sin amarrarlo, como los animales; 
banan (a) la criatura, si hay agua cerca, y si no, 
ensangrentada lacargan.Las pares las echan so- 
bre un nopal, a las inclemencias del cielo, y ellas 
van luego con su carga, sin que haya servido el 
parto mas deaquella pequenadilacion, y vuelven 
a la tarde a su rancheria con sus comidas; y si 
hay diez rios que pasar, los pasa, y no deja de 
buscar, los demas dias, de comer, cosa que da 
cierta admiracion, cuando se observa en las de- 
mas mujeres de cualquiera nacion quesean, que, 
no amarrandole el ombligo a las criaturas, f uerte- 
mente, sedesangran ymueren, y las pares, si las 
ponen en alguna humedad 6 las come algiin pe- 
rro, no sosiega la parida de dolores de barriga, 
mortales, que la ponen en extremo, hasta que, 
sahumadas muy bien, las queman. No ser lo uno 
6 lo otro, mas que dar muchas gracias a Dios, 
que da a cada uno, como dicen, el frfo conforme 
tiene la ropa. Al modo de esta gente, cuenta el 
P. Mariana, en la Historia General de Espana, 
que en la Provincia de Cantabria hacian lo mis- 
mo las mujeres, y, aiin mas ridiculamente, pues 
el marido, luego que la mujer paria, se acostaba 
en la cama y recibia las visitas, ocho 6 diez dias; 
la mujer iba al campoa buscar la comida. ^ 

Cargan estas indias (a) los hijos en el pescue- 
zo, colgados los pies, por los hombros, a los pe- 
chos; bajanlos y siibenlos de un bracillo, que es 
maravilla no desgoznarselos. La crianza que les 
hacen, que, como van creciendo, no diferencian 
mas que en la edad los padres de los hijos, que 
en lo demas no se tienen respeto ni crianza; unos 
a otros se abofetean, retozan para darse algo el 
uno al otro, lo tiran, aunque sea de comer, 6 hijo 

1 Mariana. Historia General, 1. 3'', c.24. 



57 

a padre; y si el padre esta borracbo, hacen los hi- 
jos mas burla de el que los extranos, cosa antigua 
al mundo. Al principio de la segunda edad, Noe 
exprimio unos racimos de uvas, con cuyo zumo 
perdio el sentido; durmi6se, descubriendo sus par- 
tes deshonestas; llego Cain (sic por Cham), hijo 
suyo, que como le vido, mofandollamoasusher- 
manos Sem y Japhet a que le riesen, los cuales, 
teniendo reverencia al padre, fueron, vueltas las 
espaldas, y le eharon la capa encima. Tales hijos 
son los que faltan en estas partes. 

A los difuntos que no ban de comer [que no es 
a todos], los entierran en el campo, y por guar- 
dar el cuerpo, de animales que no le desentierren, 
siembran la sepultura de nopales 6 hacen un cer- 
cadillo, como una gran rueda de molino, de ra- 
mas cercadas y espesas, con que esta seguro; a 
otros queman y la ceniza entierran, uso anti- 
quisimo en el mundo. El luto que se ponen es: las 
indias, por su marido, hijo 6 padre, hermano, so- 
bre grandes aullidos, se pela(n) todo el colodrillo 
eon las manos, arrancandose el cabello hasta cerca 
de la coronilla, que queda muy liso; lo demas de 
la cabeza cortan el cabello como cuando lo quita 
el barbero sobre peine; y sentadas en cuclilUas, 
juntas las manos, se dejan caer en el suelo, dando- 
se porrazos, que, viendolos, (se) juzgara que del 
dolor se les quebrara lahiel en el cuerpo. Lo mis- 
mo hacen los varones, menos el pelarse el colo- 
drillo: todo ello es una demostracion ridicula. 



58 



CAPITULO XIV 

Db la crueldad que esta gentb tiene, 
un08 con otros, entre si. 



Unas de las mayores virtudes que hay en (sic) 
la piedad y la misericordia, se han preciado todos 
los horabres jastos, porque, como toda la justicia 
sea (a)tributo de Dios y este poderoso ser se ha 
dignado siempre de ser mas misericordioso que ser 
justiciero, como se ve en diversos lugares de la 
EscrituraSagrada, pues, cuando mas ofendido es- 
ta del hombre, llenandole con beneticios, que con el 
menor de el los se pudiera presumir ojepto (sic por 
objeto) siempre de laadoraciony reconocimiento 
suyo, el, como olvidado y ingrato de ellos, le ofen- 
de por diversos modos, provocandosudivina jus- 
ticia; entonces, pues, como Piadosisimo Padre, no 
usando de ella, busca suaves medios para perdo- 
narle, con palabras, con avisos y seSales, dando 
al tiempo; y visto (sic) su dureza, forzado, si asi 
se puede decir, se ejecuten los castigos. El pri- 
mero fue en Cain, el cual, despues del aviso y 
araonestaciones, antes y despues de la muerte del 
hermano, por ver si se arrepentia, para usar con 
el de su divina clemencia, siendo pertinaz, lecas- 
tigo con muerte. Y cuando el mundo estabaper- 
vertido generalmente, aguardo la enmienda cien 
anos, que tantos duro el edificio de la primer 
nave, avisandocada dia Noe a loshombres incre- 
dulos, lo anego, escapandose los que con Noees- 
taban, en quienes hallo algun temor. Queriendo 
destruir y asolar aquellasdosmiserablesciudades 



59 

de SodomayGomorra, por tantasofeDsascomo le 
hacian, pasoporlahabitacionde Abrajam (sic por 
Abraham), diolepaite del hecho, ocasionandole a 
pedir por ellos, porque ha&ta ese puEto tenia ata- 
das las manos a su justicia ; y viendo A brajam tanta 
cleniencia, con mucha suruision y ruegos, hacien- 
do siempre la salva, le pidio bo muiieian los jus- 
tos con los impios, y desdecincuenta justos bajo 
hasta diez, y pensando el santoPatriarca que en 
dos ciudades tan populosas no podia dejar deha- 
ber diez justos, cesoen su ruego;y haciendo Dios 
escrutinio, no hallo mas que a Lot, su mujer y 
dos hijas, con que ejecuto su justicia, si bien 
aq uella por desobediente quedo hecha mojon. Mas 
claramente se ve la fuerza que a Dios haceladi- 
vina justicia para los castigos en aquellos que le 
ofenden sin temor ni vergiienza, en el sagradoli- 
bro del Exodo. Cuando esta en el monte Sinai 
dando leyes a su pueblo, y buscando sus mayo- 
res aumentos, ellos, como perfidos, estan pidien- 
do dioses a quien adorar, como si aquel a quien 
habian visto hacer tantas maravillas en Egiptoy 
el desierto, por sacarlos del cautiverio y servi- 
dumbreen que se hallaban. no fuera el solo dig- 
no de adoracion; y habiendo salido de la funda- 
cion (sic por fundicion) de joyas un becerro, lo 
levantaron en alto, postrandose en tierra, hon- 
randolo como dios, el cual, viendo el sacrilegio 
que hacian tan en ofensa suya, cuando se podia 
presumir enviara rayos para que los abrasara, 
fuego y alquitran que los consumieran, le dice a 
Moises: veo este pueblo que es de dura cerviz; 
dejame que me enoje con el y lo borre de la tie- 
rra, como si dijera: es tanta la misericordia de 
que estoylleno, que, aunque veo tantas ofensas, 
porque me ruegues por este pueblo ingrato, no 
doy lugar a la ejecucion de mi justicia; entonces 



60 

Moises, rogandole por el, le aplaco. Imitando a 
su Maestro ha habido hombres misericordiosos, 
(de) que estan llenas las historias, que, por no 
alargarme, dejo. 

De aquesa virtud carece la gente de este Rei- 
no, estando vestido de maldades y crueldad, usan- 
dola en las guerras que tienen, tan horrenda, que 
ni perdonan sexo, ni edad, ni animal que en la 
rancheria hallen, comiendo, como esta dicho, 
las carnes de los muertos y bebiendole la sangre, 
que parece aprendieron de aquel tirano de Sicilia, 
Falaris, que hizo un lecho donde por gusto suyo 
cogia (a) los hombres, y acostandolos en el, si 
eran mayores, lo que excedian, despedazaba el 
con los dientes; si faltaba. los hacia descoyuntar 
hasta que emparejaban, al cual era su deleite bus- 
car modos exquisitos de atormentar. Llam6 a 
Perilo, ateniense, que, por dar gusto al tirano, 
hizo un toro de metal, donde por ana portanue- 
la podiameter (a) unhombre, y cerrada, iedaban 
f uego alrededor, y, a los gritos del miserable, pa- 
recia bramar el toro, sin diferencia; en pago de 
la invencion, mando meter al misero artifice, y, 
pegandole f uego, perecio, como asimismo el tira- 
no, andando el tiempo. Cansados sus vasallos de 
tantas crueldades, lo metieron en el, muriendoa 
manos de su misma crueldad, porque, segiin las 
leyes de la divina justicia, cada uno sera ator- 
mentado por las mismas cosas en que peca. 

Asi estos, preciandose de homicidos (sic por 
homicidas), no topan india ni indio en el campo, 
que no maten, envejecidos en aquella barbara cos- 
tumbre; por quienes dijo el Apostol Santiago, 
que hara con ellos Dios juicio sin misericordia, 
pues nunca la tuvieron entre su misma gente. 
Asi puede el uno ver al hijo del otro llorando 6 
muerto de hambre, que, aunque tengan ellos 



61 

6 ellas con que remediarsela.se loden, masainas 
perecen; y es tal habito en ellos, que no pueden 
con su condicion, ni aun siendo cristianos, que 
bieo se experimenta cuan lejos estan de la piedad 
que usaba el Santo Tobias,^ que gastaba su ha- 
cienda en dar limosnas, vistiendo a los desnudos 
y dando de comer a los hambrientos, recibiendo 
de Dios, en recompensa. muchos bienes; y aque- 
11a viuda de Sarepta. como se cuenta en el libro 
cuarto de los Reyes,- que, por la limosna y pie- 
dad que us6 con el Profeta, jamas le falto la ha- 
rina de la caja ni aceitc de la alcuza. Y asi les 
falta siempre a estos. como lacaridad, la comida, 
y andan como lobos hambrientos; tampocousan- 
do mas caridad con los padres, que si los ven vie- 
jos, que ni puedanandar, ni comer, no se mueven 
a guiarlos, cargarlos odarles de comer a mano, 6 
moliendoselo, si el pobre viejo no lo busca arras- 
trandose, comiendo lo que los demas desechan, 
confirmando mas el nombre de crueles en tal ac- 
to, como, por el contrario. lo adquirio de piado- 
so Eneas, como cuenta Virgilio,'^ cuando saco 
cargando en hombros, del medio de las llamas, 
a su padre Anquises, y a su hijo Ascanio, de 
la mano; y aun pasando de los hombres a los ani- 
males, cuentan los historiadores que las cigiie- 
nas, estando el padre viejo, le buscan de comer y 
se lo dan, y lo cogen dos juntas en hombros ylo 
llevan de una parte a otra: ejemplo raro y de con- 
fusion para esta gente de este Reino, pues en 
brutos animales obra lavirtud, dequeellos, sien- 
do racionales, carecen, y que tanto luce a los ojos 
de Dios, pues el honor de los padres sin reveren- 
cia y caridad con ellos (sic); el segundo de los 

1 Thobias.l. 

2 4 Rev, 17. 

3 Enei'da, 2. 



62 

dos raandamientos en que se reducen los diez del 
decalogo. 

De hospitalidad no usan con sus enfermos, por- 
que si la enfermedad es algo larga, deja la mujer 
al marido, 6 el marido a la mujer, el hijo al pad re y 
el padre al hijo, quedando los miserables dolientes 
solos, rabiososy hambrientos, que sueie ser causa 
esa, mas que la enfermedad, de su muerte, cau- 
sandola (sic por causaudo) a los sanos la enferme- 
dad, congojayenfado,liabiendoles parecido gusto 
ydeleitecuandogozaban de salud, por nousar, en- 
tre tantos vicios, una siquiera virtud y mas bien 
si el mal es contagioso, que dan bien a entender 
ser ensenadosen laescuela de aquel tirano maes 
tro de la mujer de Job, que lo dejo solo en el 
muladar, (y) f ue huyendo de el por verlo leproso. ^ 
Eso mismo hace esta desdichada gente, cayendo 
en todos los males, como el mismo Job dicer be- 
ben como agua; porque, como el agua no tiene 
gusto ni sabor y se va dejando colar sin sentir, 
asimismo estos vicios envejecidos, convertidos en 
naturaleza, se les van entrando por las puertas 
del alma sin sentir ni echar de ver el sinsabor 
que algiiQ dia les hade causar; llamando con tan- 
tos pecados otros de nuevo, como dijo el Salmis- 
ta: un mal llama otromal, un pecadootroy estos 
justos la justicia divina;' oyendo ellos repetir a sus 
pasadosaquella memorable sen tencia del Eclesias- 
tico: acuerdate de mi juicio, porque tal sera el 
tuyo: ayer por mi y hoy porti;' haciendole pasar 
por las mismas crueldades, enfermedades, ham- 
bres, trabajos y muertes que con otros usaron; 
cayendo en los mismos lazos que armaron, como 
acontecio a Aman, Principe y privado del Key 

1 Tob, 2 

2 job, 15 

3 P-.almos,41. 

4 Eclesidstico 38. 



63 

Asuero, como se cuenta en el libro de Esther, al 
cual ahorcaron en la horca que hizo para Mar- 
doqueo,^ siendo ellos medidos conforme (sic). 



CAPITULO XV 

Del modo de pri.eak de los tndtos de este Rei- 
no, y8us armas. 

Desde Lamec(h), nieto de Cain, que empezo la 
malicia a extenderse en el mundo, tuvo principio 
el origen de las armas. Las primeras que se usa- 
ron f ueron el arco y las flechas, y ha sido tan ex- 
tendido su uso, que se ha convertido en naturale- 
za, pues con esta (sic por consta) que jamas las ha 
dejado de haber en nacion alguna, yen las mas 
remotas y incognitas que se han descubierto, asi 
en las orientales como en estas occidentales re- 
giones, se hahallado por experiencia ^ler esas las 
mas comunes, con que con el ejercicio hay mas 
diestros flecheros. Hacen el arco del tamano del 
que le ha de gobernar, de diferentes generos de 
madera, y los mejores y mas correosos, segun dicen 
ellos, son de raizdemezquite; la cuerdaes de las 
hebrasquesalendelalechuguilla, tan bientorcida 
y puesta, que parece hecho (sic por hecha) de una 
y>ieza, cual un bordon de una arpa, si bien esdel 
gordor (de) seis osietebordones; las flechas sonde 
un carrizo delgado y duro, curado al f uego; en el 
un exbremo, una mosca que encaja en la cuerda, 
porque no resbale de ella y con ella tenga mas 
f uerza para expelerla, del cual extremo asi (sic 
por hacia) el otro, ponen unas plumas, cual dos y 

1 Esther, 7. 



64 

cual nacion tres, unas de cuatro dedos de largo, 
otras de mas y otras de menos. hasta Uegar un 
palmo; estas, oestan pegadas con un betumen que 
llaman saut{l)e, 6 amarradas en sus extre nidades 
con unos niervos de venado tan bien puestos, que 
no hay nudo ni se ve donde (acaba) la ligadura 6 
donde empieza, si no es que lo mojan; al otro ex- 
tremo de la caiia ponen una vara tostada, igual 
en el tamaiio y grosor en almanacate (sic por 
almalacate)6 huso que tienenlosobrajeros cuando 
hilan; este entra coino cuatro dedos en la cana y, 
topando en udo de sus nudos, la amarran asimis- 
mo con los niervos, que queda tan fuerte y ajus- 
tada, que solo en las materiasdiferencia; en el ex- 
tremo de este palo que quedo fuera, hacen una 
mosca, y en ella ponen una piedra puntiaguda, 
que es a forma de hierro de lanza. baciendo unos 
arpones, atras, que cuando entra en alguna par- 
te, se queda alia la piedra, si topa al salir en algo, 
6 abre cruel herida; tiene el modelo de la punta 
de la ancla, que tiene dos lengiietas; 6sta, pues, 
amarran con el niervo 6 pegan con saittle^ y que- 
da, de una 6 otrasuerte, fuertisima y hace cual- 
quier operacion; esta es de pedernal y algunas 
hacen de hierro, si lo kalian a las manos; es toda 
la flecha de largo de media braza del tirador. En 
el brazo izquierdo, casi desde la muneca al codo, 
se ponen de cuerode coyote 6 otro animal, unatira 
que la hace cuatro 6 cinco dobleces, amarrada. la 
cual sirve de def ensa al dano que la cuerda, al tirar, 
podia hacer en el brazo: llamase batidos (sic por 
bastidor); 6 usan tambien unos pedernales de un 
palmo, del anchor de dos dedos delgados, al modo 
de una cuchilladedaga,y dedos filos, pegadoscon 
el mismo betumen, en un palo que sirve de hacha 
para sus ministerios; traenlos en los dobleces del 
bastidor, por la banda de arriba, de6endense con el 



65 

y se puede dar una punalada como con un fierro. 
Su pelearesrcuandosienten flaqueta(sic por fla- 
queza) y el los se hal Ian con f uerza, no dejan pasa r la 
ocasi6n,aprietanaleneniigo;m!iSsinosehallan tan 
poderosos, no hay gamos corno ellos por los mon- 
tes, sin reparar en que van desnudosy que todos 
los generos de arboles y monte que hay son espi- 
nosos; suelen alcanzarlos algunos tan llenos de 
espinas, que parecen toros garrocheados 6 llenos 
de jaras. No se diferencia el coger esta gente en 
nada al montear las fieras, que hasta en eso se le 
semejan. Algunos delincueQtes se cogen en par- 
te donde no puedan escaparse, por ser llano dis- 
tante del raonte; como saben que los ban de ahor- 
car, pelean desesperados hasta que los mas 6 todos 
quedan muertos, que suelen hacer danos matan- 
do (a) algunos caballos 6 hiriendo (a) algunos sol- 
dados antes de raorir. Son traidores: si esta una 
compania parada. aunque haya posta en el real, 
si es escura la nochey hay matorralillos 6 zanjon 
grande, suele ir un indio arrastrandose hasta lie- 
gar cerca de los companeros y tira algunas flechas 
para ver si puede hacer dano, y aunque se albo 
rota todo, y salen a correrlo a los alrededores, 
el se esta quedo y, en desagiiando (sic) todos. se 
va retirando, como suelen una pi pa, a poner en 
salvo; tambien lo suelen hacer por matar (a) la 
guia, como aconteci6 una vez, junto al cerrito 
Colorado, a orilla del rio de la Pesqueria, en la 
compania del Sr. Mayor Gacinto (sic por Jacin- 
to) de Sepulveda, que estando un indio cataara, 
guia, a un lado de los espanoles, durmiendo en 
tre otros indios, habiendo posta. Ileg6 un indio 
enemigo y, entre los otros, busco (a) la guia y le 
dio en un instante dos flechazos, de que muri6, 
levantandose con aquellas ansias, dando gritos, 
a que se alboroto el real; hizose diligencia, no se 



66 

pudo hallar mas que el rastro, el dia siguiente. 
Si pelean unoscon otros 6 dan albazo aalgana 
rancheria, llegan de golpe y matan a cuantos to- 
pan, (norespetando) sexo ni edad, preciandose de 
esto, ysaquean loqueles parece, y los demas que- 
man, y (a) los muertos los (sic por les) desuellan el 
cascosuperiordelacabeza, comoun palmo, casial- 
rededor, concabelloy todo, al cual pellejo, poren- 
jagarle y poaerloen la forma que les parece, le 
envuelven por la carnaza una piedra hecha ascua, 
que le consume la humedad, hastaque parece co- 
la de yegua desollada; ponen en un palo como me- 
dia asta, y tantas llevan, como cabelleras. Tirando 
vuelta a su rancheria, van pegando f uego al ca- 
mino, serial de victoria; y cuando van cerca, les 
responden los que quedaron en guarda de las mu- 
jeres con humos iguales; y antes de llegar, como 
un tiro de arcabuz, se ponen en hilera, cogien- 
do el primero una de las astas con la cabellera, y 
las demas llevan a trechos, y unos atras y otros 
guiando al delantero, hacen una concertada esca- 
rarauza y caracol, y a cada vuelta que da, sale una 
vieja del monte, que no estan donde se vean, muy 
tizaada de carbon, el cuerpo y los cueros, y con 
otroembije, (sic), corriendo, y quita la asta del de- 
lantero, dando todos un grito, y coge la punta, 
haciendo la misma vuelta que el indio llevaba, a 
quien sigue, y sale otra y quita otra asta y hace 
la misma accion que la primera, y asi de los de- 
mas. Metenlas alia dentro de su rancheria y des- 
cansan; convocan a los parciales y vecinos a mi- 
tote y lo celebran en la forma que se declara en 
su capitulo, salvo que bailan con estas cabelleras 
en las astas y algunas amarradas al moUedo del 
brazo izquierdo, que es cosa ridicula, cuales son 
todas las suyas, envueltas en crueldad, vicio p^- 
simo y conforme a su autor. 



67 



CAPITULO XVI 

Del poco fruto que h\ hboho en esta gente 
la dootrina en tantos anos, y que sea la 

CAUSA, 

Luego que la sagrada ley evangelica se empe- 
z6 a promulgar en el mundo, teniendoloatodoel 
por contrario y tantos y tan poderosos princi- 
pes por enemigos, y tantos que mandaron hacer 
tantas persecuciones llenando el cielo de marti- 
rios (sic por martires), y regando el suelo con su 
bendita sangre, con cuyo riesgo (sic por riego), 
se levantaban cada dia millones de plantas que 
ofrecian a Dios los cuellos en sacrificios, fue 
sienapre y en todos siglos halla(n)do hombres jus 
tos, santos y celosos y de buenas vidas, cuyo 
ejeraplo y con su doctrina y predicacion, hallan- 
do de. parte de los gentiles idolatras alguna dis- 
posicion, mediante al auxilio que Dios con sus po- 
derosas manos les daba, pues sin el no pudieran 
leyes tan antiguas, de sus antepasados guarda- 
das, desecharlas, y admitir las que se les predi- 
caba y dada(sic por dabi) por un hombre que a 
su parecer habia muerto por facineroso; la admi- 
tian con muy buena voluntad, porque, como dice 
Cristo por San Juan: nadie puede venir a mi si 
no es guiado y traido por mi Padre. Ilustrando 
estos santos varones su predicacion con vida, 
ejemplo, obrando infinitos milagros y teniendo 
don de lenguas, como se dice en los actos de los 
apostoles, y siendo gente que tenia su adoraci6n 
y sus idolos, fue medio facil, mediante la provi- 
dencia de Dios, para su reduccion, con que se ha 



68 

extendido el evangelic de Cristo en tantas gen- 
tes, grandisimos y esparcidos reinos, y con tan 
gran numero de santos, que es maravilla. 

En este Reino no ban faltado los medios nece- 
sarios de parte de los cristianos para hacer la 
conversion, pues, de su principio, a la poblacion 
empezaron a entrar obreros, y es de creer que, 
habiendo venido los religiosos de nuestro P. San 
Francisco a la fundacion de esta nueva iglesia y 
(a) plantar osta nueva vina del Senor, habiendo 
hecho tantas en todo el mundo y en particular en 
estas Indias Occidentales, continuandolo, como 
se ha visto en este Reino, en que habra pasado 
[quien lo duda] notables trabajos. necesidades y 
desnudeces. Y no faltando e' fonoipnto de nuestro 
catolico Rey [que Dios guarde] en sus estipen- 
dios, en la ciudad de Monterrey, conio tampoco 
el de su Lugarteniente, D. Martin de Zavala, 
Gobernador de este Reino, en las dos villas de su 
poblacion, sin faltar [haciendolo a muchas ne- 
cesidades a su persona] a dar el ordinario y aun 
al que esta obligado tantos anos ha, por no hacer- 
lo, a tan santa obra, tendrian de su parte todos 
los medios eficaces y requisites necesarios a la 
predicacion; pues el ejemplo que los apostolicos 
varones primeros de estas Indias les dejaron, se 
agrega a la obligaci6n que por tantos caminos les 
corre, de hacerlo; y, aunque es verdad que en 
tantos aiios como ha que se empezo a promulgar 
el evangelio, no hay un indio que se pueda redu- 
cir, es cristiano en nombrey obras, teniendo des- 
de entonces hasta ahora los corazones endureci- 
dos, por ordenacion divina, como lo tuvo Faraon, 
segiin cuenta el sagrado libro del Exodo,^ cuan- 
do Moises le pidio licencia para el pueblo. 

No por eso se ha de decir es de parte de los re- 

1 Exodo,5. 



69 

ligiosos la falta, que si bien es no ha habido en 
ellos la gracia de hacer milagros, ni el don de 
lenguas, como lo tuvieron los apostoles, siendo 
un propio ministerio el de los unos y los otros, 
no dejaran de tener loables y probadas costum- 
bres, para que, con su vida y ejemplo [a ser gente 
menos inculta la que habita esta region], estuvie- 
ran ya redulcidas al gremio de la Iglesia y f ueran 
dignos de Uamarse hijos suyos; mas [que dolor], 
por justos y investigables juicios de Dios, no ha 
habido ningun espanol lengua en todo este Reino, 
ni que, siendo natural de el, haya recibido el ha- 
bito, quedando los indios en su torpedad, [siendo 
para sus bellaquerias tan agudos] y de tan pesima 
naturaleza, que, aunque de chicos se crien en casa 
de los espanoles y con algiin religioso, bautizan- 
dolos y ensenandolos a ser cristianos y la doctri- 
na, que aprenden con facilidad, ensenandoles la 
lengua castellana y mexicana, olvidando la nati- 
va, en llegando a edad pupilar, olvidando todos 
los beneficios que han recibido [que ellos no tie- 
nen por tales], se huyen y sirven de inducidores 
a los otros, que han menester muy poco, a no 
acudir al servicio de los espanoles; negando la 
obedienciaa S. M., que por su conversion gasta 
sus tesoros y las vidas de sus vasallos; acaudi- 
llandolos a que hagan todos los danos que pue- 
den, asi en las gentes como en los ganados; ace- 
lerando, con esos insultos y delitos, su muerte y 
la de los convocados; habiendo (sic por haciendo) 
tantos y tan enorpes (sic por enormes), que pro- 
vocan a la divina justicia, para que, con las ar- 
mas de los espanoles, y a veces de sus propios 
companeros, se borren de la haz de la tierra, co- 
mo acontecio a los amalecitas por estorbar el paso 
al pueblo de Dios sin causa. 

Y siendo como es la tierra prometida, como di- 



70 

jo Ciisto: ireis a predicar a todas las gentes; esta 
miserable, mas dura que el diamante, embebecida 
en pecados, como los fariseos, no queriendo cono- 
cera su Criador y Salvador, por mas voces que 
les dan los predicadores y ailn las cosas inanima- 
das con las mudas lenguas que Dios les dio, con 
que de dia y de noche le estan alabando; no le- 
vantando la consideracion del cieno en que estan 
revolcados; desechando el consejo que les da el 
Sabio: no tardes de convertirte al ser, ni lo difie- 
ras de dia en dia, porque de repente vendra su 
ira a uno es (sic) servido entre ellos su pueblo es- 
cogido.atende de (sic) publicar su palabra en toda 
ella, sino que en los lumbrares (sic por lumbra- 
les), como dicen, de la primera puerta, esten hoy 
como al principio, tan remotos de loque escris- 
tiandad y religion, hasta que Su Divina Majestad 
abra camino para (que) esta gente se reduja (sic 
por reduzca). como tiene decostumbre, dar tiem- 
po para arrepentirse, 6 merezcan el castigo con- 
forme a su disposicion. Asi sucedio a su pueblo 
que no lo metio en la tierra de promision, menos 
de que se cumpliesen las iniquidadesde susarao- 
reos (sic), como lo tenia prcmetido a su padre 
Abrajam, y entonces, con tener tantas ciudades 
eercadas, tantas torres y tantos ejercitos, facilito 
su conquista como si llegaran a su casa; asi la gana- 
ron y se repartio, por suertes, por ser hombres de 
razon, idolatras, quetenian religion; dificultoso en 
estossin su ayuda, porser incultosy barbaros,que 
necesitan, como dice el P. Joseph de Acosta, 
de fuerza de armas para su reduccion, y que en 
el libro que tiene compuesto en latin, de Procu- 
randa Indorwm Salute, muestra aquesehan de 
ensenar los indios de este Keino, primero a ser 
hombres y despues a ser cristianos. Quiera Su 
Divina Majestad que los veamos reduciios a su 



71 

santo servicio, comunicandonos su gracia para 
que, por mediante aella, ellosy nosotros va(ya)- 
mos al Paraiso Celestial, donde siu cesar los in- 
cumbrados (sic por encumbrados) serafinesestan 
cantando santo, santo, amen. 



FIN DEL PRIMER DISCURSO. 




DISCUfiSO SEGUNDO. 



CAPITULO I 



De LA ENTRADA Y DESCUBEIMIENTO DE ESTE ReI- 
NO; QUIEIST LO HIZO T POR QUE ORDEN. 




OBERNANDO COmO 

Virrey los Reinos 
de la Nueva Espa- 
5a, D. Martinez (sic 
por Martin) Enri- 
quez de Almanza, 
con el deseo que te- 
nia de ampliar la fe, viendo los muchos danos que 
hacian los indios f ronterizos a la Provincia de la 
Huaxteca, dio orden al Capitan Luis de Carabajal 
de la Cueva, de nacion lucitano, el aSo de mil y qui- 
nientos y setenta y seis, para que con una com- 



74 

pania hiciese entrada (en) la tierra de guerra , casti- 
gasey apaciguase lasnaciones alteradas; el cual la 
hizo y los castigos necesarios a que vino, con cuya 
ocasion acabo el de colar la tierra adentro, notar 
sus calidades y di8posici6n, y, siendo, como era, 
de animo valeroso y increible, deseoso de ver tie- 
rras nuevas y hacer descubrimientos, levanto la 
consideracion, ya quepodrian ser de algiin efecto 
si pasaba a Espana a capitular el de esta, su pa- 
cificacion y poblacion; y haljiendole asentado, fue 
a Mexico, dio cuenta de lo que se le habia man- 
dado, paso a Espana, y el ano de mil y quinien- 
tos y setenta y nueve, capitulo con S. M. la paci- 
ficacion y descubrimiento de ducientas leguas de 
tierra de longitud y latitud, con titulo de Nuevo 
Keino de Leon, y hacer las poblaciones necesa- 
rias y todo lo demas que la capitulacion refiere, 
a que me remito. Hizo las prevenciones necesa- 
rias para su viaje, junto (a) la gente que pudo, que 
fueron ducientos hombres, de los que trujo, y aca 
agrego, en las Indias. Llego a Mexico, presento 
sus comisiones, fueron admitidas, salio en prose- 
cucion de su viaje, hizo entradas por la parte de 
Tampico, donde tuvo su asiento algunos aiios, de- 
jando nombre en toda aquella tierra, de valeroso 
y prudente soldado; fue temido de los indios, que 
hasta hoy conservan su nombre entre ellos, a quie- 
nes hizo castigos notables por sus atrevimientos, 
que eran muchos. 

Despacho a un castigo (a) una compania de sol- 
dados, los cuales, habiendolo hecho, y amarrados 
sesenta y dos, estaba entre ellos uno con un real 
de a cuatro, colgado del pescuezo; como los sol- 
dados lo vieron, luego maquinaron (sic por ima- 
ginaron) un gran tesoro y se constituyeron due- 
iios de el. Preguntaron por senas al indio de d6n- 
de habia tornado aquel; el indio, conociendo su 



75 

bianco, les senalo a la costa, y que habia muy gran 
monton; regalaronlo, y, otro dia, suelto, lo lleva- 
ron por guia, dejando (a) sus companeros, los 
mejores que iban, en guarda de la presa y caba- 
llada, y un muchacho en el real. El indio les lle- 
v6 y metio por arcabucos, pantanos y cienegas, 
quehaymuchasen aquella costa, y al cabo de cin- 
co 6 seis dias, se les huyo, una noche, dejando 
burladas sus esperanzas, castigandosu ignorancia 
como merecian, y aun si parara en eso, fuera di- 
cha; mas estedesorden fue causa de que los indios 
dieran en el real, mataron (a) los seis soldados, 
soltaronla presa, Uevaronse la caballada. El mu- 
chacho estaba a caballo y, viendo lo que pasaba, 
salio huyendo por el rastro que los companeros ha- 
bian llevado, a quienes encontro de vuelta, perdi- 
dos y muertos de hambre, acrecentando sus pe- 
nas laquelesdiola triste nueva, que despuesvie- 
ron con sus ojos. Enterraron los cuerpos y, aver- 
gonzados, fueron a dar razon de lo subcedido. 

Nombro en aquellas fronteras de Tampico a 
un Teniente de Gobernador y Qapitan General; 
paso la tierra adentro, al Norte; llego a la Ciene- 
ga, donde hoy esta la villa de Cerralvo; hallo en 
la sierra de San Gregorio metales que le movie- 
ron a poblar alii una ciudad intitulada ciudad de 
Leon; paso al Saltillo, que era poblacion mas an- 
tigua, y, en virtuddesus capitulaciones, porcaer 
en la demarcacion de su jurisdiccion, mudo jiis- 
ticia, poniendo de su mano las que le parecio; 
vuelto con algunos vecinos del Saltillo, que a to- 
dos los sabia acariciar y atraer con su buen aga- 
sajo y proceder, poblo en la parte del Norte del 
Ojo de Monterrey, la villa de San Luis; nombro 
Alcalde Mayor, que fue el primero el Capitan 
GasparCastaiio; paso a Leon, desde donde hacian 
entradas, sacaban gente, quese vendianbien, ce- 



76 

bo con que acudian mas soldados, que Ilovidos 
aventureros. En este tiempo pobl6 el Capitan 
Castano una labor, en la que hoy se llama San 
Francisco, entre la villa de San Luis y la de Leon. 
En este ejercicio se ocupo el Gobernador algu- 
nos anos; no haj^ certidumbre cuantos. Fomen- 
tando sus poblaciones y teniendo noticia de la 
Provincia de Coahuila, intento su descubrimien- 
to y poblacion; para eso f ue al Saltillo, para des- 
de alii, por la comodidad de bastimentos, pro- 
veerse mejor de ellos; dispuso su viaje, nombro 
en Leon al Capitan Diego de Monte Mayor, el 
Viejo, por Teniente de Gobernador y Capitan Ge- 
neral de todo lo poblado nuevamente, persona 
de importancia. Ayudaron mucho al descubri- 
miento de este Reino y todo lo demas que hizo 
el Gobernador, el Capitan Palomo y el Capitan 
Agustin de la Zarza, a quienes debia el Gober- 
nador Luis de Carabajal la mayor parte de la di- 
cha que gozaba, que no era poca, obedecido en 
tierras tan remotas, de tantas gentes, tantos es- 
paSoles que le querian y amaban. Trujo un reli- 
gioso de San Francisco, de la Huaxteca, cuyo nom- 
bre no se ha podido averiguar. 



CAPITULO II 

Que prosigue el descubrimiento de este 
Reino. 

^ donde con los mejoresme- 

dios que pudo disponer, lo hizo en la Jornada al 
Norte, con muy buena compania de gente, y co- 
mo Uevaba intento de poblar, iban con sus muje- 
res y hijos y algunos ganados. Llego a la Provin- 

1 El original esta roto aqui —G. G. 



7? 

cia de Coahuila, agasajando a los indios que le 
salian, que en eso era dichoso. Pareciole poblar 
en un arroyo, no de muy buena agua — oblige la 
necesidad de no haber otro, — cercano a unos ce- 
rros, de donde le habian traido metales de buen 
parecer; asento el real y fundo la villa del Al- 
maden : nombr6 alcaldes y regidores, que no digo 
sus nombres, porque al presente estan originales 
en la Audiencia de Guadalajara los nombramien- 
tos presentados. Hizose descubrimiento de minas 
que mostraban plata; debiose de consumir: hoy 
no la tienen. Hicieron haciendas, cuyas ruinas se 
ven. Tuvo caja real, como en laciudad de Leon, 
nombrando por oficiales de ellas al Capitan Diego 
de Monte Mayor, (a) su Tenientepor Tesorero, y 
por Factor a Diego Ramirez de Barrio Nuevo. 
Labraban las minas y estaban gustosos en la tie- 
rra, de buen temple, con muchos cerros minera- 
les, pocas vetas formadas, cara de bastimentos, 
de bajos montes, mala de cultivar por ser tierra 
salitrosa, muy seca y de poca madera para edifi- 
cios, muy f ertil de pastes, pocos aguajes y malos, 
hasta llegar al rio de los Nadadores, que esta seis 
leguas de alli. 



CAPITULO III 

De las cosas que avinieron en la gente 
QUE qued6 en la villa de Leon. 

Luego que el Gobernador llego a la villa del 
Saltillo, dio comision al Capitan Alberto del Can- 
to para entrar a la ciudad de Leon a hacer algu- 
nas piezas, y antes de salir a su descubrimiento, 
le parecio, por ciertos respectos, revocarla. Corrio 



Y8 

la voz, de suerte que llego a oidos del Teniente, 
El Capitan Alberto del Canto junto, pensando que 
era cosa que se ignoraba, una buena compania, 
y entro la tierra adentro; asento el real cerca de 
la propia ciudad, desde donde envio (a) los sol- 
dados que llevaba a hacer la entrada. Siipolo el 
Teniente de Gobernador que, contra el requeri- 
miento que le liabia hecho, habia despachado a 
hacer Jornada; envio a prender al Capitan Can- 
to y lo trujeron a las Casas Reales, habitacion 
del Teniente. Quiso proceder contra el, al tiempo 
que su gente vino, y echando menos a su Capitan 
y sabiendo que estaba preso, se resolvieron a una 
barbara hazana y pocas veces vista entre gente 
que militaba debajo de un gobierno, vasallos de 
un rey y cristianos; y pudiendo negociar por 
bien, quisieron hacer un escandalo y ruido, que, 
a haber quien los siguiera, lescostara, por el des- 
acato, las vidas, honras y haciendas. Fueron de 
mano armada a la ciudad y, enderezando a las 
Casas Reales, comenzaron a pelotearlas, pidiendo 
(a) su Capitan, cuyas peticiones iban escritas en 
las balas que como granizo salian por las bocas 
de las escopetas; los de adentro, desde el torreon, 
se defendian, y mataron a uno de los de afuera, 
llamado Bustamante. Encendiase a mas andar el 
f uego, y apretaban el cerco, llegandose a casa, pi- 
diendo a voces que le(s) entregaran (a) su Capitan. 
Persuadido el Teniente de los demas, y por no 
dar lugar a que el atrevimiento pasara mas ade- 
lante, mando entregarlo, pero muerto, juzgando 
que, con quitar la causa, quitaria el efecto; lo 
cual dispuesto, un viejo prudente, de adentro, se 
abrazo con el Capitan Canto, y asi salio hasta la 
calie, que lo recibieron sus soldados sin lesion, 
porque los de adentro, por no lastimar a su com- 
panero, no le tiraron. Ceso el combate y se vol- 



^79 

vieron a la villa del Saltillo, gozosos de haber sa- 
cado a su Capitan de aquel empeno, como si hu- 
biera sido de poder de turcos a punta de lanza; 
y de alli a pocos meses, volvio el Capitan Alberto 
del Canto a entrar en la tierra adentro, y en el rio 
que hoy llamandePesqueria, asento el real. Siipo- 
lo el Teniente, que le avisaron de San Luis;des- 
pacho (a) una compaiiia contra el, que llego a tiem- 
po que tenian hecha una buena presa y estaban 
almorzando los soldados; llegaron los de Leon 
COD los arcabuces en la mano, les convidaron los 
demas a almorzar, ellos di jeron que no iban sino a 
soltar (a) aquella presa, soltaronla sin resistencia 
alguna y se f ueron los del Capitan Canto. Hicie- 
ron otra despues y se f ueron al Saltillo, sin otro 
impedimento alguno. 



CAPITULO IV 
De la calidad de la tierra, y su tempera- 

MENTO. 



Es la calidad de la tierra de este Reino, tem- 
plada y sana;tiene invierno y verano, y esoscon 
tanto extremo, que el uno es demasiado de frio, 
y el otro en extremo caliente. Hiela por noviem- 
bre, bien; febrero y marzo, raejor; nieva por di- 
ciembre y enero, a veces tanto, que quedan un dia 
entero los campos (sic) colgados de los ar boles; y 
en las sierras dura por mas de dos meses, en al- 
gunas partes, la fuerza de las aguas, y cuando 
los rios crecen es por septiembre, y prosiguen 
las lluvias menudas lo mas del invierno. Los ca- 
niculares son calidisimos, y en ellos pocos anos 
llueve. Los aires mas ordinaries que corren, son 



80 

dos: en el invierno, norte muy frio; de niarzo a 
octubre, sur, y corre desde medio dia hasta la ma- 
drugada. Esta este Reino debajo del Tr6pico de 
Cancro (sic por Cancer), de manera que parte 
de el cae debajo de la t6rrida zona, y parte, f ue- 
ra de ella; su mayor dia es (de) trece horas y treinta 
minutos, su menor (de) diez horas y treinta mi- 
nutos. 

Es tierra descubierta al Norte y Oriente. Co- 
rre una sierra en ella, casi de Norte a Sur, tan 
aspera, alta y doblada, que agrada a la vista; no 
se atraviesa si no es por las bocas que hace algiin 
rio, y eso con mucho trabajo; es, por la parte del 
Sur, la que va a Mezticlan (sic por Metztitlan), 
que comiinmente llaman la Sierra, y, segiln al- 
gunos, corre la tierra a laestrechuraque hayen- 
tre Panama y Nombre de Dios, siguiendose con 
la misma fragosidad a dar al extrecho de Maga- 
llanes, que cae cincuenta y dos grades al Medio- 
dia, conservando en el Pirro (sic) el nombre de la 
famosa y celebrada de los Andes; por la parte del 
Norte, no he halladoquien me de razonciertadon- 
de lleva mar (sic por Uega, aun-) que de personas 
fidedignas he sabido pasa por Topia, sin perder- 
se mas que de duscientas leguas de este E,eino, 
quedando dividido con esta Sierra de los demas 
Reinos, con tanta admiracion, que parece le qui- 
so hacer Dios distinto, como distinguio (a) los 
hombres que en el crio, en sus perversosnatura- 
les; no dejando en toda ella mas que entrabras 
(sic) para comunicarlo, que son, en la Provincia 
de la Huaxteca, la que hace al Saltillo, y en la 
Provincia de Quaxala (sic). 

Tiene este Keino, por termino, a la parte del Me- 
diodia, la Nueva Espana; la Provincia de la Huax- 
teca, al Poniente; la Nueva Vizcaya, al Se(p)ten- 
trion; el Nuevo Mexico, al Oriente; el Golfo Me- 



81 

xicaDO, a tierra de la Florida; de manera que de 
la baliiay puertodeTampico, primer linderode la 
capitulacion, corriendo al Norte, hasta el valle 
de los Caciques, confin del Nuevo Mexico, hay 
poco mas 6 menos las ducientas leguas de lati- 
tud, y de longitud, poco mas de cincuenta, hasta 
desechar toda la ensenada de Carlos. Podemos, se- 
gun lo queyo tengoandado, repartir la tierra en 
tre(s) regiones: la primera, la Sierra, que es para 
dar gracias aDios su hermosura y forma; sus al- 
das^estan secas; no tiene boca chica 6 grande 
por donde no saiga un rio 6 arroyo. La segunda 
parte es lavertienteal Norte, como ocho 6 diez le- 
guas; esfertil, abundantedepastos; muchasaguas 
que la riegan; algunas cienegas; tierra escombra- 
da, liana y de provecho, con algunos montes espe- 
sos. Cone la tercera, y con (sic por en) esta, como 
ya los muchos rios de la segunda se han juntado, 
hay pocas aguas y , por consiguiente, rios muy cau- 
dalosos y distantes;cortospastos: tierra salitrosa, 
de grandisimos y espesos arcabuzales (sic por ar- 
cabucos) que la hacen inhabitable, y mas con la ve- 
cindad de tanta gente barbara, beben aguas llove- 
dizas, encharcadas; y algunas salinas de excelente 
sal, y laquellaman San Lorenzo, si se beneficia- 
ra, sacaran de ella, altiempo, mas de cuatro mil 
fanegas, mucho mejor y mas suave que la de Cam- 
peche; abundante de maderas, ebanos, brasiles, 
guayaean, que llaman Palo Santo; encinos muy 
gruesos, laureles y otros de menos cuenta, y rui- 
barbo, cocohnecate^ que llaman china, y la yerba 
tembladora. que tiene la hoja como mezquite; 
yerba de anil; y en muchas partes los nopales 
crian muy linda grana, muy tina, mejor que la 
que traen a vender de la Nueva Espana; y otras 
muchas plantas medicinales, de que se usa con 

1 Antiguamente equivalia & faldas esta palabra — G. G. 



82 

muy buenos aciertos. Crianse muchos gana- 
dos, asi naturales como advenedizos; hay banda- 
das de ciervos, de cincuenta; hay muchos berren- 
dos, conejos, Hebres, cantidad de gallinas monte- 
ses, puercos, del ombligo en el espinazo, que 
llaman impropiamente jabalies; armadillos, tejo- 
nes y otrosgeneros silvestres; gatos pintados, sin 
cola nisenal, quematan(a)una bestiadetresanos; 
muy gran cria de yeguas y mulas; cantidad de 
ganado mayor; cabrio, en abundancia; de oveju- 
no es tanta la cantidad, quecuando esto se escri- 
be, entran a agostar, de la Nueva Espana, mas 
de trescientas mil cabezas, Es tierra fertil, de 
muchos pastes y casi siempre verdes. Danse los 
panes muy bien; todas semillas y generos de ar- 
boles frutales, de muy gran sabor y gusto; mu- 
chos melones, sandias y todos generos de semi- 
llas. Solo falta [lo que no puedo decir sin gran 
lastima] hombres curiosos y trabajadores, con 
cuya causa no hay sino muy poco de cada cosa, 
pudiendo haber en tanta abundancia, que se pu- 
diera pasar con mucho gusto la vida. Los rios 
son claros; el agua buena, sin color, sabor ni olor, 
como dicen los filosof os que ha de ser; corren siem- 
pre por piedras con rapido curso; son de mucha 
frescura; poblados de arboledas, sabinos, sauces, 
alamo y otros muchos generos, excepto los dos 
que llaman Pesqueria Grande y Chica, que es 
agua salobre y carecen de todo lo que arriba esta 
dicho. De los demas, todos en general son abun- 
dantes de pescado robalo, vagre, mojarras, tru- 
chas, besugos y otros no tales, Crianse muchos 
papagayos, y buenos. Hay muchas cienegas muy 
utiles y ojos de agua, y en especial el que sale de 
la ciudad de Monterrey, de quien tomo nombre 
los Ojos de Santa Lucia, tan abundante y rico, 
que en otra parte adquiriera nombre de cauda- 



83 

loso no; esta por sus ojos derramando tanta 
abundancia de lagrimas [que a ser gente mas co- 
diciosa la que habita aquella ciudad y tienen en 
propiedad tierras en sus riberas y acequias que 
los antiguos abrieron y ya estan ciegas, quizade 
llorar tanto descuido], bastaran a abundar en (sic 
por ablandar) ellas duras penas, cuanto mas una 
tierra negra, de mucho migajon, y limpia, que 
convida a obraren ellas (sic por ella). Tresgene- 
ros de f rutas lleva este Reino, como las puede ha- 
ber en Espaiia: higos, melones y sandias; uv^as, 
me han dicho las hubo en las Salinas, que hacian 
ventaja a las de Castilla, que se tienen por bue- 
nas; de las silvestres estan todos los rios llenos; 
muchos nogales, morales y zarzamora y otros 
muchos generos, que es para alabar a Dios, como 
Criador de todo. 



CAPITULO V 

Df, LASMINA8 DE ESTE ReINO, T SU OALIDAD. 



Hay en este Reino muchisimos minerales de 
plata, plomo y cobre; lo que hay en gran abun- 
dancia es el plomo, que pudiera, del solo, sus- 
tentarse todo el mundo, a no haberlo en otra 
parte; la plata no es tanta en la que se benefician, 
que suba a los duenos, ni tan poca, que no lo pa- 
sen razonablemente, si hay gobierno. Labranse 
en San Gregorio, donde hay muchas haciendas; 
han acudido bien; si f ueran hondables, son man- 
tos y, a no ser tantos los danos de los indios, 
fuera agradable vivienda con lo que se saca. El 
real de las Salinas tiene cinco haciendas con las 
minas profundas; acuden bien; hay Alcalde Ma- 



84 

yor y Capitan a guerra. Otras hay en el cerro 
de las Mitras, que, dicen los antiguos, acuden 
mucho; labranse dificultosamente, porque es la 
subida muy alta y con riesgo; hay hacienda mo- 
liente en Monterrey, atitulo de ellas. Hay otras 
que llaman del Camahan y de la Parra, cerros 
distantes de las poblaciones, con que no se pue- 
den beneficiar, si no es con fuerza de gente;sue- 
len traer de ellas metales, con recuas, para ligas. 

Un cerro esta, que llaman de la Caldera, dis- 
tante como treinta y cinco 6 cuarenta leguas, y 
de la villa de Cerralvocomo veinte, al Occidente; 
es copiosisimo mineral de metales; tiene(D)se del 
muy grandes esperanzas; ha mandado hacer a el 
tres jornadas el Gobernador. Su descubrimiento 
f ue el afio de treinta, desde la villa de Cerralvo, 
con una compaiiia de veinte soldados, a cargo del 
Sargento Mayor Jacinto Garcia de Sepiilveda; 
una recua y arrieros; trujeronla cargada de me- 
tales que, ensayados, mostraron poca plata. La 
segunda Jornada la hizo el mismo Sargento Ma- 
yor con otros veinte soldados y otra recua, que 
asimismo vino cargada; f ae por la misma parte; 
ensayaronse, mostraron lacantidad de la vez pa- 
sada, y rinde mucha liga: fue el ano de treinta y 
dos. El ano de cuarenta y cuatro, salio, con la mis- 
ma orden, del real delas Salinas, elGeneralJuan 
de Zavala; vio el cerro, que por donde quiera ha- 
bia vetas f undadas y metales cuajados en gran 
abundancia; cargo de los que le parecio; ensaya- 
ronse en las Salinas, mostraron plata como los 
otros; sin duda hay en aquel cerro gran riqueza: 
quiera Dios se descu bra para su santo servicio. 

Un cerro dicen que hay, que llaman el de La 
Plata, incognito a los que hoy viven, tambien lo 
seria a los pasados; es hacia el Norte. Se ha in- 
tentado dos veces Jornada por este Reino: la pri- 



85 

mera, el ano de cuarenta y cuatro, ya publicada y 
dispuesta, a cargo del General Juan de Zavala, que 
estorbo (sic por estorbaron) algunas co(n)mocio- 
nes e inquietudes que los indios alazapas tenian; 
la segunda, este presente ano de cuarenta y ocho, 
a cargo del mismo General, que tambien estorbo 
el alzamiento que esta en su mano, tan riguroso, 
de los icauras, guaracatas, acancuaras, inqueros, 
camahanes, icuanos y otras diversas naciones que 
con tan cruda y cruel guerra tienen infestado el 
Reino. 

No puedo dejar de hacer un discurso [perd6neme 
el lector], antes de pasar adelante, que no es salir 
de la materia querer dar razon de una particula- 
ridad tan importante como es mostrar la plata, 
plomo y greta (sic) que se ha sacado de este Rei- 
no en veinte y dos anos que ha que esta en el Go- 
bierno D. Martin de Zavala, no habiendose sacado 
ninguno en treinta que pasaron desde su postrera 
poblazon hasta su venida. El ano de noventa y 
seis pobl6 la ciudad de Monterrey el Goberna- 
dor Diego de Monte Mayor; corria esta plaza por 
cuenta de S. M., hasta el ano de seiscientos y 
veinte y veinte y seis (sic). En ese tiempo no se 
halla haber sacado seis marcos de plata en todas 
las minas que consta, no porquecareciandeella, 
sino por estar faltos de bastimentos y herra- 
mientas y llenos de cortedades y desdichas. El 
hierro de la marca estaba en un abujero de una 
tapia, lleno de telaranas;en las Casas Reales, Ca- 
ja y oficiales, que pudieran de ello tomar razon, 
no lo habla; algun plomo se sacaba en dos hacien- 
das, una de Alonso Diaz Camuno, en los Muer- 
tos, y otra en las Tapiezuelas, en la Pesqueria 
Chica, del Capitan Fernan Bias Perez, con que 
todo era desdicha. El referido ano de treinta y 
seis, que entro el Gobernador, como esta dicho, 



86 

di6 orden a poblar las minas; repartio, entre los 
que se animaban, barras y otras herramientas, 
f uelles y alcribises con que hasta el presente afio 
de cuarenta y ocho, que son veinte y dos, en la 
villa de Cerralvo y real de las Salinas, consta por 
los libros de la caja, que esta de tres Haves en la 
ciudad de Monterrey, testimonios y informacio- 
nes autenticas que de ello se ban hecho en dife- 
rentes ocasiones, haberse sacado mas de sesenta 
mil marcos de plata, de cuya cantidad ban pro- 
cedido arriba detrescientos mil quintales de greta 
y plomo, que ban sacado tres y cuatro cuadrillas 
cada ano, sin mucbas recuas, todo lo cual llevan 
al Parral, Sombrerete y Zacatecas y otros reales 
de minas, para ligar los metales que en ellos son 
secos; conque se ban sacado, segun buen com 
puto, mas de dos millones de pesos en los diclios 
reales de minas, como con infalibles evidencias 
matematicas se puede probar, lo cual no pudie- 
ran, a carecer de tal liga, en que ba tenido S. 
M. grandes intereses, relevado de los gastos que 
tenia. 



CAPITULO VI 
De las minas de Coahdila. 



Unas minas hay en la Provincia de Coahuila, 
que dieron que entender y que temer con un em- 
beleco de dos bombres pobres y embusteros que, 
el ano de cuarenta y tres, fingieron haber ballado 
la mina de Castano; que nunca faltan tales enre- 
dos para mover los animos codiciosos. Trataron 
de ir a poblar, siendo jurisdicciondeeste Reino, 
con orden del Alcalde Mayor del Saltillo,'que con 



8Y 

algunos vecinos les fomentaba; llego a noticia 
del Gobernador de este Reino; reqniriole con las 
cedulas de S. M., a que fui yo; no embargante 
el requerimiento, prosiguio con su intento, y por 
llevarlos como se debe, con medios suaves, jus- 
tos, y como quien pretendia solamente, ampa- 
rando su derecho, conservar la paz tan deseada 
[y de hombres de poco talento, puestos en una 
Alcaldia Mayor tan pococonocida]; viendo hacia 
este el despacho, volvio el Gobernador a hacer 
nuevo requerimiento con las mismas cedulas y 
demas derechos, enviando al Capitan Martm de 
Aldape, Justicia Mayor y Capitan a Guerra de la 
ciudad de Monterrey, a ello, y protestando salir 
a la defensa de la jurisdiccion que le pertenecia. 
No ceso el Alcalde Mayor, antes dio voz al Gober- 
nador de la Vizcaya, de que era la mayor riqueza 
del mundo. Corrio al paso que la ambicion. Al- 
borotose toda la Vizcaya; su Gobernador, sin mas 
atencion que a la vana relacion, nombro Alcalde 
Mayor y Capitan a Guerra, que lo fue el Capi- 
tan Mateo de Arredondo; dio ordenes, prometia 
esperanzas y ofrecio socorros breves; mas f ueron 
peores que los de Espana, que estos tal vez lie 
gan, aunque tarden, y aquellos nunca se vieron. 
Movido de esta accion el Gobernador del Rei- 
no, nombro al Capitan Dieg'o de Villarreal para el 
puesto por Alcalde Mayor y a (sic) Capitan a Gue- 
rra. Paso a el; prendio al Capitan Arredondo; dio 
aviso de ello, al tiempo que por el Saltillo lo tu- 
vo S. S., de que venian de la Vizcaya dos com- 
panias al amparo de la justicia, y despues les se- 
guiria el mismo Gobernador. El nuestro, por con- 
servar lo que era suyo, habiendo procedido con 
tanta justificacion, me di6 orden para que con una 
compaiiia f uera a la Provincia a dar calor al Ca- 
pitan Villarreal; asistile hasta que porcierto tu- 



vimos no venia la tal gente, ni del Parral habia 
salido. Volvio con el Capitan Arredondo a Mon- 
terrey, mandolo soltar S. S., y despacho, con la 
misma orden que a mi, al Capitan Bernardo Gar- 
cia de Sepiilveda, y que aguardase alia a S. S., 
quefue a la dicha Provincia por abril del ano de 
cuarenta y cuatro; y aunque mando, vistos los 
metales y la disposicion, hacer ensayes, que has- 
ta entonces no se habian hecho, en un ano nodes- 
hicieron de ser (sic), con la fe que ante un prin- 
cipe se debe, pues nunca salio una cierta cantidad. 
Finalmente, dio la orden que se habia de tener; 
hizo a los mineros y pobladores merced de tie- 
rras y indios; volviose a tiempo que ya en Mexico 
estaba dada querella por el de la Vizcaya, del vio- 
lento despojo, estando en conocimiento deque el 
Teniente que la despobl6 fue puesto del mismo 
poblador, y ese fue el Gobernador Luis de Cara- 
bajal, siendolo deste Reino. Proveyo S. E., en el 
Real Acuerdo, se pusiese la Provincia en terce- 
ria, en poder de la Real Audiencia de Guadala- 
jara, y que en ella representasen sus derechoslos 
gobernadores, para adjudicarla a quien mejor lo 
tuviera; nombro la Audiencia Alcalde Mayor y 
Capitan a Guerra. Las citaciones se hicieron en 
este Reino, en el de la Vizcaya no se; que sin sa- 
car plata duro el embuste cuatro aSos mas, hasta 
el de cuarenta y siete, porque llego al Saltillo un 
mercader tonto, llamado Niinez, con mas de ca- 
torce mil pesos de todas mercaderias; inducieronlo 
y , como esto de minas es penta (sic por peste) conta- 
giosa, facil se le pego. Fue alia, merco partes, las 
que le parecio, como si f uera desposado: tales eran 
los precios; a muy excesivos, las maderas y los de- 
mas materiales para hacer hacienda, que dio la 
f abrica lo que la racion da; el habia metido, con- 
sumiendola en lo que esta dicho, subidos salaries 



89 

de hombres y artifices, metales de mas a mas, que 
cOmpraba y pagaba antes de sacarse ni aun tener 
barras, con que los vendedores (sic); con que, pro- 
be (sic por pobre), arruinado y ejecutado, despo- 
bl6 y salio juyendo (sic por huyendo), y tras el 
todos los vecinos, viendo se habia acabado la mi- 
na y no habia otra. Y es cosa de notar que dos 
hombres pobres tuviesen tanto ardid, que susten- 
tasen casi seis anos un embuste que basto a poner 
dos Reinos en arma y otros dos en consultas, para 
el remedio del dano que podia acaecer, en que se 
causaron de danos mas de veinte mil pesos, sin la 
perdida del tiempo; y porque su gloriosa memo- 
ria quede a los venideros, para escarmiento, pon- 
go aqui sus nombres, que son : Alonso Guerrero 
y Pedro Lopez Zurita. 



CAPITULO VII 

De la prision t muerte del Gobernador D. 
Luis de Carabajal. 



El Gobernador D. Luis de Carabajal y de la 
Cueva fue portugues, hijo de cristianos nuevos, 
natural del pueblo de la Megodonio; tuvo una 
hermana; esa se crio en Lisboa. Es (sic) desde 
su tierna edad con un caballero de la Corte en 
Castilla, donde deprendio la lengua y buenas cos- 
tumbres, con que mostro siempre ser buen cris- 
tiano; fue muy devoto de Nuestra Senora, a quien 
rezaba todos los dias el oficio menor. Como no 
habia impedimento que so lo estorbase, pasa a las 
Indias, ya hombre, encomendado del caballero a 
quien servia, a D. Martin Enriquez de Almanza, 



90 

Virrey de la Nueva EspaSa, que le acomodo en 
muchas ocupaciones de importancia, en que loa- 
blemente se ejercit6*, y hallando en el valor y ca- 
pacidad, le encomend61apacificaci6n de la Huax- 
teca que en aquel tiempo eran los dauos de los 
indios en aquella parte, muchos. Hizola y noto 
la tierra; paso a dar raz6n de lo que habia hecho 
a S. E.; fue a Espana, donde con las certiticacio- 
nes que llevaba, de los servicios que habia hecho, 
y el abrigo de su amo, tuvo ocasion de efectuar 
lo que pretendia. Capitulo la pacificacion de este 
Reino, trayendo el nombre que le habia de poner, 
titulo de Gobernador y Capitan General; llego a 
Mexico, presento sus papeles, salio a poblar, como 
arriba queda referido, y, despues de muchos tra- 
bajos, hallo algunos impedimentos en algunos 
pueblos comprendidos en su capitulaci6n, por es- 
tar en posesi6n de ellos el Virrey de la Nueva 
Espana. Se obligo a presentar una real provision 
que para eso tenia, su data en Toledo a catorce 
de junio de mil y quinientos y setenta y nueve 
aiios, dando poder a Pedro de Vega, vecinoy Pro- 
curador de la Real Audiencia de Mexico, pidien- 
do el amparo de ella, que se le mando dar en 
una real provision, despachada en Mexico a diez 
y ocho de enero del ano de ochenta y dos. 

Esto ocasiono su muerte, que, como dice el re- 
fran, el peje grande traga al chico. Fue forzoso 
que el Virrey se sintiera, siendolo entonces el 
Conde de Coruna, D. Lorenzo Juarez de Mendo- 
za, y buscando modos para quitarle de la preten- 
sion que tenia, rastreo su genealogia; ayudo mu- 
cho el disgusto que llevo el religiose que trujo de 
la Huaxteca. Dieron noticia de (sic por a) la In- 
quisicion; salio un juez con una compaiiia de solda- 
dos a prenderle; entro por Tampico y, por su 
rastro, llego a la ciudad de Leon, de donde el 



91 

Teniente Diego de Monte Mayor, vistas las co- 
misiones que traian, salio con ellos al Saltillo, y 
desde alii, guiando el Capitan Morlete, f ueron a la 
villa de Almaden, donde, notificandole los recau- 
dos que llevaba, se dejo prender, nombrando por 
Teniente de la Provincia al Capitan Gaspar Cas- 
tano, hombre de mucho corazon y animo; y el, 
como obediente y leal vasallo de S. M. y buen 
cristiano, pues siempre se tuvo por tal, salio pa- 
ra la ciudad de Mexico, con quienes lo llevaban. 
En la prision, de pesadumbre murio, acabando 
con eso los innumerables trabajos que en servicio 
de su Rey hizo, trabajando tantos anos entre tanta 
gente barbara, con mucha aprobacion de los que 
le estimaban, querian y obedecian, con muy gran 
respeto, que no es poco llegar a ser querido el 
que gobierna. 

Segun corrio voz piiblica, parece le acomula- 
ban ^ que, rezando el oficio que por devocion tenia 
en Espaiia, un dia, presente su hermana, igno- 
rante el de su ascendencia, al tiempo que dijo, al 
fin de un salmo: Gloria^ Patri et Filio et Es- 
piritu Santo^ le dijo la hermana: no digas eso, 
hermano, que el hijo no ha venido; a que aspe- 
ramente reprendio y amenazo, y porque no dio 
noticia de ello, fue la causa de su prision. La 
verdad, i quien la puede averiguar? El daba mues- 
tras de buen cristiano, y como desde pequeuo se 
crio en la Corte, pudo ignorar quienes fueron 
sus padres 6, por lo menos, que seguian; que a 
saberlo, ni se quisiera encubrir tanto, ni buscara 
con un Virrey oposiciones, cuando no podia es- 
perar sino precipicios; que es ordinario a los que 
se oponen a los poderosos, en el circulo mismo de 
su soberbia, hallar sus abatimientos. Cuentase en 
el cuarto de los Reyes que el cardo del Monte Li- 

1 Queria decir antiguamente acumulaban.— C G. 



92 

bano, ensoberbecido porque se vido alto y vicio- 
so, queriendose igualaral cedro, le pidio su hija 
para casarla con su hijo, no mirando su fragili- 
dad; y aun apenas hizo su embajada, cuando, sin 
tener respuesta, se dio con el pago de su sober- 
bia, trillado y abatido de las bestias que por alli 
pastaban. Esto mismo subcedio a este pobre Go- 
bernador, cuando el y todos sus amigos se prome- 
tian buenos sucesosy grandes esperanzas. Muerto 
el, quedo todo este Gobierno a cargo del Virrey, 
que aprobo losTenientes por el Gobernador nom- 
brados. 



CAPITULO VIII 
C6mo el Teniente Gaspar Castano pobl6 la 

VILLA DEL AlMADEN Y PAS6 A UN NUEVO DES- 
CUBRIMIENTO. Su PRISI6n Y MUERTE. 



Dentro de pocos meses que habia muerto el 
Gobernador Luis de Carabajal, su Teniente de 
Coahuila, Gaspar Castano, habiendo proseguido 
la labor de las minas, y viendo que para tanta 
gente era poca la plata, caros y distantes los bas- 
timentos, como tenia corazon orgulloso, quiso 
hacer un nuevo descubrimiento, en busca de tie- 
rra que fuese mas rica; y por la noticia confusa 
de que la habia, de gente vestida, hacia el Norte^ 
busco camino como podria hacerlo, que le saliera 
bien. Hizo traer a unos indios unas piedras de 
unos cerros distantes de la villa, de buen parecer; 
alab61as por ricas; hizo ensaye; limo una tem- 
bladera de plata y echo en la cendradilla disimu- 
ladamente, y al tiempo de salir, la plata; hallaron 
un tejo casi mayor que la mitad de las piedras 



del metal ensayado, con que, exclamando, djjo 
es posible que estamos aqui perdidos, teniendo 
tanta riqueza. Movio los animos de todos, y ellos, 
que hubieron menester poco, le rogaron fuesen: 
a poblar alia; concedi6selo(s). Proveyo las carre- 
tas de bastimentos;levant6 el real, llevandobue- 
yes de arado, rejas y todas herramientas, y, bien 
proveido de armas, salio de la villa, dejandola 
desierta; y a dos jornadas dio a entender su de- 
signio y que habia levantado el real con intento 
de ir a buscar la gente vestida, para que les tri- 
butaran; no faltaron contradi(c)ciones y algunos 
dieron muestra de volverse, a que proveyo un 
auto con pena de la vida y traidor al B,ey, el que 
desamparara el real: freno que los llevo forzados. 
Fueron en demanda de su viaje, y, al verano, 
sembraron; proveyeronse de bastimentos y de 
esta suerte vieron en un llano grande (a) un in- 
dio corriendo una cuiola (sic); era vestido; co- 
gieronlo, dio raz6n del pueblo, Uevaronlo por 
guia, llegaron a el el dia siguiente; antes de lie- 
gar a el, como un cuarto de legua, envio al in- 
dio a llamar al cacique; efectuaron paces, siendo 
bien recibidos y agasajados; dieronles una casa 
en que vivieran, la cual fortaleci6. De alii salia 
a hacer a la tierra adentro descubrimientos, para 
enterarse de todo y dar aviso con certidumbre al 
Virrey; esta es la tierra que hoy se llama Nuevo 
Mexico. 

Tomo posesion de todos los rios, puestos y 
cerros por donde pasaba, por S. M. , asentandolo 
por auto, con dia, mes y ano, y asimismo del 
pueblo donde estaba. Y cuando mas gustoso se 
hallaba y con esperanza de conquistar un nue- 
TO mundo para el Rey, Nuestro SeSor, el demo- 
nio, que nunca duerme y busca medios por donde 
«e estorbe la predicaci6n del Santo Evangelio, 



94 

movio el corazon del Capitan Morlete, hombre be- 
licoso y no de buen natural, a que, luego que el 
Capitan Castano salio del Almaden, a escribir a 
la Real Audiencia de Mexico que se habia meti- 
do la tierra adentro, rebelado y hecho tirano: 
f ue forma que, envidioso de su bien, quiso tomar 
venganza del, por ese camino, de un disgasto le- 
va que habian tenido antiguamente. Pidio comi- 
sion para irle a prender, con cuyanueva se altero 
la Audiencia, y teniendola por cierta, se le des- 
pacho al Capitan Morlete recaudos bastantes pa- 
ra prenderle. Salio del Saltillo, acompanado de 
veinte hombres, y, por el rastro de las carretas, 
f ueron al pueblo donde estaban, a tiempo que el 
Capitan Castano habia ido a una entrada, y de- 
jando por Teniente suyo en el pueblo al Capitan 
Juan Perez de los Rios, ante quien Morlete pre- 
sento sus recaudos; y debiendo aguardar a su 
General, que los viera, y despues hacer lo que 
su General mandara, no siendo contra la ley ni 
Key, los obedecio y entrego la fuerza; y cuando 
el General vino, antes de llegar, le dieron aviso 
de lo que pasaba, y se ofrecieron todos los que 
con el venian y algunos de la fuerza, a def ender- 
lo, si no se queria dar, hasta dar aviso a la Real 
Audiencia. Mas ^1, como hombre cuerdo y que no 
queria poner su credito en con (sic) contingencias, 
les dijo que no, que antes le convenia entregarse, 
que les estimaba la accion. Trujeronlo preso, des- 
poblando todo lo que tanto trabajo les habia cos- 
tado; llevaronlo a Mexico; tuvo pocos valedores, 
y, como los jueces estaban en comodidad y no 
v(e)ian los trabajos que habia pasado en servicio 
de su Rey, como constaba de los recaudos que 
presento, pudo tanto la pasion, que lo condena- 
ron a China; apelo al Consejo. En interin que 
fue y se vio en Espana el pleito, fue a la China^ 



95 

donde fue tan estimado del Gobernador, como 
sus meritos lo pedian; y en una entrada que el 
Gobernador Gomez Perez de las Marinas hizo a las 
Islas del Maluco, los chinos, buenas bocas que iban 
sin prisiones, los mataron, una noche, y se alza- 
ron con la galera; hizo alguna defensa el Gene- 
ral Castano: no bast6, que como la voz le cogio 
desnudo y al Gobernador y cincuenta hombres 
que iban en la galera. Viose su causa en el Con- 
sejo, conociose su inocencia y la malicia de los 
deponedores, revocaron la sentencia y mandaron 
fuera vuelto a la parte donde lo prendieron, y 
dejasen en su gobierno; fue desgraciado, ycuan- 
do llego esta nueva a Mexico, ya estaba la de su 
muerte. Fue portugues de nacion, de valeroso 
esf uerzo, agradable para con todos y liberal, que 
fue causa de que los corazones de sus siibditos 
los tuviese tan de su parte. 



CAPITULO IX 

De c6mo se despoblo la ciudad de Leon; por 

QUE CAUSA. AlZAMIENTO Y MUERTES QUE HUBO. 

Mientras pasaba lo que en el capitulo antece- 
dente se ha dicho, acudian a la ciudad de Le6n 
muchos soldados, quelacudicia^ de las piezasque 
se sacabau, los traia; llego a haber en ella du- 
cientos hombres; hacian muchas entradas y sa- 
caban cantidad de piezas. Tiivose en la Nueva 
Espana por gran exceso, ymando el Virrey, que 
era D. Pedro Moya de Contreras, Arzobispo de 
Mexico, que no se sacaran ningunas, y como no 
tenian otro entretenimiento ni de que comer, ?& 

1 Antiguamente significaba codicia. 



96 

iban saliendo afuera, yacuatro, yadiez; conside- 
ro el Teniente el dano que a la tierra venia, y no 
sabia el corte que dar, para no hallarse corto ni 
solo en medio de esta prolijidad. 

Sucedio que el Capitan Linares mato en el 
pueblo (a) un indio, por decir leforzo (a) una hija 
suya; enterraronlo en el corral de las yeguas, y 
a pocos dias se descubrio entre los indios por un 
pie que estaba fuera; ordenaron de vengarse, 
convocando un alzamiento, quef ue facil, median- 
te a los danos que cada dia recibian de los espa- 
Soles: todo esto Uegaba a entender el Teniente, 
que lo traia pensativo. Un dia, estando abajo del 
torreon, como dos tiros de arcabuz, Martin de 
Solis, le dijo un indio: anda donde estan tuseom- 
paiieros, porque, estando aqui el sol [senalando 
a Mediodia], ban de venir y matar a todos, los 
indios, que estan enojados; y como no de todo 
punto se ha de desechar el consejo del enemigo, 
este, como prudente, lo tomo. Subio arriba; 
aviso al Teniente; pusieronse lo mejor que pu- 
dieron. Llego el sol a la mitad de su carrera, 
cuando los indios, delante de la casa, dando ala- 
ridos y flechando apriesa, salio apriesa el Capi- 
tan Linares, a pie, con su chimed y espada en la 
mano, a defender unas cabrillas que le llevaban 
del corral. Mataronlo, sacandole la lengua, que 
como estaban del ofendidos, usaron con el cruel- 
dades; pusieron la punta de la espada y un paSo 
de manos por bandera, con que andaban muy or- 
gullosos. No habia mas que un caballo, que no 
hubo lugar de avisar a la caballada, que estaba 
lejos; el dueno de este era Hernando Arias, que 
salto en el y hizo bellezas; mato al que traia la 
espada y a todos los que alcanzo; hizolos retirar, 
desembarazando la campaiia. Debesele a este 
hombre el quedar con vida tantos como alii esta- 



97 

ban, porque de sed los habian de matar los in- 
dios, impidiendolesaprovecharse de los caballos. 

Era de tantas f uerzas este hombre, que se echa- 
ba al hombro un caballo, como quien carga un 
cabrito. Ketrato vivo de aquel granNazareno, fue 
aqueste hombre, en hechos y obras, pues libro a 
su pueblo, matando a mil filisteos, y despues car- 
go las puertas de la ciudad de Gaza hasta dejar- 
las en lo alto del monte. Asi, este defendio al su- 
yo, como hemos visto; y en otra ocasion, viniendo 
de la Provincia de Coahuila al Saltillo, se le can- 
so el caballo, y el se lo echo al hombro con todo 
lo que llevaba, y anduvo tres leguas con el y lo 
puso en salvo. 

Esto avivo el cuidado del Teniente, y resolvio 
despoblar y retirarse al Saltillo; y, para hacerlo 
con algiin provecho, aviso en San Luis de su pre- 
tension y dio orden a un mestizo, buen soldado y 
gran lengua huachichila, con titulo de caudillo, 
y nueve compaSeros, trujese carretas y se pusie- 
se en la estancia de Castano, que hoy llaman San 
Francisco, y convocase la gente de toda la comar- 
ca, diciendoles que querian hacer alli poblacion; y 
como ellos a las novedades vienen, llegaronse mu- 
chos con sus mujeres y hijos. El conchabo (sic por 
conchabanza) era que el Teniente habia de despo- 
blar la ciudad de Leon, y el sabado que citaron, 
llegarian al puesto y sobre seguro cogerian (a) to- 
da la gente agregada y la sacarian, y se aprovecha- 
rian de algo. El caudillo andaba solicito, haciendo 
la desecha, en juntar algunos materiales y dispo- 
niendo arados; no llegaron el dia propuesto ni el 
domingo, por algiin accidente; y el lunes, andaba 
un soldado con su arcabuz en las manos, y el cau- 
dillo que quiza estaba enojado por la dilacion del 
Teniente 6 apasionado con el soldado, le dijo con 
aspereza que arrimara el arcabuz, no entendieran 



98 

los inclios alguna traicion; debiode replicarle, y el 
caudillo, maltratandole de palabra, le mando qu& 
lo largase, no entendieran los indios sus desig- 
nios, que cierto el pecado esta siempre acusando 
al hombre. Tiro el soldado el arcabuz y, enoja- 
do, aparto a un indio y por seSas le dijo que a la 
noche los habian de coger y ahorcar a todos; este 
lo dijo a los demas; convocaronse, y de mano ar- 
mada llegaron a la casilla, que, como estaban des- 
cuidados de tal subceso, la entraron. Cogieron- 
los a todos, al caudillo ahorcaron de un arbol, a los 
demas mataron. Lastimoso caso, y parecido al 
que cuenta el sagrado texto que subcedio a los que 
pusieron asechanzas a Daniel para que echaran 
al lago de los Leones, pues el salio libre y ellos 
fueron despedazados y comidos. 

Ya marchaba la gente de Leon con el deseo de 
verse con la presa [que juzgaban grande] en las 
manos; y antes de llegar al puesto, toparon una 
mula ensillada, que por el rastro se volvia de hui- 
da; tuvieronlo a mal agiiero, y cuidadosos acelera- 
ron el paso; hallaron el espectaculo horrendo qu& 
he referido; enterraron los cuerpos y prosiguie- 
ron su camino, dejando todo el Reino despoblado,^ 
habiendo costado tanto trabajo y vidas. 



CAPITULO X 

De la poblaci6n de la ciudad de Monterrey,, 
y por quien. 

Pasaronse algunos anos desde la salida que hi- 
cieron los espaiiolesdeesteReioo, y como la villa 
del Saltillo es corto albergue a hombres de ani- 
mos magnanimos, y el Capitan Diego de Monte- 



99 

Mayor lo era, demas de ser valeroso, y deseoso 
de hacer algun servicio de importancia a S, M. , 
sin atender a que, hecho el desamparo de la tie- 
rra, ya su comision habia expirado, y que, para 
volver de nuevo a poblar en partes diferentes de- 
las que despoblo, necesitaba de nueva orden de S. 
M. 6 de su Virrey, en su nombre; mas guiado de 
una honrada ambicion, no le dio lugar a reparar 
en estos inconvenientes. Junt6(a)doce cooapaneros 
de los que habian estado en el Keino, amigos su- 
yos; dijoles como losindiosdel Reino le llamaban, 
que viniera a poblar, pues eran conocidos; asen- 
toles la proposicion; dieron palabra de asistirle, 
y resolvieron hacer la dicha entrada. Trujeron sus 
mujeres, liijos y ganados, con todo lo demas que 
les pertenecia y era necesario para hacerla, y, co- 
mo tenian vista la tierra, trujeron la mira al ojo 
de agua en que hoy esta la ciudad, que es de la 
mejor y mas abundante de las Indias. Fundo en 
su ribera, banda del Norte, una ciudad que inti- 
tule Nuestra Senora de Monterrey, por gobernar 
en aquella saz6n la Nueva Espana D. Gaspar de 
Ziiniga y Acevedo, Conde de Monterrey, Ojos 
de Santa Lucia y Valle de Extremadura, el ano de 
quinientos y noventa y seis, en veinte de sep- 
tiembre, la cual hizo cabeza del Reino, metr6' 
poli a las demas que en el se hicieron, comoconsta 
de su fundacion; la cual (ciudad) estuvo en esta 
parte hasta que, andando el tiempo, parecio al 
Capitan Diego Rodriguez, Justicia Mayor del 
Reino, pasarla a la del Sur del ojo de agua, por 
mas comodidad. Nombro, el dia de la fundacion,^ 
alcaldes y regidores; fueron alcaldes Alonso de 
la Barrera y Pedro Inigo; Regidores, Juan Perez 
de los Rios, Diego Diaz de Berlanga y a Diego 
Maldonado; Procurador General, Diego de Mon- 
te Mayor, suhijo; Escribano, Diego Diaz deBer- 



100 

langa. Senalo propios y ejidos y lo demas necesa- 
rio a una poblacion. 

Hechaladicha poblacion, el ano de mil y seis- 
cientos, hizo junta el Tesorero Diego de MonteMa- 
yor, de todos los vecinos, asistiendo el P. Baldo 
Cortes, Cura y Vicario de la Villa del Saltillo, y 
Fr. Cristobal deEspinosa, Guardian de aquel con- 
vento; y enella se decret6 la forma que se tendria 
para dar noticia al Virrey, salio de acuerdo f uese 
por cartas, haciendo pliegodecuatro:unadelCa- 
pitan, otra del Vicario; otra del Guardian y otra 
de los vecinos. Cerrado y sellado, lo entregaron 
al Capitan Juan Perez de los Kios para que lo en- 
tregase a S. E. el Conde Monterrey. 

Tuvo aviso Juan Morlete, que tenia comision de 
la Vizcaya para gobernar al Saltillo; salio de Ma- 
zapil y con engano le quito el pliego y diocomi- 
si6n para administrar justicia en Monterrey; y sin 
que alcanzase habia hecho exceso, el Capitan 
Juan Perez de los Rios mostro su comision y di- 
jo lo que pasaba. Hizo nuevo despacho el Capitan 
Monte Mayor al Virrey, dandole aviso de lo que 
pasaba, el cual le mando hacer informaciones, 
por capitulo de carta, contra Juan Morlete; y 
liabiendo consultado en el Real Acuerdo, pare- 
cio notable exceso, mas considerado lo que de 
ello podia resultar, lo entretuvo hasta dar aviso 
a S. M., que le despacho orden que fomentara, 
y hasta (a) el Capitan Diego de Monte Mayor pa- 
ra que no excediera de la orden que su Virrey le 
diera; despachole titulo de Gobernador a once 
de febrero demil y quinientosynoventaynueve. 

Y como tenia el Virrey por cosas propias las 
del servicio de S. M., y mas esta nueva pobla- 
cion, que pendia de S. E., el foment© porque no 
faltase. Con la noticia que hubo, de las minas de 
esteEeino, en cumplimiento del capitulo en que 



101 

hace S. M. merced a los pobladores, de que no 
paguen mas que el diezmo de la plata que saca- 
ren, mando abrir yerro(sic por hierro) para que 
la marcaran los oficiales reales, por mandamiento 
de doce de febrero de dicho aSo de noventa y 
nueve, los cuales lo enviaron el mismo mes y 
ano, con carta del Gobernador Diego de Monte 
Mayor, que es un coronel de las armas reales, 
sobre un diez caste llano, y al pie unas letras 
que dicen: Reino de Leon; entregandolo al Padre 
Ciprian de Acevedo 6 Valle, envuelto en un an- 
jeo cosido y liado con un hilo de henequen y se- 
llado con cuatro sellos reales, impresos en cera 
amarilla, los dos a las cabezas y dos a los lados; 
dejando recaudo y obligacion f echa de enviar tes- 
timonio del dicho Gobernador, como lo habia re- 
cibido en la forma dicha, dentro de tres meses, y 
la instruccion que en segunda se habia de tener. 

Alio de mil y seiscientos despacho (a) el Padre 
Ciprian de Acevedo, clerigo presbitero de Me- 
xico; trujo, por mandado, del Virrey, a costa de 
S. M., seis soldados de Presidio; cantidad deva- 
cas, bueyes, rejas, ropa; pidio religiosos de Nues- 
tro Padre San Francisco, como consta del man- 
damiento de S. E,; fundaron convento. 

Alio de seiscientos y tres, se libr6 mandamien- 
to para los oficiales reales de Zacatecas, que die- 
ran la limosna de los religiosos, que fueron Fr. 
Lorenzo Gonzalez, el viejo, y Fr. Martin de Al- 
tamira; fueron los primeros de esta conversion y 
religion. Si administro antes clerigo, 6 no, no me 
atrevere (a) afirmarlo, cuando esta pieito pen- 
diente en la Eeal Audiencia de Mexico, entre la 
religion de San Francisco ylos clerigos, cadauno 
pretendiendo serlo, y pues en tal tribunal, ha- 
ciendo partes, no se ha determinado, libre estoy 
de ese cuidado. Estaban dos religiosos en el con-- 



102 

vento de la ciudad, de buena vida y ejemplo, que 
eran los dichos Fr. Lorenzo y Fr. Martin; este 
fue luego (sic por lego), y por su santidad con 
que doctrinaba los indios, le mandaron sus pre- 
lados ordenar. Salia a la tierra adentro a predi- 
car y catequizar a los indios, que era su mayor 
consuelo, en medio del cual fue Dios servido pa- 
garle su santo celo, llevandolo a la Provincia de 
Coahuila, despoblada ya, por volver con su pre- 
dicacion a regar aquellas plantas que alii habian 
quedado; y ellos, como vieron (a) el santo reli- 
giose vestido de tanta liumildad, como si gana- 
ran alguna prez y honra, le mataron no mas de 
porque les predicaba, hallando su alma en el cie- 
lo el precio de sus trabajos, y a tres nahuatlatos 
que con el iban, Se hizo despues cruel materia 
en los indios, pagando con sus vidas, mujeres y 
hijos la muerte cruel de un ignocente (sic por ino- 
cente) ungido de Dios. 

Despues del referido castigo, los indios de este 
Keino, entre la paz y la guerra, hacian los males 
que podian. En el puesto que llaman de Cama- 
cho, abajo de la labor que es hoy de Santa Catilina, 
estaba poblado Pedro Inigo, primer Alcalde 
Ordinario de Monterrey, ylos indios le mataron 
sin causa. Algunos dias despues, dondehoy es la 
labor de Juan Cabazos, la tenia Domingo Ma- 
nuel; alii le mataron lastimosamente sus indios 
en esta forma: habian estos llevado una manada 
de yeguas; salio (sic por salieron) Domingo, Ma- 
nuel y Juan Perez de los Kics, siguiendolos, y al- 
canzandolos, hicieron ellos gran destrozo, matan- 
do (a) unos y trayendo (a) otros, y haciendolos huir 
atodos; volvieron las yeguas, y despues el capita- 
nejo de la rancheria, con seis 6 ocho heridas, que- 
jandoseque los habian ido a maltratar [como si no 
iiubieran dado causa para ello]. D. Inigo (sic) Ma- 



103 

nuel le decia que aquel hombre que liabia ido 
con el era malo, que no tuvieron pena, que el lo 
curaria; replico el indio: si tu no lo llevaras, no 
fuera el; al fin, curolo, y, ya que estaba conva- 
leciente, le pago el trabajo con venir un dia a 
horas de comer, el y otros dos; pusieronse en 
la puertecilla, y al tiempo que el pobre le iba a 
dar una tortilla al herido, le di6 otro con una ma- 
cana en el brazo, quese lo amortecio; cogieronlo 
entonces sin defensa, desnudaronlo y pusieronle 
una soga al pescuezo, y flecharonlo y colgaron 
de un hoyo grande de que habian sacado tierra; 
robaron y destrozaron todo lo que habia. En 
aquel tiempo no habia otra labor ni mucho que 
comer; Uegaban a esta estancia a pedir algunas co- 
sillas, con que pasaban con harta desdicha. Vi- 
no este dia un vecino de la ciudad; hallo el des- 
trozo y al pobre muerto; temeroso volvio a dar 
aviso; fueron por el cuerpo y enterraronlo, fal- 
tando en breves dias dos de los primeros pobla- 
dores, a manos de estos barbaros indomitos. 



CAPITULOXI 

De la muerte del Gobernador. C6mo qued6 
el gobierno. sucesos de e8e tiempo. 



Era el Gobernador hombre de edad, trabajado 
y no lo habia pasado con el regalo que quisiera, 
porque la tierra estaba tan desproveida de todo 
lo necesario, cuanto abastecida de necesidad y 
enemigos. En medio de sus mayores cuidados, 
le salteo la muerte, como enemigo de los vivien- 
tes, y dio el alma a Dios; enterraron su cuerpo 



104 

en el conveDto de San Francisco, ano de seis- 
cientos y diez; celebraronse sus obsequias con- 
forme a la capacidad de la tierra; fue sentida sa 
muerte y llorada de todos. El hijo fue a Mexico, 
trujo confirmacion de su titulo, admitiose al car- 
go y procedio con el reciente ejemplo del su padre. 

En este tiempo tenia poblado Juan Perez de 
Lerma una labor, entre la que hoy tienen sus hi- 
jos y la del caudillo Diego de Solis. Sus propios 
indios dieron una noche en la casa, a el le dieron 
un flechazo en la boca del est6mago y a su hijo, 
Esteban Martin, otro en los lomos; la mujer del 
viejo, varonilmente, lo estiro adentro y cerro la 
puerta, y le dieron dos flechazos a ella, uno en el 
rostro y otro en el tobillo; y los indios, nopudien- 
do hacer mas daiio, se fueron. Sanaron de tan 
penetrantes heridas. 

El Teniente murio de enfermedad, el ano de 
once; enterrose en la misma iglesia que el pa- 
dre. Nombro por su Teniente al Capitan Diego 
Eodriguez; confirmolo la Real Audiencia, y como 
hombre de experiencia, manijo (sic por manejo) 
las cosas del Gobierno con mucho cuidado, mas 
no hay que tenerlo cuando hay accidentes que 
desbaraten los designios del que gobierna. 

El ano primero de su Gobierno, que es en el 
que vamos, hubo una avenida en la Canada del ojo 
de agua, que derribo la mitad de las casas de la 
ciudad, con que resolvio el Justicia Mayor pasar 
a la parte del Sur, por ser mas alta que la del 
Norte, y asilo hizo, con los cuerpos del Goberna- 
dor y su hijo, que trasladaron al convento nuevo. 

Quiso reedificar la ciudad de Leon y labrar 
las minas que alli habia, para lo cual vino al- 
guna gente, que no pudiendo suf rir algunas ham- 
bres y demasias de los indios, siendo el interes- 
de la plata tan poca, se volvieron, quedando un. 



105 

mulato llamado Francisco de Sosa [que vino con 
el Gobernador Luis de Carabajal] en aquel pues- 
to, solo, con su mujer y hijos. Crecieron las des- 
vergiienzas de los indios, tanto cuanto la poca re- 
sistencia (que) hallaban ; y una noclie, estando f uera 
de su casilla Sosa, llegaron los indios flechando; 
el tiuyo a guarecerse; estaba en camisa; tiraban al 
bianco; divirti6 (a) los indios con sacar breve la 
camisa, que quedo en un espino, colgada; ellos 
quedaron flechando la camisa, y el, comoeraprie- 
to y hacia escuro, tuvo lugar de entrar en su ca- 
sa, desde donde se defendio aquella noclie. Dio- 
le la vida la estratagema y con ella libro su ca- 
sa, como hizo Micol para librar a David de las 
manos de su suegro, entreteniendo las gradas con 
el simulacro que puso en la cama, mientras el se 
ponia en salvo. Otro dia, llego Diego de Solis, 
enviado del Justicia Mayor, a ver como le pasa- 
ba, y vistos los atrevimientos, despoblaron deuna 
vez; que las pocas fuerzas a todo eso obligan. 

El ano de doce entro el Obispo D. Juan de 
Ovalle; por septiembrehizoconfirmaciones, sien- 
do Cura el Padre Baldo Cortes. 



CAPITULO XII 
Del alzamiento geneeal que hubo en el Eei- 

NO, T ENTKADA que LOS (iNDIOS) HICIERON EN 

Monterrey. Muertes acaecidas antes y des- 

PUES. 

Como los indios ban sido y son siempre ami- 
gos de novedades y inquietudes [no quiero decir 
imitados de las muchas piezas que en aquel tiem- 
po se sacaban, pues no se tenia por hombre el 



106 

que no Uegaba a las rancherias de amigos 6 ene- 
migos y quitaba los hijos a las madres, para v^en- 
der, que no habia otra venta para comer, y sin 
ella no se podian pasar, sino muy trabajosamen- 
te; que ahi vemos a una gallina embestir al mi- 
lano por defender (a) sus hijos, poniendo la vi- 
da en riesgo por amparar la de ellos; no era mu- 
cho que esta gente,teniendo mas crueldad y razon 
que los brutos, se sintiesen de esto, que juzga- 
ban irremediable, a no haberlo ellos con sus ma- 
nos, saliendo del yugo en que se v(e)ian], deter- 
minaron una convocaci6n, que fomento un in- 
dio Uamado Caaujuco, que habia ya ido a Mexi- 
<io y S. E. lo hizo Capitan y dio de vestir. Era 
este muy ladino y vendia piezas, que entraba a 
la tierra adentro a hurtar, y llevando mal que 
los espanoles, sin ayuda suya, hiciesen otro tan- 
to, con su mal natural dispuso las cosas, de mo- 
do que cuando la tierra estaba mas quieta, esta- 
ba una trama urdida, que pudocostar muycaro; 
trat6 un alzamiento desde la ciudad donde residia. 

Dispuestas todas las cosas, f ueron a la hacien- 
da de los Nogales, a medio dia. Habia algunos 
hombres que ibandescuidados; salieronlesal en- 
cuentro los indios; hirieron a un mancebo Ua- 
mado Andres de Charles, atravesandolo de un 
flechazo; los demas se recogieron a la casa. Die- 
ron aviso a la Justicia Mayor, el cual llamo al 
Cuaujuco; di61e razon de lo que el muy bien sa- 
bia y dismulaba; diose por desentendido y mos- 
trando enojo, pidiolicencia para ir a inquirir quien 
lo habia hecho y traeria (a) los agresores, of recien- 
dole al Justicia Mayor no venir hasta traer (a) los 
culpados y tanta gente, que se espantaba de verlos. 

Puso el Justicia Mayor cuidado en la guarda 
del pueblo, y una noche hallaron en el jacal de 
una India Antonia, que servia al convento, (a) 



lor 

un indio enemigo; cogido, declare que mana- 
na habian de dar los indios en la ciudad, y que 
el venia a ver que disposicion y guarda habia, 
y que la India Antonia daba los avisos que con- 
venian. Dio orden el Justicia Mayor al Capitan 
Joseph de Trevino para que con treintahombres, 
que se padieron juntar, sacasen (a) aquel indio 
a ahorcar, y ellos se emboscasen (en) la cienega 
que es hoy la labor de Juan Cabazos, y la tal ma- 
drugada se f uesen acercando a la ciudad. Salie- 
ron a cuatro de febrero de mil y seiscientos y 
veinticuatro, ahorcaron (a) el indio y bajo el Ca- 
pitan, contra la replica de los soldados, a la Pes- 
queria; y aunque vieron los humos que endere- 
zaban a la ciudad por tantas partes, seiia cierta 
de que iban aella, contodo eso no quiso volver, 
diciendo que en la ciudad se defenderian, que 
pasasen ellos a la chusma: resolucion que pudo 
costar muy caro a la ciudad, y de el la vida, 
cuando quedo tan desproveida de gente; no con- 
deno la intencion: debio de ser buena,, pues era 
persona capaz y de mucha experiencia, 

Llegaron los indios a la ciudad, el dicho ano 
deveinte y cuatro, a ocho de febrero; dieron de 
golpe al amanecer; hirieron al Capitan Antonio 
Rodriguez en una pantorrilla; yendose al Saltillo, 
se le inflamo y murio. Quedaron asimismo heridos 
el Capitan Gonzalo Fernandez de Castro, Juan Pe- 
rez de Lerma y Pedro Rangel; mataron (a) un in- 
dio amigo. Def endieron los pocos que habia, muy 
bien la ciudad, y los religiosos desde el conven- 
to. A los indios capitaneaba(n) a caballo el Cuau- 
jucoy Colmillo; murieron algunos con los ar(ca)- 
bucos; y visto no podian hacer mas efecto, a las 
nueve se empezaron a retirar, llevandose todas 
lasyeguas, caballos, vacas y cabras que habia, sin 
resistencia. Despachado el Justicia Mayor a 11a- 



108 

mar la compania 6 a buscarla, con Leonardo de 
Mendoza, hallolos en la Pesqueria; volvieron y 
entrando en la ciudad, sin aguardar orden, cada 
uno se f ue por donde quiso, unos al Saltillo, otros 
se quedaron en Monterrey en sus casas, y no se 
hizo efecto de consideracion, cuando pudo haber 
uno muy importante. 

Dejaron pasar algunos dias, y en la labor de 
Santa Catilina estaba un mayordomo llamado 
Diego Perez; dieron los indios en ella, y con el 
estaban en el aposento un indio y dos indias; es- 
tos le decian al pobre: sal, que no te mataran y 
te iras al pueblo; el no se atrevia; rempujandolo 
hacia la puerta. El Cuaujuco llego y lo estiro, 
diciendole que se desnudara; hizolo asi, y, ha- 
biendole prometido dejar libre, lo envio que se 
fuese al pueblo, y al pasar un montecillo lo fle- 
charon los indios. Anduvo indiscreto 6 turbado, 
pues con solo matar al indio y indias que estaban 
dentro, pudo librar hasta que Uegara el socorro, 
y aun al mismo Cuaujuco pudo matar. Iba soco- 
rro, y aviso un indio queya estaba muerto y todo 
saqueado. Di6 orden el Justicia Mayor al Capi- 
tan Bernabe de las Casas para su castigo; hiza 
algunos; al fin dieron la paz, nunca de ellos muy 
segura. 

Ano de veinte y seis, (se) erigio la iglesia parro- 
quial de Monterrey, con comision del Ilmo. Sr. 
D. Francisco de Rivera, Obispo de Guadalajara; 
el Dean, D. Juan de Ortega Santelices, nombrd 
por Cura al Padre Martin Abad de Uria. 



109 



CAPITULO XIII 



De algunas muertes qoe hubo en este Reino, 
de espanoles, y sus castigos. 



En el tiempo que administraba el Justicia Ma- 
«yor Diego Rodriguez, salieron seis companeros 
a la Boca de los Leones a rescatar piedras ye- 
zales y, a vueltas, algunas piezas, que en aquel 
tiempo eran flores. Los indios de aquella comar- 
ca son crueles; consultaron el matarlos; y como 
lo pensaban, asi lo pusieron por obra; dieron de 
golpe en ellos, mataron a Mateo Tenorio, Julian 
y Manuel Diaz y (a) un negro Juanrescaparonse 
dos, que dieron el aviso. No se pudo salir a su 
castigo por estar el Reino desproveido de todo; 
dio raz6n el Justicia Mayor al General Agustin 
de Zavala, a quien estaba encomendado este Rei- 
no, el cual despacho por Justicia Mayor y Capi- 
tan a Guerra a Cristobal de Irurreta, con orden 
para el castigo, dineros para los soldados, polvo- 
ra y bastimentos, y por acompanados 6 conse- 
jeros, como hombres de experiencia, al Capitan 
Diego Rodriguez y al Capitan Bernabe de las Ca- 
sas. Alistaron gente y juntaron (a) sesenta hom- 
bres con sus armas y caballos, y dioseles la paga 
de un mes, que f ueron treinta y siete pesos y 
medio; dos quintales de harina, y una res para 
cecinas: p61vora y municion. Salieron en buena 
orden, ano de seiscientos y catorce, habiendo tres 
meses que habian muerto a Tenorio y sus com- 
paneros; llevaron sesenta cargas de bastimento 
en dos recuas fletadas; llegaron a la Boca de los 



110 

Leones, pasaron el rio de las Sabinas, y alii co- 
gieron (a) veinte indios, unos pescando y otros 
cortandozacate; escapose uno, atravesado deuna 
lanzada, que paso el rio a nado. Llegaron al real 
con la presa, pesarosos del que se escapo, por el 
aviso que daria en la rancheria, y visto no po- 
dia ser menos, dijo el Capitan Diego Rodriguez 
al Justicia Mayor que, si le daba licenoia, solta- 
ria (a) un indio y que el haria venir (a) toda la gen- 
te; diosela, y preguntando a un indio, el que le 
pareci6, si tenia alii (a) algiin hijo, dijo que si y, 
lo mostro, y que el era hermano del Capitan. Sol- 
tolo y regalo, y a la tarde vino con el Capitan, 
diciendo" que habia ido un indio muy maltratado; 
consolaronlo y dijeronlequeasegurara (a)lagen- 
te que los espanoles iban a una rancheria lejos, 
que guiarian ellos; prometieronlo asi y que ma- 
nana estarian todos en su rancheria, al paso del 
rio, eon mujeres y hijos; el Capitan Cristobal de 
Irurreta les dijo que si, que los querian ver, y 
despacholos contentos. 

Otro dia pasaron el rio yasentaronel real; vie- 
ron la rancheria con muchisima gente, varones, 
mujeres y ninos; habia orden que unos a pie, di- 
simuladamente, como que iban a rescatar cueros 
6 otras cosas, fuesen a la rancheria; otros, a ca- 
ballo, a ganar la vera del rio, porque todo lo de- 
mas era llano; y de esta suerte estuvieron con 
cuidado hasta que los capitanes f ueran y hicieran 
serial. iBuena disposicion si tuviera efectol Mas 
las cosas que se ponen, cuando quieren acelera- 
cion, en consultas, hallan dilacion en ellas, mal 
subceso, perdiendo siempre el tiempo y el traba- 
jo, con muy poco 6 ningun fruto. Habia, antes 
de esto, ido a la rancheria el Capitan Casas con 
algunos companeros, y ledieron un relicarioque 
Uevaba Tenorio cuando lo mataron, un canon de 



Ill 

un arcabuz y otras cosas, pruebaevidente deha- 
ber sido ellos los agresores, demas de razonque 
de ac^ llevaban; ofrecieronle guias, y vino a de- 
cirlo al Justicia Mayor. Fabrico, visto tan luci- 
da gente el Capitan Casas, aquerenciarlapara sus 
haciendas, queconsiguio despues f acilmente, por 
medio de otros indios, de cuyo ef ecto vinieron des- 
pues en conocimiento de la causa que le movi6 a 
dar diferente consejo del que se habia tornado, 
acertado, como proponia el Capitan Diego Rodri- 
guez, en que luego, sin dilaci6n, se ejecutara la 
orden. Replic6 el Capitan Casas que aquella gen- 
te estaba asegurada y of recian guiar; que de vuel- 
ta se les podia dar a ellos; tomo el Justicia Ma- 
yor esa resolucion, porque cada uno proponia la 
suya con razones aparentes y que movian, suce- 
diendo lo que en el libro segundo de los Reyes: 
Absalon, desechando el consejo que a su propo- 
sito daba a Chitophel, que admitiendo el mas da- 
noso, de Chusai, dejoselo propuesto.^ 

Y otro dia, por la manana, salian en demanda 
de la rancheriaque of recian guiar, yllevaron (a) 
cien indios de arco y flecha; habiendo marchado 
el dia y lo mas de la noche, los indios que ha- 
bian salido se iban escurriendo, de manera que, 
al cuarto de alba, dijeron los que habia que alii 
estaba la rancheria cerca. Despacho el Justicia 
Mayor (a) dos companeros con algunos indios a 
espiar, los cuales, desde unos palos pequeiios, 
se paraban agachados y mostraban la rancheria, 
que, vista de los companeros, que sin atenderque 
podia estar vacia [como lo estaba], volvieron a 
dar aviso. Y dando en vago, porque habia dias 
que estaba despoblada, advirtiendo el engafio 
y que de los indios no habian quedado mas de 
veinte, los mataron (a) todos; y a vueltas, cuatro 

1 2 Reye?, 17. 



112 

■de los amigos que habian ido de Monterrey, vinie- 
ron a toda priesa a la rancheria que habian dejado 
atras y no hallaron sino el rastro, porque luego 
que salieron del real, mataron (a) dos caballos que 
habian dejado cansados, y huidose. Visto el mal 
subceso, se dividieron en dos cooapanias: la una 
paso al Poniente, a salir por la Popa; la otra, al 
Oriente, a los Picachos. En esta iba el Justicia Ma- 
yor, y a(l) llegar (a) un arroyo, a las dos de la tar- 
de [dos dias no habian bebido], les dieron los in- 
dios alazapas: llevaronse (a) siete bestias y deja- 
ron huidas otras muchas. Era muy montuoso, por 
cuya causa no las pudieron defender. Vinieron a 
Monterrey sin mas aconteoimiento. Este fin tuvo 
una compaSia tan lucida, donde iba tanta gente 
y tan experta y con tanta prevencion. 



CAPITULO XIV 

En que se prosigue la materia del pasado. 



En el tiempo del Justicia Mayor Cristobal de 
Irurreta, hacian los indios muchos males y ladro- 
nicios; los amos los amparaban y cada uno abo- 
naba a los suyos, de tal manera, que no habfa 
cosa segura, Cogiose (a) uno, junto al Topo, ma- 
tando (a) una ternera; queriendolo castigar, los 
encomenderos lo repugnaban, diciendo se altera- 
ria la tierra, que algo se habia de disimular, y 
no lo hacian sino porque su gente toda era com- 
prendida: cosa tan antigua en este Reino hasta el 
tiempo presente, pestifera enfermedad que aun 
su contagio tiene apestados los animos de los en- 
comenderos, siendo la mayor parte de los alza- 



113 

mientos y muertes que siempre han subcedido en 
el. Conocidala causa por el Justicia Mayor, pro- 
nuncio un auto en que, pena de la vida y traidor 
al Rey, mandaba que tal dia estuvieran todos los 
vecinos del Reino en la ciudad, prevenidos con 
sus armas y caballos, para acudir a lo que se les 
mandara; acudieron puntualmente el dia aplaza- 
do, mandandoles que sacasen (a) aquel indio a 
ahorcar, de esa otra parte de rio, y ellos se es- 
tuviesen en la ciudad, sin salir de ella hasta que 
se acabaran los alzamientos que amenazaban. Fue 
resolucion valiente y que quit6 a los encomende- 
ros el aliento para disimular a sus indios tantos 
daiios como liacian. 

Determine el Justicia Mayor volverse a Zaca- 
tecas; nombro por su Teniente al Capitan Diego 
Rodriguez, su antecesor. 

Despues que el Capitan Cristobal de Irurreta 
salio del Reino, salieron a poblar una labor y un 
ingenio de azucar enesta jurisdiccion, dondelioy 
estan poblados los tascaltecos, que es la labor de 
los propios de esta villa de Cadereyta, dos hom- 
bres, el uno llamado Pereyra, yotro, Alonso Pe- 
rez, y un indio, criado suyo, mexicano; secaron 
la acequia, sembraron cana y otras cosas. Vivia 
en el propio puesto un indio, con su rancheria, 
llamado Nacastlagua; este, con su gente, les ayu- 
daba; mas era tan desvergonzado, que, cada vez 
que ponian la mesa, se iba a sentar el primero, 
y no hallaban mododeremediarlo, yasipasaban, 
sufriendo tanto, que el indio mofaba de ellos. 
Habian conchabadoa Antonio Duran por mayor- 
domo para la labor; vino con su casa. se asistio 
unos dias, contaronle los companeros lo que pa- 
saba con Nacastlagua; el era hombre resuelto y 
determinado. Ocasionaronle con su temeridad, 
la muerte, mandando un dia, estando el presen- 



114 

te en el aposento 6 jacal de ellos, poner la me- 
sa; el tenia un garrote cortado a proposito; tru- 
jeron de comer, ycomo el indio estaba habituado 
a ello, se sento el primero en la mesa; Antonio 
Duran cogio el garrote y le dio tanto palo, que 
lo molio; salio el indio confuso y dolorido. Otro 
dia, Antonio Duran levanto su casa y se fue a 
Monterrey; a pocos dias pasados, una noche die- 
ron en un jacal un gran alarido y violencia; sa- 
lio Pereyra a ver que ruido era, y hirieronlo de 
muerte; pegaron fuego al jacal. Alonso Perez 
abrio el carrizo por la trasera y se salio sin ser 
visto; llego sano a Monterrey. El criado se vis- 
ti6 una cota y cogio un chimal, y partio de una 
carrera hacia el rio, y, al ir huyendo, le dieron 
por una nalga un flechazo que le salio a la ingle; 
I uese herido y a los tres dias aporto a Monterrey 
y muri6. A Pereyra lo comieron en barbacoa, y 
qued6 despoblada la labor. 

Administro el Capitan Diego Kodriguez hasta 
el aiio de veinte y cuatro, que entro el Capitan 
Alonso Lucas el Bueno, por Justicia Mayor y Ca- 
pitan a Guerra, y a su orden, el Capitan Hernan- 
do de la Concha, con una compaiaia, para el cas- 
tigo del Cuau juco y Colmillo y los demas que, el 
ano antes de veinte y tres, se habian alzado; lii- 
cieronse muchos castigos; intentaronalzamientos 
a queacudio con vigilancia con todo lo que con- 
venia; y aunque sucedieron acaecimientos en su 
tiempo, no son de tanta importancia que obliguen 
(a) escribirse por menudo donde no es mi intento 
mas que dar noticia de las pasadas mas memora- 
bles y presentes, abriendo camino para que algun 
curioso que se lialle con mas lesion (sic por leccion) 
y menos cuidados, alargue su bien cortada pluma, 
tomando el deseo que he llevado en estos discur- 
sos, de aclarar algunas cosas que, con ser tan mo- 



115 

dernas, fue la sencillez de la gente antigua que 
poblo y ha habitado este Reino, tanta, que me ha 
costado mucho trabajo, tiempo y solicitud para 
alcanzarlas, y no he hecho poco, tan conf usas co- 
mo digo que estaban las cosas. No pongo las na- 
ciones que inf estaban este Reino en a quel tiempo 
ni (en) el presente, por hacer capitulo aparte de 
ellas al fin de estos discursos, porque el que f uere 
curiosovealamuchedumbreque le habitan. Ayu- 
daba en aquel tiempo a los vecinos, con bastimen- 
tos algunas veces y con caballos para la guerra, 
el Capitan Fernan Bias Perez; en tiempo del Jus- 
ticia Mayor Diego Rodriguez, di6 sesenta caba- 
llos de rienda a S. M. para la guerra, gran accion 
para un hombre particular. 



CAPITULO XV 
De la muerte del Cuaujuco. Vida y costum- 

BRES. 

"Fueron tantas las turbaciones que se levan- 
taron en este Reino, cuando se entendia tener ma- 
yor sosiego y que los conquistadores se empeza- 
sen a coger el fruto de sus trabajos, los religio- 
sos, la miez sazonada, para empezar a meter la 
hoz, que a no saber que la prudencia vencia las 
estrellas y la fortuna es siempre esclava cuando 
(sic) la virtud s^anta, temiera la desolacion de este 
Reino. Estaban los indios ya quietos y asentados 
en Monterrey, en forma de pueblo, donde empe- 
zaban a doctrinarlos con fervor, y rabioso el de- 
monio de verse repelido de tanta gente como ha- 
bia poseido en paz tantos aSos, estaba corrido y 
avergonzado; conjuro a todo el infierno, pues- 



116 

ya tenia que, con la tal poblacion, no podia que 
esperar menos que su total ruina, porque de ella, 
como de fuente, habian de ir los interpretes y 
guias para el catecismo para las demas naciones, 
a sacarlas de las grutas obscuras en que tiranica- 
mente las tienen presas. Convocado, pues, el in- 
fierno a cortes generales, hallo que, pervirtiendo 
a estos Indies, a los principios de la predicacion 
evangelica, aseguraba su partido por rehacerse, 
como dijo Cristo; y juntando otros siete espiritus 
peores, torno a hacer rostro y empezo mas cruda 
guerra, y siendo, comoes, el primer paso y la mas 
segura negociacion la de las cabezas, represent6 
al Cuaujuco, huachichil de nacion, que lo era 
linica en todo este Reino, de las propias y extra- 
nas, por saber muchas lenguas y haberse dado a 
temer. 

Sacaban los espanoles con su favor (a) algunos 
muchachos, como se ha dicho, y a veces sin darle 
parte; el, como soberbio y orgulloso y que en todo 
se queria hallar, teniendolo a menosprecio, y si- 
guiendo la f uerza de su destino, herido del cabe- 
llo empozonado de Alecto(n), f urioso y sin sosie- 
go, convoco con el alzamiento arriba dicho y en- 
trada en la ciudad. 

Este era alto de cuerpo, feroz de natural, man- 
daba con imperioyhablabadiversas lenguas: cau- 
sa de ser tan obedecido; temianle los indios, y el 
estaba tan sobre si, que ya estimaba en poco las 
acciones de los espanoles; tenia por mercaderia 
el hurtar (a) muchachos y muchachas, y vendia- 
los; entraba con tres 6 cuatro (en) la tierra aden- 
tro, y de su vista temblaban, dejandole sacar (a) 
los hijos, que ponia en collera, sin ninguna resis- 
tencia; duro algunos anos, y como lo que es vio- 
iiento no tiene estabilidad, falto en aqueste, ca- 
yendo el edificio fabricado sobre tan debiles ci- 



117 

mientos, que asi vemos un carro triunfal muy 
hermosa y soberbiamente adoraado y el eje le 
oprime (a) esconderse toda aquella vanidad y con- 
vertirse en polvo y ceniza. 

Salio, pues, a sus acostumbrados ejercicios, a los 
fines del ano de seiscientos y veinte y cinco, como 
quien va a montear fieras; paso del rio del Pilar 
Chico, al que llaman del Potosi, y antes de llegar a 
el, estaba una rancheria, donde hizo (sic por hicie- 
ron) noche el y un hi jo suyo y un valiente indio hua- 
chichil; alli dijo la Jornada que hacia y para el dia 
que habia de voiver, y salio al amanecer, con su 
compania. Estaban ya todos los indios tan liartos 
de el, tan ofendidos y tan deseosos de venganza, 
que les f ue f orzoso, viendo sus tiranias, a poner en 
ef ecto lo que muchas veces habian en platica pro- 
puesto; hicieron llamamiento de muchas naciones, 
al instante que el salio, despachando (a) sus men- 
sajeros a todas partes, aplazando el dia, y como 
el dano era comiin, no faltaron, que los tenia ya 
dispuestos la Divina Justicia para ejecutarla en 
aquel misero barbaro. Juntaronse muchos, con- 
sultaron el modo que tendrian, y ya les parecia 
que se les iba la ocasion, segun la deseaban; y co- 
mo no hay plazo que no llegue, vino el que es- 
peraban. Vieronle una tarde venir con una gran 
presa, y ellos, que tan alentados se mostraban 
antes, ya la sangre se les hiela en las venas, ya 
el temor se apodera de sus corazones, yael mie- 
do les ocupa las potencias, de tal manera, que si 
fuera una bandada de polios ante el milano, 6 
una manada de ovejas en presenciadel lobo; que- 
daron yertos y inmoviles, que ni aun alientos 
para mirarle a la cara tenian: tal era su vil ani- 
mo. Apeose, puso su presa en orden, y fue ser- 
vido, como otras veces lo habia sido; no extrari6 
ver (a) tanta gente junta, porque jamas creia lo que 



118 

hicieron; hizoles velar la presa, y el descanso del 
trabajo pasado, Otro dia, le trujeron las bestias, 
ensillaron, y ya que la presacomenzoacaminar, 
quiso subir a caballo, y los indios, tan faltos de 
vigor para ejecutar su intento, que ya se les iba 
deslizando el copete; habia entre los convocados 
un barbaro ferocisimo y de muy lejos; este, vien- 
do la pusilanimidad de todos, dijo a lossuyos, en 
lengua que no entendian todos, ni el Cuaujuco: 
a que nos trujeron; pues nos llamaron, hagase lo 
diclio; y fue llegando como a tener la bestia, y 
con la macana le dio al Cuaujuco un palo en el 
brazo derecho, que le quito el movimiento de el: 
levantaron gran alarido. El no pudo sacar la es- 
pada; (a) el hijo suyo alcanzaronlo y mataron; el 
huachichil compafiero se defendio bien; no bas- 
to para que muriera; ejecutaron con el inor- 
mes ^ crueldades. El Cuaujuco, visto el atrevi- 
miento y que estaba indef enso y que no podia es- 
perar sino una muerte inhumana, volvio su co- 
razon a Dios y, llamando a Jesiis, anduvo huyen- 
do por entre los jacalillos hasta que rindio el 
espiritu, con la soberbia, ambicion y tirania de 
que estaba vestido. Este fin tuvo aquella barba- 
ra crueldad; mas que mejor lo puede esperar el 
que es desocasion de su patria (?). Contome este 
caso el Capitan Juan Cuencame, que, siendo bar- 
baro, se hallo en la entrada de Monterrey y en 
diversas facciones de ellos, y era de la rancheria 
donde mataron (a) el Cuaujuco y se hallo presen- 
te, y despues fue, hasta que muri6, el mas leal y 
afecto a los espauoles, de cuantos ha habido en 
este Reino. 



1 Palabra antiffuamente usada— G. G. 



119 



CAPITULO XVI 

En QUE SE DA raz6n de quien tuvo este Reino 

A SU CARGO. 



Pasados algunos anos de la muerte del Gober- 
nador Diego de Monte Mayor, parecio al Marques 
de Guadalcazar, D. Diego Fernandez de Cordo- 
ba, Virrey de la Nueva Espana, por caer este 
Reino tan distante de Mexico, que podia causar 
algunos inconvenientes, asi en dar los avisos de 
los sucesos como en prevenir sus remedios, en- 
cargar el Gobierno de el al General Agustin 
de Zavala, Caballero del Habito de Santiago, 
quelo era del Reino de la Galicia, el cual, como 
tan acostumbrado a servir a su Rey, lo acepto. 
El ano de mil y seiscientos y trece, hizolo noto- 
rio al Justicia Mayor, que era el Capitan Diego 
Rodriguez, y aunque personalmente no pudo ve- 
nir, por no dejar cosas demas importancia que de 
su gobierno pendian, fue de mucho los socorros 
que enviaba, asi de dineros, ropa, bastimentos, q ue 
con fletes les estaban de (sic por les costaban?) ex- 
cesivos precios, unos pedidos de los vecinos y otros 
con el habito que tenia de hacerlos, considerando 
las necesidades que podrian padecer en este mise- 
rable albergue; y como tan cabal vasallo de S. M. , 
le parecio que, teniendo este Reino a su cargo, 
no cumplia con sus obligaciones, con los desve- 
los, ordenes y disposiciones en el gobierno, ha- 
ciendo los socorros y provisiones de la real ca- 
ja, como acostumbran todos los demas goberna- 
dores, sino que, llevado del celo cristiano y con 



120 

deseo fervoroso de que la palabra de Dios se ex- 
tendiese en estos barbaros, relevando a S. M. de 
muchos gastos [y quiza por no ver las dilacione& 
que los oficiales reales tienen en el dar dineros 
de la caja para las provisiones, socorros y con- 
servacion de los reinos y plazas de S. M., que en 
tantos trabajos, hambres y sobresaltos entre es- 
tos barbaros padecen los espanoles, defendiendo- 
las con su acostumbrada lealtad, ofreciendo sus 
vidas, de sus mujeres y hijos, a su tirania, en 
confianza del socorro que su Rey les manda dar; 
dificultando el abrirla al medio dia; faltando ya 
el uno, ya el otro, con que detienen su ejecu- 
cion los dias, semanas y meses; causando, por 
darlo tarde y fuera de tiempo, la perdicion de 
la plaza, desconfianza y flaqueza en los vasallos, 
gasto y menoscabo en la hacienda real, avilantez 
en los enemigos y confusion en los cristianos; 
viendo, por tanto descuido, cautivas (a) sus mu- 
jeres, muertos (a) sus amigos, quemados (a) sus 
hijos y robada su pobreza; cuando ellos, sin te- 
mor de Dios ni respeto al Rej^, la tienen (la caja) 
abierta a cualquiera hora de la noche, sacandoel 
dinero de ella para sus mercancias, tratos y con- 
tratos, delitosyatrev4mientos, queno han podido 
excusar tantos jueces como se remiten, tantos 
castigos como se hacen, y tantas privaciones de 
oficios como se ven cada dia], quiso mas hacerlos 
de su propia hacienda, mostrando su heroico pe- 
cho, tan acostumbrado a dar, que con un gusto 
invencible recibia almas minimo soldado de este 
Reino que iba a Zacatecas, animandolos y soco- 
rriendolos de todo lo necesario, en particular, y 
remitiendo, en general, al Justicia Mayor, asi 
para los indios como para los espanoles, susten- 
tando un almacen, a grandes expensas, de hari- 
nas y carnes, que se repartia cada semana por 



121 

familias, mas de diez anos, tan ampliamente, que 
si alguna vez falto la racion, mas fuepor su cul- 
pa de los ministros que en el Reino estaban, que 
por descuido suyo, pues estos, apfovechandose 
de la ocasion prodigamente, las gastaban en ha- 
cer sus haciendas y aquerenciar su gente. 

El ano de catorce, despacho con el Sargento 
Mayor Cristobal de Irurreta, Justicia Mayor y 
Capitan a Guerra, cinco mil pesos en reales, sin 
otras provisiones, para el castigo de los que ma- 
taron a Tenorio, que fue en la forma arriba re- 
ferida. 

Ano de veinte, fue de parte del Justicia Ma- 
yor el Capitan Francisco Ruiz de Benavidez a 
pedirle socorro de gente; alisto una compania 
a su costa, que entrego, dandoles un tercio ade- 
lantado, y lo demas a las personas que despues 
llevaran libranzas del Capitan, refrendada(s) del 
Sargento Mayor; y esto con tanta puntualidad, 
que del pedirlo al pagarlo no habia diferencia. 

El ano de veinte y dos, como los indios eran 
mas ladinos, se desvergonzaban mas y hacian ma- 
yores danos, y obligando a los espafioles a estar 
como acosados, sin poder alargarse ni hacer sus 
sementeras, dieron aviso al General y que no bas- 
taba la gente que habia de presidio; remitio otra 
compania a su costa, a cargo del Capitan Hernando 
Huarte de laConcha, a la cual, con las que (estaban) 
en Monterrey, daba todas las pagas de su hacien- 
da en la forma dicha, durandoeste presidio hasta 
el ano de veinte y seis. Debesele la conservacion 
de este Reino al General Agustin de Zavala, pues, 
a no estar debajo de su proteccion, y ser con 
tanta liberalidad fomentado, dificultosisimo se 
me hace pudieran sustentar la poblacion los es- 
pafioles, tan combatidos y atemorizados, sin ha- 
cer sementeras ni alargarse a nada, pues, cuando 



122 

no tuvieran tantos enemigos, bastaba el casero y 
formidable del hambre para desterrarlos; pade- 
cianla intolerable desde el tiempo del Goberna- 
dor Diego de Monte Mayor, hasta el que se va 
refiriendo, pues losmas meses y aun anos enteros, 
no se sustentaban con otra cosa que unas raices 
de lampazos, de que abunda el ojo deagua, algu- 
nas frutas silvestres y el mezcale; y me hacerti- 
ficado el caudilio Diego de Solis que muchas veces 
le envio su padre a la casa del Padre Ciprian de 
Acevedo, con un plato, a pedir la racion del Go- 
bernador. Vivia de la ciudad como tres tiros de 
arcabuz, el cual, como sacerdote y solo, tenia 
siempre algun maiz; y por principio y postre de 
la comida, le soccrria este al Gobernador con el 
plato llenode maiz tostado, que vulgarmente 11a- 
man ezquite, y el, como muchacho y no muy sa- 
tisfecho, iba por el caraino granoagranocomien- 
dolo, que cuando liegaba no era la mitad; esti- 
mandolo el Gobernador en mas, que pudiera un 
soldado los mas delicados y suaves manjares de 
la mejeria (sic por mejor) hosteria de Italia. Tu- 
vieron con su amparo los v'^ecinos una alegre iuz, 
y con el presidio y socorro del almacen que puso 
en la ciudad, se empezaron a alargar y a poblar 
labores. 

Gasto de su hacienda, en el tiempo que a su car- 
go tuvo este Eeino, mas de ciento y veinte mil pe- 
sos, porque hacen que (sic por aunque) el Virrey 
mandaba se dieran de la caja lo que bastara a todos 
los gastos, y aiin los pobres a pedirlo, y en con- 
templaciones a los oficiales reales, cohechandoles 
el gasto y sobornandoles la voluntad, sacaban tar- 
de la cantidad que se mandaba, y de ella en trapos 
y podridos remitian lo que les parecia, queseria 
de mas dano que provecho. No contentandose el 
General con los servicios que habia hecho y ha- 



123 

cia a ambas majestades, sino que, informando (sic) 
con deseo de hacer, pues mientras mas hacia, mas 
corto lepareciaquequedaba, mando (a) su hijo D. 
Martin de Zavala, que estaba en la Corte, capi- 
tulase la pacificacion y poblacion de este Reino, 
como adelante veremos. 

Murio el ano de cuarenta y seis, Ueno de anos, 
en la ciudad de Zacatecas, dejando tantos huerfa- 
nos, que hasta hoy lloran la miseria que les carece 
(sic) en aquella ciudad la f alta de sus limosnas. Fue 
llorado de toda la ciudad; hicieronle un solemne 
entierro, en la misma forma como a un Capitan 
General; a este Reino le alcanzo poca parte, asi 
de la perdida como del sentimiento, pues celebra- 
ron todas sus poblaciones sus f unebres obsequias 
con el af ecto que de dolor y amor pudieron a quien 
tan to debian y como a padre estimaban. 



FIN DEL SEGUNDO DISCUKSO. 




MSCURSO TEECERO. 



CAPITULO I 



De la capitulaci6n de D. Martin de Zavala. 

Su VENIDA A ESTE ReINO, T OTRAS COSAS. 




STANDO este Reino en 
el estado que atras 
queda referido, entre 
la paz y la guerra, el 
General Agustm de 
Zavala mando a su hi- 
jo D. Martin de Zavala, que estaba en la Corte, 
el ano de veinte y cuatro, capitulase la poblacion 
y pacificacion de este Reino; liizolo y se conclu- 
yeron a tres de abril del ano de veinte y cinco; 
despacharonsele las cedulas necesarias para efec- 
to de poder repartir tierras, aguas y indios;dando- 



126 

le titulo de Gobernador y Capitan General, de dus- 
cientas leguas de latitud y otras tantas de longi- 
tud, con obligacion de poblar dos villas donde al 
Virrey de la Nueva Espana le pareciere, y las de- 
mas cedulas y titulos que en las capitulaciones se 
refieren. 

Entro en la ciudad de Monterrey, a veinte y 
cuatro de agosto, el ano de veinte y seis, prevenido 
de gente, ropa, rejas, herramientas y todo lo de- 
mas necesario a una nueva poblacion; fue recibi- 
do con las demostraciones de alegria que a una 
persona tan deseada podia causar [que siempre las 
novedades de los gobiernos agradan]. Enterose 
de las cosas del Reino, de las calidades de la tierra, 
proceder de los espanoles, condicion de los natu- 
rales:principalesfundamentosparaunbuenacier- 
to. Repartio a los vecinos labradores cantidad de 
rejas [que las mas de ellas hicieron comales\ a 
otros dio herramientas, y a todos, aquello que les 
faltaba, hasta ganados; mando juntar (a) todos los 
indios que se pudieron, a quienes, despues de 
haber dado a entender que venia solo para su 
fomento y bien, y que viviesen como debian, acu- 
diendo a la doctrina de los padres de San Fran- 
cisco y al servicio de sus amos, que el les ampa- 
raria en todo lo que se les ofreciera, les fue re- 
partiendo con larga mano la ropa que metio y 
harinas, enviando a pedir mas a Zacatecas, con 
que se podia pensar se aseguraba una perpetua 
paz en esta gente, ano ser tan inconstante. Envio 
a ensayar las minas de laredondade Monterrey; 
subio a la de San Antonio [esfuerzo prodigio- 
so] ; subio, por una pena casi tajada, a la region del 
fuego [que tal es la altura de las Mitras]: todo 
era trabajoso y con poco fruto. Despacho al Ca- 
pitan Martin de Zavala a la villa de Leon; poblo 
otra vez las minas; tuvo muchos rebatos; sustento 



127 

la poblacion con harto trabajo; relevo con suve- 
nida, a S. M., de mas de veinte y cinco mil pesos 
de soldados, ropa y bastimentos, con ningun fru- 
to. Alzaronse los indios de todo el Reino, gene- 
ralmente; hubo quien dijera que ocasionados de 
algunos espanoles, que, como estaban tiechos a 
vivir licenciosamente, llevaban mal el gobierno 
politico, que aumenta las republicasy lasconser- 
va en paz. Los indios dieron continues diez anos 
(de)guerra, haciendo tantos daiios y muertes, co- 
mo adelante se dira. 

No se contentaron con eso los espanoles; hubo 
quien escribiera a Mexico la asistenciaquehabia 
en Monterrey, no concluyendo las poblaciones 
ofrecidas: que siempre los que viven con algiin 
remordimiento, quisieran estar lejos de la justicia, 
como dijo Cristo: aquel que vive mal, aborrece 
la luz; como si el impedimento que tenia, degue- 
rra, no era el mas principal que se podia of recer. 
Vino juez demarcador, que lo hizo de las dos vi- 
llas, una que solia serde Leon y hoy de Cerralvo, 
otra donde hoy esta esta de Cadereyta. Salio el 
Gobernador de esta(de) Monterrey para la de Ce- 
rralvo, dejando Alcalde Mayor en ella y la ins- 
trucci6ndesu gobierno; fundo su villa, sin nom- 
brar por entonces Cabildo. por los muchos emba- 
razos. Nombrolo el ano de mil y seiscientos y 
treinta y ocho, siendo el primer Alcalde Ordina- 
rio el Sargento Mayor Jacinto Garcia de Sepul- 
veda; Regidor, el Capitan Pedro Buensello de 
Morales, y Francisco Perez de Escamilla, Procu- 
rador General; el Alferez Diego de Villarreal, 
Alguacil; Diego Caro de Vivanco, Escribano de 
Cabildo; Juan de Abrego, Secretario de Gober- 
nacion. Hay en ella iglesia parroquial, a cargo 
del Cura de la ciudad de Monterrey, por muer- 
te del Padre Martin Abad, que lo era alii, y asimis- 



128 

mo conventode San Francisco, en que asisten dos 
religiosos de la Provincia de Zacat^cas, intitula- 
da de Nuestra Seiiora de la Concepcion. 

Hecha la fundacion de la villa, la apretaban 
los indios cada dia, atajando los caminos, de ma- 
nera que sustento aquella frontera con infinitos 
gastos y trabajos, trayendo los bastimentos de 
Zacatecas: noventa leguas de ellacogian de fletes, 
trabajo que duro mas de catorce anos. Echaba 
dos companias ordinarias, una a cargo del Ca- 
pitan Alonso de Trevino, otra al del Capitan 
Jacinto Garcia, que hoy es Sargento Mayor, sin 
otras que sacaban diversos capitanes; y no cesa- 
ban. con los castigos, los indios de hacer danos 
y muertes, ni habia camino seguro; todo estoera 
con gran consuino de annas y caballos, que cos- 
taban a subidos precios, bastimentos y municio- 
nes. Tomo. con pareceres de teologos y hombres 
de experiencia, acuerdo de hacerles guerra, ahor- 
cando(a)losde mayor edad y desterrando (a) los 
de menor, para que por ese medio, que se tuvo 
por eficaz, por sentir ellos el salir, mas que la 
muerte. A los diez anos de su alzamiento, dieron 
la paz, tantas veces quebrantada, a tiempo que lle- 
go orden de Mexico para que no se sacasen (a) los 
indios, que diese la causa de la guerra. Obedecio 
el Gobernador, como vasallo de S. M. y minis- 
tro suyo; dio las causas tan justas que tenia, con 
los pareceres, que se despacharon a los Capita- 
nes Generales de las Indias, a que pidiesen el 
suyo, en razon de si f ue justa 6 no la guerra; 
y como estan tan distantes y hay tantas mudan- 
zas en los gobiernos, no se ha declarado. Ceso el 
castigo, no los insultos de los indios, que para 
cuando mas temor habian de tener, mas desver- 
gonzados estan, como eneste discurso se vera. 



129 



CAPITULO II 

DeALGUNOSALZAMIENTOS QUE DURANTE EL (dEL) 
CAPITULO PASADO HUBO, Y ALGUNAS MUERTES 
HECHAS POR LOS INDIOS. 



Despues que el Gobernador entro a este Reino, 
llamo, como digo, las naciones de los indios al- 
zados, que asentaron paz j su habitacion en la 
ciudad de Monterrey, donde les daban doctri- 
na los religiosos de San Francisco, y racion todos 
los dias, del almacen, y ropacuando necesitaban, 
Estando en estos beneficios, de su propia volun- 
tad, inclinacion y mal natural, se rebelaron, ha- 
ciendo infinites danos, que le oblige al Goberna- 
dor (a) tener una compania de veinte y cuatro 
soldados. mas de tres anos. 

En oaedio de la persecucion que estos hacian, 
se levanto otro de los huachichiles que estaban 
en favor de los espanoles, contra los tepehuanes; 
iba rigurosisimo y habiase cundido por los ala- 
zapas a muchas naciones del Norte. Huadianlo 
(sic) el Gobernador Andresillo Mapus MalaPaja 
Periquillo; guiaban Dominguillo y Cristobalillo, 
indios muyladinos, a los que leshubo fama [aun- 
que, lastima impertinente, los sabidores se lo 
ocultaron al GobernadorJ que un espanol obra- 
jero, que trabajaba en casa del Capitan Alonso 
de Trevino, llamado Juan Martin, enamorado de 
una huachichila Melchora, inducia y animaba a 
los indios. La misma tarde que estaban preveni- 
dos para dar a la noche, creyo el Capitan Alonso 
de Trevino a una India huachichila que liabia mu- 



130 

chos dias le avisaba, y el hacia burla de ello, 11a- 
mada Isabel, con cuyo aviso trato con sus herma- 
nos de lo que se habia de hacer; prendieron al 
punto(a)loscapitanes que juntos estaban hacien- 
do hora; Ilevaronlos al Gobernador, ante quien 
no negaron. Remitialos a Zacatecas, y en la En- 
cinillase huyeron; pusieronse a la piedad del Go- 
bernador, que los perdono, y bajaron (a) su gente. 
A no permitir Dios se descubrieran sus desig- 
nios, segun la tierra estaba, hicieran muy gran 
dano. 

Bajados estos y quietos, fue prosiguiendo el de 
los tepehuanes, haciendo sin cesar crueldades 
inormes; oblige a retirar toda la caballada al 
Saltillo, quitandcla de la Boca del Lobo. Guia- 
balosNacabaja, cruelisiino varon. Diversas veces 
los envio a llamar el Gobernador, de paz, y una 
vez que se resolvieron a darla, salio S. S. a reci- 
birla a la Pesqueria, donde salio Nacabaja y la 
demas gente; esta sefue recatando y salian poco 
a poco del monte, que, como ellos tienen el pe- 
cho lleno de traiciones, juzgaron al de los espa- 
noles igual al suyo; volvianse a entrar al monte, 
ya cuatro, ya diez, quedando Nacabaja y unher- 
mano suyo, que, notada la liuida de los suj^os, 
partieron a correr. Salieron tras el el Alferez 
Real JuandeTarango y otro companero; dieron- 
le una lanzada por las espaldas, que le salio al 
pecho, y uno le dio dos estocadas cuando yaque- 
ria ganar el monte — paro feroz — ;a este ahorca- 
ron ; a su hermano ya lo habian muerto otros. 

Quedo la guerra muy sangrienta, y acaudilla- 
ba un indio que se llamaba Guapale, herederoen 
las crueldades del pasado. Envio, vista su obsti- 
nacion, el Gobernador, a llamarlede paz por me- 
dio del Capitan Maldonado, indio de su nacion, 
fiel; este le reprendia sus bellaquerias; lo mata- 



131 

ron y rompieron los papeles, y para que avisa- 
ran de ello, detuvieron a dos viejos que ibancon 
el. Fueron al valle de las Salinas; mataron a Juan 
Miguel, indio lahorio (sic) y a un hijo suyo, 
Pasaron a la labor de Santa Catilina, arriba de 
la ciudad de Monterrey; mataron (a)cinco perso- 
nas de lagentedel Colmillo, huachichiles, quees- 
taban en ayuda de los espanoles;metieron(a) una 
India cristiana en un rancho, y lepegaron fuego, 
llevaronse (a) dos indias. A pocos dias despues, 
cogieron (a) un muchacho pastor de la hacienda de 
San Francisco, y lo aborcaron. Llevabanse cada 
dia la caballada que estaba del situado de la guerra, 
nobstante (sic) que tenian escolta, aquesolian sa- 
lir, ya emboscada, ya manif estandose en el llano. 
Tenian los espanoles con ellos diversos encuen- 
tros; matabanse algunos, cogianse otros, de que 
se hacia justicia. Todo era echar lena al fue- 
go, con que avivaban su mal intento y torpisima 
guerra, sirviendo, lo que habia de ser de escar- 
DQiento, de irritarlos, y como gente que no teme 
el EQorir, resolverse a hacer mayores insultos. 

Salieron una vez elCapitan Joseph de Trevino 
y el CapitanRodrigode Aldana; pusieron el real 
en la Pesqueria Grande; llegaron los indios y a 
medio dia los cercaron, estando los espanoles, 
unos durmiendo y otros jugando, y segun el im- 
petu con que llegaron, fue mucho no hacer gran 
dano; mataron (a) dos indios, uno lahorio^ llamado 
Martin, y otro tepehuan, llamado Andresillo, y 
cuando vieron a los espanoles puestos en orden, 
huyeron por los montes. Alcabode muchosdias, 
algunos indios, traidoramente, a titulo de guias, 
llevaban la Compania del Capitan Martin de Za- 
vala y el Capitan Gonzalo Fernandez de Castro, 
y entre la Pesqueria y Ramos tenian hecha una 
emboscada; fue descubierta; hicieron una gran 



132 

matanza en ellos, no dandoles lugar a lograr 
su mal intento, que Dios, como Juez Recto y Uni- 
versal, permite algunos casos, no todos los que 
el pecador hiciera cuando esta dejado de su san- 
tisima naano, como notamos en Absal6n, que 
cuando mas glorioso y triunfante penso quedar 
con la vi(c)toria, quedo colgado de sus propios 
cabellos, sirviendole de lazos, con que Dios cas- 
tiffo su locura. 



CAPITULO III 

Del primero y segundo viaje que se hizo 
a la huaxteca, 



Alrededor de los anos de mil y seiscientos, el 
Capitan Antonio Rodriguez trato con la Cate- 
dral de Mexico traer a este Reino un poco de 
ganado mayor, de la hacienda que en la Huaxte- 
ca tiene, llamada la Cof radia; hecho el conchabo 
(sic) y alcanzada orden para el entriego, sali6 de 
ese Reino, bien prevenido, asi de companeros, 
carretas y caballada, llevando licencia del Go- 
bernador Diego de Monte Mayor, para poder ir 
por esta parte. Llego a la villa de Tampico; con- 
chabo, con el mayordomode la hacienda, la saca; 
f uese juntando el ganado; y por una cosa de risa, 
se desconchabaron; lo ejecutaron; perdio la ca- 
ballada y volvio huyendo. Y fueel caso que, es- 
tando el en la villa de Tampico, desde la Vaque- 
ria envio el mayordomo, que era un mulato, a 
decirle que enviase (a) su gente, que estaba tra- 
bajando, una botija de vino; envio a decir que 
para que era el vino, que eran unos borrachos; 
de lo cual se pico y escribio a Mexico, y vino de 



133 

alia que no le entregaran, antes trujeron carta 
de justicia y le quitaron la caballada y todo lo 
que llevo, que apenas pudo escapar el cuerpo. 
La gente se le retire, si no f ueron dos compaSe- 
ros y un muchacho que vinieron con el por don- 
de habian ido, viendose todos los dias en las ma- 
nos de la muerte, acosados de los indios y de no- 
che cercados. 

Poco despues de esto,un Capitan llamado fula- 
no Melo, con algunos companeros, se retiro de 
la Vizcaya y enderezo a salir por la Huaxteca. 
En el caminoesta un rio grande llamado San An- 
tonio; durmieron en su orilla, y un soldado tuvo 
alguna necesidad, despues que ensillaron, y salie- 
ron; se quedo, sinquenadie reparara en ello; has- 
tapoco mas de un cuartodelegua lo echaron(de) 
menos. Volvieronlo a buscar y lohallaron muer- 
to y desnudo; enterraronlo y pasaron su viaje, y 
salio a la Nueva Espaiia. 

El ano de mil y seiscientos y nueve, eon licencia 
delGobernador Diego de Monte Mayor, sali6 el 
Capitan Joseph de Trevino a hacer una Jornada 
a la Huaxteca, con una recua de harina; llego al 
Estero, catorce leguasdeTamaulipas; salieronle 
muchos indios; el paso era estrecho; tuvo por 
mejor acuerdo de derramarles alli el harina y 
vol\|>r, para, con carretas y mas f uerza, hacer el 
viaje. Llego a Monterrey; liizo ocho carretas; 
llevo, mas de los carreteros y gente de servicio, 
ocho companeros; llego a Tampico, hizo su em- 
pleo, volvio con buen suceso, dejando a los de 
Tampico contentos. Hallo (a) el Gobernador 
muerto, con que no tuvo efecto el volver segun- 
da vez, como intentaba, quesiempre lasmudan- 
zas de gobiernos mudan formas. 

El aiio de treinta y tres, estando la tierra con 
alguna quietud, ordeno S. S. alSargento Mayor 



134 

Jacinto Garcia de Sepiilveda, hiciese Jornada a 
la Huaxteca; previno todo lonecesario de armas, 
bastimento y caballada; repartio a los compane- 
ros mil pesos y dio la orden; salio con diezcom- 
paSeros el Sargento Mayor, y un indio huaxteco 
por guia; iba por Alferez Juan Baptista de Ur- 
quiza. Salieron al camino infinites indios, que, a 
titulo de paz, se iban llegando, y una madruga- 
da empezaron a flecbar y con gran alarido mata- 
ron (a) la guia de un flechazo, que su destino le 
hizo poner la cota en el arzon de la silla y no en 
el cuerpo. Siguio la Jornada, hicieron suempleo, 
volvio, y en los propios niontes donde le habian 
dado, por descuido de los arreadores (sic por arrie- 
ros) se perdio una mula cargada; en la Huaxteca 
se le huyo uno de los compaiieros que llevaban. 
Llego a San Gregorio con gusto y con el le reci- 
bieron, que eran bien deseados, porque habia co- 
rrido voz que eran muertos. A esta llamo segunda 
Jornada, y a la del Capitan Joseph de Trevino, pri- 
mera, por cuanto las otras no tuvieron cumplido 
efecto. 



CAPITULO IV 

De algunas muertes hechas por los in#ios, 
y algunos castigos en el discurso del al- 
zamiento de arriba, 



En la villa de Cerralvo jamas ban faltadocon- 
mociones de indios; son los de aquella comarca 
de pesima naturaleza. En las minas de San Agus- 
tin y la Peregrina, una noche, descuidados, lle- 
garon los tepehuanes de repente, con gran ala- 
rido, tirando lluvias de flechas; mataron (a) siete 



135 

personas: (a) un espanolllamado Adrian Manuel, 
a Juan de Estrada, a un mulatoy (a) tres indios 
mexicanos, a otro mexicano, que mataron en un 
rancho; llevaron (a) una India lahoria yotratepe- 
huana; quedo herida una mestiza, mujer del muer- 
to, que escapo dentro de una tina de agua; lle- 
varon toda la ropa y hasta cuatrocientas cabras 
del Lie. Martin Abad, que las tenia alii. Llegoel 
aviso a la villa, saliosocorro, amanecio, llevaron 
(a) los heridos y muertos y nueve companeros, 
siguieron (a) la gente al pie de la sierra de San 
Gregorio, los alcanzaron, quitaron las cabras, 
huyeron los indios, volvieronla(s) a la villa y vol- 
vieron a pie a seguir (a) los indios por el rastro; 
atravesaron la sierra; bajaron por el Camahan al 
Oharco, que llaman, una legua del rio delaPes- 
queria Grande en el camino carril; de alii baja- 
ron por el rio, como cuatro 6 cinco leguas, donde 
los hallaron; dieronles valerosamente, mataron 
(a) algunos indios, quitaron a la india tepehuana 
que habian llevado, huyeron por los montes, y 
viendo los soldados no podian ya hacer en ellos 
lance, se volvieron a Cerralvo, atravesando la 
sierra de Papagayos: todo lo cual, por ser a pie, 
cargados de armas, con poco 6 ningun bastimen- 
to, faltos de agua, y por tierra de enemigos, me- 
recen eternizar sus nombres. Iba por cabo el Al- 
ferez Bartolome Garcia, Vicente Guerra, Juan 
Cabazos, Juan de Sosa, Juan de Fletes, Alonso 
de Torres, Diego Lopez y un mulato que se igno- 
ra el nombre. 

Salio, despues de esto, de San Gregorio, Juan 
de Sosa, su ounado Juan de Fletes y un hermano 
suyo, de hasta doce anos, llamado Diego de Iba- 
rra, y un indio laborio muy valiente, llamado 
Juan Miguel, allamar (a) su gente, que se habia 
retirado; Uegaron a su rancheriay estuvieron dos 



136 

dias aguardandolos, y una noche llego una India 
y les dijo que se f ueran, que los querian matar. 
Era Sosa hombre de valor: no se le dio nada, aun- 
que yo le digo temeridad. Aqiiella noche le es- 
condieron las bestias y les dieron; defendieronse 
valientemente, arrimados los dos a un arbol; el 
muchacho huyo, alcanzaronlo en una cieneguilla 
y alii lo mataron; murio el indio Juan Miguel, 
defendiendose muy bien; este habia sido su te- 
mastiani, y a cada flecha que le tiraban, le de- 
cian: nica nitnochig-uas Santa Cruz, mofandoy 
haciendo burla de el, con que se muestra bien la 
muerte de estepobre, haber sido en odio de la \%y 
y doctrina que el les ensenaba. El primero de 
los dos que batallaban, fue Juan de Sosa, por 
quien bastaba a resistir tantos enemigos y todo 
el dia; a Sosa, cogieron vivo, mal herido; truje- 
ronlo de rancheria en rancheria hasta que lo pu- 
sieron en unahorcajadura deun arbol, y alii, con 
mofa, grita y burla, lo mataron, tirando al bian- 
co de su desfigurado cuerpo. Llego la nueva al 
pueblo, que trujo un indio; tratose de hacer el 
castigo, que lo hizo (sic por hicieron) el Sargento 
Mayor Jacinto Garcia de Sepiilveday el Capitan 
Francisco deAvila; ejecutose con rigor, no se per- 
don6(a)ninguno de losagresores: duro su castigo 
casi dos meses. 

Pasando, despues de lo dicho, el ano de treinta 
y dos, por el puesto de los Papagayos, con unos 
carneros para el Gobernador, Lazaro de Oluye, 
Juan Duran y seis indios cataaras, dieron los tepe- 
huanes y los mataron; hirieron (a) los seis indios, 
de que murieron tres; llevaronse (a) los carneros 
libremente y el despojo. Salieron (sic por salio) de 
Cerralvo, con unacompania, el caudillo Bernardo 
Garcia, en seguimiento de estos ladrones, y ha- 
biendoles dado en las haldas de la sierra, se re- 



137 

sistieron valientemente; hirieron (a) un compane- 
ro, Vicente Guerra, y a ellos les mataron a Aza- 
doncillo, con que subieron a la sierra y ceso el 
combate . 

Dentro de poco tiempo, ano de treinta y tres, 
Diego Lopez, guardamina, iba un domingo, con 
seis carros con gente y bastimentos, para traba- 
jar con toda la gente, del avio de ellasy sus bas- 
timentos, y era mientras, paralabrarlas; hallolas 
ocupadas del enemigo, y habiendosele adelantado 
un espanol llamado Juan Martin, con tres indios, 
los mataron los enemigos, lo cual, visto por Die- 
go Lopez y la demas gente, se retiro con buena 
orden a la villa, con que el dano no fue mayor. 



CAPITULO V 
Prosigue la materia del pas ado. 



En todas las facciones que los espanoles hacian, 
les ayudaban unos indios, denacion cataaras; es- 
tos siempre fueron fieles, y, por el mismo caso, 
aborrecidos de los demas, que todos los querian 
matar y ponian asechanzas; vivian estos confia- 
dos en el valor de los espanoles, y que en cual- 
quiera fracaso habian de ayudarles, como lo ha- 
cian. Vivian en un llano, como tres leguas, poco 
mas 6 menos, de la villa de Cerralvo; y el ano 
de treinta y tres, los tepehuanes, aguatas, sucu- 
yamas, icauras iguaracatas, con mas naciones, 
sus parciales, llegaron a la rancheria, y estando 
los mas varones con los espanoles en la sierra, 
habiendoles cogido el monte, que eradonde se po- 
dian guarecer, dieron en ellos y mataron (a) cin- 



138 

cuenta y seis personas de todos sexos y edades, co- 
sa lastimosa. 

Elaiiode treiatay cuatro, llegaron al puestode 
Papagayos, a hacer noche, una cuadrilla de ca- 
rros y dos mil cabezas de ganado menor, en que 
iban los mas carneros del Gobernador para su 
gasto; iba por escolta de ella el Sargento Mayor 
Jacinto Garcia, y estuvieron con notable cuida- 
do aquella noche, y de madrugada, raientras un- 
cian Ids carros, se adeiantaron, con los carneros, 
Agusbin de Urquiza y Juan Baptista de Alda- 
pe, y un indizuelo pastor; al tiempo que Ilega- 
ban a un arroyoseco, quehace la entradade una 
angostura de monte, les dieron los indios, mata- 
ronlos a ambosyal pastor, Uevaronse (a) los car- 
neros y ov^ejas; cuando llego la escolta, hallaron 
los cuerpos muertos y desnudos, y que los indios 
subian por la sierra el ganado; nolo pudieron se- 
guir, por no dejar en peligro lo mas. Hoy con- 
serva el arroyo el nombre de Urquiza. 

Veinte dias despues del subceso referido, ba- 
jaron los tepehuanes con mas de trescientos indios 
convocados, y de repente dieron en la carbonera 
del real de San Gregorio, con muy gran alarido 
y flecheria; mataron (a) catorce personas, Ueva- 
ronse (a) mil y ochocientas cabezas de ganado 
menor, que en vano defendieron cuatro arcabuce- 
ros mas de dos horas. Llego aviso al pueblo, sa- 
lio socorro, y, al amanecer, los alcanzaron, al pie 
de la sierra, catorce valerosos soldados; quitaron 
(a) el ganado, menos ciento y cincuenta carneros, 
que(a)los mayores y mas gordos mataron; qui- 
taron (a) la raula rusia que ellos habian quitado a 
Agustin deUrquiza cuando lo mataron, veinte dias 
antes; volvieron con eso al pueblo. Salio una com- 
pania de quince soldados, al castigo de esta gen- 
te, a cargo del Capitan Jacinto Garcia, y pelea- 



139 

ron tan valerosamente junto a la sierra, que hi- 
rieron al Capitan en una rodilla, salio (sic por sa- 
lieron) herido Juan Baptista de Urquiza y Juan 
de Elizalde y otro soldado, con cinco flechazos, 
de que sano. 

El ano de treinta y cinco, mataron los tepe- 
huanes (a) un naesticillo, pastor de Bernardo de 
Vertiz, y (a) un indizuelo borrado, denacion ma- 
ciguara, del Padre Martin Abad. 

Tratose de castigar con f uerza tantos excesos 
como de la sierra hacian; juntaronse sesentahom- 
bres en companias distintas, a cargo del Sargen- 
to Mayor Jacinto Garcia, cuyo titulo se le dio 
entonces; consultaron el modo que se habia de 
tener; hicieronse escuadras para subir la sierra a 
pie, que estaban altos en una hoya 6 barranca; 
dispusieron los puestosen buena orden [si la que 
Uevaron, guardaran]. Dado el cerco, se aguardo 
aquese quitase una gran nieblina (sic por neblina) 
que hubo hasta las diez; como f ue aclarando, f ue- 
ron cercando, y adelantaronse tanto Antonio Du- 
ran y Juan Maldonado, que dejaron su escuadra, y 
se metieron donde no los podian socorrer; llegaron 
al abrigo de otra. Los indios, viendose cercados, 
andaban como en una muela, casi, como despues 
declararon, para tirar las armas y rendirse; y ha- 
llando con poca f uerza en dos hombres, embis- 
tieron a ellos, resueltos, y aunque con los arca- 
buces a boca de caiTon, hicieron su defensa, ofen- 
diendo ellos; los cogieron a mano, mataronlos y 
desnudaronlos y quitaron lascabezas, y laescua- 
dra no les pudo socorrer, ni tenian lugar, aunque 
querian remediar desdicha semejante, a sus ojos 
hecha. Murieronfinalmente; todos dicenfue cau- 
sa su temeridad. Avilantaronse los indios con el 
suceso, y como ya estaban f uera del cerco, em- 
bistieron a los demas, y dispararon dos veces los 



140 

arcabuces, y como estaban a pie y por sierra, y 
no son los espanoles tan agiles como los indios 
desnudos, se vieron algunos en peligro; huyeron 
los indios; trujeron los cuerpos troncos a ente- 
rrar. Prosiguiose al castigo, hasta que se consu- 
mio esta nacion de tepehuanes, que tantos danos 
hacia en este Reino. 

Ya parecia con esto que la tierra estaba quieta 
y no se podia teraer alteraciones, cuando, por cos- 
tumbre antigua que tenia Martin Lopez, Alguacil 
Mayor del Saltillo, de hurtar (a) indizuelos para 
vender, entro (sic por entraron) por las Palomas 
y salio (sic por salieron) a este Reino por la Boca 
del Pilon, el y Juan de Minchaca, y con el (sic 
por la) ayuda de sus indios, que eran los hualahui- 
ses, de la propia Boca, quitaban de estas rancherias 
los hijos a las madres yse iban; esta vez los habian 
cogido, segun los indios dijeron en su disculpa. Vi- 
nieron muchas naciones, hostigadas de tantos da- 
nos; dijeron a los hualahuises que querian matar 
a los espanoles, que les ayudaran, 6 si no, los ma- 
tarian a ellos; consintieron en ello; avisaron a su 
amo, por una india, que ya era noche, que se fue- 
ran, que los querian matar. Minchaca bien queria 
que colaran; Martin Lopez no, porque jamas cre- 
yo que tal atrevimiento habian de tener [que es a 
saber la confianza necia que tantos ha muerto], di- 
ciendo: son indios, que han de hacer. Llegaron a 
media noche, hallaron al Minchaca sentado, al otro 
durmiendo; ataronlos, soltaron la presa y dejaron 
desnudos, muriendo a manos de su propio peca- 
do, padeciendo lo que dijo Dios: yo los entrega- 
re a manos de sus enemigos, para que, muertos 
por ellos, sean manjar de las bestias de la tierra 
y de las aves del cielo;^ como a estos pobres sub- 
cedio, cumpliendose en ellos lo que tantos anos 

1 Deuteronomio, 17. 



141 

habia estaba profetizado. Han ido pagando los 
delincuentes, en ocasiones. 

Nadie se espante que en este capitulo haga al- 
guna digresion, apartandome de la historia; pero 
a veces importa traeiklos ejemplos antiguos, pa- 
ra recuerdo de los presentes. Sale Menalao (sic) 
contra una ciudad de Troya, asolacion de todala 
Grecia, y por discurso de tiempo, con sobra de 
armas, hombres, pertrechos y no faltando enga- 
nos, la Cutra (sic); celebralo la fama y esta tan 
vivo, que primero faltara el mundo que su me- 
moria. Ulises se derrota con una tormenta, gusta 
de los enganos de Circe, detienese en el camino, 
canonizalo el vulgo por hazana y sobran autores 
que lo canten. Pasa el Draque, ladron hereje, 
el estrecho de Magallanes, navegando por los 
surcos de otros; robalas (sic) descuidadas y mal 
prevenidas; de el publica el mundo su nombre, 
haciendolo inmortal. Entran a este Reino euatro 
espanoles, faltos de armas, por desiertos, sin 
abrigos, pasando hambres, necesidades de sueno, 
sin esperanzas del socorro humano, en una tierra 
inculta, llena de infinitos barbaros, sin reparar 
en las dificultades que en tan arduo caso se les 
podrian representar; sustentan las poblaciones a 
costa de sus vidas, sangre, pobreza, solo por am- 
pliar el Santo Evangelio, y no hay quien confiese 
esta accion valerosa, no hay quien pondere los 
hechos, quien tome la pluma en la mano para 
apuntarlos, ni el vulgo ha querido estimar sus va- 
lientes resoluciones, adornadas de constancia y 
valor;desfavoreanlos las audiencias, disimulanlo 
los virreyes, hacense desentendidos los consejos, 
mostrandose celosos de la Hacienda Real, para 
no hacer mercedes a los soldados que pasan tan- 
tas angustias en servicio de su Rey, tan pobres, 
enriquecidos ellos con ella en el regalo de sus ca- 



142 

sas; el vulgacho rie y todos dicenqueson canitas 
las que tiran y hombres desnudos que hacen que 
ven muertos tantos soldados, robadas tantas ha- 
ciendas y asaeteados los religiosos, violadas las 
imagenes y profanados los templos; no lo creen, 
dificultandolo, por ignorar, con sus comodidades, 
las necesidades que aca se padecen. 



CAPITULO VI 
De la entrada de los ovejas a bste Reino, 

A AGOSTAR. 



El ano de treinta y cinco, habiendo, algunos 
antes, estado en este Reino Antonio Leal, cu- 
yo oficio era siempre pastor, como vio la tierra 
tan poblada de pastos, y tan diferentes, verdes 
todo el ano, tantos rios y salitres, todo litil y pro- 
vechoso para la cria de ganados menores, salio a 
la Nueva Espana y dispuso el volver a guardar 
ovejas; y conseguido, sin dar parte a su amo del 
intento, metio la hacienda y otras dos que sus 
hermanos traian, con muy grandificultad del ca- 
mino, a causa de los pocos aguajes y largos mato- 
rrales y nopaleras, que les causaba(n) mucho im- 
pedimento y perdida del ganado; mas la esperanza 
de llegar a gozar la fertilidad del Reino, les fa- 
cilitaba todos los embarazos. Llegaronfinalmente 
y avisaron a sus amos la resolucion que tuvieron 
ellos; vinieron al principio muy pesarosos por 
ver el camino, camino (sic); despues que vieron 
tanta amenidad, trataron de pedir tierras enpro- 
piedad, que les dio el Gobernador, conforme la 
cantidad de ganados (que) tenian cada uno. Sa- 



143 

Heron las haciendas medradas, a cuyo ejemplo 
fueron entrando otras, y cada ano otras nuevas, 
de tal suerte, que cuanto esto se escribe, entran 
trece haciendas de ovejas y de mas de a treinta 
mil cabezas, cual mas, cual menos. Ahora cinco 
anos, que fue el de mil seiscientos y ochenta y 
cinco, ^ que se hizo computo del ganado que en- 
tro en este Reino, se hallaron quinientas y cin- 
cuenta y cinco mil cabezas en solas diez y ocho 
pastorias, y se han aumentado, que ya entran vein- 
te (y) una y veinte y dos haciendas, sin otras mu- 
chas de carneros, todo lo cual saca muy gran 
multiplier - 

La entrada de las ovejas dio mucho lustre al 
Reino, porque antes de ella no habia sementeras, 
mas que de trigo, y eso, solo el necesario para 
comer; no habia saca, antes de Zacatecas traiael 
Gobernador lo que se gastaba en Cerralvo; mai- 
ces no sembraban, sino poco y mal, y en berzas; 
se iba con el gasto de las haciendas de ovejas, 
que estabanhabituadasmas al raaiz que al trigo. 
Se empezaron a hacer labores, y una semilla que 
envio D. Juan de Zuniga de Guadalcazar, privo y 
se da muy bien ; el que antes se sembraba, no acu- 
dia; hoy se coge cantidad en cada labor, y doblado 
trigo que antes, tanto, iiue, con haberse acrecen- 
tado los gastos, se suele hacer saca de ello ha- 
biendo falta allafuera. Arroz se da en cantidad, 
tan grueso y mejor que el de Castilla. Se abrio, 

1 Asi dice el original; pero como el Capitdn Le<5n escribia esto 
hacia 1548, segiin se lee en el capitulo VII de este segundo discur- 
so, la fecha de 1685 resulta inexacta v debe tomarse como un «lap- 
sus calamis del autor, a menos que e"l continuador de su obra, que 
escribi6 en 1689, como lo dice en su advertencia «A1 Pi'o Lector,» 
haya interpolado aquella fecha con los datos que le corresponden. 
Por otra parte, el Capit^n Le6n muri(5 antes del ano citado ul- 
timamente, y, por tanto, el dato A que se refiere la fecha que mo- 
tiva esta nota, tampoco puede tomarse como fruto de una obser- 
vaci6n suya, posterior a la epoca en que escribio su obra —G. G. 

2 Queriadecirantiguamente elefecto demultiplicar acreccn- 
tarse alguna cosa 



144 

mediante a esta entrada de pastores, el tra- 
to, pues antes veniaun mercader por jubileo; des- 
pues fueron entrando tantos, que suele haber 
juntos en la ciudad de Monterrey [sin los que 
son vecinos], trece y catorce, ypormucha canti- 
dad que traigan, no vuelven nada de todo. Hay 
salida: desde entonces la tienen los ganados que 
habia en la tierra; sacanse partidas de mulas, po- 
tros, novillos, chivatos y carneros: todo es oro 
hoy, siendo entonces menos que cobre. Ha en- 
trado mucha gente, hay tratos y contratos y co- 
rrespondencias en Mexico. De todo lo de arriba 
carecia la tierra. Hoy no faltan generos de Cas- 
tilla ni China, y valen, segiin buen computo, las 
raercaderias que entran en cada un ano, al pie de 
diez mil pesos, cosa muy grande para la que vi- 
mos el ano de treinta y cinco, y de ahi abajo, 
quenovaliaunano quinientos, y me alargo:pien- 
so en la mitad del justo precio; y aunque es ver- 
dad que hay personas poco politicas que dicen 
que la entrada de las ovejas echo a perder la tie- 
rra, son como el cielo (sic por ciego),que nopue- 
de juzgar de colores. Estos tales me holgara pu- 
sieran aquisu nombre, dando las causas para ello, 
y mejor f uera, gracias a Dios, que les saco de las 
cortedades en que vivian^ redujo a que coman y 
vistan al uso de las gentes. 



145 



GAPITULO VII 

De la inundaci6n del Reino y db otras que 
de8pues ha habido; hambres y enferme- 

DADES. 

Era tanto el descuido en que se vivia antigua- 
mente en este Reino, que ni habia casa con ci- 
miento, ni dejaban de fabricar cerca del agua. 
Fue la misericordia de Dios tan grande, que 
cuando menos dano pudo recibir la gente, envio 
tanta agua, el mes de septiembre del ano de 
treinta y seis, que parece se abrieron las cataratas 
del cielo y rompieron las f uentes del abismo de 
las sierras, segun las bocas(que) por ellas reventa- 
ron; y a no saber de fe, segiin lapalabra de Dios, ^ 
no habia otra vez de anegar el mundo en gene- 
ral, se pudo temer su ira, porque no privo los 
particulares diluvios, pues vemos que, como Ovi- 
dio cuenta, - hubo en Tesalia uno en tiempo de 
Calcalcon (sic por Deucalion) y Pirra, y San 
Agustin dice'^ de otro en Acaya, en tiempo de Ogi- 
ge(s), Rey de aquella Provincia; y el ano de 
veinte y nueve, en la ciudad de Mexico sucedi6 
otro, dejando la ciudad y sus alrededores hechos 
un lago, que costo tantas vidas y haciendas, cua- 
les puede un hombre considerar en tanta desdi- 
cha. Este temor fue grande en este Reino, que 
si bien veian los muchos desagiies que tiene en 
tantos rios, v(e)ian a estos salir de madre, llevan- 
dose las arboledas de sus riberas, desgajandose 

1 Genesis, 9. 

2 Ovidio. Methamorfosis, 6. 

3 Agustin, lib. 18. 



146 

de las sierras las penas, en las reventazones que 
hacia el agua, causa(n)clo pavor y miedo; derribo 
todas las casas de Monterrey y las iglesias, de- 
jandolo hecho un desierto; la villa de Cerralvo 
quedo de la misma suerte, cayendose la iglesia 
y demas casas, que fue necesario guarecerse la 
gente en una cuadrilla de carros que a la sazon 
estaba en la villa. En medio de esta afliccion, 
acudio Dios, como Padre de Misericordia, a so- 
correr (a) sus criaturas, permitiendo que el al- 
macen del Gobernador, que era donde todos se 
proveian, quedase en pie y sin lesi6n, como hizo 
en Egipto, que, cuando habia de enviar aquella 
hambre de siete anos, dispuso la entrada de Jo- 
seph para sureparo. ^ El riode la Pesqueria Gran- 
de arranco una hacienda de sacar plata, de su ri- 
bera; no peligro persona alguna; los materiales 
perecieron. El de la Silla arrebato (a) siete mil 
ovejas, una nocheque cerca de el hacian majada, 
y (a) un muchacho pastor que las guardaba; otros 
danos menos considerables causo. Duraron las 
crecientes de los rios quince dias, y cuando ceso 
quedaron los caminos tan f ragosos, y las barran- 
cas en ellas tan hondas, que no se podlan pasar; 
fue forzoso hacerles, a fuerza de brazos, porque 
no faltara la comunicacion y trato. 

El ano de cuarenta y dos, apretaron, el mes 
de septiembre, las aguas con nortes, en esta villa, 
que traspasaba las tapias;cayeronse en ella las mas 
de las casas, sin dano de la gente, por ser de dia. El 
ano de cuarenta y cuatro cayero (sic por cayo) un 
aguaceroen lashaldas de la sierra deSanGregorio, 
vertiente a la villa de Cerralvo, que crecio una 
Canada tanto, y tan rapida corriente, que, sobre- 
brepujando el hueco de la cafiada, que es bien an- 
cho, embistio a la villa, derribando las casas que 

1 Genesis, 41. 



147 

toyaba, haciendolo todo un mar, y si como Dios 
proveyo llegase al amanecer, f uera a media noche, 
pereciera la mitad de la gente; llevose mucho ga- 
nado mayor y menor; fue notable el dano. Vol- 
vio a hacer tercera vez las casas, a su costa, el 
Gobernador, y con tanta, como se deja entender 
a los que ban fabricado, mayormente en tierras 
donde un artifice mecanico es mas caro que los 
muy famosos en su arte en las populosas ciuda- 
des; mando hacer un fosohondo que cerca de (sic) 
la villa por aquella parte, para repararla en otra 
ocasion, si sucediere, como ha acontecido dos ve- 
ces antes de esta, mas no tan grandes. 

Este ano de cuarenta y ocho, miercoles dos de 
septiembre, fue tanta el agua que bajo de la sie- 
rra por la Canada referida, que con no tener mas 
vertiente que de cuatro leguas a lo sumo, a no 
haber hecho el foso, sin duda alguna se Uevara 
la villa, asolando los edificios y peligrando lamas 
de la gente, por sobrevenir a las once de la no- 
che, cuando con la turbacion f uera mayor el da- 
no: achaque es de los aiios bisiestos, en aquel pues- 
to, como por experiencia se ha visto. 

Las seme(n)teras son por junio y parte de Ju- 
lio; en esos meses, el anode cuarenta y dos, llovio 
muy poco, perdieronse los sembrados, y cuando 
por septiembre cargaron las aguas, no tenian en 
que hacer. Prevfnose la hambre que habia de ha- 
ber; mandose por auto que los labradores no ven- 
dieran a rescaton (sic) ni pastor el maiz, sino a 
los vecinos, y pues los pastores tenian mulas 
y gente, lo metieran de af uera; hicieronse nota- 
bles diligencias; no bastaron para que losunosno 
vendieran ni los otros dejaran de comprar, de que 
se siguio tanta falta, que se vendio el maiz po- 
drido y que no se podia ya comer, a ocho pesos, 
cosa jamas vista ni oida en toda la Nueva Espa- 



148 

na, en tiempo de mayores hambres. Muchos te- 
nian por mejor comer carne sola, en su casa, 6 
otras cosas con que enganar la hambre, que com- 
prar maiz tan caro. Mejoro Dios los tiempos y 
dio su rocio a la tierra, con que no ha faltado has- 
ta ahora, que quien provee a la mas minima hor •• 
miga, es f uerza lo haga a tanta gente, porsumu- 
cha bondad. 

El ano de cuarenta y seis, por noviembre, en- 
tro de fuera un mancebo, hijo de un vecino de 
esta villa convaleciente de las viruelas que habia 
tenido en la Nueva Espana; apesto la villa y to- 
do el Reino, de manera que en todo el ano de cua- 
renta y siete, murieron mas de quinientas perso- 
nas de todos generos y edades, espanoles y in- 
dios; era compasion ylastima ver tantas muertes, 
que casi quien en terra ra 6 llevara a las iglesias 
no habia. De algunos que, heridos del mal, se 
fueron a sus tierras, cundio en ellas, que despo- 
bl6 rancherias enteras; duro hastalos principios 
de cuarenta y ocho, que purifico Dios los aires; 
quitando Dios es(te) tosigo que por sus juicios 
secretos traian, quedando la tierra con algun re- 
suello. 



CAPITULO VIII 
De LA fdndaci6n de la villa de Cadereyta. 



No era poco el cuidado que el Gobernador te- 
nia, en aquel tiempo, sobre lafundacion de la se- 
gunda villa de su capitulacion; y habiendose jun- 
tado los vecinos que la habian de poblar, hallan- 
dose achacoso (e) imposibilitado de ponerse en 
camino a hacerla, en la parte demarcada por S. 



149 

E., resolvio el dar comision a D. Luis de Ziini- 
ga, para que, en compania de Alonso Gutierrez 
Pimentel, Escribano de S. M., la hiciese, toman- 
do posesion con la solemnidad necesaria y repar- 
tiendo solares y todo lo demas que contiene la co- 
mision, fechaenveinte y uno de febrero de seis- 
cientosy treintay siete anos. Aplazo dia, que fue 
el doce de marzo del mismo afio; juntaronse to- 
dos; tomo laposesion del puesto conmucha arca- 
buceria; levantandose una cruz, adorandola el y 
todos los demas espanoles, para ejemplo de los 
indios presentes; repartio solares, comenzando 
por el de la iglesia y Casas Reales, y luego a los 
demas vecinos, que alii firmaron su vecindad. 
Hicieronla en jacales, hasta que el aiio de trein- 
ta y ocho, parecio al Gobernador dar vista a la 
nueva poblacion, a la cual llego a veinte de febre- 
ro, y hallandola no estar dispuesta como debia, 
hizo la f undacion de nuevo, repartiendo solares 
y plaza, en conformidadde las cedulas deS.M., 
dandole ejidos y senalando propios, que de todo 
carecia; dan do a los vecinos caballerias de tierras 
para labores, Nombro alcaldes y regidores a los 
siguientes: Juan Mendez Tovar, Alcalde Ordina- 
rio; Diego de la Duenay Joseph de la Garza, Re- 
gidores: a mi por Procurador General; Alguacil 
de Cabildo, Domingo Conde; y Sebastian Perez de 
Gumendio Irigoyen, Escribano de Cabildo; di6- 
les poder de usar sus oficios y de elegir otros, 
dia de afio nuevo, con cargo de pedir confirma- 
cion dentro de un mes y visitar los mojones dela 
jurisdi(c)ci6n, quesedividio, por su mandado, de 
la ciudad de Monterrey. Hizo asu costa la igle- 
sia, Casas Eeales capaces, y a cada vecino en su 
solar, una sala, todo lo cual era de tapias y ado- 
bes, techadas, con que tenia seguridad. 
Gobernose la villa por el Alcalde hasta el ano 



150 

siguiente, que las causas de la guerra obligaron 
a nombrar Justicia Mayor y Capitan a Guerra, 
siendolo el Capitan Bernardo Garcia de Sepulve- 
da, Alguacil Mayor del Reino; admitiose al oScio 
a treinta de septiembre, el ano de treinta y nue- 
ve, en cuyo tiempo se hicieron ordenanzas para el 
gobierno de la villa, por su Cabildo, en cuatro de 
mayo del ano de cuarenta, y se confirmaron por 
el Gobernador, en diez y siete de deciembre ^ del 
mismo ano. En este tiempo f ue el alzamiento de 
los alazapas, que adelante se dira, Tuvo el oficio 
hasta marzo del ano de cuarenta y dos, que prove- 
yo (sic por parecio) a dicho Gobernador nombrar 
mision, meritos a que f ui admitido a diez del mes 
y ano arriba referido, y he servido hasta el pre- 
sente, que es de cuarenta y ocho, en cuya pose- 
sion estoy, mas por voluntad del superior, que 
por partes necesarias para la administracion. En 
mi tiempo entro el papel sellado, ano de cuaren- 
ta y seis; y el presente, entro el Obispo de Gua- 
dalajara y de este Reino, D. Juan Ruiz Colmenero, 
a visitarle; hizo confirmaciones y f ae el primer 
Obispo que ha llegado a esta villa de Cadereyta 
y a la de Cerralvo; establecieron los vecinos la 
cofradia del Santisimo Sacramento, sacandoles 
necesarias (sic) y haciendo constituciones. 



1 Antisfuamente se deci'a asi.— G. G. 



151 



CAPITULO IX 

De la JORNADA QUE 8E HIZO AL HOLANDES, 
Y MOTIVO QUE HUBO PARA ELLO. 



El ano de mil y seiscientos y treinta y ocho, 
luego que el Gobernador concluyo la poblacion 
de Cadereyta, paso visitando su jurisdiccion y 
con ella llego a la villa de Cerralvo, donde tiene 
su asisteocia. 

Corrio, a los principios de agosto, voz eonf usa 
y despues mas clara, de que por avisos que de 
gente en gente sedaban, Uegoa los camalucanos, 
caranas, amapualas y cataaras. con gran terror y 
espanto suyo, que poco mas 6 menos de treinta 
leguas, segun sus jornadas, estaban unos hom- 
bres muy diferentes de nosotros, conbarbayca- 
bello rubio, con medias coloradas, jubones y som- 
br-eros de hierro, y que cargaban arcabuces mas 
largos que los nuestros, sin otros que dejaban 
cerca del agua grande, mayores y mas gruesos 
que un hombre, con que mataban (a) los indiosa 
montones, muy lejos, dentro de los montes, y 
ellos parecian nubes, segiin el humo (que) hacian, 
con un estruendo y ruido como los truenos del 
cielo, y que estos hombres hacian, para dormir 
de noche, unos hoyos en tierra y alii se encerra- 
ban, y que eran muchos; los cuales, a los indios 
que cogian, hacian buen tratamiento y les daban 
mucha ropa, y de la quinquilleria que traian, 
como eran sartales de cuentas, cascabeles y espe- 
jos y otras cosas que los indios estimaban y sa- 
bian pintar muy bien. 



152 

Puso en gran cuidado esta nueva al Goberna- 
dor; examine atentamente a los indios, y aunque 
es verdad juzgaba que en la distancia se debian 
enganar, por estar la costa de(I) seno mexicano 
mas de cuarenta leguas de aquella villa, lo mas 
cercano, con todo eso, siendo cosaquede ello po- 
dia resultar algunos inconvenientes, mayormente 
habiendo tenido nueva de que Dieguillo, el mu- 
lato corsario de la Habana, andaba robando en 
ella, discurrio, primero, que este podria haber 
entrado a hacer agua en el rio de Palmas y, des- 
pues, que, segun las razones referidas, no habia 
que poner duda en que el holandes se estuviese 
fortificando en algiin paraje de esta costa, desde 
donde salir a robar. 

Precisisimamente mando aprestar cuarenta 
hombres y, en interin, dio aviso al Virrey de la 
Nueva Espaiia, siendolo el Marques de Cadereyta, 
para que, siendo asi, se pudiese repeler, ya por 
tierra y ya por mar, antes que mayores certifica- 
ciones pudiera hacer; juntos, pues, los cuarenta 
soldados, muy bien armados y prevenidos de bas- 
timentos, y p61vora y municiones en cantidad, co- 
mo quien iba a pelear con enemigo aventajado, 
con muy excelente caballada, dio la Jornada al 
Sargento Mayor Jacinto Garcia de Sepulve- 
da, con la instruccion siguiente: que saliese con 
la compania hasta llegar a la mar y reconociese 
atentisimamente los designios del enemigo; que, 
ante todas cosas, se guardase del enemigo casero, 
no le enganasen, como gente barbara que es, 
obligado con dadivas del enemigo; de tal suerte, 
que, conalgun aviso anticipado, yacercadeadon- 
de se alojaba, le preocupase, en su alojamiento 6 
en algun paso estrecho, con algiin trozo de in- 
fanteria suelta; que, hallado, procurase recono- 
cer las fuerzas que tenia y que vasos, y diese, 



153 

sin hacer mucho empeno, aviso de todo al punto^ 
6 se volviese, dejando bien reconocidos los pues- 
tos y pasos. 

Salio, lunes diez y seis de agosto, con buen or- 
den, con algunosindios amigos, para lenguas; y 
a cuatro dias de su salida, llego a aquella villa 
razon de que los tenian cercados infinite numero 
de barbaros de aquella comarca, que era hacia 
los camalucanos. Acrecento el cuidado al Go- 
bernador esta nueva, por ser forzoso enviar so- 
corro y no poderse juntar con la brevedad que 
el caso requeria, por estar las poblaciones dis- 
tantes unas de otras; despacho (a) unos indios 
amigos y fieles a saber el estado en que estaban; 
trujeron razon deque el rio que se llama de los 
Camalucanos iba crecido y, no pudiendolo pa- 
sar, subieron quince leguas arriba a vadearle, y 
este fue el aviso que, mal entendidos de los in- 
dios, por verles volver, dio que pensar. Prosi- 
guieron su viaje con menos noticia cada vez del 
enemigo que buscaban, y habian andado mas de 
treinta leguas cuando el tiempo empezo a escu- 
recerse con unas neblinas bajas y dias pardos, no 
dando lugar a ver el sol ni las estrellas: acciden- 
te ordinario en aquellas costas, en aquel tiempo; 
y como la tierra es liana, sin serranias por donde 
guiarse, marcharon tres jornadassinhallaragua, 
paste ni gente, cosa que les puso en confusi6n. 
Estas debieron ser largas, en poco distrito, por- 
que, con la obscuridad, careciendo de aguja, da- 
rian veinte singladuras, de que no hay duda, 
pues si llevaran siempre un rumbo, cayeran a la 
costa 6 dieran en el rio Bravo. 

Hallandose en tal empeno, y que ni habia in- 
dios, ni de quien temar razon, consulto el Sar- 
gente Mayor a los companeros; resolvi6 volver- 
se, como lo hizo, y a menos de la Jornada y me- 

10 



154 

dia que habian andado, sin agua, dieron en un 
gran gentio de barbaros, con qiiienes f ue forzoso 
pelear para poder pasar. Cogieron (a) dos vivos, 
que era la pretension (sic), y el uno de ellos, des- 
pues de hurtadas sus flechas y quebrado el arco 
con que se defendia, saco de la manijera (sic) un 
cuchillo de pedernal, de una cuarta, y con el tira- 
ba a diestro y a siniestro punaladas, no dejando- 
se amarrar, Despues de cogidos, les preguntaron 
para qu^ se habian juntado tantosindios de gue- 
rra; respondieron que, coocio los vieron ir a pe- 
recer de sed, los seguian con mucho gusto para 
gozar de los despojos despues que los viesen 
muertos. Trujeronlos aCerralvo;el Gobernador 
los hizo vestir y regalar, dandoles a entender no 
habian ido los espanoles por hacerles dano; los 
despacho con despacho, con escolta, cinco leguas. 
Despues Uego nueva que los habian muerto an- 
tes de llegar. a su tierra, por desnudarlos; mas 
que eso se puede creer de esta tirana gente. 

Este fin tuvo elcuidado y confusion en quetal 
novedad tuvo a toda la Nueva Espaiia. Pocos 
dias despues se supo en este Reino la arribada de 
D. Carlos de Ibarra a la Veracruz, de que se in- 
firio haber reconocido naos de eneoaigos por es- 
tas costas, y vistolos los naturales y a la gente 
de ellas, corriendo de mano en mano a los ladi- 
nos, y estos, como gente facil y mentirosa, ven- 
dieron por verdad lo que a los mismos espanoles 
oian en las conferencias y discursos que hacian 
de la venida de los extranjeros a ellas. 



155 



CAPITULO X 

Del alzamiento de los alazapas, su okigen, y 
mueetes de hombkes que han hecho los in- 
dios, algunos dias antes y despues. 



San Pablo dice ^ que la raiz de todos los mas 
(sic por males) es la codicia, y, como dice el Ecle- 
siastico, - ella ciega las gentes y hace hacer co- 
sas torpes y detestables, divide los reinos y muda 
los seriorios, como acontecio a Roboan, que, 
por agravar mas los pechos, rentas y tributos a 
sus sdbditos, le negaron la obediencia, quedan- 
dose, de doce partes del Reino, con la una, y no 
por sus mereci(mi)entos, sino por los de David, 
su abuelo; la misma f ue causa de que Achab, Rey 
de Israel, perdiese la vi(c)toria y la vidapor em- 
prender guerra injusta para ganar una ciudad sin 
tener derecho a ella;^ en el mismolibro se cuen- 
ta^ que por la que tuvo Jezabel, su mujer, para 
quitar a Nabot la vina, quiso Dios su muertefue- 
ra como la injusta vida, y que, si moria en la ciu- 
dad, la comiesen perros, como subcedio a vista 
detodo el pueblo.^ Esta se haextendido en todos 
los hombres, de tal suerte, que, en este siglo des- 
dichado, quienno la tiene, piensa que no vive, y 
todos con ella acaban miserablemente. 

Dejo de contar infinitos casos acaecidos, asi en el 
Viejo comoenelNuevoOrbe,por no alargar(me) 

1 Pablo, 1. 

2 Eclesilstico, 10. 

3 3 Rev, 12. 

4 3 Rev, 22. 

5 3 Rey, 21. 



156 

mucho en este capitulo; y asi, digo que a manos 
de esta gente barbara han muerto algunos espa- 
noles, llevados de la mucha que tienen eii atraer 
indios a su servicio, y es tanta, que aunque lo co- 
men por el pie [como dicen], la insaciable codicia 
de llegar gente y aprovecharse del poco servicio 
que de ellos tienen, mas por ostentacion y vani- 
dad de decir que son duenos de una gran ranche- 
ria, siendo la mas gente de ella ajena, affre(ga)da 
de otras y atraida de algiin indio suyo, haciendo- 
los de la nacion que mas a cuento les esta: cosa 
irremediable, por el poco conocimiento que los 
jueces tienen en ello, y si hay alguno, no lo pue- 
den remediar, respecto de ser todos comprendi- 
dos, y quedara malquisto y aborrecido y no sa- 
liera con su intento, que tal esta esta peste infer- 
nal y la f acil condicion de los indios en seguir lo 
que los amos, con dos varas de sayal y un poco de 
tabaco, les dice(n), y no lo que la razon y justi- 
cia, causando a muchos pobres quiza mas dano 
que a ellos se les sigue provecho, y de que algun 
dia se lespediraestrechacuenta, como se la pidio 
Dios al rico avariento en favor de Lazaro, men- 
digo.^ 

Llevado, pues, de esta insaciable sed, el Capi- 
tan Andres de Araona, el ano de treinta y siete, 
salio de la villa de Cerralvo, con orden bastante 
para Uamar (a)sugente; cogiola, y puesta en co 
Hera, cuando pudo venir gustoso a su casa, exce- 
diendo la que le habian dado, dio orden de pasar 
a una rancheria nueva y que no le pertenecia. 
En ella hallo el premio que se saca de semejante 
vicio,muriendo miserablemente a sus manos, el y 
un hijo suyo; el de un flechazo por debajo del 
brazo, que le dio su mismo Capitan, llamado Ju- 
lian, que tenia a su lado [tanta es la confianza que 

1 Lucas, 16. 



157 

de semejante gente se puede tener]; hicieron con 
ellos notables crueldades yle sacaron los dientes; 
escaparonse dos mestizos, buy en do, y la gente 
presa se f ue a su tierra. No dudo moririan como 
cristianos, pues tuvieron tiempo paraarrepentir- 
se, dandoselo(s) Dios, como Padre de Misericor- 
dia, cumpliendo lo que dijo por Ezequieh^no 
quiero la muerte del pecador, sino que se con- 
vierta y viva, entendiendo la vida eterna. 

Pasado este caso, para (sic por parecia) que el 
Reino (se) sosegaba de sus trabajos, hallando una 
apacible quietud, con que todos los (sic por la) 
tenian, durmiendo en sus casas; los caminos te- 
nian seguridad; y el demonio, perturbador de la 
paz, la quebranto por medio de unos alazapas ve- 
querellos (sic por vaquerillos) de la hacienda de 
San Francisco y demas jurisdiccion de Monterrey, 
insistiendo matasen (a) un indizuelo pastor oto- 
mi; hicieronlo asi, ydesnudandolo. Apocosdias, 
mataron a un negro pastor, junto al salitre de 
Dieguillo, degollandolo con su propio cuchillo. 
Despues de ese negro, mataron (a) otro pastor del 
Capitan Hernando de Mendiola. Haciendose ca- 
da dia estos danos, ignorabase quien los hacia, 
hasta que Dios Nuestro Senor los descubrio, por 
cases no pensados, que, como dijo el Espiritu San- 
to: no ha de haber cosa que no se descubra, por 
ocultaque sea.^ Lo fue esto a la justicia, quecas- 
tigo a los delicuentes, ahorcandolos, de que se 
siguio, el ano de cuarenta, que, irritados los pa- 
rientes, hicieron un alzamiento que dio harto cui- 
dado, gastoy tiempo para el castigoyredu(c)ci6n, 
hecho(s) por el Sargento Mayor Jacinto Garcia 
deSepiilvedaen Juan Alonso, indio alazapa, cabe- 
za unicade aquel alzamiento y otros muchos par- 

1 Ezequiel, 33. 

2 Matheo, 10. 



158 

ciales, en que consumieron mucha cantidad de 
bueyes, vacas y caballada sin niimero. 

En el discurso de este alzamiento, por entender 
los indios que el Capitan Hernando de Mendiola 
era parte para que liubieran ahorcado (a) los in- 
dios, dieron en su casa, que esta cerca de su tierra 
y sola, estando el ausente de ella, a la oracion; 
pegaron f uego a las puertas, y anduvo tan varo- 
nil Antonia de Palacios, entenada suya, doncella, 
que con una asta, a un lado de la puerta, desba- 
rataba la lumbre y echaba fuera la materia que 
ponian; basto a noquemarla. En el aposento mis- 
mo, estaba un tio suyo llamado Cancio, que se 
turbo, y por una ventana le dieron dos flechazos, 
dejandolo sin animo, cortado — v^ergtienza feme- 
nil — , hasta que ilego el mismo Capitan Hernando 
de Mendiola y un mulato suyo, que, como vie- 
ron lo que pasaba, embistieron a la casa, dando 
gritos; flecharon al mulato, depeligro, yaltiem- 
po que el Capitan, con los liltimos tercios de la 
espada, degollo (a)unindio, llego unaflecha, que, 
entrando por encima de la f rente, le salio detras 
de la oreja derecha; fue la herida mortal, ydetal 
suerte, que, habiendo repelido al enemigo, se 
desangro tanto, perdiendo de todo punto el vi- 
gor, que tardo mucho tiempo en recobrarlo. En 
esta casa se hizo la plaza dearmas para el castigo. 

De alii a dos anos, dentro de la mina de San 
Gregorio, mataron los indios a un mancebo por- 
tugaes llamado Pacheco, metiendole una vara por 
el cuerpo, no mas de porque les mandaba; fue 
dia de Corpus: muerte merecida, pues de su vo- 
luntad, y sin que nadie se lo mandase, los hizo 
trabajar semejante dia y dejo de ir al pueblo a 
oir misa y ver con sus ojos corporales el Pan de 
Vida, cuya ausencia que le dio muerte, hicieron 
los indios, y se ban cogiendo (sic por cogidu) a 



159 

tiempo y ahorcando (sic por ahorcado). Yelano 
antes, mataron (a) un indio pastor, en Garrapa- 
ta, sin causa; ahorcaronse tres de los delincuen- 
tes; hoy hay vivos otros, A otro indio pastor 
machucaron la cabeza con una piedra, junto al 
arroyo de los Alamos; jamas seha podido averi- 
guar los culpados; dejaronle desnudo. En el Sa- 
litre Grande, mataron (a) otro indio pastor; tam- 
poco se averig'uo quien, mas que, por sospechas, 
los aguatas; dieronle, una noche, dos flechazos. 
A no ser socorrido otro otomite pastor, de un mu- 
chacho que asomoa caballo por una loma y tuvo 
alientos de enderezar hacia alia, con el capote al 
brazo, lo acaban seis indios de ahogar a un ar- 
bol, donde le estaban dando garrote; temieron 
mas gente y huyeron, dejandolo sin sentido y una 
senal en el pescuezo, hasta que se muera. El ano 
de cuarenta y siete, mataron en el Pilon (a) un 
negro pastor, habiendo antes y despues hecho 
muchos danos a su ganado; fueron castigando a 
los delincuentes, a quienes se les quitaron, de lo 
alto de la sierra del Pilon, las ovejas que habian 
Uevado. A mediado (de) cuaresma, el mismo ano, 
mataron, junto a las Salinas, los indios, a un man- 
cebo llamado fulano Barba, de hasta diez y seis 
anos; por indicios y presunciones se prendieron 
unos indios; confesaron en el tormento, hacien- 
dose reos; fueron ahorcados tres ladinos sin cul- 
pa; despues se descubrio (a) los que la tenian, y 
los ahorcaron. 

En todo este tiempo no dejaron de hurtar mu- 
chos atajos de ovejas, manadas de yeguas y otros 
generos de ganado, y desnudar a cuantos topa- 
ban, descarnados: uso envejecido en ellos, que, si 
no es con la muerte, no se les acabara con otra 
cosa. 



160 

CAPITULO XI 
Del tercer viajb a la Huaxteca. 



El ano de cuarenta y cinco, visto, el antece- 
deate, la tierra algo sosegada y que prometia 
tranquila paz, para efectuar lo que tanto se de- 
seaba, que era la comunicacion de este Reinocon 
la Provincia de la Huaxteca y puerto de Tampico, 
se sirvio el Gobernador darme la orden paraella, 
proveyendo abastecidamente lo necesario de bas- 
timentos, polvora, municiones, armas y caballa- 
da, con todo lo demas que se requeria para se- 
mejante viaje; sealistaronveintey cinco soldados, 
sin la gente de servicio y arrieros. Sali de esta 
villa a cuatro de enero, yendo por Capellan el 
P. Martin Abad de Uria, Cura y Vicario de la 
villa de Cerralvo; llevamos treinta mulas carga- 
das de harina para muestra de la que en este Rei- 
no se daba, dos mil pesos en plata y reales, du- 
cientos y cincuenta caballos de arnaas; iba por 
Alferez Joseph de la Garza y por Sargento An- 
dres de Charles. Seguimos la derrota al Sur, y 
por tres jornadas llegamos a Tamaulipa en diez 
y seis dias, sin haber habido mas averia que ma- 
tarnos (a) dos caballos y herir (a) otros dos, los 
indios que llaman janambres: doce leguas de Ta- 
maulipa, en el Estero, salieronnos al camino a 
impedir el paso. A las nueve del dia, llegamos 
a Tamaulipa; recibieronnos el Padre Fr. Pedro 
Coronado, Guardian de aquel convento, y el Go- 
bernador y Alcaldes, con muestras de regocijo, 
festejandonos lo mejor que pudieron. 



161 

De alii le avise al Alcalde Mayor de Tampico, 
pidiendole licencia para entrar alia con los com- 
paneros a tratar losefectos a que iba, y para que 
con mas f acilidad se dispusiese el empleo que ca- 
da uno queria hacer de lo que llevaba; diola el 
Almirante Geronimo de San Miguel, que en 
aquellaocasionadministraba aqueloficio; recibi6- 
nos con mucha alegria, no siendo menor la de 
todo el pueblo, mostrando en los semblantes la 
que tenia, en los ofrecimientos los deseos, en las 
palabras el corazon, en las obras la magnanimi- 
dad, y en los convites los animos. Por ser forzoso 
ir unos companeros a la sierra y aguardarlos, nos 
detuvimos un mes, todo el cual f ue de agasajos 
y convites que nos hicieron, mostrando los mas 
pequenos con sus pocas f uerzas mas de lo que po- 
dian, jubilosos de la comunicacion y trato, que a 
losocho dias estaba establecido, enquese hiciera 
cada afioun viaje de aqui alia a tiempo senalado, 
y para ese vendrian los mercaderes y algunos ve- 
cinoscon los generos de aquella tierra a cambiar 
por plata, reales, harina. plomo 6 lo que de los 
f rutos de esta tierra les hiciese al proposito, y se 
Yolverian por San Luis, en interin que se hacia 
poblacion en el camino, para reformarse y ha- 
cerlo por ahi; que se hiciera una poblacion en 
el rio de Palmas, para lo cual nos habiamos de 
juntar en su barra, a tres de mayo del mismo 
aiio, saliendo ellos de Tampico, por la costa, por 
mar y tierra, y nosotros de la tierra adentro, a 
ver el puesto mas a proposito a la dicha pobla- 
cion, de que hicimos los unos y los otros es- 
crito. 

Juntos los companeros y ajustado todo lo que 
arriba se refiere, despache a pasar la barra (a) la 
compauia, con cuarenta cargas de pescado cama- 
ron, ropa, vino, vinagre, aceite y otras cosasque 



162 

cada uno traia para su menester, deteniendome 
el Alcalde Mayor basta por la manana, otro dia; 
y estando ya para salir en proseeucion de mi via- 
je, llegaron cartas del Guardian, Gobernador y 
Alcaldes de Tamaulipa al Alcalde Mayor, pidien- 
dole socorro, porque los indios cbichimecos ba- 
bian dado en el pueblo de los mauhabes, dos le- 
guas de Tamaulipa, visita de aquel convento, Jo 
habian saqueado y muerto (a) dos indios, el una 
principal, y que cada noche cercaban y daban 
alarido al de Tamaulipa, y que estaban en pun- 
to dedespoblarlo.Confusoquedoel Alcalde Mayor 
de un caso tan repentino como aquel, y que pe- 
dia breve remedio; llamome, habiendo consulta- 
do a los vecinos del pueblo, ymepidio que, pues 
tenia armas suficientes, de las cuales carecia el, 
si queria hacer aquel castigo, que todo lo que 
f uera menester del pueblo y gente saldria a mi 
orden. Condescendi a ello, lo uno por ser causa 
pia y convenir, lo otro por ser con gusto suyo, 
por lo que tocaba a la jurisdiccion de la Nueva 
Espana, y tambien por no perder la que yo po- 
dia tener por la parte de este Reino. Habiendose 
los indios huido a los montes, de comiin consen- 
timiento de ambos, salieron del pueblo cuatro 
soldados con el Capitan Joseph de Morales, y 
BartolomedePayta, caudillo de Tamaulipa, yse- 
senta y dos cbichimecos asistentes en Tampico; 
niarchamos adonde las guias nos llevaban, y por 
las espias y lenguas de ser losdelincuentes (sic), 
dimos en la rancheria una madrugada; ahorca- 
ronse trece; las mujeres y hijos, por no sacarlos 
de su naturaleza, se repartieron entre los veci- 
nos del pueblo por seis aiios, para que en este tiem- 
po los doctrinaran, y cumplido, los pusiesen en su 
Jibertad. Llegamos a Tamaulipa, donde nos re- 



163 

cibieron los indios con los brazos abiertos, por eY 
socorro dado. 

Pasamos a este Reino, y los janambres dichos 
intentaron atajarnos y, flechando en unas ang'os- 
turas, qaisieron que volvieramos atras; mas hi- 
zose una emboscada en que se malo uno, y ellos 
huyeron y no salieron mas. Llegados a este Rei- 
no y a la presencia del Gobernador, nos recibio 
gustoso, y enterado en todo, mando aprestar la 
Jornada al rio de Palmas, dandome orden para 
salir, a veinte y dos de abril, al puesto seiialado. 
Estando ya todo dispuesto, tres di(as) antes del 
propuesto, llego orden de Cerralvo para que ce- 
sase en la Jornada, y despues supe venia para 
prenderme, nue^a que recibi gustoso por serlo 
de mi superior, sin alteracion por ser pension del 
que gobierna el tener emulos, triste por dejar la 
Jornada que con tantagentequedo aplazada, cui- 
dadoso porque se perdia, con la ocasion [quetar- 
de se habia de volver a cobrar], la pacificacion de 
mucha parte del Reino y quiza extenderse el San- 
to Evangelio, hallando mas facilidad en la gente 
de aquella comarca; pero en esta vida, como no 
hay cosa estable, y mas cuando estan de por me- 
dio las asechanzas del demonio para estorbar la 
propagacion de nuestrasanta fe, el busca raedios 
para hacerlo, como subcedio, cogiendo a la mu- 
jer de Pilatos por instrumento para estorbar la 
muerte de Cristo, por Ics frutos que de ella se 
seguian y dano a el, que ya antes v(e)ia. Juzgan- 
dose afligido, mediante alsanto bautismo que re- 
cibieran los indios de aquella tierra, segun lo del 
Profeta Rey, ' que dice: en el agua y(a) afligiste 
las cabezas de los dragones, esta bestia fiera, to- 
mando por instrumento a un hombre que, en la 
ocasion que sali a la Jornada, llego a este Reino- 

1 Psalmo, 73. 



164 

descarriado, tan embustero como artificioso, lue- 
go que me aparte de la presencia del Goberna- 
dor, comenzo el a brotar veneno de sus entranas, 
pagando, con testimonies que of recio probar, los 
beneficios que le hice en ida, estada y vuelta, sa- 
candolo del cuerpo de guardia y haciendolo mi 
camarada, usando con el y con los demas la her- 
mandad que era justo, yendo por tantas leguas, 
por entre barbaros, como dice el Eclesiastico, ^ 
que de tres cosas que le agradaban y daban gus- 
to, era una la concordia entre los hermanos, en 
cuyo lugar los tenia; habiendole cogido flaco con 
la ambici6n de que le dieran la compaSia y la 
Jornada, juzgandose sin meritos dignos de ella, co- 
mo les subcedi6 a los miserables de Corbe, Datan 
y Abiron, imputando a Moises ya Aaron tenian 
usurpado el sacerdocio que ellos merecian,- que 
como el autor de estos enredos ha sido uno siem- 
pre, viven siempre sus astucias. El Gobernador, 
como juez recto, tuvo por buen acuerdo la sus- 
pension de la Jornada y a mi del oficio, hastaave- 
riguar lo que me calumniaban, porque, casoque 
fuera cierto hubiera yo incurrido en alguno de 
los propuestos, era ocasionar mi total perdicion, 
€ insolencia, dejandome con la mano y fuerzas 
que tenia. Siguiose mi causa, y como mis inten- 
tos fueron buenos, nobstante(sic)que hubieseal- 
gunos defectos que juzgo no faltarian, no fueron 
bastantes a estorbar mi buen despacho, mandan- 
dome volvera mis ocupaciones, habiendo muchos 
mas dignos y que con mas justo titulo lo mere- 
cian. 



1 Eclesiastico, 25. 

2 JiJumeros., 16. 



165 



CAPITULO XII 

De algunos alzamtbntos generales y parti- 
cdlares que han intentado desde el ano 
de treinta y siete hasta el de cuarenta y 

SIETE. 

Luego que el indio Julian traidoramente mato 
a su compadre, vicio que jamas ha faltado en el 
mundo, como se lee en el cuarto de los Reyes, de 
Hazael, que ahogo (a) su Rey en la cama cuando 
mas confianza del tenia, y otros ejemplos que dejo 
de traer, como no sabia el modo ni el hecho, co- 
mo despues, mostrando sentimiento llego a la 
presencia del Gobernador, desde donde, estando 
regalado y acariciado, trato de poner asechanzas 
y convocar gentes a un alzamiento general, que 
iba cundiendo por muchas leguas, y dispuesto 
con tal secreto, que aun se queria ejecutar y no 
se habia imaginado, Citaron dia para hacer el 
ultimo mitote y ejecutar su mal intento, que era 
dar de repente en Cerralvo, y luego, antes que 
tuvieran aviso, a las demas poblaciones, llevan- 
dolo todo a f uego y sangre. Pidio licencia para ir a 
bailar asu tierra, carne y tabaco, que con liberal 
mano [como acostumbraba] le dio el Goberna- 
dor; fuese, y comonopuede el hombre, sin lavo- 
luntad de Dios, tenercumplimientodesus deseos, 
fueservidoqueunaindia, que erasabidora de todo 
y estaba en la cocina, dijo a las negras: Julian se 
va, no volvera mas, si no es a dar en el pueblo y 
matar (a) toda la gente. Dijeronlo al Goberna- 
dor, que con diligencia y disimulacion increible, 
dispuso el traerlo al pueblo, por engano, antes 



166 

•de hacer el baile; en el tormento confeso toda su 
trama que habia, y complices; castigose el y otros, 
con que se desbarataron todos los designios, por 
falta de caudillo y consejo, como sucedio a Absa- 
l6n, faltandole su consejero Architophel, con que 
quedo sosegada la tierra ujq tanto. 

Pasado ese, f ue el de los alazapas, dicho en el 
capitulo septimo. 

Tramabase despues otro entre los cuepanos, 
cauripanes y otras muchas naciones, pretendien- 
do dar en Cerralvo y en esta villa, que se atajo 
-en los principios con los castigos que envio a ha- 
cer el Gobernador con dos companias, una a mi 
cargo y otra al del Capitan Gregorio Fernandez; 
ahorcose en Cerralvo a un indio ladino cuepano, 
queeraelcabezadel alzamiento:avisaba de loque 
habia. 

Otros muchos ha habido particulares, que ha(n) 
obligado a poner remedio breve, en que ha sido 
tan provido el Gobernador, que a gran costa su- 
ya, consume de armas y caballos, polvora y mu- 
niciones, no hay ano que no eche siete 6 ocho ve- 
ces una compania a campaiia, y a veces dos; y es 
esta gente tan indomita, 6, por mejor decir, bar- 
bara, que ni temen el castigo, ni desean el sosie- 
go, porque, como viven en perpetua inquietud, 
aborrecen todo aquello que se aparta de ella, ha- 
ciendose, cuando mas ladinos, mas feroces, resa- 
bidos y bellacos: cosa lastimosa y de admiracion, 
pero posible, que con vertantos castigos, tantos 
muertos, tantos ahorcados, mas deseosos estan de 
hacer danos, que puedo (sic) como testigo de vis- 
ta, y que (he) averiguado como juez, mas de ocho 
anos, los latrocinios, insultos, robos y bellaque- 
rias que la gente de esta jurisdiccion han he- 
cho; oido y visto algunos de los que en las de- 
mas, que vale un ano con otro al pie de tres mil 



167 

pesos, y a veces mas, y lo mas de ello en esta ju- 
risdiccion, sin las vidas que tan. tiranicamente 
quitan, que no tenian precio; y siendo un Reino 
de tan poca gente y cortas haciendas, es grande 
la cantidad y imposible poder conservar, ni lo 
hubiera hecho, a no tener Dios, cuya causa es la 
quese defiende, dispuesto las cosas de modo que, 
en tiempos mas apretados, S. M. del Rey D. Fe- 
lipe IV, Nuestro Senor [que Dios guarde muchos 
anos], para la columna de la fe catolica, tuviese 
puesto una persona como la de D. Martin de Za- 
vala, dignisimo Gobernador de mayores reinos, 
pu8s este es poco vaso para tan gran caudal, quien 
ha gastado en servicio de su Dios y de su Rey 
mas de quinientos mil pesos en oro y plata, te- 
niendo en mas la conservacion de la plaza que le 
€sta encomendada [en que hapasado trabajos sin 
niimero, necesidades sin cuento, hambres sin me- 
dida, sobresaltos y motines, mas que otro Go- 
bernador en el mundo], que su quietud y gusto, 
pudiendo, como hombre, ser con algun honesto 
modo, renunciar el gobierno de tanta cortedad 
a los principles, cuando, por el dinero 6 por sus 
meritos, podia alcanzar una garnacha en queejer- 
<3itar su mucha capacidad, siendo con ella, reve- 
renciado del mundo. Y era rio de mucha hacien- 
da; quiso mas gastar la que tenia y la (que la) in- 
dustria le daba, en la propagacion del Santo Evan- 
gelio, a que puso extrema diligencia, acudiendo 
puntualmente con sus estipendios a los religiosos 
de sus poblaciones, veinte y tres aiios; 6 ya al- 
gunas de las necesidades que se les han of recido, 
repartiendo, luego que entro, doscientas rejas 
entre los labradores, de que estaban faltos, semi- 
lias toda la vida, bastimentos, cuando hay nece- 
sidad y se los piden, y de ordinario, a los vecinos 
de Cerralvo. Y lo que mas es persecuciones que 



168 

lia padecido, de emulos que cada dia lehan sali- 
do, y algunos tan grandes, que lehubieran puesto 
en cuidado, a no vivir como havivido, como fue 
D. Inigo de Argiiello, Fiscal en lo Civil en la 
Chancilleria de Mexico, teniendo tratos secretes 
con alg-unas personas de este Keino, que habian 
recibido del susodicho algunas mercedes [y sa- 
biendolo, lo ha disimulado con suma sagacidad]^ 
y escribiendo al Real Consejo para que le priva- 
ran del Gobierno, como si en esto se hiciese al- 
giin servicio a S. M., ni los tales fueran para 
tanta ocupacion, sin la atencion que se debia te- 
ner corao Ministro de S. M., a que, desde el pun- 
to que entro a el, se relevo de tanta costa sin 
provecho, teniendolo en tantos aumentos, cocao 
se ban seguido en poblaciones, tratos y contra- 
tos, debiendo fomentar tantos servicios, disua- 
diendo a los que mordazmente quisieran deponer 
de un hombre que, sin seguirsele naas interes que 
el servicio de ambas majestades, estaba gastan- 
do tan pr6digaE[iente su hacienda, consumiendo 
su vida en un misero rincon, entre gente barba- 
ra, quien la paso en su juventud, en los florenti- 
sinaos reinos de la Europa, y en su ninez en la 
Acaderaiade Salanaanca; pension triste y calami- 
tosa del gobierno virtuoso, que jamas ha faltado 
en tiempos mas sencillos que los de hoy, y mas 
faltando en las Cortes un valedor, que, como di jo 
el otro [es mas necesario el favor del amigo que el 
agua]. Callo en decir lo que se y siento en las 
partes de este Principe, porque, con su modes- 
tia, no gustara las repita, dejandolo a otra mas 
limada pluma en la prosecucion de estos dis- 
cursos. 



169 



OAPITULO XIII 
Del alzamiento del ano de cuarenta y ocho, y 

ULTIMO DE LOS DE ESTA RELACi6n Y EL MAYOR. 



Gozaba el Reino una paz tranquila, si bien no es- 
table, teniendo tanta maquina (sic) de gente dentro 
de el, tan barbara, como en diferentes ocasiones 
digo, que simuladamente hacian algunos robos, 
que parecian de poca importancia, en todo este 
Reino. A quince de enero, siguiendo su mal na- 
tural, sin causa ni ocasion, mas que por desnu- 
darlo, mataron los indios, en Garrapatas, (a) un 
pastor llamado Juan Diaz Mellado, durmiendo 
en su cama; llegaron sin ser sentidos y se leecha- 
ron encima y ahogaron, desnudaronle y le tiraron 
dos flechazos, Muerto, diose aviso; hizose la di- 
ligencia;fueron sietelosdelincuentes; ahorcaron- 
se tres; los demas se escaparon, juntandose con 
los icauras, vecinos a esta villa, parciales suyos 
y de su lenguaje, de pesimas costumbres y que 
jamas ban estado buenos. 

Estos, por no trabajar, se juntaron con los 
ayancuaras y inqueros, todos de una comarca, 
lenguaje y costumbres; siguiendo estos la que te- 
nian, empezaron ahacer mas a lo claro los hurtos 
de ovejas, carneros, yeguas y otros ganados; hi- 
cieron un mitote en las aldas de la sierra de Pa- 
pagayos, en el puesto del almacen. Supieronse 
sus designios; salio, a mediada cuaresma, el Ca- 
pitan Juan de la Garza, con orden del General 
Juan de Zavala, Teniente de Gobernador y Ca- 
pitan General de este Reino; dio al amanecer, el 



170 

diadelmitote, enla rancheria; ellos habian salido 
a hacerlo, un tiro de arcabuz f uera de ella, con que 
sintieron los soldados y ganaron la sierra. Co- 
gieronse algunas indias y muchachos; el(los) su- 
bian, diciendo 6 los soldados mil oprobios y que, 
si hasta aquel punto no habian hechomal, quede 
alii adelante lo harian y matarian (a) los hoinbres 
y se llevarian (a) las mujeres, y otras cosas que 
se ban ido experioaentando, como se veraeneste 
discurso. 

Volvieron con la presa a San Francisco, y el 
dia siguiente salieron los indios por el rastro, y 
viviendo (sic por viendo) se encaminaba a la tal 
estancia, revolvieron aquella noche por Santa 
Cruz hacia esta villa, y al amanecer toparon una 
manadade ovejasque guardaba un negro, y como 
venian resueltos a hacer los danos que pudieran, 
lo mataron y desnudaron; pasaron al ejido y sa- 
lieron a una de cabras. donde habian dormido 
tres hombres y un muchacho (a) caballo y otro 
indizuelo pastor de ellas. Como no habiasubcedi- 
do en la vida atrevimiento igual, de dia, y mas 
habiendo hombres en el ganado, no se recelaron, 
si bien subieron a caballo; los indios se comenza- 
ron a recatar, Enviaron al muchacho que avisa- 
ra; tras el se vinieron los dos; el tercero, aunque 
tenia cota y chimal y arcabuz, como era solo, los 
indios lo empezaron a cercar; el se retire al trote 
largo; el pastor de a pie, tras el; alcanzaronlo, y 
dieronle siete flechazos, que muri6 al instante. 
Pasaron a una majada de carneros que estaba me- 
dia legua a un lado, y desnudando (a) un pastor- 
cillo que estaba en ella, le dieron ocho flechazos, 
que por cualquiera resollaba; llevaron (a) un atajo 
de carneros 

Al aviso que me dieron, sali con cuatrocompa- 
iieros y mas los pastores, que ya el tercero habia 



171 

llegado, y a mas correr, ignorando las muertes, lle- 
gamos a las cabras; no iiallamos al pastor; topa- 
mos al de los carneros casi muerto, que dijo se los 
llevaban; seguimos el alcance y en los monies 
los alcanzamos con la vista, a distancia lai-ga, que, 
como DOS vieron, largaron la ropa y carne, y me- 
tieron por los bosquesde laPesqueriaGrande,que 
son tremendos. Volvimos (a) setecientos carneros 
y habian muerto (a) cincuenta: crueldad ejecutada 
de semejante gente, que no conoce a Dios, y que 
causo a todos los pastores un terror, que cada 
indio que veian, les parecia la muerte, ejecutando 
con ellos su golpe. Buscose al pastor de las ca- 
bras y (a) el negro de las ovejas, y enterraronse 
con el de los carneros, que murio aquella noche. 
Di aviso al General; mandome salir a su casti- 
go; hicelo, Martes Santo, y como en aquel tiempo, 
cuando aquel Gran Caudillo, Cristo, Nuestro 
Bien, estaba en la conquista del mundo, dispo- 
niendo todas las cosas para bien del hombre y 
que el mundo gozase dela pazy tranquilidadque 
con Santo Evangelio enseiiaba se habia de gozar, 
no falto un Judas, ^ que, comiendo con el en el 
plato, y recibiendo tantos beneficios, f ue a los fa- 
I'iseos y les dijo: quid vuJtis mihi dare, etc., que 
me quereis dar y os entregare al Maestro, al 
que trae la paz del mundo, que tanto vosotros 
aborreceis, como gente inquieta, y ofreciendole 
treinta dineros — iniquidad detestable, — le entre- 
go; asi tambien entre nosotros hubo otro, que con 
embustes simulados, por medio de dos indios, les 
aviso de la salida, ocasionando con eso la perdicion 
de todo el Reino, de tanta hacienda y vidas como 
se ban seguido despues, convirtiendo en unague- 
rra dudosa, que tal es la quetiene infestado todo 
el Reino; levantandose de una pequena centella 

1 Mathco, 25. 



172 

un gran f uego, que si Dios, con su misericordia, 
no ayuda su causa, no se que fin se le ha de se- 
guir. 

Con el aviso se dividieron los indios en atajos 
y, con la seguridad que tenian, vinieron, Sabado 
Santo, a media noche, a los ejidos de esta villa; 
cogieron a un negro de su majada, que, amarra- 
do,le llevaron hasta el rio, una legua arriba de la 
villa, y alii le dieron dos flechazos, machucaron 
la cabeza entre unas piedras y, arrastrandolo, lo 
echaron, atado de pies y manos, en el rio. Pa- 
saroa a la vaqueria de Juan Mendez Tovar, que, 
por ser tal tiempo, estaba la gente recogida en la 
villa; llegaron de golpe, flecharon el jacal, ma- 
taron (a) dos indios chichimecos que los guarda- 
ban; dejarontodoelcamino por donde iban, lleno 
de bestias muertas. Toparon un indizuelo mio 
que me Uevaba cartas y otras cosas, en unos co- 
jinillos, al real; quitaronle el caballo ensillado y 
todo lo que llevaba, hiriendolo a el en la mano, 
con que capeaba las flechas, deteniendose en ellas 
y el sombrero, si no lo mataran: gan6 un monte, 
en que se estuvo hasta que lo topamos. 

Con la disposicion que los indios hicieron, no 
se pudo en la Jornada hacer mas efecto que co- 
ger (a) nueve delincuentes, que se ahorcaron, y 
(a) algunas indias y muchachos: corta satisfac- 
cion a tan graves daiios. Hicieronse muchas sa- 
lidas, prendiose (a) un indio ayancuara, que ofre- 
cio, porque le dieran (a) la mujer, entregar (a) los 
otros; largose, regalado; hizo como quien mira 
mas por su nacion que algunos de mas entendi- 
miento. 



173 

CAPITULO XIV 
Prosigue la Materia del pasado. 



A los fines de mayo, habiendo yo salido a una 
Jornada, cuando se huyo el indio que arriba !;iigo 
ofrecio entregarla rancheria, supe, de otro, mas 
de veinte leguas de la villa, que querian los In- 
dies dar en ella; despache (a) dos companeros 
con orden de que ref orzaran las velas, y unos pas- 
tores que estaban junto a la villa con tres mana- 
das de carneros, tres espanoles y cinco pastores 
de a pie, que durmieran todos en la majada de 
en medio, velandose con armas que les habia yo 
dejado y cotas. Avisaronles, y de alii a cuatro 
noches, estando el mayordomo ausente, los tres 
espanoles hicieron poco caso del aviso; acosta- 
ronse desnudos, las armas tiradas, las cotas y 
chimales debajo de la cabecera. Llegaron los In- 
dies a la majada y empezaron a flechar, hirieron 
a dos espanoles: al uno de dos heridas: una en el 
pecho y otra en las nalgas; al otro en el hombro, 
que les obligo a huir a pie, desamparandolo to- 
do; los pastores hicieron lo mismo. Llevaron los 
indios el hato, mataron (a) una mula y sefueron, 
Sanaron ellos, escarmentando en sus cabezas lo 
que no quisieron en las ajenas. 

Ocho dias antes que mataran (a) los tres in- 
dios pastores en el ejido de esta villa los compa- 
neros de los indios que mataron, el ano pasado, al 
negro, en el Pilon, y hirieron a otro por arriba 
de la rabadilla, que estuvo para morir, llevando- 
se cantidad de atajos de ganado, a cuyo castigo se 



174 

preveniacuandosucedieron las muertes que pidie- 
ron mas eficaz y breve remedio, en veinte y cuatro 
de abril, al ejemplo de los alzados que tantos da- 
nos hacian, y valiendose de aquel adagio que a no 
revuelto, ganancia de Pescadores, como a media 
legua de la villa abajo y dos tiros de arcabuz del 
real (a) que el dia antes habiamos Uegado, los in- 
dios ladinos del Sargento Diego Perez, obrajero, 
criados en ella, mataron entre tres a un ranchero, 
indio otimote, pastor, orillas del rio, cogiendolo 
a mano y con su mismo terciado le dieron una pu- 
fialada, cortaron una oreja y las narices y ma- 
chucaronle la cabeza con unas piedras y lo eclia- 
ron en el rio. Hizose la diligencia, viuose en de- 
manda de los agresores, ahorcaronse los tres; 
confesaron que lo habian muerto, porque les ha- 
llo matando una ternera y lo convidaron, comio 
y venfase, y porque no los descubriera, lo alcan- 
zaron, y, como conocidos, losdejo llegar tancer- 
ca, que lo cogieron a mano. 

Llamabanse de paz, a este tiempo, (a) los alza- 
dos, con veinte mensajes cada dia, y por ver si 
la daban, aunque no dejaban de hurtar, salio el 
General Juan de Zavala, dueSo de algunos de ellos, 
con algunos companeros; anduvo ocho dias en sus 
mensajes con algunos indios amigos, y al segun- 
do que alii estaba, enf rente de la sierra, salieron 
los indios de la rancheria y vinieron al pueblo 
de Tlaxcala, y alas dos de la noche, al salir dela 
luna, nueve de junio, dieron en una casa, pegan- 
dole fuego; mataron (a) cuatro personas: un tlax- 
calteco, su mujer, un hijo de siete anos y un en- 
tenado de el, de diez y seis anos; Uevaronse (a) 
una muchacha de diez anos, la ropa que pudie- 
ron, un arcabuz, una silla; tiraban por el camino 
por donde iban, las imagenes, y una virgen de 
bulto, por desnudarla, hacian pedazos. La gente 



175 

de las otras casas gano el monte y asi escaparon. 
Previnelos muchos dias y muchas veces de que 
tuviesen las mujeres en la villa hasta sosegar la 
tierra y ellos fuesen y viniesen y se velasen y 
recorriesen la tierra, para lo cnal les di armas; 
(a) las mujeres UevaroD, tres dias antes, sin darme 
party del suceso, y dicen que siempre se velaban y 
amarraban bestia en (cada)casa, como yo se lo(s) 
decia, y que esa noche, por flojera,6 voluntad de 
Dios, que dispone las cosas como ve que convienen 
a su santo servicio, porque dice el Sabio en los 
Proverbios:^ que el hombre dispone las vias y 
Dios es el que las dirige, no lo hicieron, echan- 
dose a dormir a sueno suelto. A pie y por muy 
gran rodeo, me dieron aviso; como estaba preve- 
nido de bestias, sali con tres compaSeros sin fru- 
to, porque ellos no estuvieron un cuarto de hora 
y el aviso no tardo tres largas. Llegamos alia, 
todo estaba en silencio, el fuego iba en los fines; 
fue fuerza aguardar el dia para recoger gente, 
ver los muertos, seguir el rastro que se hizo, y, 
no pudiendo alcanzarlos y perdido el rastro, vol- 
vimos. Retire la gente a la villa y di aviso al su- 
perior. 

Lunes siguiente, al salir de la luna, que era al 
amanecer, llegaron a donde el General estaba, y 
con alarido empezaron a flechar, que se vieron 
en algiin aprieto por estar a pie; hirieron a un 
companero en una pantorrilla; fueronse al ama- 
necer. Y mirando como flacos los castigos que 
Dios nos da, de hambres y guerras, tomamos por 
muy acertado consejo, como ignorantes de sus 
juicios, acaecer unospornuestrospecados, echan- 
dolo cada uno a los suyos, como yo, flaco y mi- 
serable, puedo tener entendido es por los mios 
todo lo subcedido, y as] lo confieso piiblicamente, 

1 Proverbios, lO. 



176 

pidiendo perdon a Dios, de quien me ha de venir 
todo el auxilio, como dijo el Salmista/ para mi 
verdadera contricion y arrepentimiento. 



CAPITULO XV 

Vase prosiguiendo la materia del pasado. 



A los fines de junio, ^loriosos los indios de los 
sucesos qne habian tenido, fueron conv^ocando 
mas gen te, ycomo ladinos y que tienen tanta co- 
modidad de ganado vacuno, alzado, con que ha- 
cer convites, no se descuidaban en ello ni en correr 
la tierra de noche, procurando hacer el mal que 
pudieran; llegaron enf rente de mi casa, una no- 
che, y vista la prevencion que habia, se llevaron 
las bestias, que a las diez de la noche se pasaron 
a la otra banda del rio. 

A principios de julio, llegaron a una estancia 
que f ue hacienda de minas en el real de las Sali- 
nas, llamada el Chipm, que, dejando atras todas 
las otras, fueron a la mas desprevenida, en que 
estabasola una mujer. Da. Juliana de las Casas, 
con su gente de cocina, y con la seguridad que 
estaba de ser la gente de diferente territorio y la 
casa mas lejana a los alzados, y tantas haciendas 
con tanta gente en tres, no fue mucho juzgarse 
estar bien guardada; mas si Dios no guarda la 
ciudad, en vano vela el que la guarda.- Estando 
la buena seiiora ya dentro para acostarse, dieron 
los indios en la casa, pegando fuego al jacal que 
estaba encima de ella; al ruido, cogio un chimal 

1 Psalmos, 120. 
'1 Psalmos, 12 



17Y 

y un machete, abrio la puerta para que la gente 
se guareciera; fue en ocasion que esta a ella (sic) 
una India y dos muchachos, ella con nueve fle- 
chazos y el uno con otros, de que murio; el otro 
muchachoestabaguareciendo(se)entre la India y 
la puerta, con que no hubo lugar de herirle. Lie- 
go un indio y cogiole un brazo, Da. Juliana le 
cogio el otro, y forcejando, venciera al indio, a 
no darle Dios valor, como al principio tuvo; dan- 
dole al indio un machetazo en la cabeza 6 rostro, 
le forzoso (sic por forzo) a soltar (a) el muchacho. 
Ellos, visto no poder hacer mas, se f ueron, temien- 
do el socorro que estaba cerca. La India sano de las 
penetrantes heridas; el un muchacho murio; el 
otro amanecio ensangrentado, muestra de la heri- 
da que llevo el indio. Heroica hazana de mujer, y 
digna de contarse entre aquellas matronas anti- 
guas, que tanto celebra la fama, quizas con me- 
nos ocasion. 

Un dia, despues de este suceso, se llevaron de 
€sa otra banda del rio de esta villa, caballadas 
acabadas de sacar del corral y pasarlas (sic) una 
manada de yeguas mansas de rienda: de treinta 
y cinco que tenia, sin las crias, dejaron una, en 
que venia(n), flechada y muerta. Avisaronme bre- 
ve; salimos; por el rastro alcanzamoslos, seis 6 
siete leguas de la villa, y dos antes de la Puerta, 
en el cajon del rio de la Pesqueria, columbraro- 
nos de lejos; ganaron el monte; quitamos las bes- 
tias, la silla que a mi muchacho le habian quita- 
do, un frasquillo de polvora, un capote y unos 
cojinillos, de lo que quitaron a los carreros la 
noche que los hirieron. 

En casa de Juan Martin de Lerma, dos noches 
antes, abrieron el corral que estaba junto a la 
casa, por la parte de atras, y le llevaron las ye- 
guas y bueyes que estaban encerradas; algunos 



178 

flecharon. Salieron al alcance por la manana; vol- 
vieronlos. 

Ea ese tiempo se juntaba lagente para salir al 
castigo, y todo el Reino, viendo estaba en confu- 
sion, viendo que en donde mas seguridad habia, 
alii, cuando no pensaban, daban los indios, di6 
orden el Gobernadoral Sargen to Mayor para que 
con una compania saliese de San Gregorio, y al 
Capitan Juan de la Garza por otra parte, con 
otra. Este salio, y en una emboscada que hizo, 
de indios amigos, cogieron (a) un enemigo que a 
caballo salia a explorar la tierra; mataronlo los 
indios, y fueronse al real; contaronlo; por satis- 
facer, se fueron a ver el muerto, y a ese tiempo 
vieron salir del monte de la Pesqueria (a) un indio 
blanquiando (sic) a caballo. Salieronle al encuen- 
tro; diole un companero dosestocadas; ibase, co- 
mo si no tuviera mal ninguno; llego el Alferez, 
y a boca de caiion le dio un pelotazo, de queca.yo. 
Los indios estaban cerca, en el monte; al tronido, 
se huyeron. que, a cogerlo vivo, sehaceun buen 
acierto. El Sargento Mayor, despues que hizo un 
castigo en la gente de abajo de Cerralvo, que lo& 
inf estaban por aquel lado, bajo a la punta; y en- 
viando a buscar la rancheria, los que lo fueron 
a hacer, con el temor, no llegaron tan cerca, que, 
aunque vieron las lumbres, distinguieron bien 
su propio puesto; dijeron ya la sabian y tenlan 
espiada. Fueron a dar el albazo; cercaron un ma- 
torral, un tiro de arcabuz mas bajo que la ran- 
cheria. Sintieron los indios; subieronse a la sie- 
rra arriba, echando sus acostumbradas roncas, 
caso irremediable y que no se pueden prevenir 
los lances cuando se han de seguir los pareceres 
dequienguia, que, siendonaturales y todos unos^ 
no siempre dicen lo que hay para que se dispon- 
ga lo que conviene. No tuvieron estas dos com- 



179 

panias, en estos alzados, mas efecto que el refe- 
rido. 

Volvieronse por no poder ser menos, porque 
son ladinos y avisados, y hasta mejor ocasion, a 
veinte y uno de agosto, vino un muchacho chi- 
chimeco a decir que de esa otra banda estaban los 
indios; a las nueve del dia salieron dos compane- 
ros, y avise a la villa. No los vimos, si no f ue el 
rastro, y como hay tantos naontesy tan espesos, 
le perdimos, porque se cernieron. Habian, segun 
parecio, estado dispuestos adaren mi casa, pues 
llegaron a los sabinos del rio y estuvieron toda 
la noche, como lo demostraban las huellas; co- 
rrimos todo aquello; reforzamos las velas, asi 
en mi casa, que esta cuatro tiros de arcabuz de 
la villa como en la misma villa. Valio tanto es- 
to, que por la maSana me avisaron habia mu- 
cho rastro de esa otra parte del rio, en la villa;; 
salimos a ver y hallamos que donde se despa- 
recio el dia antes, en medio del coraz6n del 
monte, que a caballo no se podia entrar, habian 
estado aquel dia y noche; y como no pudieron 
hacer lance en mi casa, intentaron el siguien- 
te en la villa, saliendo del escondidijo, segun el 
rastro, mas de cien indios; cogieron todo el rio 
y , no hallando descuido en la villa, se f ueron, de- 
jando sus vestigios para aviso de que se vivia 
alerta. Fueron rio arriba, corniendose en el mon- 
te, con que no se pudieron seguir, ni fuera ra- 
zon, por hacerlo, dejar la villa a peligro. Avise 
a la justicia a Monterrey, para que no cogiera(n) 
alguna estancia a descuido. 

En (este) estado estan las cosas, metidasen una 
cruel guerra, hoy, veinte y seis de agosto, y co- 
mo no es gente que no aguarda en la campana, 
no hay f uerzas humanas, sin disposicion divina, 
que los venza(n), porque por los montes tienen; 



180 

sus comidas, la ropa no les estorba, cuanto lopan 
matan, no hay rio crecido que les ataje, quince y 
^einte leguas andan en un dia; las sierras, montes 
_y barrancas es (sic por son) para ellos mejor, que 
los llanos para los espanoles; tienen de costumbre 
andar uno odos detrasde la compaiiia, siempre, 
siendo como estos, ladinos, con que van mas se- 
guros y avisan la derecera que Uevan; un cuarto 
de legua de donde ban de dormir, suelen liacer 
la lumbre, y dejan algiin paloardiendo, para di- 
vertir. Quiera Su Divina Majestad reducirlos al 
gremio de su Iglesia, dandoles la luz de su gra- 
cia, para que cesen en tantos insultos como 
hacen. 

Concluire estos discursos, dandome Dios vida, 
cuando se haga en este alzamiento, que me hoi- 
gara dar un alegre dejo, cuando no f uera mas 
que por la gran parte que, de bien 6 mal, mecabe 
en la breve redu(c)ci6nde estos barbaros feroces. 



CAPITULO XVI 

Prosigue los subcesos de este alzamiento. 



Con la desvergiienza que los indios andaban, 
partidos en dif erentes escuadras, estaban los espa- 
noles muj^ cortos, porque los que tenian por 
mas amigos, esos eran los que menos seguridad 
prometian, y ese (sic por se) tenia por mas seguro 
encerrar las caballadas, dando tiempo, que salir 
(a) la campana; y eso no basto para que, a veinte 
y nueve de agosto, no abriesen el corral del Ca- 
pitan Bias de la Garza; sacaronunamanadadeye- 
guas, dejando dentro muertas (a)algunas; las de- 



181 

mas fueron matando hasta el rio de Ramos; yfue- 
providencia de Dios que no vieran un jacal donde 
durmian unos vaquerillos, que ni hubo perro que 
ladrase. Asi este (sic por Asiete) de septiembre, 
llevaron dos manadas de yeguas de Cerralvo, de- 
jando muertas (a) dos en que venian. Estos danos 
eran tan continues, que se hiciera un gran volu- 
men si todo se hubiera de referir. Bastara(n) los de 
alguna calidad, como fue el que a veinte y seis 
de marzo del ano de cuarenta y nueve, hicieron 
los icauras y ayancuaras, matando a unos indios 
incueros de Juan Martin de Lerma, en el Rincon 
de Garrapatas; estandoen su rancheria, I'evaron 
(a) dos, vivos, amarrados, para matar en sus mi- 
totes, y uno llego a mi casa, que dio aviso, atra- 
vesado por la barriga de un flechazo. 

Pasaron, pues, los danos de menor cuantiaque 
los indios hacian, en que, vispera de Navidad, 
dieron en una manada de ovejas, en el ejido de 
esta villa; mataron (a) un espanol, hirieron (a) un 
indio; los demas pastores huyeron, y ellos se lle- 
varon toda la ropa. Causo, sobre los danos recibi- 
dos, tanta alteracion, que oblige a todos los pas- 
tores, de su espontanea voluntad, (a) buscar sol- 
dados que les hicieran escolta, y con eso pudieron 
asegurarse algun tanto; mas no lo que bastaba 
para defenderse de gente tan vigilante en sus mal- 
dades. Tenia, finalmente, la hacienda de D, Agus- 
tin de Trejo, dos soldados de escolta, con toda pre- 
vencion de armas. Durmieron, acuatro de marzo 
de mil y seiscientos y cincuenta anos, como tres 
leguas de esta villa; en ella estaba un indio pastor, a 
quien se agrego un chichimeco con su mujer, que 
iban de paso. Los soldados tiraron las armas. las 
cotas pusieron en las cabeceras, diciendo alii es- 
taban seguros, como en casa; a media noche oye- 
ron tres voces quedistintamente decian: alia va- 



182 

mos; levantaronse alterados, vistieronse, subie- 
ron a caballo, dieron una vuelta al ganado, y, no 
viendo a nadie, desensillaron y se desnudaron, 
en camisa, sin cuidar ni aun donde estaba la p61- 
vora. Los indios, que estaban a la mira, aparra- 
dos al suelo, atendiendo al descuido con que vivian, 
los dejaron dormir y f ueron de sobresalto, flechan- 
doal indio pastor que iba a dar la polvora; mata- 
ron luego; los espanoles se pusieron espalda con 
espalda, cerrados, y si estos estuvieran como de- 
bian, sin duda hicieran un valiente hecho; mas hi- 
rieron de muerte a Antonio de Aguilar, por la boca 
del estomago, que clavo la flecha en el espinazo, 
que no se pudo sacar; dijo al companero: huigamos 
(sic por huyamos), que estoy muerto, y con aque- 
llas ansias partio, y los indios, corao a fiera, tira- 
ban al bianco de la camisa. Diego de Trevino, vien- 
dose solo, dispar6 su arcabuz, y con el abrio ca- 
mino, derribando, segiin parecio por la manana, 
(a) dos delosenemigos, ysalio por aquella parte, 
recibiendo en el cuerpo siete flechazos mortales; 
no le siguieron; el se desmayo hasta que la ma- 
nana resf riaba, que, hecho un mo(n)struo, le topo 
un indio otomite de esta villa y lo trujo a caba- 
llo. Curaronlo, sano, y de las heridas murio, de 
alii a dos anos. Los enemigos llevaron toda la 
ropa y se fueron. El chichimeco y su mujer, 
mientras estaban enlafuga, arastrandose, se fue- 
ron escapando; llegaron a casa de su amo, que era 
D. Juan de Ziiniga, y dieron aviso de lo que pa- 
saba. Andaban a ese tiempo cuatro corapanias 
en campaiia: la del Capitan Francisco Ramirez, 
del Alf erez Tomas Garcia, del caudillo Diego de 
Solis, del Alferez Joseph de la Garza, Estos ul- 
timos, el dia antes del subceso referido, fueron 
juntos a laPuerta en demandade esta gente;em- 
boscaronse de dia, y salieron a caballo dos indios: 



183 

el llamado el Pinole y otro; salieronles, mataron 
al Pinole, al otro prendieron, y vinieron a la villa al 
tiempo que llego la nueva y el herido; salieron 
al punto a ver el rastro y seguir el alcance, y no 
pudieron ver mas que los bultos en la sierra de 
Papagayos. 



CAPITULO XVII 
Del fin del alzamiento de los icauras. 



Ya no bastaban razones al Gobernador y a sus 
ministros para persuadir a los vecinos continua- 
sen su vecindad: su patrimonio estaba consumido, 
la ferocidad de los barbaros se aumentaba; los 
requerimientos que les hacian, se alcanzaban 
los unos a losotros, no solode los particulares de 
Cerralvo, donde asistia, sino en general de los Pro- 
euradores de la ciudady villas, y aiin de algunos 
vecinos, por si el trajino se perdia; y ya casi sin 
respecto (sic por respeto)empezaban a salirse del 
Reino, lo cual sentia, como era justo; y haciendo 
el ultimo esfuerzo, dio a todos esperanzas de que 
S. M. le f avoreceria dandole algun pequeno soco- 
rro, aunquef uera temporal, de veinte soldados, do- 
ce con un Gapitan en la villa de Gerralvo, y oeho 
en esta villa de Gadereyta; municiones y algun 
dinero, a cuenta de setenta y tres mil pesos que 
se le deben de su sueldo, desde que entro a la 
€cupaci6n de este Reino, con que suspendieron 
el desamparo, mandando sacar los testimonios. 

Diome sus poderes muy cumplidos; fui a Me- 
xico, en tiempo que gobernaba la Real Audien- 
cia, a principios de agosto del ano de cuarenta 
y nueve; hice las propuestas, y con consulta del 



184 

Fiscal de S. M., mandaron sacar testimonio de 
los libros reales de Zacatecas, San Luis Potosi y 
de la ciudad de Mexico, en que const6 haber bas- 
tantes ef ectos procedidos del Reino para asistir a 
lo uno y a lo otro. Despues de once meses de 
detencion, salio decretado, de una junta general, 
ocurriese al Real Consejo: caso es este cierto, 
en que se agota el entendimiento, considerando 
la poca atencion que tienen estos senores a la 
conservacion de lo adquirido, con orden y por 
mandado de S. M., y que si una vez se vuelve a 
despoblar, es f orzoso mande S. M. abrirsus rea- 
les cajas para recobrar lo que se perdiere, y an- 
tes que se llegue a verse en el estado que hoy es- 
ta, se habian de consumir sus tesoros; y fuera 
lastima dejar apostatar tantas plantas reciencon- 
vertidas, remitiendo las cosas que piden breve y 
eficaz remedio, a partes tan remotas, solo a fin 
de dilatar los socorros: pestilencial costumbre de 
esta monarquia. 

Visto, pues, por el Gobernador el poco fruto 
que sacaba, hizo llamar (a) algunos de los indios 
alzados, y con aventajados partidos, los agasaj6 
y tiene en la villa de Cerralvo, donde ban lleva- 
do a los demas, con sus mujeres y hijos, a costa 
de mucha ropa y bastimento, por obligarles a 
que cesen en sus insultos. Efectuaron esta paz, 
el agosto del ano pasado de cincuenta, con que 
estan quietos ellos, y sus parciales, asegurados, 
y las muertes que liacian ban cesado; si bien da- 
fios en todo el Reino, no los ha dejado de haber, 
como una 6 dos companias en campana en la vi- 
lla de Cerralvo y en esta de Cadereyta, para re- 
frenar sus barbaros intentos. 



185 



CAPITULO XVIII Y ULTIMO DE ESTOS 
DISCURSOS. 

En que 8E cuentan algunos casos particu- 

LARES. 



Son algunos de los indios deesteReino deLeon 
de tan robusta naturaleza, que, demas de los que 
tengo dicho, me parecio conveniente poner algu- 
nas cosas (sic por algunos casos) que me han con- 
tado, verificandolo con muchos que yo he visto, 
que, demas de ser notables, daran admirable gus- 
to a los curiosos, 

Al castigo que el Capitan Crist6bal de Irurre- 
ta fue a hacer, de la muerte de Mateo Tenorio, 
dieron una lanzada a un indio, por las espaldas, 
que le salio un palmo de asta por los pechos, y 
como si no tuviese mal niDguno, paso un rio cau- 
daloso a nado y fue a su rancheria. Cuando el 
Gobernador fue a recibir la paz a la Pesqueria, 
el Capitan de los tepehuanes, Nacabaja, fue hu- 
yendo, y el Alf erez Real Juan de Tarango y otro 
compaSero salieron tras el; aquel le dio una lan- 
zada por las espaldas, que le salio al pecho una 
vara de asta; sac61a; visto estaba en pie el indio 
y queria ganar el monte, le dio el otro dos esto- 
cadas, que le atraveso por los costados, y el indio 
volvio con un semblante feroz, y soberbio dijo: 
ya, espanoles, habeis hecho lo que deseabais; ya 
bien podeis desencerrar vuestras caballadasy de- 
jarlas comer, y vivid seguros que yo era elcausa- 
dor de tantos males: cosa que, a no haber tantos 



186 

prasentes y el mismo Gobernador, parece que 
causara duda. 

Yendo yo, en una compania del Capitan Ber- 
nardo Garcia, a la rancheria de los comocauras, 
luego que nos vieronde lejos, se pusieron en ar- 
ma; hirieron al Capitan en un brazo, a un com- 
panero en una pierna; mataron (a) dos caballos; 
y vi que salio el Capitan y otro companero y un 
indio amigo, en campo abierto, tras un indio que 
partio a huir al monte. y antes de llegar le di6 
cada uno su estocada, por entre las espaldillas, 
que le salian las espadas a los pechos, y el indio 
amigo le tiroun flechazo que lo atraveso casi por 
las misraas partes. El enemigo revolvio, y con la 
macana le tiro tal golpe, que, a no repararconel 
arco y dar un brinco, lo matara; iba a segundar 
otra; le dio el companero un encuentro con los 
pechos del caballo, con que cayo. En esaocasion 
salieron otros dos companeros tras de otro, y, al 
irle alcanzando, volvio con tanta prest(ez)a, que 
al primero le di6 dos flechazos, uno en labarriga 
y otro en los pechos, y al segundo, uno en la ba- 
rriga; no dandoles lugar su velocidad a poderse 
adargar, dieronle de estocadas, y murio. A no ir 
con tan buenascotasy coletos, sin duda mata(a) 
dos buenos soldados y el queda sin lesi6n. 

El aiio de cuarenta y dos, f ui a hacer un casti- 
go a los cauripanes, y teniendolos cercados en su 
rancheria, que estaban en un bosque, salieron a 
campo raso, hirieron aun companero en una ma- 
no y aun caballo; vi que tiro un indio al Sargen- 
to un flechazo, el cual (Sargento), por encima 
de una mata, le tiro con el arcabuz, que lemetio 
un puno de municion por el costado izquierdo, y 
le salio al derecho, llevando consigo los bofes 
y los higados, y el indio qued6 entero y cruzo 
una flecha y le t'ue buscando el bianco, hasta que 



187 

llego un companero y lo encontro con el caballo, 
y se f ue a la mata gateando. De aqui sacamos (a) 
una India, en dias de parir, con una herida que le 
pasaba a {sic por de) las espaldas a la boca del es- 
tomago, y otra de flecha 6 bala; (la) vide sudar, 
que juzgue se moria. Hicela bautizar, animose, 
y llegamos al rio, y se echo de bruces y harto 
deagua, que le hizo echar muchos cuajarones de 
sangre; llego al pueblo y a los quince dias esta- 
ba sana y pario muy bien. 

El ano de cuarentay tres, en la comarca de San 
Gregorio, juntamos companias el Capitan Ber- 
nardo Garcia yyo; salimos a coger(a) los indios 
guajolotes y caujaguas, porhaber muertomucha 
cantidad de caballada y muerto, un tiro de arca- 
buz de la villa, (a) dos indias. Cogimos (a) un in- 
dio, que en un vacio tenia un abujero como una 
muneca y, por el, salido un pedazo de la panza, 
tamano como un puno y mayor, el cual estaba 
abujerado y por el salia aire y echaba las heces 
del cuerpo;el cerco de la herida con costra y co- 
mo cenido. Anduvo todo el dia al paso de los 
otros y durmio aquella noche como si no tuviera 
mal ninguno, y estaba gordo, que daba admira- 
ci6n. Habiale dado aquella herida una vaca, que 
acostumbraban (sic), y llevandoun atajo de vacas, 
encaminandolo a una cienega donde se atascaban, 
y alii las mataban; este iba a matar (a) una, y ella 
le metio el cuerno por el ijar y dejo como digo; 
poco menos habia de un mes que le habia subce- 
dido. 

En una labor que esta como un tiro de arca- 
buz de mi casa, el ano de cuarenta y cinco, un in- 
dio, de nacion macorajora, acabo de arar y vino 
al corral a desuncir; uno de los bueyes era bra- 
vo; quitole, inadvertido, todaslas vueltas; ibase 
a meter por las latas del corral; antes que pudie- 



188 

ra, llego el buey y le metio el cuerno por la ca- 
nal del pecho y levanto el costillar dereclio, de- 
jandole las entranas de fuera y moliendole los 
bofes. Llamaronme para que lo viera y, juzgan- 
do se moria, lo bautice. Cortaronle un pedazo de 
bofes y con zumo de lechuguilla le curaron, jun- 
tandole lo mejor que pudieron, y dentro de po- 
cos dias estuvo bueno y sano, hasta que de alii 
a dos aiios murio de viruelas. 

Otros muchos casos pudiera contar, que, por 
no cansar al lector, los omito, y con esto doy fe 
(sic por fin) por ahora a estos discursos, interin 
que, dandoDie Dios vida, los prosigo en los de- 
mas sucesos que fueren acaeciendo. 

Laus Deo Optimo, Maxiiiio. 

Alonso de Leon. 




(historia 

DEL 

NUEVO REINO DE LEON, 

DESBE 1650 HASTA 1690, 

POR 

rX AUTOR ANONIMO.) 




Al pio lkctor. 




ORQUE no queden sepul- 
tados en el sepulcro del 
olvido los singulares dis- 
cursos que hizo el Capi- 
tan Alonso de Leon [que 
en gloria sea], vecino 
que fue de la villa de 
Cadereyta, en el Nuevo 
Reino de Leon, que con su claro entendimien- 
to ydeseo de dejar a la posteridad memorias de 
su descubrimiento, losmotivos que para ello hu- 
bo, costumbres y naturaleza de los indios, sus ri- 
tos, y los sucesos que pasaron desde su descubri- 
miento hasta el aiio de mil y seiscientos y cuarenta 
y nueve, habiendole costado excesivo traba jo en el 
escutrineo (por escrutinio) de inquirir de perso- 
nas antiguas, que hallo en el, algunas noticias, y 
por papeles antiguos, que como curioso recogio, 
haciendo de todo un volumen de tres discursos, 
eon sus capitulos, obra cierto muy curiosa, la cual 



192 

dedico al Dr. D. Juan de Manozca, Inquisidor de 
la ciudad de Mexico, para que se imprimiese, 
que no tuvo efecto, aunque ignoro la causa, si 
Men lo atribuyo a que poco despues se le of recio 
al autor viaje a Espana, a negocios del Goberna- 
dor D. Martin de Zavala, con que se embarazaria 
la ejecucion: he querido proseguir dichosdiscur- 
sos desde el ano de seiscientos y cincuenta hasta 
el presente de ochenta y nueve, por el singular 
afecto que debi a dicho difunto, haciendo, como 
hace, relaci6n de los demas servicios, guerras y 
demas cosas que ban acaecido en dicho Reino. 

Bien reconozco cuanto trabajo y peligro es es- 
cribir historias en estos tiempos, por la incredu- 
lidad de algunos y por la censura de otros, que 
se precian de reprobar desvelos ajenos; pero aun 
bien que los que leyeren estos malos rasgos, aun- 
que, cuales otros zoilos, los reprueben, no me 
podran senalar con el dedo, porque soy autor in- 
cognito, y, faltandoles el conocimiento de mi per- 
sona, no tendran bianco en que asestar el tiro, 
como lo hizo el dichoso Zoilo, reprendiendo los 
escritos del Principe de los Poetas, Homero; asi 
lodice Carlos Esteban, en su «Vocabulario Histo- 
rico y Geografico,»de quien, omitiendo lo super- 
fluo, solo pongo estas palabras: quod Homerunn 
poetarum omnium, Principem lihris ad versum 
own scriptis ausus sed reprexendere. De aqui se 
origin© llamar zoilos a los que murmuraban obras 
ajenas; asi lo confirma Ovidio en estos versos: 
enxenio magni lucor detrectur Hoifteri quisquis 
es exsilo Zoile noriien habes. 

He querido, pues, mostrar alguna serial de agra- 
decimiento a quien tanto debi [que la muerte no 
extingue la obligacion que se contrajo en vida]; 
que, en fin, es parte de paga confesar la deuda 
cuando (hay) imposibilidad en la satisfaccion. 



193 

La mayor parte de los que componen historias, 
suelen proponer, antes de otra cosa, la materia 
de que han de tratar, la ocasion que les mueve y 
los argumentos con que prueban lo que han de 
escribir. Las dos primeras ya las he dicho; los 
argumentos no losnecesito, que con solo el titu- 
lo que le doy a la obra, que es Historia del Nue- 
vo Reino de Leon, basta. El estilo no sera levan- 
tado, por mi insuficiencia; los conceptos seran 
incultos, que los que habitan en paises remotos, 
suelen olvidarse del lenguaje politico de las cor- 
tes, aunque hayan aprendido en ellas. Sera forzo- 
so hacer, en esta Historia, relacion de algunos 
sujetos que se han sena(la)do en acciones heroi- 
cas; pero ira la relacion desnuda de adulacion, 
si vestida de la verdad, que esta siempre luce en 
todas ocasiones y a todos agrada; porque Veritas 
est ad quatior ei ad intelectian. Y de la benevo- 
lencia del lector espero perdonara todas las fal- 
tas. 





CAPITULO I 

De LA HiSTORIA DEL NUEVO ReINO DE Le6n, 
QUECOMIENZA DESDE EL ANO DE 1650 EN ADE 
LANTE. 




OS discursos que hizo el 
Capitan Alonso de Leon, 
del descubriraiento de es- 
te Nuevo Reino, estan tan 
llenos de erudicion, con- 
ceptos y de los demas 
requisites que necesita 
cualquiera historia, que reeonozco en mi corta 
suficiencia el atrevimiento mio en proseg'uirlos, 
faltandome en todo el Dnagisterio que se necesita 
en cosa de tanta importancia; pero me he alentado 
con solo las noticias que me asisten desde el fin 
del ano de mil seiscientos y cincuenta, de los sub- 
cesos que ban pasado. 



195 

No paso el autor [aunque vivio hasta el anode 
mil seiscientos y sesenta y uno] adelante del de 
seiscientos y cuarenta y nueve, por algunas cau- 
sas que le moverian, 6 por las que explico en el 
prologo; y yo tengo muy poco 6 nada que decir 
en el ano de cincuenta, asi por haber venido a 
esta Provincia a los fines de el, como por no ha- 
berse of recido cosa digna de memoria, como fue 
la del siguiente, de cincuenta y uno, que, ha- 
biendose alterado los indios que habitaban en la 
sierra de Papagayos y continuando, comosolian, 
sus acostumbrados robos de caballada, obligo al 
Gobernador D. Martin de Zavala, por medio de 
un indio llamado Francisco, de nacion tacuanama, 
(a) saber donde se rancheaban y quien los acau- 
dillaba en estos delitos; y este, como fiel y legal, 
y que los enemigos no tenian del sospecha, fue a 
la dicha sierra y se estuvo algun tiempo con ellos, 
aplaudiendoles sus designios, y enterado de los 
que tenian, que era hacer una gran junta y mi- 
tote a su usanza, en donde confieren todas sus 
malas intenciones contra los espanoles, fue a dar 
noticia de ello al Gobernador, quien residia de 
asiento en la villa de Cerralvo. De que dimano 
despachar orden al diclio Capitan Alonso de Leon, 
que era JusticiaMayor y Capitan a Guerra de la 
villa de Cadereyta, para que fuese con algunos 
soldados a reconocer la dicha junta y la desbara- 
tase, despachandole paraguiaaldicho indio Fran- 
cisco Tacuanama. Con cuyaorden, habiendojun- 
tado hasta diez y ocho soldados, con algunos in- 
dios amigos, salio, a mediado el mes de agosto, a 
esta f unci6n, caminando toda la noche a la dere- 
cera de la dicha sierra de Papagayos, que esta en 
distancia de siete leguas de la dicha villa; y, por 
haberse errado la vereda, fue forzoso atravesar 
un gran monte muy espeso, que todos los solda- 



196 

dos salieron hcchos pedazos de su ropa, y yo, que 
iba en esta compania, perdi una pistola de bronce 
muy buena, que se mecayo de la cintura, sin que 
la sintiese; y habiendo llegado, al amanecer, a las 
f aldas de la sierra, habiendo, a prima noche, des- 
pachadoa la guia para que, espiada la junta, nos 
saliese, en parte senalada, a encontrar y nos lie- 
vase a donde estaba, nos erro. 

Y fue aclarando el dia, al mismo tiempo que 
se nos aparecioungusquillo (sic por mizquillo, ^ 
que nos comenzo a ladrar; retirandose, lo segui- 
mos, y el se meti6 por una veredilla que iba a dar 
a la rancheria donde viviael indio cabeza de ban- 
do, Cabrito, y siguiendola, la divisamos dicha ran- 
cheria, cerca de una barranca, al pie de la sierra. 
Sintieronnos los indios y la desampararon, ga- 
nando la dicha sierra, y, aunque se dio cerco, se 
escaparon todos los varones y solo se cogieron (a) 
seis indias que procuraban escaparse entre las 
penas; y un soldado llamado Luis de Zuniga, ha- 
biendo divisado medio cuerpo de una de dichas 
indias, que se procuraba ocultar al pie de un pe- 
nasquillo, entendiendo ser indio, y por estar a 
tiro de arcabuz, le tir6, y dio la balaen el penas- 
co con tanto impetu, que recudio adonde yo es- 
taba, a poca distancia, que no f alto mucho no me 
diese en la frente. Los indios, que, a lo que pa- 
recio, no pasaban de siete a ocho, estando ya en 
esta sazon encumbrados a media sierra, donde no 
podian ser ofendidos de las balas, nos decian mil 
oprobios. 

Recogidas las indias, y por estar los ranchos 
apartados de donde estaban los indios, se us6 de 
un ardid por el Capitan para, si bajasen despues 
de habernos ido, coger (a) algunos, que fue me- 

1 Diminutivo de «cuzco,» mexicanismo, adjetivo con que se ca- 
lifica al perro alcucero.— 6'. G. 



197. 

ter dentro de cuatro ranches (a) cuatro horrbres 
con sus arcabuces y demas armas, y que en sus 
cabal los subiesen otros tantos indios de los que 
iban por amigos, porque el llevarlos de diestro 
pudiera ser divisarlos dichos indios; se ejecuto 
asi, y se f ue la compania, habiendo quedado es- 
ta emboscada. 

Como los indios vieron nuestra ida, y que es- 
tabamos ya en distancia de media legaa y que 
ibamos entrando en un monte, bajaron de la sie- 
rra a los ranchos, y, antes de entrar en ellos, los 
empezaron a flechar, naaliciando lo mismo que 
les subcedio. Salieron los soldados afuera, apre- 
tandoles las Haves de los arcabuces a un tiempo, 
y ninguno prendio fuego; flecho uno en una ma- 
no al Alf erez Andres de Charles, que f ue uno de 
los emboscados; alzo de nuevo el gatillo y dispa- 
ro y lo mato, y los demas huyeron. En esto [es- 
tando ya juntos los cuatro soldados con la com- 
pania], se aparecio el indio guia y dijo que no 
habia entendido bien, el dia antes, lo que se le ha- 
bia ordenado, por cuya causa se habia perdido 
el lance, y que a prima noche habia estado con 
los indios y que le habian dicho que, por causa 
de haberse muerto una india vieja, no se habian 
juntado los indios que habia convocado el Cabri- 
to, cuya mujer f ue una de las presas, de que pu- 
dieron resultar mayores danos de los que se es- 
peraban aquel ano. 



198 



CAPITULO II 
De c6mo el indio Cabrtto, CABEZA de bando, 

JUNt6 a DIEZ NACrONESDE TNDIOS Y ACOMET16 
A LA CASA DEL JUSTICIA MaYOR, CON LO DEMA8 
QUE SUBCEDI6. 

Como queda ref erido en el capitulo precedente, 
una de las prisioneras f ae la mujer del cabeza de 
bando, llamado Cabrito, la cual estaba presa en 
casa del Justicia Mayor, quieri, por neg^ociosque 
se le ofrecieroD, pas6 a la ciudad de Zacatecas, 
en cuya ausencia hizo fuga la contenida, y sin 
duda le dio razon a su marido (de) la forma en 
que estaba la casa, ydecomo estaba apartada de 
la villa, casi media legua, la poca gente que ha- 
bia para cualquiera defensa que se ofreciese a 
hacer, con todo lo demas que habia visto; con 
que este, como ofendido, y con el sequito que te- 
nia, y sabiendo que el Justicia Mayor estaba au- 
sente, convoco (a) diez rancherias de indios para 
venir a la venganza y acometer a la casa y, te- 
niendo, como esperaba, buen suceso, pasar a la 
villa a asolarla [que lo pudiera conseguir a su 
salvo, por la poca gente y defensa que eotonces 
tenia]; pero Dios, que consu infinita piedadper- 
mite que no se logren ni consigan los deprava- 
dos intentos de estos barbaros, permitio que, dos 
dias antes de este suceso, hubiese llegado de la 
ciudad de Zacatecas el dicho Justicia Mayor. Lie- 
go el dia de Santa Catilina, yen que se acostum- 
braba aquel dia hacer alarde, todos los anos, ma- 
nifestando las armas ofensivas y defensivas, asi 
los vecinos como los que vivian en estancia. Hi- 



199 

zose la acostumbrada resena por la tarde, y se 
f ue cada uno a su estancia y casa. 

Esdeponderar una cosaeneste suceso, de que 
de todos los que habian antecedido en este Kei- 
no, siempre precedieron algunas noticias, y solo 
^ste f ue de la calidad del rayo, cuyos efectos re- 
sultan todos a un tiempo, sin que se pueda pre- 
venir el dano. 

A la media noche, cuando estabamos entrega- 
dos en el mayor sueno, quiso Dios que s61o una 
buena mujer de la casa estuviese despiertayoye- 
se ruido en la rancheria de los indios agregados 
a ella, que estaba menosde un tiro de arcabuzde 
la casa, junto al rio, y reconocio que los indios 
se venian retirando, y de la otra banda del rio 
pareciohabia mucho movimiento en las ramasde 
los arboles y algdn rumor, aunque confuso; 
con lo cual paso a llamar a una ventana que co- 
rrespondia al aposento donde dormia el Justieia 
Mayor, a cuyos golpespregunto quien era, yella 
le dijo que se levantase, que estaba mucho nii- 
mero de indios cerca, que venian a acometer a la 
casa; y siendoasi queeldicho Justieia Mayor so- 
lia ser incredulo en algunas noticias queledaban, 
en esta anduvo tan vivo, que al instante se le- 
vanto y abrio la puerta. Al mismo tiempo, la 
buena mujer me llamo a mi, que vivia en un ja- 
cal que era morada de Joseph de Le6n, hermano 
del dicho Justieia Mayor, con mujer y hijos, 
hombre impedido, y al instante me levante en 
calzon bianco y cogi mis armas, y ya en este 
tiempo iban los enemigos poco a poco acercan- 
dose a la casa, dando grandes alaridos. 

Estando ya a caballo el dicho Justieia Mayor y 
un vecino llamado Antonio Cortinas, que, por el 
accidente de habersele huido unas indias, buscan- 
dolas, habia llegado a la casa, recogiose toda la 



200 

gente a la casa fuerte, que era de piedra, y los 
dos de a caballo, disparando sus arcabuces, iban 
deteniendo el cerco; y queriendo enviar el Justi- 
cia Mayor a Juan de Leon, su hi jo, el mayor, a 
dar aviso a la villa, que le viniesen a socorrer, 
mandandole subiese en un caballo, en pelo, que 
estaba amarrado [que la violencia de los indios 
nunca dieron (sic por dio) lugar a que se ensilla- 
se], lo repugnosu madre, temiendo no lo matasen, 
como pudiera suceder; por lo cual y no ser tiem- 
po de mostrar cobardia, subi yo a caballo, estan- 
do convaleciente de unaspestiferastercianasque 
me habian dejado en malisimo estado de flaque- 
za, y ya en este tiempo tiraban los indios muchos 
flechazos a los de a caballo y a las ventanas y puer- 
tas, con la claridad que les daba(n) las llamas de 
un jacal a quien habian pegado f uego. Puesto yo 
en pelo en el caballo, para que pudiera pasar sin 
riesgo, disparo el Justicia Mayor un arcabuzaso 
a los indios que habia cercanos del rumbo que 
habia de Uevar, con que, interin que ellos huye- 
ron de temor, pude pasar, y, ganando una lomita, 
me derribo el caballo, por lo cual paseapieadar 
aviso a la villa. Habiendo pasado ya a este tiem- 
po al socorro Luis de Zuniga y Juan Lopez, lle- 
gando al caso a terrainos, con la bateria que da- 
ban los indios con las flechas, que les f ue forzoso 
al dicho Justicia Mayor y Antonio Cortinas largar 
los caballos y acudir a la casa, y defenderse desde 
la puerta, teniendola entre abierta y cerrada, pa- 
ra poder disparar; y la mujer del dicho Justicia 
Mayor, insigne matrona, les estaba dando la pol- 
vora y balas, de que habia bastante provision; y 
sucedio que, al abrir algo la puerta, tiro un indio 
un flechazo a ella, que, a no dar primero con el 
bordo del pedernal en la puerta, sin duda hubiera 
atravesado a la susodicha; y no obstante que la 



201 

flecha se astillo algo, le dio en la garganta, que, 
aunque no f ue cosa de peligro, la lastimo. 

Finalmente, duraria el cerco como media hora; y 
llegando, como va referido, los dichos Luis de Zu- 
niga y Juan Lopez, arrebataron con tanto impetu, 
cada uno por su callej6n, que tenia la casa dos, (so- 
bre) los enemigos, que largaron el cerco, (y) ma- 
taron a uno que remanecio cerca de la casa; y el 
indio Cabrito, que llevaba cargado un colchon, 
alcanzandolo Juan Lopez en el rio, y habiendo 
largado dicho colch6n, le metio por las espaldas 
una espada ancha, que le atraveso, y al sacarla le 
abrio grande abertura en el vientre, que se le sa- 
lian las tripas, y con ellas en la mano f ue a dar a 
su tierra. Segiin sesupo despues, murio dentro de 
tercero dia, y por testamento que hizo, vocal, 
dejo encargado a sus companeros que, si querian 
veneer a los espanoles, les hurtasen todas las bes- 
tias, que, quitadas estas, los cogerian como po- 
lios: buen arrepentimiento para quien habia co- 
metido hurtos y homicidios y haber sido causa 
que otros los cometieran. 

Gracias a Dios, con haber sido tantos los ene- 
migos, no hubo mas dano en la casa que haber 
quemado algunos jacales que estaban cerca de la 
casa f uerte, con alguna ropa que se llevaron, de po- 
co valor. Al amanecer, se reconocio el rastro 
por donde habia venido el enemigo, que fue por 
la otra parte del rio, haciendo una gran vereda. 
Se recogieron mas de mil flechas en el patio y al- 
rededor de la casa, de las que aquella noche tira- 
ron. 

Se supo despues que, al pasar los indios el rio, 
un indio capitande la naci6n icaura les fue dando 
a cada unoun soplo en el corazon para infundirles 
valor: excusada ceremonia y que alii no le apro- 
vech6, pues se averigu6 que este fue el que que- 



202 

do muerto aquella noche, que Su Divina Majes- 
tad permitio quedase castigado en su propio de- 
lito. 

Al pasar Luis de Zuniga, cuando arrebato el 
trozo de enemigos por el callejon que va referido, 
le dieron un flechazo, que, a notopar enunacos- 
tilla, le atravesaran. Estuvo bien penoso toda la 
noche, por la copia de sangre que le salio; pero 
sano muy breve, adquiriendo el y el dicho Juan 
Lopez titulo de dos valientes soldados, por la 
osadia que tuvieron en acometer a seiscientos in- 
dios. 

Dio el Justicia Mayor noticia de este suceso 
al Gobernador, quien averiguo haberse hallado 
diez naciones de indios en esta refriega, mencio- 
nada cada una por su nombre, que lo vide por 
carta suya, y tambien se averiguo que indios que 
estaban en una hacienda de minas que tenia el 
General Juan de Zavala, en cercaniade laciudad 
de Monterrey, que esta siete leguas de la villa de 
Cadereyta, habiendolos visto a prima noche en 
dicha hacienda, se hallaron en el cerco y amane- 
cieron en dicha hacienda: para que se reconozca 
la agilidad de estos barbaros. 

Sucedio aquella noche un caso que di6 harto 
que discurrir al Justicia Mayor, que fue que, 
cuando iba(n) al socorro Juan Lopez y Luis 
de Zdniga, les salio al camino un indio llamado 
Jusepillo, de la encomienda del dicho Justicia Ma- 
yor, que por sus muchos delitos lo habia deste- 
rrado al real de minas de Zacatecas, habia mas 
de dos anos, diciendoles que (a) aquella hora ha- 
bia llegado, huido de dicha ciudad, y se fue con 
ellos hacia la casa a ayudarles; con que, acaba- 
do el cerco, se present© ante su amo, quien no tuvo 
poca sospecha de si se habia juntado con los ene- 
migos; pero el indio dio tal sa4ida a todo lo que 



203 

se le pregunto, y en cosas tan patentes, que por 
ultimo se supo su verdad y de como habia llega- 
do por por (sic) accidente aquella noche. 



CAPITULO III 

De o6mo el Gobernador D. MartIn de Zava- 
la, POR LA MUCHA ALTERACI6n DE LA TIERRA, 

LE obltg6 a pedir soldados al Sr. Virret 

PARA FUNDAR DOS PRESIDIOS. 



No por la muerte del cabeza de bando, llama- 
do Cabrito, cesaron losmoviraientos delosindios 
de este Reino, que sus depravadas costumbres 
les hicieron proseguir, el ano siguiente, de cin- 
cuenta y dos, en sus insultos, robando (a) pasto- 
res, matando (a) ovejas y bestias, asi en el valle 
del Pilon como enotras partes; que, hallandose el 
Gobernador ya menoscabado en su caudal, por 
haber tenido en la villa de Cerralvo (a) algunos 
soldados a su costa, asalariados, asi para salir a 
la campana cuando se of reciese, como para la guar- 
da de cuatrocientos caballos que tenia en la villa 
de Cerralvo para las f unciones de la guerra [doy 
fe, sin ser escribano, que los vide en el puesto 
que llaman la Canada Honda, en cercania de di- 
cha villa, tan buenos, que parece habian escogido 
cada uno de por si], le motive a hacer ciertas in- 
formaciones de las cosas de la guerra y el estado 
que tenia, y hizo despacho al Exmo, Sr. Conde 
de Alba, que gobernaba entonces la Nueva Es- 
pana, proponiendole la necesidad que tenia este 
Reino de que fuese servido, en nombredeS. M,, 
de conceder dos presidios: el uno de doce soldados 



204 

con un Capitan, para la villa de Cerralvo, y el 
otro, de ocho, con su Capitan, para la de Cade- 
reyta, por ser fronteras, y que se situase susuel 
do en la real caja de Zacatecas. Presentaronse 
las informaciones ante S. E., con los demas in 
formes que se le propusieron, y salio de resulta 
que se hiciesb junta de hacienda, y aunqiie hubo 
replicas, finalmente se concedieron por S. E. los 
dichos presidios, que permanecen hasta hoy, con 
cargo de que el dicho Gobernador trujese apro- 
bacion de S. M. dentro de cierto termino; y con 
esta condicion y los despachos del Sr. Yirrey, 
con mandamiento para oficiales reales de Zacate 
cas, levanto gente el GeneralJuan de Zavala, en 
dicha ciudad. El senalamiento del sueldo fue a 
cada Capitan setecientos y veinte y cinco pesos, 
y a cada soldado cuatrocientos y cincuenta, que 
se han continuado hasta hoy; que ha servido de 
mucho freno para los indios cercanos a estas fron- 
teras; yaunque, como va referido, se le concedio 
al Gobernador termino para traer aprobacion de 
S. M., por causa deque faltoflota en aquella oca- 
sion, le obligo a ocurrir al Exmo. Sr. Duque de 
Alburquerque, sucesor del Sr. Conde de Alba, a 
pedir dos anos mas de termino, de que S. E. man- 
d6 dar vista al Sr. Fiscal, y respondio que se le 
concediese uno, como consto de su mandamiento. 
Este ano, que fue el de seiscientos y cincuenta 
y tres, se resolvi6, habiendose antes consultado, 
el que se saliese de este Reino a descubrir el rio 
de Palmas, que entra en la mar del Norte, no por 
el provecho que de ello podia resultar a S. M., 
ni al Reino, sino por descubrir tierras y saber rum- 
bos, por lo que pudiera importar en lo de adelante; 
encuyaconformidad, el Gobernador diocomision 
al Capitan Alonso de Leon para que, con treinta 
hombres, saliese a este descubrimiento, y lo con- 



205 

siguio, a bien pocas jornadas, desde la villa de 
Cadereyta, pues a la ligera hay apenas cuatro 
jornadas, y de la boca del rio a Tampico, seis. 

Se propuso que, el mismo ano, se habia de hacer 
Jornada a Tampico, que no tuvo efecto; llevando 
en ella la mira el descubrir ciertos montones de 
reales que dicen los indios hay en la costa, de un 
gallon (sic por g^aleon) que se perdio en tiempo 
del Sr. Emperador Carlos V, en que no hay duda, 
como se dira a su tiempo en esta historia. 

Por lo que referia dicho Capitnn Alonso de 
Le6n, la tierra que atravesaron desde la villa 
de Cadereyta hasta el dicho rio, orillas de la mar, 
es muy fertil; el rio, abundantisimo de pescado; 
hay en el (sic) muchas naciones de indios muy do- 
mesticos: sin duda que no heredaron las malas cos- 
tumbres de sus antepasados, que mataron mucho 
numero de espanoles que iban a poblar aquellos 
paises. 

Y pues he llegado a este punto, atienda el lec- 
tor lo que dice el Dr. Francisco Lopez de Go- 
mara en su «Histori a General de las Indias,» en el 
capitulo cuarenta y siete, que lo traduje de len- 
gua italiana en castellana; dice asi: 

«Despuesde la muertede Juan Ponce deLeon, 
que descubrio la Florida, armo Francisco de Go- 
rraiz (sic por Garay) tres carabelas en Jamaica, 
anode 1518; fueala Florida; teniendola por isla, 
sait6 en tierra. Dieron en el los indios, mataronle 
(a) muchos espanoles. Fue a dar a Panuco y no 
lo dejaron poblar los indios, que son muy valien- 
tes. Le mataron en C(h)ila(a) algunos espanoles 
y se los comieron; con que se fue a Jamaica. 
Aderezo sus navios y volvio el ano de 1519, y le 
sucedio peor que la primera vez. Finalraente, fue 
a Espana; negocio la conquista de aquel pais, con 
titulo de Adelantado; salio de Espana con once 



206 

navios, el ano de 1523; metio en ellos mas de 700 
espanoles y ciento y cincuenta y cuatro caballos, 
muchas piezas de artilleria. Perdiose en Panuco, 
con todo su aparato; mataronle los indios (a) cua- 
trocientos espanoles. Panfilo de Narvaez sali6 de 
la barra de San Lacar, ano de 152Y, con titulo 
de Gobernador; vino a poblar el rio de Palmas 
con nueve navios y seiscientos espanoles y cien 
caballos, mucha provision y armas; no supieron 
el rumbo ni conocieron la tierra. Salto en ella 
Narvaez con trescientos companeros y casi todos 
los caballos, con poca provision; envio a buscar 
el rio de Palmas; buscandolo, se perdieron casi 
todos los hombres y caballos. » Hasta aqui Go- 
mara. 

Desta Historia tan verdadera se puede colegir 
de cuan intrepido natural f ueron los indios de la 
costa en el rio de Palmas y cuan domesticos se 
hallan hoy; sin duda se debe atribuir todo a la 
voluntad divina, porque quiza va Uegando el 
tiempo de su redu(c)ci6n. Quieralo asi Su Divina 
Majestad para la mayor exaltacion de su leyevan- 
gelica. 

Por lo que refirio dicho Capitan Alonso de 
Leon, esta la barra del dicho rio en veinte y 
cuatro grados y medio de altura de Norte, que 
es bien poca diferencia con la de esta ciudad, 
que esta en veinte y cuatro grados, segun hemos 
experimentado, aunque no con aquella puntuali- 
dad que se requiere, por falta de un buen astro- 
labio 6 cuadrante. 



207 



CAPITULO IV 

En que se van prosiguiendo los sucesos 
de adelante al ano de 53, 



No hubo cosa memorable el affo de seiscientos 
y cincuenta y cuatro, que sea digna de notar; 
pero el siguiente, de cincuenta y cinco, si, por 
la conmocion que hicieron algunos indios de los 
encomendados de este Reino, que vivian en el 
valle del Pilon y sus alrededores. Hay bastante 
materia para dilatarse en el presente capitulo, por- 
que, demas de los danos que estos comenzaron a 
cometer, en llevarse (a) alguna caballada, matar (a) 
ganado mayor y menor, con poco temor de Dios, 
una noche dieron en la vaqueria que tenia el Ca- 
pitan Alonso de Leon en el valle del Pil6n, dan- 
do cerco con mucho alarido a una casilla en que 
viviael mayordomo, llamado Miguel Angel, hora- 
bre de valor, que al instante salio con su arcabuz 
a la defensa, por si podia librar (a) su mujer y 
hijos; y apenas se habia asomado a la purrta, 
cuando de un flechazo lo mataron. Saquearon la 
casilla y llevaron (a) la mujer y hijos, y porque 
uno pequefio lloraba, lo estrellaron sobre una pie- 
dra. Entraron por la boca y puerto que llaman 
del Pilon Chico, con la presa de personas y cor- 
tas alhajas, y, caminando como cuatro a cinco 
leguas, se encaramaron en una sierra que estd a 
mano derecha, para estar seguros. 

Noticiado el Gobernador D. Martin de Zavala 
de esta mala nueva, mando formar una corapa- 
nia para que saliese a este castigo, la cual dio a 



208 

cargo del Capitan Gregorio Fernandez, Justicia 
Mayor del valle de las Salinas y vecino antiguo 
y de bastantes experiencias, sino que su desgra- 
cia fue causa de un mal suceso. Asento su real 
en el valle del Pilon, y desde alii comenzo a in- 
quirir noticias de los agresores, y sabiendo que 
se habian rancheado en la sierra referida, trato 
de arrojarse a subir a ella, siendo incontrastable 
el caso. Fue poco advertido, y, asi, tuvolos fines 
tragicos, si bien es verdad nunca entendio que 
los enemigostuviesen sitio tan fortificado. Dejan- 
do el real en el Pilon fue con los mas de los sol- 
dados y, caminando de noche, llegaron al pie de 
la sierra, y, dejando (a) los caballos asegurados con 
algunos companeros, los demas la comenzaron a 
subir a pie, en demanda de los agresores, que, 
sintiendo a los espanoles, se pusieron en defen- 
sa; y la que tenian, de una palizada y fortifica- 
cion que habian hecho, fue causa que los nuestros 
no les pudieran ofender y que ellos empezasen a 
rodar por la sierra tantas penas, que fue mila- 
gro de Dios no matarlos a todos, si bien peligra- 
ron tres, que f ueron Nicolas de Solis, Esteban 
de Lerma y Alonso de Charles, valerosos solda- 
dos y de fama y que en tal caso no pudieron va- 
lerse de su esf uerzo, porque los arrebataron las 
piedras grandes y penas que desgalgaban, que 
los hicieron pedazos; con que obligo a retirarse 
(a) los demas a donde habian quedado las bestias. 
Sucedio el caso, vispera del Sr. Santiago, y 
fue esto para esta compania, y favorable a uno 
de los soldados llamado Santiago de Trevifio, que, 
por escaparse de un penasco que venia rodando 
hacia donde el estaba, se amparo de una penade 
bien poca capacidad, y fue ])ios servido escapar 
la vida, y aunque los indios pasaron bien cerca 
de el, no le vieron. Oile contar que, cuando se 



209 

viJo escondiJo y eii tanto peligro, invoco por 
muchas (veces) al Apostol y le proiiieti6 de cele- 
brarle su fiesta todos los anos, si le libraba de 
aquel peligro, con que nuestro Patron, comotan 
f avorecedor de sus devotos, faeservido de librar- 
le del riesgo tan evidente; cumplio su promesa 
mientras viyio, en la celebridad de la fiesta que 
prometio, que son acciones de cristianos el en- 
comendarse en las aflicciones a los santos para 
que intercedan con Su Divina Majestad y alcan- 
cen su gracia. Dejo el dicho Santiago de Trevifio 
que anocheciera y bajo la sierra y cogio la vere- 
cla que se encaminaba hacia el real y llego el dia 
siguiente a las ocho, no con poco gozo de los de 
la coinpania, aunque acompanado del dolor de los 
tres que quedaban muertos. 

Prosigaieron estos indios y otros, el aiio si- 
guiente, de cincuenta y seis, en sus raalas cos- 
tuinbres, porque, estando poblado el puesto que 
Uaman de Labradores, que esta diez leguas de la 
boca del rio del Pilon Chico, camino del vallede 
Pablillo, estaba un vecino llamado Nicolas Vas- 
quez, hombre de harto valor, con mujer y hijos; 
tenia agregados algunos indios a una laborcilla 
que cultivaba, y entre ellos habia algunos de los 
comprendidos en las muertesquehabianhechode 
lossoldados, y estando en todo sosiego ayudando 
al cultivo de la labor y alzando una cosechilla de 
maiz con ellos, viendo que estaba solo, le acooae- 
tieron y le mataron y se llevaron a su mujer y 
hijos, sinpodersereraediar, por estar tan distante 
el socorro, pues el que pudieran tener del valle 
del Pil6n, estaba diez leguas, y de Pablillo, cinco. 
Saliendose esta mala y perversa canalla a su sal- 
vo con estos y semejantes delitos, cometiendolos 
con el seguro de ver que no babia quien los pu- 
diera resistir, subieronse a la sierra con la mujer 



210 

del difnntoyse junta ron con losquehabianmuer- 
to a Miguel Angel, quienes todavia tenian en su 
poder (a) la mujer y muchachos, con que les se- 
ria dealgiin consueloalasdos, por tener siquiera 
comunicacion y lanaentar sus traba jos, si consuelo 
puede haber estando en poder de tan barbara ca- 
nalla. 



CAPITULO V 

De c6mo con cierta astucia fueron castiga- 
dos los indi08 que hicieron las muertes de 

QUE (se) ha TRATADO EN EL CAPITULO PASADO. 



Suele Su Divina Majestad dilatar el castigo a 
los malos, por sus ocultos juicios, que asi hizo 
con los de Babilonia, suf riendoles tantos aSos sus 
delitos y pecados, y por ultimo les envio el de- 
bido y correspondiente castigo a ellos, con ham- 
bres, guerras, apremios y muertes, conao lo re- 
fieren las historias divinas y humanas; asi, con 
estos perversos indios, permitio Su Divina Ma- 
jestad llegase el tiempo que pagasen sus insultos. 

Habiendo reconocidoel GobernadorD. Martin 
de Zavala la imposibilidad que habia en prender- 
los, porloinaccesibledel puestodonde vivian, des- 
pach6 orden al Capitan Antonio Orpinel, que vi- 
via en una hacienda llamada Matehuala, que esta 
comocincuenta leguas de la ciudad de Monterrey, 
hacia el Sur, camino de la ciudad de Mexico, y 
mas aca, catorce leguas del real de las Charcas, 
cuya hacienda divide jurisdiccion de este Reino y 
dicho real, y el dicho Capitan Orpinel era Tenien- 
te de dicho Gobernador, hombre de muy buen 
entendimiento: para que viese si tenia forma, con 



211 

alguna mana y astucia, el poder, en la dicha ha- 
cienda, prender (a) los dichosagresores; y la que 
se dio f ue tal, que lo consiguio, dandoles a enten- 
der a algunos de dichos agresores que estaban ya 
congregados, que si sus companeros se quisiesen 
agregar a aquella labor, los recibiria de muy bue- 
na voluntad, con cuya platica los indios fueron a 
buscar (a) sus companeros y los llevaron al dicho 
puesto; y dejadolos algunos dias asegurar, aga- 
sajandolos y dandoles bastimentos, y teniendo ya 
prevenci6nde diezodocehombresescondidos, un 
dia, les dijo el dicho Capitan Orpinel que tenia 
una poca de ropa que repartirles, porque queria 
que permanecieran en aquella hacienda; y desti- 
nado el dia en que se hacia esta reparticion, ha 
biendo mandado esconder en una galera grande 
(a) los companeros que tenia prevenidos — la di- 
cha galera tenia divisiones donde podian estar sin 
ser vistos, con todassusarmas, — con lo cual, ha- 
biendo abierto la galera el dicho Orpinel, dispuso 
que todos los indios entrasen a tomar la ropa que 
les queria repartir, y un criado de casa, que en- 
tr6 con el, estaba ya avisado de que cuando hu- 
biesen acabado de entrar todos, cerrase la puerta, 
como se ejecut6; con que saliendo de repentelos 
que estaban escondidos, con sus arcabuces, y no 
haber llevado armas los indios, se dieron por pre- 
sos, que, amarrados, caminaron con ellos luego 
al valle del Pilon, en donde estaba el Sargento 
Mayor Jacinto Garcia de Sepulveda, con su com- 
pania, en aquella frontera, aquien se le entrega- 
ron, y hizo justicia de ellos, ahorcando a veinte 
y dos, que fueron los que cayeron en esta ocasion, 
con que se sosego la tierrapor aigiln tiempo con 
este castigo. 

Estos fueron de nacion hualahuises. A algunos 
fue forzoso perdonar: pagaron los mas culpados. 



212 

en esta ocasion; y el Capitan de esta nacion, 11a- 
mado Martin, fue traidoa laciudad de Monterrey 
ante el Gobernador, quien le perdono sus delitos 
y vistio de muy buen pano y presento una espada 
dorada, con que guardo la paz hasta hoy, que se 
halla ya en la (edad) decrepita; y no llegan a diez 
indios los que ban quedado de dicha nacion, que 
de mas de quince anos a esta parte, se hallan ya 
congregados en una mision intitulada San Cris- 
tobal, distancia de treinta leguas de la ciudad, 
con ministro que les asiste, junto a un rio llamado 
de dicho nombre, muy ameno, y los seis meses 
del ano mas asistido de pastores que entran de la 
Nueva EspaSa a agostar en aquella parte. 

Entregaron los indios (a) las mujeres que se 
habian Uevado en este alzamiento, con sus hijos, 
que sirvi6 de consuelo a todos, si bien ellas no 
tuvieron ninguno con las perdidas de sus mari- 
dos. 



CAPITULO VI 

De la buena negociaci6n que trujo del Con- 
SEJo EL Capitan Alonso de Leon para el Go- 
bernador DEL Reino. 



Como queda referido, paso a losReinosde Cas- 
tilla el Capitan Alonso de Leon, a los negocios 
del Gobernador D. Martin de Zavala. El pre- 
texto que para ello hubo, fue querer dar cuenta 
de haber cumplido con la capitulacion y asiento 
que habia hecho con S. M. , el ano de 625, de que po- 
blaria dos villas, la una de cuarenta vecinos y la 
otra de veinte, para lo cual trujo cedula especial 
de poder repartirles tierras y aguas y encomendar 



213 

indios naturales, asi a los vecinos que entrasen a 
las dos nuevas poblaciones, como a los demas ve- 
cinos antiguos que hallo en la tierra; y habiendo 
cumplido con todo el asiento que hizo, y sacan- 
do de ello testimonio, se vido todo en el Real Con- 
sejo de Indias, habiendo precedido un memorial 
que se presento, del tenor siguiente: 



Memorial. 

«Senor: 

«D. Martin de Zavala, Gobernador y Capitan 
General del Nuevo Reino de Leon, dice: que ha- 
biendo sido V. M. servidodemandar tomar asien- 
to y capitulacion con el, sobre lapoblacion ypa- 
cificacion de dicho Reino, no solo cumplio con lo 
ofrecido, como se ha declarado por decreto del 
Consejo Real de las Indias, sino que, demas de 
ello, se ha aventajado en el servicio de V. M., en 
haber puesto, en la ciudad de Monterrey ysuju- 
risdiccion, (a) mas de cien vecinos, f omentandoles, 
cuando entraron en aquel Reino, a las fabricas 
de sus casas; dandoles rejas de arar, bueyes y se- 
millas, con que han cultivado en su jurisdicci6n 
mas de diez y seis haciendas de labor, y puesto 
dos de sacar plata en dicha ciudad; fundando y 
poblando el real y minas de San Nicolas de las 
Salinas, en que hay seis haciendas de sacar plata, 
muchas minas, algunas labores de pan, coger 
gran cantidad de ganados mayores y menores; 
fund6 el real de San Gregorio, junto a la villa de 
Cerralvo, en que hay cuatro haciendas de sacar 
plata (y) cantidad de ganados; en todas las cuales 
poblaciones tiene puestos caballos del situado, 
armas, arcabuces y municiones para su defensa 
y conservacion; entrando en las reales cajas de 
V. M., de dicho Reino, muchosmarcos de plata, 



214 

derechos sacados de sus minas, sin grandes can- 
tidades de plomo y greta que se ha(D) sacado y 
conducido en carros y recuas a Zacatecas, Parral, 
Sombrerete y otros reales de minas, mas de tres 
millones de marcos de plata; ha descubierto el 
camino para la Provincia de la Huaxteca y Puer- 
to de Tampico, asentando trato en ellos y pacifi- 
cando (a) los indios barbaros que le habitan; y 
asimismo ha descubierto el rio y barradePalmas, 
y aquella costa, mas de veinte leguas al Norte, 
agasajando a los indios naturales, reduciendolos 
a la obediencia de V. M. y con deseo de recibir 
el santo bautismo; ha comenzado el descubrimien- 
to de la parte del Norte, en que tiene reconocidas 
mas de cincuenta leguas, para proseguir hastalle- 
gar a la ccmunicacion de los espanoles de la Flo- 
rida, teniendo casi evidente noticia de la sierra 
de la Plata, para ir a ella, cosa que tantas veces 
se ha intentado por parte del Gobernador de la 
Nueva Vizcaya y del dicho Reino de Leon, y se 
ha dejado por causa de las alteraciones de los in- 
dios; hizo caminos y los allano para que al dicho 
Reino pudieran entrar (a) agostar las haciendas 
de ovejas de la Nueva Espana, que lo impedian 
sierras, matorrales y montes que habia en los ca- 
minos, todo a su costa y por su industria; relev6 
a V. M., al tiempo de su eutrada, del gasto de 
veinte mil pesos cada ano, que tenia la Real Ha- 
cienda en el presidio y almacen de la ciudad de 
Monterrey, que, en los veinte y ocho de su asis- 
tencia, montaban quinientos y sesenta mil pesos, 
consumiendo inutilmente tan gran tesoro, redi- 
mido con otros tantos pesos que ha gastado del 
grueso caudal de su padre y del corto suyo, de 
que se han seguido muchos aumentos a los reales 
haberes de V. M., como todo consta de los autos 
presentados. 



215 

«Y respecto de que V. M. f ue servido de ofre- 
cerle, por el capitulo ultimo de la dicha capitu- 
lacion, que, cumpliendo con lo que en ella ofre- 
cia, demas de que mandaria tener consideraci6n 
a sus servicios para que le hiciese merced com- 
petente, empenando su fe y palabra real, se la 
haria desde luego de un habito de Santiago y dos 
mil pesos de renta, en indios, que hasta hoy no 
ha tenido efecto;en cuj^a consideracion suplica a 
V. M. le haga merced de mandar se despache ce • 
dula para que, en una de las cajas de Zacatecaso 
San Luis Potosi, los oficiales reales le paguen el 
sueldo que ha corrido desde el dia que entr6 a 
servir a V. M. en aquel Reino, en los mas breves 
plazos que sea posible, para con ello para (sic) 
proseguir a las facciones comenzadas; y que 
el que va corriendo se le paguecon la puntualidad 
que deben tener los oficiales reales a quien esta 
tan distante de ellos y ocupado en el servicio de 
V. M.; dandole titulo de Adelantado perpetuo 
para el y sus herederos, con la renta que V. M. 
fuere servido concederle por juro de heredad. Y 
que la vara de Alguacil Mayor que por dos vidas 
le hizo merced, se sirva V. M. que sea heredita- 
ria, con la renta que Y. M. fuere servido conce- 
derle, enterando en la caja real, despues de las 
dos vidas, lo que fuere justo, cada vez que se re- 
nunciare; concedieodole privilegio para que en 
un cuartel de sus armas anadaun leon ra(m)pan- 
te de oro, en campo verde, en significacion de 
haberie pacificado y poblado aquel fertil Eeino 
de su nombre; y que por ser tierra de guerra y 
haber de ir de unas poblaciones a otras, se le ha- 
ga merced de cuatro soldados, como los tienen 
los demas gobernadores, para guarda y compania 
de su persona, y que estos se paguen, con libran- 
zas suyas, en las cajas donde se mandaren pagar 



216 

sus salaries; y porque han ayudado a la pacifica- 
cion y poblacion de aquel Reino algunos deudos 
suyos y otras personas benemeritas de su obliga- 
ci6n, se sirva V. M. de concederle que sean de 
por vida los capitanes que nombrare en los pre- 
sidios que estan fundados en aquel Reino, y los 
que al delante se fundaren; y que sele de cedula 
para que el Virrey delaNueva Espana, 6 a cuyo 
cargo fuere el gobierno de ella, despache cada 
cinco alios a un rece(p)tor de la Real Audiencia 
a tomar residenciaal dicho Gobernador y sus Mi- 
nistros, y habiendola tornado, cerrada y sellada, 
la lleve a Mexico para que el Virrey la remita al 
Real Consejo, y en el se vea y determine, y que 
esto se guarde y ejecuteinviolablemente paraex- 
cusar los inconvenientes que suelen resultar de 
hacerse en otra forma, que en ello la recibira 
muy grande, como lo espera y se promete de la 
real mano de V. M.» 

Tuvo muy buen expediente el despacho de este 
memorial en el Real Consejo, segun vide en los 
decretos que de su vista resultaron, que, por no 
dilatar la historia, no se ponen aqui. Se le des- 
pacho al dicho Gobernador D. Martin de Zavala 
real cedula para que se le pagara su sueldo, y que 
en lo que tocaba al habito de Santiago, se hicie- 
sen las diligencias en el Consejo de Ordenes, y en 
todo lo demas se resolvi6 se remitiese al Sr. Vi- 
rrey para que, como quien tenia la materia pre- 
sente, en lo que no habia inconveniente lo ejecu- 
tase, y en lo que lo podia haber, lo remitiese al. Con- 
sejo. Tuvo efecto la cobranza del sueldo del di- 
cho Gobernador, que import© ciento y tantos mil 
pesos, que se sacaron de la real caja de San Luis 
Potosi, por mandamiento del Exmo. Sr. Conde 
de Bafios, Virrey de la Nueva Espana; en las 
demas pretensiones no quiso el Gobernador pa- 



217 

sar adelante, considerandose ya cargado de 
anos. 

Todas estas negociaciones hizo, en el Real Con- 
sejo, el Capitan Alonso de Leon, quien, habien- 
do llegado a Cadiz, de Madrid, para embarcar&e 
en la flota, se aparecieron a la vista de la ciudad 
ochenta naos de Ingalaterra (sic por Inglaterra), 
con que fue forzoso suspenderse el salir la flota 
de la bahia; antes si, se descargo y se fornio ar- 
mada para seguir a la de Ingalaterta, y el Gene- 
ral Alonso de Leon [que hoy es Gobernador de 
la Provincia de Coahuila], que habia ido con su 
padre a Espana, habida su licencia. seembarcoen 
las naos para servir a S. M., por aventureroy sin 
sueldo, comenzando a hacerle este servicio de 
edad de diez y seisanos, comoconsta de la(s)cer- 
tifieaciones que tiene en su poder. 

Habiendose haliado en la Corte su padre, a los 
negocios que van ret'eridos, de dicho Gobernador 
D. Martin de Zavala, y teniendomuchos naeritos 
y servicios fechos en este Reino, no solicito para 
si ni sus hijos cosa alguna, contentandose tan so- 
lamente con una cedula de S. M., encargando a 
los virreyes su persona y la de sus bijos, y lo 
mismo a los gobernadores de este Reino, porotra 
cedula. 



CAPITULO VII 
De losdemas suobsosdegderraquesefueron 

PROSIGUIENDO EN ESTE ReINO. 



Pocos sucesos acaecieron en termino de tres 6 
cuatro anos en este Reino, que den motivo a po- 
nerlos por escrito, si no f ueron los danos ordina- 
rios de hurtos de caballada y ganados en las hacien- 



218 

das de pastores; que estos (liurtos), como cotidia- 
nos, fuera proceder en infinite su narracion; hasta 
que el ano de seiscientos y setenta (sic por sesenta) 
y uno, habiendose convocado algunas naciones de 
indios que babitaban mas abajo de la sierra de Pa- 
pagayos. y comenzaron a hacer danos en la juris- 
diccion de la villa de Cadereyta,4iurtando (a) ma- 
nadas de yeguas, que oblige ul Gobernador a fo- 
mentar una compariia de buen numero de soldados, 
a cargo del Gapitan Diego de Ayala, quienllevoen 
su companiaal Gapitan Diego Rod riguez, que, aun- 
que impedido, (era) hombre de juicio y astucia en 
las cosas de la guerra; fueron y pusieron el real 
cerca de la villa de Gadereyta, y de alii fueron a 
espiar las rancherias que estaban juntas. Los ene- 
migos debieron de sentir (a) las espias, con que, 
cuando quisieron dar el asalto, se hallaron los 
espanoles (no) tener en quien; reconocieron las 
muchas lumbres que de industria habian hecho 
los enemigos, noporqueeran nuoaero tancrecido 
como se juzgaba. 

Volvieronse al real y aviso el Gapitan Diego 
de Ayala al Gobernador, y de como los indios se 
habian retirado (a)elrio dela Pesqueria Grande, 
abajo, cuyo rastro habian seguido, y que necesi- 
taba mucho mas numero de soldados y de los 
mas expertos, para seguirlos; con cuya noticia, el 
Gobernador, que la tuvo el Sabado de Ramos, 
despacho raandamientos por diferentes partes, y 
fueron citados todos los capitanesy oficiales y otras 
personas que vivian en distancia, para que el Lu- 
nes Santo, a las ocho del dia, estuviesen en el 
puesto que llaman del Tule Redondo, en donde 
hallarian las ordenes que habian de guardar. 

Asi se ejecuto, y el dia y bora sefialada, estu- 
vieron todos en dicho puesto, en donde. dentro 
de breve rato, se aparecio el Gapitan Alonso de 



■ 219 

Leon, que, apeado de su caballo, saco la orden 
que de secreto le habia enviado el Gobernador pa- 
ra que acudiese a aquel puesto, eligiendole por 
Cabo principal de lacompHnia que estaba forma- 
da y de los nuevos soldados que se juntaseD; y 
aunque esto se les hizo novedad a los que ya es- 
taban en la campana, mayormente al Capitan de 
ellos, pareciendole caso de menos valer, muchos 
de los nuevaoiente agregados tuvieron de ello mu- 
cho placer, por lo que se platicaba entre ellos 
[que ni seria como lo imaginaron] de que la cau- 
sa de pedir este socorro el dicho Capitan Diego 
de Ayala, habia sido por tener debajodesu man- 
do a los capitanes antiguos y modernos, lo cual 
no se consiguio, segiin lo que llevoreferido; esta 
opini6n quedo en duda, porque de los actos in- 
teriores no se puede juzgar. 

Salieron los soldados con dicho Cabo principal 
hasta la punta de Papagayos, y, no hallando ras- 
tro de enemigos, caminaron hacia el Oriente, y 
se diviso ungranrabtro, que se siguio, y elMier- 
coles Santo fueron adar con el enemigo en medio 
de un monte; cogieronse (a) algunos con algunos 
muchachos, y convencidos en sus delitos, se ahor- 
caron (a) seis de ellos, el mismo Miercoles San- 
to, con que parece se sosego la tierra por algun 
tiempo. 

Este mismo ano, pidi6 licencia el dicho Capi- 
tan Alonso de Leon para ir a las salinas de San 
Lorenzo, por la mucha falta que habia de sal en 
este Reino; con que, habiendose juntado mas de 
veinte companeros para el efecto, y conseguido 
el viaje, viniendode vuelta, en el arroyo del En- 
cadenado, le repitio al dichp Capitan el achaque 
de que habia quedado impedido de un pie y ma- 
no, con la mitad del cuerpo, y quedo impedido 
del todo y del habia, que f ue forzoso braerlo en 



220 ■ 

forma de litera hasta su casa, al valle del Pilon, 
en donde murio dentro de dos meses, con harto 
sentimiento de todo el Reino y del Gobernador, 
quien habia hecho siempre mucha estimacion de 
su persona. 

Este aiio parece f ue mas fatal que otros, porque, 
a principio de enero, sucedio tambien la muerte 
del General Juan de Zavala, deudo del Goberna- 
dor, que, habiendollegado delaciudad de Mexico 
a la de Monterrey, le acometieron unas cuartanas 
que prevalecieron tanto, que, apoderandose del, 
caso (sic por cayo) en una melancolia notable que 
no le podia hacer cobrar ningiin divertimiento; 
y como se pasaba su achaque sin hacer cama, an- 
tes bien, paseando la ciudad, no se juzgoera tan 
j?rave, por cuya causa no fue prevenido de quien 
le asistiera a que dispusiese su alma y sus cosas; 
con que, yendole, bien de manana, a ver una 
buena mujer que le cuidaba, en casa del Gober- 
nador, le hallo muerto. Caso fue que causoharta 
lastima a todos, y al Gobernador, su deudo, mu- 
cho dolor. No dejo bijos, aunque fue casado en 
este Reino con hermana de mad re del dicho Go- 
bernador. 



CAPITULO VIII 

De como LASNAoroNES DEL Norte comenzaron 

A ALZ\RSE Y HACER MUERTBS T ROBOS, ASI EN 

ESTE Reino como en los caminos que salen de 
Zacatecas y Sombrerete. 



Porque la natural inconstancia y malicia de los 
indios es tan conocida y tan trillada en todas las 
historias que se han escrito de la Nueva Espafia, 



221 

no sera necesario ponderarla en esta ocasion con 
el levantamiento que hicieron algunas naciones 
que habitan hacia la parte del Norte de este Rei- 
no, comenzando a salir por los caminos que de el 
van aZicatecas. Sombreretey otras parte*, que no 
costo poco cuidado su paciticacion. Dando prin- 
cipio una escuadra de ellos que accnietio a una 
recua que venia de la ciudad de Zacatecas, en el 
paraje que Uaraan el OjoCaliente, distante de Mon- 
terrey ocho 6 nueve leguas, y mataron a un nio- 
zo arriero llamado Joseph Paez, yse llevaron (a) 
la recua, que era de una senora llamada Da. Cla- 
ra de Renteria, viudadel Sargento Mayor Jacin- 
to Garcia, y la encaramaron por un portezuelo 
que va a salir a una hacienda que llaman las Me- 
sillas, jurisdiccion del Saltillo; hirieron almismo 
tiempo a otros dosmozos de la misma recua, que 
el uno de ellos murio breve de las heridas, te- 
niendo suerte de escaparse a caballo los dos y de 
llegara la ciudad de Monterrey, donde pudieron 
recibir los sacranientos. Esta novedad conienzo 
a causar mucho cuidado en este Reino, teniiendo 
que entraseii a el, como finalmente sucedio, con 
bravos estragos y dafios que en el hicieron, como 
en adelante se dira. El ano siguiente, en el pue&to 
que llaman el Portezuelo, que esta adelante del 
Saltillo, como ocho leguas, viniendo D. Vicente 
de Saldivar, un vecino de este Reino, de la ciu- 
dad de Zacatecas, y en su compania un sobrino 
de un tesorero de dicha ciudad, que pasaba a este 
dicho Reino, les acometieron los enemigos y los 
mataron, llevandose (a) las mulas que traian. 

Estas mueites y otras que se experimentaron, 
con hurtosde caballada, ocasionaron a que elGo- 
bernador hiciese junta de gueira, llamando a los 
mas experinieiitados que habia en ella, de este 
Reino, cle que se result© el que se formasen al- 



222 - 

gunas companias y entrasen a su tierra de los 
enemigos a ver a los que podian haber a las ma- 
nos, para castigarlos, Se dio aviso a la villa del 
Saltillo, para que si quisiese dar alguna ayuda, 
pues erainteresadaenlos danos, y citado el tiem- 
po. enviaron (a) una muy buena compaiiia y otra de 
tlalcaltecos, con toda prevencionde bastimentos y 
armas, y se incorporaron con las de este Reino, 
y todas fuerona cargo del Sargento Mayor Juan 
de la Garza, hombre de toda experiencia. Fue- 
ron ciento y tantos hombres, ochocientos caba- 
llos, ochenta cargas de harina, mucho bizcocho 
y otros pertrechos necesarios, y llegaron a la tie- 
rra de los enemigos, en distancia de mas de seten- 
ta leguas de esta ciudad; dieron cerco a la ran- 
cheria, cuyanacion se intitulaba Cacaxtles, y ma- 
taron hasta cien indios en la ref riega que tuvie- 
ron con ellos, y no peligro ninguu espanol, aun- 
que algunos salieron heridos. Se prendieron (a) 
ciento y veinte y cinco de todas edades y sexos, 
que, traid^s a esta ciudad, dispuso el Goberna- 
dor el que f uesen sacados afuera del Reino, a la 
ciudad de Zacatecas, y asi se ejecuto; habiendo 
durado esta Jornada cinco meses largos, en que 
se gastaron muchos pesos, asi por parte del Go 
bernador como de los vecinos y del Saltillo, con 
que parece se f ue sosegando algun tanto la tierra 
con esta entrada que se hizo. 

Pareciole al Gobernador D. Martin de Zavala 
darle parte de este buen suceso al Sr. Conde de 
Banos, quegobernabaentoncesla Nueva Espana, 
y le hizo despacho; y S. E. fue servido de res- 
ponderle con mucha estimacion, agradeciendole 
el aviso, y que daria cuenta a S. M. de este ser' 
vicio, pues de el redundaba la quietud de los 
caminos que salian a los reales de minas de Zaca- 
tecas, Sombrerete y Mexico. Como llevo referi- 



223 

do, duro esta Jornada mas de cinco meses, pues, 
habiendo salido a primero de octubre las compa- 
nias, del ano de sesenta y tres, no vinieron a es- 
ta ciudad hasta marzo del ano siguiente. 



CAPITULO IX 

De c6mO FALLECI6 EL GOBERNADOR D. Martin 

DE Zavala. Su buen gobierno t pkendas de 

QUE FDE DOTADO. 



Quisiera reducir todo este capitulo a un bre- 
ve elogio de las muchas prendas y partes que 
adornaban al Gobernador D. Martin de Zavala, 
asi en lo interior como exterior, por no alargar 
esta historia; pero sera forzoso dilatarme algo, 
por no pasar en silencio tantas prerrogativas de 
que era dotado. 

Gomo queda referido en los discursos del Ca- 
pitan Alonso de Leon, fuehijo natural del Gene 
ral Juan de Zavala, minero tan rico en la ciudad 
de Zacatecas,que se dice por cosa cierta que so- 
lo del quinto que dio a S. M., de la plata que 
se saco en sus haciendas, import© cuatrocientos 
mil pesos. Criolo en la educacion que se puede 
imaginar de quien se hallaba con un caudal tan 
crecido; cuando tuvo edad competente, lo envio 
a los Reinos de Castilla a estudiar a la ciudad de 
Salamanca. Juzgo que tuvo estudios mayores, 
porque, segun su modo de conversacion y dis- 
cursos y estilo elegante en escribir cartas, sindica- 
ban muchas letras;su conversacion fue muy agra- 
dable, y a cada uno [como dicen] hablaba en su 
lengua; la latina la pronunciabacon tantaelegan- 



224 

cia como la materna; la toscaD'a la sabia tan al 
natural, que parece se habia criado en la ciudad 
de Florencia, y tenia mas de ochenta libros en 
esta leng'ua, de Historia y otras materias muy 
agradables. de que soy testigo y que me presen- 
to (sic por presto) algunos de ellos; la vizcaina y 
la flamenca no las ignoraba, y, finalmente, fue 
hombre singular en todo, digno de mayores ofi- 
cios que los de este corto gobierno y que se le 
pudiera con raucha razon aplicar el verso que se 
hallo en el sepulcro de Pompeyo el Magno, como 
lo refiere un autor que compuso las guerras in- 
ternas y externasde Roma, que refiere que, pa- 
seandose por las orillas del rio Nilo un mancebo 
ateniense, vio que las avenidas habian descubier- 
to una piedra blanca que parecia marmol; cavo 
para mas bien descubrir lo que f uese y topo con 
una urna [sepulcro de los antiguos], que, por 
loquedespues se supo, era el de Pompeyo, aquel 
que hizo matar al Rey Tholomeo cuando se fue 
a amparar de el, y el amparo que hallo fue qui- 
tarle la vida, por solo aplaudirle a Julio Cesar, 
de quien iba huyendo, vencido por labatallaque 
le habia dado en los campos de Farsalia; descu- 
bierta, pues, la urna, hall6 en ella este epitafio: 
Templi pondus erat modica qui clauditur ur 
na^ cuyo epitaSo parece tiene aiia mas sentido 
que no lo que se deduce de lo literal de el, y lo 
vi explicado en lengua toscana, en esta forma: 
El que esta enterrado en este pequeiio monumen- 
to, era digno de mas suntuoso templo. Bien se 
puede decir por nuestro Gobernador D. Martin 
de Zavala, y se puede contar entre los heroes de 
la antigiiftdad por sus singulares acciones. 

Amplio este Reino en todo lo que sus fuerzas 
alcanzaron, gastando mucho caudal de su padre,, 
mientras le vivio, y despues, lo poco que adqui- 



225 

ria, lo consumia asimismo en la guerra y ensus- 
tentar vecinos en la villa de Cerralvo; esto es tan 
publico en este Reino, que no hay quienloigno 
re en el. Cuantas casas hoy se hallan en pie y 
[caidas por el poco cuidado de quien vivia en 
ellas] en la villa de Cerralvo, lasediHco a su cos 
ta hasta el ano de mil seiscientos y cuarenta y 
ocho; la hizo de limosna a los religriosos que asis 
tian en las villas de Cerralvo y Cadereyta, que 
desde entonces se negocio que S. M. se la(s) die 
se desu real cajade Zacatecas, como sehaidocon- 
tinuando. Finalaiente, su (sic por fue?) padre de 
la patria [llamole su patriaal Reino de Leon, pues 
entro a el en lo florido de sus anos y le goberno 
treinta y ocho], pues tanto la favoreci6. 

Segun le oi referir en algunas ocasiones, nacio, 
el ano de quinientos y noventa y siete, en el real 
dePanuco, cerca de la ciudadde Zncatecas. Pade- 
cia cierto achaque en una i)ierna, que le agra- 
v6 tanto en ocasion que estuvo en la ciudad de 
Zacatecas, que los ciruj-^nos se la quisieron cor- 
tar, porque se le iba acancerando, y por parecer 
de uuo de ellos se suspendio. El aiio de 1664, le 
comenzo a apurar el achaque y se le acancer6 la 
pierna, y fallecio a los ocho deagosto, con mucho 
})esar y sentimientode todo el Reinoy de afuera 
de el; dejo en su testamentoquegobernaseel Ca- 
bildo de Monterrey, interin que se daba cuenta 
al Sr. Virrey para que proveyese lo que fuese 
servido. Diosele luego cuenta y aprobo la elec 
cion, con que goberno el dicho Cabildo hastacua- 
tro de febrero del afio siguiente, de sesenta y cin 
CO, que entro Gobernador interino, conao se dira 
en el capitulo siguiente, con los demas sucesos 
que pasaron. 



226 



CAPITULO X 

Db c6mo, for muerte del Gobernador D. Mar- 
TfN DE Zavala, provey6 el Sr. Virrey este 

GOBIERNO. 

Habiendo quedado el Gobierno de este Nuevo 
Reino de Leon huerfano, con la muerte desu Go- 
bernador D. Martfri de Zavala, que, aunque el 
Cabildo que quedo en el, como naturales de la tie- 
rra todos los deel, cuidaron de la repdblicay de 
las cosas de la guerra como convenia; nobstante, 
se reconocio la falta, y mayormente f ue conside- 
rable para muchas pobres viudas vergonzantes, 
a quien de secret© hacia considerables limosnas, 
sin otras publicas. A los ocho dias de su muerte, 
despacho el Cabildo al Procurador General de la 
ciudad, a la ciudad de Mexico, con un tanto del 
nombramiento y clausula de testamento del Go- 
bernador, que, vista porS. E. el Exmo. Sr. Mar- 
ques de Mancera, quegobernabaentonceslaNue- 
va Espana, con la facultad que le asistia denom- 
brar interinos, atendiendo a los meritos y servi- 
cios del General Le6n de Arza, Cabal lero de la 
Orden de Santiago, le nombro por Gobernador 
y Capitan General de este Gobierno, con mucha 
ampliacion en su titulo, facultad de dar y repar- 
tir todo lo que daba y repartia el dicho D. Martin 
de Zavala, usando de la misma cedula que trujo 
el difunto, de S. M. 

Fue recibido en este Reino con mucho aplauso 
y gusto, por las noticias que de su buen proce- 
der se tenia, en oticios que habia ejercido en la 
Nueva Espana. Entr6a los cuatro de febrerodel 



227 

ano de seiscientos y sesenta y cinco; ajustandose 
tanto en el modode gobierno alosejemplaresdel 
Gobernador difunto, cuanto fue notorio, pues, 
en los casos que se ofrecian y en que tenia duda, 
procuraba inquirir como se habia portado en ellos 
el susodiclio; publicando a voces que habia dese- 
guir sus pisadas, pues un hombre tan grande, no 
podia haber errado en lo politico, ni militar. 

Parece que entro este pobre caballero en este 
gobierno, como dicen, con mal pie, pues fue cuan- 
do los indios del Norte, como vareferido, habian 
comenzado a dar bateria por todas partes, llevan- 
dose (a) caballada de la cercania, de las estancias 
y aiin de la ciudad, quelemotiv6 a dicho Gober- 
nador poner(a)seissoldados de presidio cerca de 
ella, con caballada, y para que los vecinosasimis- 
mo agregasen a ella sus caballos, para que, en 
pidiendolo el caso, estuviesen con mas prontitud 
para poder salir a los alcancesque se ofreciesen, 
y para hacer escolta a las recuas que salian de la 
ciudad hasta el Saltillo. 

Este ano, viniendo de Piblillo una recua de 
pastores, por el camino que llaman el Pilon Chi- 
co, cuya boca del rio viene a salir a los llanos del 
Pilon, le salio una escuadra de indios del Norte, 
en un llano, .y mataron a dos de los arrieros y las 
mulas. Uno que se escape, dio aviso en dicho va- 
lle, con que salio Alonso de Leon, que hoy es Go- 
bernador actual de la Provinciade Coahuila, con 
nueve companeros; los mas eran pastores, porque 
entonces aun no estaba poblado aquel valle. El 
dia siguiente, alcanzo (a) la escuadra de indios, 
en el puesto que llaman Labradores, casi al po- 
nerse el sol; pelearon con ellos, hirieron a un in- 
dio de nacion hualahuis, y (a) un caballo de un 
companero lo imposibilitaron, de algunos flecha^ 
zos que le dieron. Como los mas de los compa- 



228 

neros eran pastores y, coiuo va dicho, poco ex- 
perimentados en la guerra, no pudieron resistir 
!a bateria de los enemijios, porque la escuadta 
era de mas de setenta indios. Resistiolos solo el 
dicho Alonso de Leon y Juan Gantd, cunadosu 
yo; mataron al que era cabfza de dicha escuadra 
y otros indios, con quese retiraron; quedaron los 
caballos muy maltratados; murio luego el del di- 
cho Alonso de Leon. Fue fortuna muy grande 
y ayuda del Cielo la de esta oeasion, y se debe 
ati'ibuir a milagro que solos dos hombres resistie- 
sen (a) tanto numero de indios. Lo queen este ca- 
so se noto, fue que donde sucedio es un lugar 
incognito, no trajinado, si no es de algunos pasto- 
res, y que se metiesen en el escuadras de indios 
del Norte, estando sus rancherias tan distantes, 
con que se discui-rio que sin duda debia de ve- 
nir con ellos alguno que sabia muy bien la tierra. 



CAPITULO XI 

De varios sdcesos que se prosiguieron 

EL ANO DE 665. 



Hubo, este ano de 1665, muchos y varios suce- 
sos de guerra, con la prosecucion del levanta- 
miento de los indios del Noi-te, que en varias es- 
cuadras salian, no solo a los caminos, sino has- 
ta las mismas poblasones, asi del Saltillo, que dista 
diez y ocho leguas de Monterrey, como de este 
Reino, hurtando y haciendo cuanto dano podian; 
con que el Gobernador, con su providencia, nom 
br6(a)cuatro ca()itanes para que recorriesen los 
puertosdel valle de las Salinas, Nacatas, Muertos 



229 

y otros, que fueron Antonio de Palacio, Francis- 
co Botello, Pedro de la Garza y Alonso de Leon, 
que estos salian alternatis^amente con veinte y 
cinco y treinta hombres, que, siendo como eran, 
vistos de los enemigos, parece serviH(n) de al- 
gun freno; mas, nobstante, perseveraban en la 
villa del Saltillo, tanto, que obligo a! Alcalde Ma- 
yor de ella, que lo era D. Fernando de Azcue y 
Armendariz, aformar una buenacompania, y pe- 
dir bocorro de otra al Gobernador de este Kei- 
no, para entrar a la tierra de los enemigos y des- 
troncar de una vez el pie de las rancherias moto- 
ras de tantos danos. 

Hizose junta de guerra y salio de resulta de- 
bersele dar ayuda, y hizose lista de treinta solda- 
dos y, por Capitan de ellos, Juan Cabazos, y se 
incorporaron con el dicho D. Fernando, que en- 
tro a esta jurisdiccion, y hizo resena y se hallo 
con ciento y tressoldados yochocientos caballos 
y setenta cargas de bastinaento. Sa Heron con 
muy buena orden, y por seis jornadas llegaron 
veinte y cuatro leguas adelante del rio Bravo en 
busca de la nacion de los cacaxtles, belicosa. Ha- 
biase ya prevenido el que un indio, que estaba 
asentado de paz en la villa del Saltillo, llamado 
D. Nicolas el Carretero, juntase gente de su de 
vocion para dar ayuda a los espanoles; y junto 
trescientos y tantos indios de nacion boboles, los 
mas, de quienes se nonibro por caudillo a Am- 
brosio de Cepeda, que sabia las mas de las lenguas 
de las nacionesdel Norte; yaunque los dichos bo- 
boles eran tenidos por sospechosos, anduvieron 
muy leales en esta ocasion, ayudando con mucho 
valor. 

Estaban los enemigos metidos dentro de un 
monte; dieronles el cerco, de madrugada, que no 
se pudieron escapar, si bien se resistieron vale- 



230 

rosamente, porque el monte era muy espeso y 
los espanoles no lo podian penetrar, con que a 
balazos iban matando (a) los que divisaban; y un 
indio muy ladino, de los enecQigos, llamado Juan 
y hermano de un D. Benito, gran cosario, per- 
suadia a los espanoles que cesasen en la pelea, 
porque querian dar la paz, y ss reconocio que 
esta era astucia para tener lugar de atrincherar 
se, como lo hicieron, formando cerco de trozos 
de arboles, nopales y ramas, parasu defensa;con 
que, viendo la entretenida y paz fingida, conti- 
nuaron los nuestros su cerco y duro la pelea has- 
ta la oracion. Se mataron (a) cien indios y cogie- 
ron setenta piezas, entre chicos y grandes. 

Una india vieja tocaba una flauta, animando a 
los indios; tambien fue presa, y los indios ami 
gos la pedian para comersela, y no pudiendolo 
conseguir, ni janoas se peroaitiera semejante cruel- 
dad, por vengarse de ella, sabiendo que un mu- 
chacho de la presa era pariente de ella, lo procu- 
raron secretamente, aquella noche, haber a las 
manos, y, sin que se supiese, se locomieron, cosa 
que no se pudo remediar. 

De la pelea grande que hubo, salieron heridos 
veinte y dos espanoles, aunque ninguno peligro; 
murieron dos indios de los amigos, y otros salie- 
ron heridos; y habiendoseles acabado las flechas, 
andaban a palos con los espanoles y indios ami- 
gos. Sucedio en el cerco que, andando el Gene- 
ral D. Fernando con su arcabuz cazando,entrando 
en el monte, top6 unaramade arbol en el gatillo 
y se le disparo, y meti6 las balas por el cervigui- 
llo al caballo, de que murio luego. Tuvo esta 
Jornada muy buen suceso, con haber muerto (a) 
tantos de los enemigos y destruida toda la ran- 
cheria. 



231 



CAPITULO XII 

En que se prosiguen otros suoesos 
del mismo ano. 



Es forzoso entreraeter en esta historia algunos 
casos particulares que sucedieron en este tiempo, 
que, aunque no son concernientes a ello, por lo 
menos nos ser\^iran de ejemplo para la enmien- 
da, para que no perseveremos en nuestros peca- 
dos y vicios. Dos indios, de nacion borrados, 
llamado el uno D. Juanico, y el otro, por mal 
nombre, el Becerro, anduvieron, algunos anos, 
enviciados en hurtos de bestias (y) ganados, y des- 
nudar pastores, y f ueron presos; y acomuladas sus 
causas a la que de nuevo se le(s) f ulmino, que paso 
ante un Alcalde Ordinario, probados sus muchos 
delitos, y convictos por sus mismas declaracio- 
nes, los condeno amuerte. Estomovio a lastima 
a muchos, y particularmente a algunos religio- 
sos, y aconsejaron al defensor apelase de la sen- 
tencia ante el Gobernador, a quien tenianya pre- 
venido con muchos ruegos para que se moderase 
la sentencia, que, convencido de dichos ruegos, 
le(s) co(n)mut6 la sentencia en cuatro anos de ser- 
vicio personal con prisiones, en un molino, en 
donde apenas estuvieron cuatro meses, y tuvie- 
ron forma de hacer fuga y de proseguir en sus 
acostumbrados delitos. Fueron perseguidos de 
algunas escuadras, aunque no pudieron ser habi- 
dos, y ellos, reconociendo que por ultimo habian 
de volver acaer en manos de la justicia y sercas- 
tigados, arrebataron (a) un indizuelo de una ha- 



232 

cienda de espanoles, nna noche, y se entraron 
por el no del Pi Ion Chico, y habiendo entrado 
muy adentro, fueron improvisamente acometi- 
dos de una escuadra de indios del Norte, y ahor- 
caron, quedando el muchacho libre, que se pudo 
escapar, que vino a dar la nueva de este suceso, 
que dio hartoque discurrir a todos, por el modo 
y genero de mnerte que tuvieron estos dos in- 
dios, janoas acostunibrado entre ellos, porque no 
hay ejemplar que a ningdn enemigo suyo hayan 
ahorcado, sino que lo matan a fiechazos; y el ha- 
ber ahorcado a estos se tuvo por permision divi- 
na y que f ue muerte merecida y correspondiente 
a sus culpas, y que si se dejo de ejecutar aca por 
ruegos que se hicieron al juez, la Justicia Divi- 
na mand6 ejecutar la sentencia en ellos, como me- 
recian sus culpas. 

Acuerdome que, estando yo en Geneva, me 
conto un tio mio, que habia estado y vivido mu- 
chos anos en la ciudad de Lisboa, donde era ca- 
sado, que a un indio natural de la India Orien- 
tal, por sus muchos delitos, fue condenado a 
horca, y estando ya en el suplicio, debio de tener 
algunos intercesores; le vino perdon, volviendo a 
la carcel, y estando, como estaba, una carraca en 
el Puerto, para salir a la India, lo erabarcaron 
enella y con pena de la vida queno volviese mas 
a Lisboa; f uese a la India, y no pudiendo conte- 
nerse en su mal natural, coraenzo, en la parte 
donde desembarco, a hacer hurtos, y, por no ser 
preso, se enibarco en una carraca que venia al 
dicho puerto de Lisboa, en donde, volviendo a ser 
preso, ejecutaron en el la sentencia de horca, con 
particular anotacion, que me cunt6 el dicho mi 
tio, que se hallo presente a laejecucion de la sen- 
tencia, y que fue cumpiida el ano cabal y a la mis- 



233 

ma hora de cuando el ano antecedente estaban 
para ejecutarla. 

a A quien noadmiran estosdos casos? Escier- 
to que a mi me ban dado harto que pensar, con- 
siderando la muerte que a cada uno tiene Dios 
prevenida, que algunos quieren que sea por in- 
fluencia celeste, a que jamas me he ajustado, por- 
que, aunque los astros inclinen a una cosa, no 
fuerzan, que para eso dio Dios al hombre el libre 
albedrio, para quevenza cualesquiera inclinacio- 
nes malas, porque sapiens domanihitur astris. 

No f ue menos de notar lo que sucedio, este mis- 
mo ano, en la villa del Saltillo, en donde vivia 
un hombre casado, natural de los Eeinos de Cas- 
tilla, llamado fulano de Box, mediano, de muy 
buen entendimiento, a quien yo comunique mu- 
chas veces y vivio algun tiempo en este Reino, 
aunque no trujo la mujer de el, ni una hija que 
tenia, dbncella, ni se sus nombres ni de donde 
eran naturales. No explicare con fundamento la 
causa 6 motivo que hubo para la crueldad que 
cometieron madre y hija, que fue que, una no- 
che, estando estepobre cenando, le acometieron, 
dandole muchos golpes con una hacha en la ca- 
beza, de que muri6 luego; y con el silencio dela 
noche, lo llevaron las dos, cargando, a dejar jun- 
to a una acequia que estaba bien distante de la 
casa y cercana de la casa de un vecino, para dar 
a enteiider qu^ de ella lo habian muerto. Supolo 
luego, de manana, el Alcalde Mayor de dicha vi- 
lla, y para hacer la pesquisa de dicha muerte, 
prendio a los vecinos mas cercanos del puesto 
donde hallaron el dif unto, y no se pudo averi- 
guar cosa. Advirtieron algunos con cuidado este 
caso, llegandose al cuerpo antes que la justicia 
lo mandara enterrar, y vieron gotas de sangre 
en cercania; fueron siguiendo el rastro de ella 

15 



234 

y ender(ez)6 a la misma casa donde moraba dicho 
dif anto, con cuyo indicio prendieron a la mujer 
y a la hija; y aunque al principio negaron, pues- 
tas enalgdn aprieto, lo hubieron de conf esar, dis- 
culpandose con pretextos frivolos, de mala vida 
que recibian del dicho dif anto. La causa se fue 
substanciando de oficio de la real justicia, y en 
este medio no faltaron quienes les favoreciese(n) 
a las contenidas, y hicieron fuga de la carcel, 
quedandose tan enorme delito sin castigo. 



CAPITULO XIII 

Db OTROS DOS CASOS EAROS SUCEDIDOS 
EN ESTE ReINO. 



No tan solamente en los reinos muy poblados 
y opulentos suceden prodigios y portentos, sino 
en provincias y poblaciones pequenas, que &on 
para mayor admiracion. El primero sucedio en 
este Reino, en el valle que llaman del Pilon, al 
Capitan Lorenzo de Leon, persona que se lepue- 
de dar todo credito y a quien se lo he oido con- 
tar muchas veces, demas que fue delante de cin- 
co testigos; y fue que, un viernes, habiendole 
traido, de manana, un indio que habia enviado a 
pescar, algunos vagres, puestos a cocer, a la hora 
competente mandaron poner la mesa, y senta- 
do el contenido, con cinco huespedes que tenia, que 
el uno fue Tomas de Leon, tio suyo, (y) el otro, 
Santiago Vela [de los otros tres ignoro los nom- 
bres], y trayendoles a todos, como se les trajo, 
en sus platos, los vagres cocidos [porque eran pe- 
quenos], un vagrecillo de los que le cupieron al 



235 

dicho CapitanLorenzo de L66n, se empezo a bul lir 
en el plato, haciendo corao acometimiento de que- 
rer nadar, (d)esparramando, con el movimiento, 
el caldo del plato en la mesa, de que todos reci- 
bieron pavor. No quiso dicho Capitan comer di- 
cho vagre, y lo comio dicho su tio Tomas de 
Leon. Mucho di6 que pensar este caso, por la 
demora que hubo de tiempo en haber sacado di 
cho pescado del rio, y luego, a su tiempo, pues- 
to a cocer, que, a no haber pasado tiempo, se 
pudiera presumir que todavia tenia algunos espi- 
ritus vitales, porque vemos, por experiencia, que 
suele durar el pescado d urar (sic) media hora vivo, 
despues de sacado del agua; si bien, para el su- 
ceso referido, contradice el que mal pudiera con- 
servar ningun espiritu, habiendo hervido mucho 
espacio en el agua. Ellas son cosas secretas, solo 
reservadas a Su Divina Majestad, porque nues- 
tro entendimiento no puede alcanzarlas, y, asi, 
omite mi corto ingenio el discurrir sobre ellas. 
Por no separar en otro capitulo otro portento 
que sucedio en este dicho Reino, lo pondre en 
este; y fue que, para la continua guerra que da- 
ban los indios del Norte a el, acometiendo por 
todas partes, llevandose lacaballada que podian, 
se f orm6 una gran compania de soldados, que sa- 
liesen por el Alamo [que fue pueblo de natura- 
les, f undado por el.Gobernador D. Martin de Za- 
vala, distante doce leguas de la villa de Cerral 
voj, a ver si podian consumir 6 prender a los 
enemigos, que fue a cargo del Capitan Alonso de 
Leon. Estando parado el real, y siendo de noche, 
velando la caballada los soldados por sus cuar- 
tos, y siendo el de prima un soldado llamado 
Felipe de la Fuente, mestizo, le comenzo a arder 
la hoja de su espada [que estaba sin vaina] y se 
fue poniendo colorada desde la punta adelante, 



236 , 

como una tercia, en la forma como cuando los 
herreros sacan de la fragua algun hierro para 
batir en el yunque; y aunque el mismo soldadoy 
otros la procuraban apagar con los capotes, co- 
giendola entre dobleces, y estando los capotes 
mojados, a causa de que lloviznaba, no perdia el 
color de fuego, aunque estaba la materia fria. 
Duro esto por espacio de casi una hora, que lo 
certificaron catorce testigos que lo vieron; y aun- 
que sobre este caso se discurrio mucho por hom- 
bres de buen juicio, no se pudo dar en cierto fun- 
damento de donde pudiese provenir semejante 
portento, Yo discurri [no con razones f undamen- 
tales] que, por haber sido aquella hoja del Gober- 
nador D. Martin de Zavala [que asi lo averigiiej 
y traerla en la cinta el soldado mas infimo de la 
compania, y no haber hecho estimacion de ella 
la persona a quien le cupo, que fue permision di- 
vina [si asi se puede decir], porque nada sucede 
acaso, y, como dice el filosofo, nihil fecit natura 
frustra^ y que espada que habia sido de un va- 
ron tan insigne como fue dicho D. Martin de Za 
vala, se debia haber hecho mas estimaci6n de 
ella; tambien se pudo atribuir a vaticinio de las 
muchas guerras que se continuaron en este Rei- 
no, porque Su Divina Majestad suele permitir 
precedan algunas senales que indiquen cuentos 
futuros, como lo refiere San Agustin, (en) el li- 
bro 10 de «La Ciudad de Dios,» en el cap. 16, 
diciendo que, por algunos intervalos de tiempo, 
permite que haya mo(n)struos, determinados ya 
por su providencia, que las mas veces significan 
algun mal que ha de venir, y otros prodigios y 
portentos que siempre anuncian calamidades;del 
mismo parecer es San Isidoro, en sus «Etimolo- 
gias,» en el cap, tres. 



237 



CAPITULO XIV 

En que se refieren sucesos y prodigios que 
han sucedido en diferentes partes del 

MUNDO. 

Para que los lectores entiendan que no es cosa 
nueva el que precedan algunas sefiales que indi- 
can guerras y otras cosas, pondre aqui a la letra 
lo que cuenta Cesar Campana en sus «Historias 
del Mundo,* tomo II, libro nono, cuyos tomos 
tengo en mi poder en lengua toscana, que, tradu- 
cida en la castellana, dice asi, hablando del afio 
del588: 

«Se afirma, pues, que, en el mes de febrerode 
este ano, se vieron enBithmarcia,Provincia ade- 
lante de Cineo Soles, que el sol, en la Provincia 
deVinaria, en el punto del Mediodia, se obscure- 
cio, a los 26 de junio, y que todo aquel dia se vi- 
do cerca de el una senal en forma de espada des- 
nuda; y tambien que en Grifisualidia, ciudad 
de la Pometania, pescaron una jibia 6 peje espa- 
da, a los 22 de mayo, y que estaba toda senalada 
de varias figuras, como fueron dos cruces, dos 
letras, dos espadas, dos punales, banderas, cabe- 
zas de caballo, navios y otras cosas muy al natu- 
ral, que causaban mucha maravilla: murio muy 
breve el Rey deDinamarca. Yf ue este ano muy no- 
table por los extranos sucesos que hubo al fin 
del, de alteraciones endiversas partes del mundo, 
si bien esto ya lo tenian anticipado algunos su- 
jetos reputadospor grandes, como fueron los dos 
Juanes Monterregio Istofler y otros muchos.» 

Y en el ano de 1593, dice el mismo autor que. 



238 

a fin del mes de agosto, cerca de la media noche, 
fue visto un fuego muy grande en las islas de 
Candia, que nacia de la parte oriental, y fue 
de tal calidad, que aclaro la noche, que parecia de 
dia claro, con mucho es panto de todos los hom- 
bres; duro mas de una hora, y despues, corrien- 
do el dicho fuego con mucha f uria por diversas 
partes del aire, fue con mucho estruendo a despar- 
cirse en la mar, cerca del puerto de Esperialun- 
ga; pero antes que se extinguiese, se vido con 
mucho ardor dentro de la misma agua, con tal 
horror, que a los que le miraban, les parecia que 
figuraba una boca del infierno. No muchos dias 
despues, cerca del alba, se aparecio otra for- 
ma de fuego, a manera de un largo cometa, que 
se extendia del Sur al Norte, el cual se consumio 
poco a poco, sin ningun extrafio accidente: y su- 
cedio por el mes de octubre una gran peste. 

Y en el libro decimo cuarto de dicho autor, ha- 
blando del dicho ano de 93, dice lo siguiente: 
«Vieronse este ano en la Germania varios prodi- 
gios, no para dejarlos al silencio. Dicen, pues, 
que, en el mes de julio, en la tierra de Asia, juris- 
diccion (de) Maspurgs, fue por tres dias continuos 
visto el sol con un cerco alrededor, muy oscuro; 
y que, por el mes de noviembre, cerca de la ora- 
cion, se aparecio el cielo hecho como una ascua 
de lumbre y de color de sangre, cuya alteracion 
se resolvio despues en un arco, el cual se pasaba 
de una a otra parte, y al fin se vino a quitar to- 
do, quedando el cielo muy ciaro y sereno y las 
estrellas con su acostumbrada luz, cuya maravi- 
11a duro como dos horas. Por el mes de octubre, 
se vido, en las ciudades de Viena, Praga, Viten- 
bergs, Lipsia y otros lugares, el cielo que todo 
parecia sangre, mostrandose estas alteraciones 
ya en forma de espadas, ya de lanzas, ya degen- 



239 

te armada, y que peleaban unos con otros, oyen- 
dose gritos (y) llantos rauy horribles; y en laciu- 
dad de Berlin cayeron llamas de f uego. 

«No solamente en el cielo se aparecieron cosas 
de tanta maravilla; pero tambien en la tierra, 
pues que en la villa de Muisal, que esta tres mi- 
llas distante de Rostoc, ciudad de Sajonia, en un 
pulpito de marmol que tenia la iglesia parroquial 
de dicha villa, parecia que en la parte mas baja 
se veia como un pedazo de carne humana, que 
finalmente tomo forma de una mano, con sus de- 
dos muy derechos y unas, muy perfecta, como 
si fuese de un hombre; y en la parte superior del 
dicho pulpito seaparecia como una figura de ros- 
tro humano, con ojos, nariz, boca y barba, y es- 
te rostro se movia muchas veces al dia, ya mas 
alto, ya mas bajo, y con tal fatiga, que dejaba 
en la piedra gotas de sudor, y aunque por per- 
sonas doctas se comenzo a discurrir sobre es- 
te caso, para ver si podia haber causa natural, 
no hallaron que la hubiese, porque la piedra no 
podia tener humedad. ni menos de persona hu- 
mana se podia hacer ficcion ninguna, por lo cual 
se hicieron varios discursos, y particularmente 
uno discurrio que Dios, que por diversos cami- 
nos quiere ensenar a los hombres lo que deben 
hacer, queriendo por esta extraiia aparicion ad- 
vertir que de muchos anos antes no se habian 
predicadoen aquel pulpito al pueblo las obrasde 
caridad en que se d(eb)en ejercitar [dejando las co- 
sas de la fe], figurandose en los ojos, y las obras 
en la mano que v(e)ia(n) en dicho pulpito. 

«Fue cierto cosa estupenda que no solamente se 
viesen tantos prodigios; pero tambien produjo la 
tierra diversos mo(n)struos, pues en Bolmertad, 
di6ce(s)is de Meonster, nacio una nina con dos 
cabezas, en el mes de. octubre; y en este mismo 



240 

mes, en Robera, villa de Cancubamarca, cerca de 
Monterregio, nacio un muchacho con un collar 
de came al pescaezo, y en la f rente tenia pelos 
erizados para arriba, contra todo natural; y en 
otro lugar Uamado Celasi, cerca de Frorcof art, 
deodera (sic), nacio otra nina con dos cuerpos y 
una sola cabeza; sin otros mo(n)struos que, por 
no cansar al lector, los paso en silencio. 

«Pero no es para callada una novedad, jamas 
oida en tiempos pasados, que sucedio este mismo 
ano, pocos dias antes de Pascua de Navidad, y 
f ue que, habiendosele caido a un muchacho, des- 
pues de los siete anos de su edad, algunos dien- 
tes, como sucede naturalmente, en la villa deBe- 
cheldolf, de quien era Senor Federico Gilbrorn, 
le nacio, despu^s de algunos dias, un colmilloen 
la encia de abajo, de oro purisimo. Concurrieron 
a esta maravilla gentes de diversas partes, entre 
las cuales (gentes) f ue Jacob Horst, letor de Me- 
dicinaenHemlstat, quien quisohacer y hizo mu- 
chas pruebasj y hallo que el dichocolmillo era del 
propio tamaiio, forma y manera y firmeza en la 
encia, que tenian los demas dientes, diferencian- 
do tan solamente en la materia, que no solo se 
conocio por la vista y tacto, sino que se toco en 
la piedra donde se prueba el oro y se hall6 que 
era purisimo. Escribio, pues, el dicho lector so- 
bre este caso una obrilla, y habiendo discarrido 
en ella que el dicho muchacho era de complexion 
calida y seca, propuso dos cuestiones, conviene a 
saber: si aquel colmillo pudonacer naturalmente, 
y si se le podia dar digna interpretaci6n.» 

Hasta aqui Cesar Campana. 

Qaise tomar trabajo de traducir estos prodi- 
gios que sucedieron en diferentes partes del mun- 
do, asi para el divertimiento del lector, conio 
para que consideremos los avisos que Su Divina 



241 

Majestad nos da y anticipa, antes que descargue 
el brazo de su justicia, para que nos enmende- 
mos. 

Intencion tenia de cerrar este capitnlo por no 
dar fastidio al lector; pero habiendo, entre otros 
papeles, hallado uno que contenia algunos pro- 
digies sacados de un libro que se intitula «E1 
Curioso en su Aldea,» meparecio no pasarlos en 
silencio, por ser convenientes a la materia de que 
en el hemos tratado, cuyos prodigios, puestos a 
la letra. son los siguientes: 

«E1 ano de 1459, estando el cielo sereno, pare- 
cio en el una llama de fuego, que se partio en 
dos partes: la una claro gran rato, la otra corrio 
hacia el Oriente y (se) desvanecio. En Burgos yVa- 
lladolid cayeron piedras y mucha agua, que ma- 
taron (a) muchos animates. En Penalver, un nino 
de tres meses hablo, amonestando a todos que 
hiciesen penitencia. En Segovia, que el Rey te- 
nia muchos leones, se juntaron todos contra el 
mayor y le mataron y comieron parte de 61. Ano 
de 1468, en Peremoro, junto a Toledo, saliosan- 
gre de las espigas de trigo. Un viento arranco 
todos los naranjos del Palacio Real y los saco por 
las almenas; alzo en alto un par de bueyes unci- 
dos, arando, y los llevogran trecho.» Hastaaqui 
«E1 Curioso en su Aldea,» con que doy fin a este 
capitulo. 

CAPITULO XV 

En que se prosiguen las cosas delReino. 

El Gobierno del Gobernador Leon de Arza no 
fue el de las mayores alteraciones, porque, como 
pre vino las cuatro escuadras que tengo referidas, 



242 

parece que &e gozo de aJgiin sosiego, aunque do 
lo hubo en los aDimos de los aficionados al Go- 
bernador D. Martin de Zavala, pues, al princi- 
pio del ano de 67, vino a este Reino cedula de la 
Reina, nuestra Seiiora, para que se reintegrase 
en las reales cajas de Zacatecas y San Luis la 
cantidad de pesos que habia percibido por sus sa- 
larios de tiempo de treinta y ocho anos de su Go- 
bierno, que, en conformidad de cedula, habia co- 
brado en dichas cajas, y que se ejecutasen sus 
bienes, y por la cantidad que faltase, se enterase 
de bienes del Sr. Conde de Baiios, que fue quien 
mando pagar dichos salarios. 

Vino a la ejecuciondeesto un Andres deMen- 
doza, que embargo todo lo que se reconocio ha- 
bia sido de dicho Gobernador, que fue bien poco; 
siguiendosele grave perjuicio al pueblo del Ala- 
mo, por haberle dejado de herencia cantidad de 
ovejas para el sustento de los naturales; y en 
Zacatecas se remataron unas casas grandes, que 
f ueron del General D. Agustin de Zavala, su pa- 
dre, por siete mil pesos, habiendo costado cua- 
renta y cinco mil, y a este tenor los demas bie- 
nes que se hallaron de dicho difunto, que, a ha- 
berle cogido vivo, sin duda le hubiera servido de 
mucho pesar, pues hubiera experimentado el mal 
pago de los grandes servicios que en este Reino 
habia hecho a S. M., que como en Espana ni en 
las Indias no habia quedado persona de su casa, 
no tuvo defensa en la causa. 

Dijose que fue la causa la facilidad que se tu- 
vo en sacar de una vez ciento y tantos mil pesos 
de las reales cajas, que fue la que montaron di- 
chos salarios en este Reino. Bien poco se pudo 
reintegrar en dichas cajas, porque no quedaron 
mas bienes que una hacienda deminas en la villa 
de Cerralvo y una corta cantidad de ovejas, que 



243 

apenas llegaria todo a tres 6 cuatro mil pesos, 
y los que se sacaron de las reales cajas fueron 
ciento y tantos mil, como se puede colegir del 
tiempo que goberno, que, como va referido, fue- 
ron treinta y ocho anos, a raz6n de dos mil pesos 
de minas en cada un ano. Materia ha sido esta 
que, como no quedo parte legitima que la defen- 
diera, se quedo ensilencio, que(a)haberla susci- 
tado y suplicado a S. M., y representando la jus- 
ticia que le asistia al dicho difunto, no dudo la 
alcanzara, 

Este ano hubo mudanza de gobierno, porque 
en el Real Consejo f ue proveido por Gobernador 
de este Reino D, Nicolas de Azcarraga, Caba- 
llero de la Orden de Santiago, persona de muy cla- 
ro entendimiento, que tomo posesion a los doce 
de Julio; y a fin de septiembre salio para la ciu- 
dad de Mexico el General Leon de Arza, su an- 
tecesor, con los creditos de su buen obrar en su 
gobierno. 



CAPITULO XVI 

De c6mo los indios del Nokte prosegui an las 

ENTRADAS A ESTE ReINO. 



El intrepido natural de las naciones del Norte 
no daba lugar a quo cesasen sus bullicios, no con- 
tentandose solamente en llevarse (a) las caballadas 
de las haciendas mas apartadas de laciudad, sino 
que, por el mes de noviembre, llego una escua- 
dra en cercania de una legua de la ciudad de Mon- 
terrey, en las faldas de una sierra que Uaman 
de las Mitras, y, que, siendo sentidos 6 vistos de 
algunos indios de las haciendas cercanas, salio 



244 

una escuadra de soldados en su busca y pudieron 
prender (a) uno de dichos enemigos y mataron [se- 
gua dijeron] (a) uno 6 dos, y losdemas se escapa- 
ron por haber ganado la sierra. Fue la escuadra 
de nacion tetecuara, por lo que declar6 dicho in- 
dio, y no parecieron mas. 

El dicho Gobernador D. Nicolas de Azcarra- 
ga, teniendo noticia, como tuvo, de los buenos 
aciertos que habia teuido el Capitan Alonso de 
Leon, le eligio por Capitan del presidio de la vi- 
lla de Cadereyta, y al Alcalde Mayor de aquella 
jurisdiccion, fiando de su persona la quietud de 
aquel lado y la que esperaba tener, por su naedio, 
con el de la banda del Norte; y nobstante que 
hubo para el dicho oficio muchos pretensores, y 
con algunas promesas, no los admiti6, faltando 
(a) ruegos y intercesiones de personas de suposi- 
cion; y esto fue en tiempo que ya los indios del 
Norte impedian el trajino de los caminos, y los 
de la naci6n pelones, de la sierra de Papagayos, y 
borrados, de ladeTamaulipa, habian tambien co- 
menzado a hacer danos en llevarse(a) caballadasy 
desnudar (a) pastores en el campo, hurtandoles asi- 
mismo ganado, motivando a que el dicho Capitan 
Alonso de Leon saliese, como salio, a dos 6 tres 
jornadas a dichas sierras, ya con veinte y cinco, 
ya con treinta soldados, costeandolos el susodi- 
cho, y castigando(a)culpados,con que, por enton- 
ces, quedo pacifico el Reino por aquellas partes. 

Y no cesando los de la del Norte, el ano si- 
guiente, de 68, vino una escuadra cerca de la ciu- 
dad de Monterrey y, a menos distancia de media 
legua de ella, se llevaron cerca de ochenta mulas 
de recua de dos mercaderes llamados Joseph Ca- 
nales y Francisco Garcia, que, habiendolas echa- 
do (de) menos, lunes, de manana, diez y siete de 
septiembre, hizo el Gobernador despacho al dicho 



245 

Capitan Alonso de Leon para que viniese con los 
soldados que pudiese juntar; y nobstante que 
hay de distancia siete leguas de la ciudad a la villa 
de Cadereyta, llego por la tarde y siguio el ras- 
tro, y el miercoles diez y nueve del dicho, alcan- 
z6 (a) los indios, antes de ponerse el sol, en distan- 
cia de mas de sesenta leguas; oaataron (a) uno y 
prendieron (a) otro, que hizo ahorcar, no pudien- 
do prender ni matar (a) otros, por haberse subido 
a la sierra, ya cuando llegaron losespanoles, por 
haberlos divisado; trujose (a) la mulada a la ciu- 
dad que se entrego a sus duenos,que fue felicidad 
muy grande haberla quitadb a tan larga distan- 
cia: no falto mas de una mula cerrera, que se ha- 
bian comido. 

Y no cesando por esto las entradas de los ene- 
migos, pues, este mismo ano, yendo a poblar 
las minas del Camahan dos vecinos de las Sali- 
nas, Alonso Rodriguez y Joseph de las Casas, en 
un Puerto que llaman El Pozo, les acometio una es- 
cuadra y los mataron con harta inhumanidad, sin 
quese pudiese averiguar quienes habian sidolos 
agresores; y a no haber bajado de las minas algu- 
nas personas que estaban en ella(s),abuscar bas- 
timento, al cabo de cuatro dias de este suceso, no 
sehubierasabido, por la distancia que habia dela 
casadeloscontenidosa la(s) dicha(8)mina(s).Vol- 
vio a salir con otra compania el Capitan Alonso de 
Leon en busca de los indios que cometieron es- 
tas muertes, y no se pudo descubrir rastro algu- 
no;y comenzandodenuevo los indios de lapunta 
de Papagayos a inquietarse, volvio a aquel pues- 
to y los apacigu6. 



246 



CAPITULO XVII 

Db c6M0 HDBO NOTICIA que LOS INDI08 TETE- 
COAEAS INTENTABAN ENTRAR A ESTE ReINO POR 
LA PARTE DEL AlAMO. 

El ano de 1663 parece que fue el que di6 mas 
inquietud en este Reino. por haberentrado en el 
una escuadra de indios de los alzados del Norte, 
que anduvo muchos dias de sierra en sierra para 
ver si podian lograr algun hecho; era decincuen- 
ta indios. Mataron, en la boca del rio que llaman 
de San Juan, a un indio pastor, y se subieron a 
lasierra; que, habiendotenido noticias de la muer- 
te el Gobernador, formo en la ciudad una com- 
pania y salio otra con el Capitan Alonso de Leon, 
buscando el rastro de estos agresores, que habian 
ganado el cerro que llaman de la Silla, bien as- 
pero y inaccesible, en donde no pudieron conse- 
guir cosa alguna, por la aspereza, antes si, por 
haberse acercado mucho un indio de los amigos, 
lo mataron, y la dicha escuadra se salio a su sal- 
vo, sin que se pudiese hacer ningun lance. 

Al cabo de algunos dias, se tuvo noticia de co- 
mo querian de nuevo los enemigos entrar a este 
Reino por la parte del pueblo del Alamo, que es- 
ta distante de la villa de Cerralvo doce leguas, a 
querer asolar aquella villa, por lo cual mando el 
Gobernador formar dos companias, la una a car- 
go del Capitan Lazaro de la Garza, y la otra a 
cargo del Capitan Alonso de Leon, y por Cabo 
y Comisario de ellas; salieron por el dicho pue- 
blo del Alamo, dieron vuelta a toda la sierra de 
la Iguana y no hallaron a ninguno de los enemi- 



24Y 

gos; anduvieron pisandoles la tierra por muchos 
dias, que importo mucho el haber salido al repa- 
ro de las malas intenciones de los indios. En esta 
Jornada, f lae el caso que queda referido atras, de 
haber ardido la espada que traia un soldado, que 
lo puse en aquel lugar por acompanar a losotros 
casos particulares que sucedieron. 

Este afio, al fin de el, bajando de las minas del 
cerro de lasMitras, uuos tanateros, ^ del Capitan 
Gregorio Fernandez, fueron acometidos de los 
enemigos, y los hirieron, y aunque f neron pregun- 
tados los heridos si acaso habian conocido (a) al- 
guno de los indios, dijeron no haber conocido a 
ninguno. Envio el Gobernador a que formase 
compania (a) el Capitan Alonso de Leon, para que 
siguiese el rastro; y habiendo puesto el real en cer- 
cania de las dichas Mitras, paso un indizueloque, 
al parecer, venia de f uera, y habiendolo llamado 
el dicho Capitan y preguntado de d6nde venia, 
respondio que de la villa del Saltillo, y inquirien- 
do de ei si habia visto algunos indios 6 tenia al- 
guna noticia de enemigos, (dijo) que en el paraje 
que llaman El Agua Escondida [que esta como 
cinco leguas de esta ciudad] habia topado a Mi- 
guelillo, indio de encomienda, de los herederos 
del Capitan Diego de Villarreal, a quien llama- 
ban el Generalillo, con otros diez indios, y que 
le hacian instancia que se f uese con ellos, y no 
quiso. 

Con esta razon, queria pasar el Gobernador al 
real de las Salinas, de donde era dicho indio Ge- 
neralillo, porque el Capitan Alonso de Le6n re- 
corriese los demas puestos, y se resolvi6 a no 
pasar, sino enviar al contenido, como lo hizo, 
dandole una orden para que todos estuviesen a 
la suya. Habiendo llegado a dicho real, hallo que 

1 Operarios que cargan tanates.— G. G. 



248 

acababa de llegar el indio JuaDillo, Capitan de 
los cua(u)guijos, nacion muy belicosa, y inquirio 
de ^l si sabia adonde estaba el Generalillo [ya se 
tenia a este por sospechoso, aunque estaba de paz 
en las Salinas], y respondio que habfa diez dfas 
que habia ido del Sajtillo. Pidiole dicho Capitan 
al Teniente de dicho real el que le diese al dicho 
indio cua(u)guijoy otros tres 6 cuatro Indies para 
seguir el rastro; esto conseguido, y poniendose 
dicho indio, aquella noche, a platica(r) con el di- 
cho Capitan Alonso de Leon, interrumpio en mu- 
chas quimeras, diciendo que en su tierra se les 
aparecia la Virgen Santisima y Nuestro Seiior y 
que les decian que llegaran los espanoles de tres 
en tres a verlos, y que al dicho Capitan lo lleva- 
rian a ver a Dios y se sentaria a su lado [fi(c)cio- 
nes que previno la astucia y oaaldad de dicho 
indio]. 

Aquella noche llego el Generalillo con los diez 
indios que andaban en su compania, con que se 
valio del y del cuauguijoy otros parair a seguir 
el rastro de los que habian herido a los tanate- 
ros, con prevencion que le hizo al Teniente, que, 
si fuesen necesarios los indios amigos que habia 
en las Salinas [estos eran los mayores enemigos 
que habia, encubiertos], se losenviase. Habien- 
do andado como tres leguas con el real, resolvio 
dicho Capitan prender al cuauguijo y sus dos 
companeros, y recibidoles sus declaraciones, con- 
fesaron una gran conjuracion que tenian hecha 
los de su nacion: Juan Carretero, que estaba este 
en el Saltillo con mucho credito y en opinion de 
grande amigo de los espanoles; el Generalillo y 
otros, teniendo ya conferido que dantro de diez 
dias se habian de retirar todos, llevandose cuan- 
ta caballada pudiesen y matando a los espanoles 
que pudieran haber a las manos, y que por dife- 



249 

rentes partes tenian convocados (a) mas de diez 
mil indios para asolar este Reino y el Saltillo. 

Con todo secreto aviso dicho Capitan Alonso de 
Leon al Gobernador y que le enviase (a) treinta 
hombres y requisitoria para despacbar a la villa 
del Saltillo a prender a dicho Juan Carretero y 
todos los demas de su sequito, y a un mismo tiem 
po salir por la Caldera, quellaman, que estadis- 
tante 25 leguas de esta ciudad, a dar a los indios, 
que estaban juntos en la mesa que llaman de los 
Gatujanes, nacion de indios muy guerrera. 

Y de paso dire como esta mesa es una loma lar- 
ga de cuatro a cinco leguas, que esta en un llano; 
su forma es a manera de una mesa liana; tendra 
del circuito catorce leguas; de alto, poco mas de 
un cuarto de legua; tan inexpugnable por su na- 
turaleza, que no le pudiera conquistar el poder 
de Artagerges, porque toda esta cercada. en lo 
alto, de unos penascos en forma de muralla, que 
causa admiracion; no tiene mas que una entra- 
da, que cae al lado del Norueste, y afirman los in- 
dios que arriba toda es tierra liana y que hay 
aguajes para poder c(r)iar ganados. 

Y prosiguiendo la intencion de coger (a) los 
enemigos, lo primero que se hizo fue encargar a 
todos el secreto de las declaraciones y asegurar 
(a) los indios declarantes, separandolos del con- 
curso. Envio dicho Capitan a llamar de secreto, 
con dos soldados, a los indios de las Salinas, que 
los teniamos por amigos [si bien eran enemigos 
encubiertos], para salir con ellos a la faccion, 
cuya resulta se dira en el capitulo siguiente. 



ib 



250 



CAPITULO XVIII 

Del buen aoiekto que se tuvo, asi en la vi- 
lla DEL SaLTILLO COMO EN ESTE ReINO, EN 
PRENDEH (a) LOS ENEMIGOS. 

Mucho importaln) la industria y mana para con- 
seguir los buenos aciertos. Las historias roma- 
nas estan llenas de los buenos sucesos que se tu- 
vieron, asi por esta causa corao por la prudencia 
de sus capitanes para tenerlos. Julio Cesar, en la 
batalla que pretendia dar a Pompe.yo, se arr(i)es- 
go a pasar el rio Rubi(c6n)con un barco, y, disfra- 
zado, registrotodoelejercitode su contrario, con 
cuya vista le dio la batalla en los campos que 
Uaman de Farsalia, y lo vencio; y aunque traer de 
mayor a menor estas consecuencias parece cosa 
frivola, y, nobstante, me pareci6 bacer aqui na- 
rracion. 

Y prosiguiendo nuestra historia, que traido(s) 
los indios de las Salinas, los aprisiono a todos y 
puso suficiente guarda; y a un mismo tiempo pase 
yo a la mesa de los Catu janes, y una escuadra de 
soldados al Saltillo, con la carta requisitoria pa- 
ra el Alcalde Mayor, que lo era Juan Antonio de 
Sarria, de nacion navarro y Teniente de Capi- 
tan General, quien, con su vista, dispuso la ma- 
teria de calidad que, siendo asi que los indios del 
sequito del Carretero estaban en diferentes par- 
tes y haciendas, fueron todos presos, y el dicho 
Carretero, en una tarde, no quedando ninguno 
que pudiese dar aviso en la tierra adentro; y en 
este intermedio, a toda priesa paso dicho Capi- 
tan a la mesa de los Catujanes, y tuvo forma de 



251 

hacer una einboscadaen parte comoda, y cayeron 
los enemigos y (los) trujo cerca de esta ciudad. 

Asent6se el real una legua corta de ella, en 
donde asistia el Gobernador. y se espero que vi- 
niesen del Saltillo con la presa, que tardo muy 
poco, con que en once dias tuvo cumplimiento 
esta f uncion tan deseada de todos. Cuando se su- 
po que el General Juan Antonio se iba ya acer 
cando con la presa, se dispuso hacerle un solem- 
ne recibioiiiento, como se hizo. saliendole al en- 
cuentro cien soldados de este Reino, acompanados 
del Gobernador, cuyoscaballosfueron todos blan- 
cos; hubo mucha saiva y otros festejos que no 
cuento por menor por no dilatar la historia. 

Para mayor averiguacion de la conjuraci6n que 
tenian intentada, se les siguio causa en forma a los 
agresores, y se hallaron convictos y confesos; y 
respecto a que, siendo, como era. el Gobernador 
D. Nicolas de Azcarraga, de natural benigno y 
piadoso, se compadecio de ellos, y pudiendolos 
sentenciar a muerte a todos los que se hallaban 
presos, que eran cincuenta, no ahorco mas que a 
seis, habiendo, para ello, mandadoechar suertes, 
y que los demas fuesen desterrados a la ciudad 
de Zacatecas, condenandolos a serv^icio personal, 
con prisiones, como se ejecuto. Al Carretero, con 
otros, los llevo a ajusticiar ai Saltillo el dicho 
Alcalde Mayor, para que sirviese de ejemplo a 
los indios que habia en aquella villa. Los que se 
habian condenado a servicio personal para los mo- 
linos de la ciudad de Zacatecas, llevandolos 
los soldados de este Reino, al pasar por la juris- 
diccion del Mazapil, los raando soltar el Alcal- 
de Mayor del dicho real, no se con que pretexto, 
con que quedaron sin castigo alguno y fue causa 
de algunos disturbios que sobre el caso sucedie- 
ron y de que se prosiguiese la guerra con mayor 



252 

fuerza,por haber dado libertad a homicidas y sal- 
teadores de caminos, robadores de ganados j caba- 
lladas. 

Acuerdome que, estaodo todos los indios de- 
lincuentes presos en el real, 1 lego a el un religioso 
carmelita, Lector en su orden, que habia entrado 
a este Reino a pedir .limosna, y quien ya tenia 
bastantes noticias de las culpas de los indios; y 
viendolos que estaban todos atados en una coUe- 
ra, dijo pviblicamente, que los mas lo oyeron, que 
era lastitna no aborcarlos a todos, a que, hallan- 
dose presente un religioso del orden de San Fran- 
cisco, asimismo Lector yjubilado de esta Provin- 
cia de Nuestra Senora de Zacatecas, le replico a 
la propuesta, a que respondio que sustentaria en 
las escuelas lo que habia pronuneiado; con que, 
finalmente, despues de algunas conferencias so- 
bre la materia, se remitio todo al silencio. 

Yo no dejare a el [por haberseme venido a 
la memoria lo que of contar a vecinos antiguos 
de este Reino] lo que sucedio por el a no de 
1632, que fue que, babiendo electo la Provincia 
de Zacatecas, por Guardian de la villa de Cerralvo, 
a un religioso llamado Fr. Francisco de Ribera, 
Lector de Teologia, j viniendo a su guardiania, 
encontroenel camino(a)unacollerade indios que 
lleva(ba)n a dicha ciudad para que compurgasen 
sus delitos; y pareciendole que eran inocentes, se 
compadecio de ellos, y tanto, que aun prorrum- 
pio en decir que eraconocido agravio el que se les 
hacia y que le habia de encargar la conciencia al 
Gobernador sobre el caso; finalmente, antes que 
el llegase a este Reino, tuvo noticia el Goberna- 
dor de lo que este religioso habia pronuneiado, 

Llego a esta ciudad y, para pasar a dicha villa 
de Cerralvo, espero oportunidad de tener com- 
pania, por baber veinte leguas de distancia y todo 



253 

despoblado, con que se junto con alg^unos solda- 
dos y otras personas que llevaban (a) quinientos 
carneros y ovejas adicha villa, yhabiendo llega- 
do a un puesto que llaoaan Urquiza, salio unaos- 
cuadra de mas de seiscientos indios, y matando 
a su vista (a) dos soldados y llevandose (a) el ga- 
nado y cuanto llevaban, aunque dicho religioso 
les daba voces y persuadiaa que no prosiguiesen 
en llevar (a) el ganado, no por eso dejaron de 
hacerlo. Lleg6 a la villa de Cerralvo con los que 
quedaron vivos, bien admirado del caso y arre- 
pentidodehaber tenido compasionde tan malaca- 
nalla, causandole horror yespanto las crueldades 
que hicieron los indios con los cuerpos difuntos. 
Y siendo esto en ocasion queelCabildodeesta 
ciudad enviaba un requerimiento pidiendole al 
Gobernador agravase las penas a los indios que 
se prendiesen, mando recorrer todos los autos y 
informaciones y deoaas papeles tocantes a losda- 
nos y muertes y robos que habian hecho dichos 
indios, y por via de consulta se los reniitio a di- 
cho Padre Lector con el requerimiento del dicho 
Cabildo, cuyo requerimiento, por estar bien fun- 
dado y que en el se refieren los delitos que mu- 
chas naciones de indios habian comctido, me i)a- 
recio ponerlo a la letra en esta historia, con el 
parecer que sobre todo dio dicho Padre Lector. 



CAPITULO XIX 

En que SB PONE A la letra el requerimiento 
DEL Cabildo de Monterrey al Gobernador. 

El intento mio no esdilatar la historia en meter 
en ella cosas queparece no son convenientes; pe- 
ro, para quesereconozca con la justificacion que 



254 

desde los principios se ha procedido y los funda- 
mentos que ha habido para los castitfos que se 
haa ejecutado en diferentes ocasiones con esta 
ciega gente, no lo quise omitir, y, asi, se sigue 
aqui el requerimiento del Cabildo, que he pro- 
metido, que es como sigue: 



JRequerhniento. 

«En la ciudad de Nuestra Senora de Monte- 
rrey, del Nuevo Keino de Leon, en veinte y un 
dias del naes de mayo de mil seiscientos y treinta 
y dos anos, la Justicia, Cabildo y Rpgimiento de 
ella, conviene a saber: el Capitan Rodrigo Ruiz, 
Alcalde Mayor y Capitan a Guerra en ella y su 
jurisdiccion, por el Rey, nuestro Senor; el Capi- 
tan AlonsodeTrevino y Diego de Monte Mayor, 
Alcaldes Ordinarios; Gregorio Fernandez y An- 
tonio Duran, Regidores: estando en las casas en 
donde se acostumbran hacer sus cabildos, y ha- 
biendose juntado y congregado en ellas para tra- 
tar y conferir casos tocantes al servicio de S. M., 
bien y utilidad de la tierra, dijeron que por 
cuanto en discurso de mas de treinta anos que ha 
que los naturales chichimecos de la nacion agua- 
tas, tepehuanes, cucuyamas, matolaguas, quibo- 
noas, tacuanamas, icabias, cayaguaga, quienes, 
quinaimos y borrados, del valle de San Juan, y 
otras muchas nacionesdel contorno y comarcade 
este dicho Reino, estan en costumbre de levan- 
tarse y negar el reconocimiento y obediencia que 
tienen dada a S. M., en cuyos levantamientos 
han causado notables y crecidos dafios, nunca 
se han adelantado a los atrevimientos que en es- 
pacio de cuatro meses eontinuos a esta parte han 
fecho, pues era notorio y estaba averiguado muy 



255 

bastaDtemente y probado por las confesiones que 
(sic por de) algrunos que se hancogido, de que se 
ha hecho justicia, que, sin ningun temor, y ya, 
como tan ladinos, solian hasta llegar a los termi- 
nos de la villa de Santiago del Saltillo, y en el 
puesto que llaman de los Muertos, habiendo he- 
cho noche alii la recua y gente de Pedro Camacho, 
dieron en ella, y a no escaparse un negro y in- 
dio que la traia(n), por haber ido a dejar (a) las 
oaulas a parte segura, los mataran y robaran, y 
llevaronse todas las cargas de harina y maiz que 
a este Reino traia(n), y la que no pudieron car- 
gar y llevar, derramaron y (d)esparramaron; de- 
terminando entre ellosde ponerse en la bocaque 
llaman de Vivanco, junto a las Encinillas, puerto 
fuerte y dispuesto a su comodidad, para de alii 
atajar los carros, carretas y recuas que entrasen, 
que, a ponerlo en ejecucion, como lo traian de- 
terminado, fuera total ruina de todo este Reino 
y participara (a) los pueblos cercanos, y lo deja 
ron de hacer por haber cogido a dos de los mas 
belicosos capitanes que lo trataban, que era el 
Malacui y el Calabazo, de quienes se hizo justi- 
cia; y luego, sucesivo, hicieron otra junta al va- 
lle de las Salinas y mataron (a) dos indios labo- 
rios; y de ahi a pocos dias, corriendo toda la 
tierra y saliendo, de hecho y caso pensado, a ro- 
bar y matar, encontraron (a) la gente amiga del 
Capitan Joseph de Trevino, y flecharon (a) dos 
de ellos; y pasando a la boca de Santa Catilina, 
cercana de osta ciudad dos leguas, dieron en la 
rancheria de la gente del Capitan Colmillo, que 
estaba sembra(n)do y quieta, por estar a devocion 
de S. M., y mataron a un indio llamado Tomas 
y a su mujer, y flecharon de muerte a otros dos, y 
se llevaron (a)tres indias, a quienes mataron en el 
camino, de vuelta a su tierra, y, viva, metieron a 



256 

una indizuela cristiana en un jacal y le peg"aron 
faego, donde murio; y saliendo a jos pastoresde 
ganado menor de los duenosdelaestanciadeSan 
Francisco, cogieron (a) un indio y, haciendo opro- 
bios de la forma con que la justicia ejecuta en los 
malhechores su justa, lo ahorcaron. 

«Pasandoa mayores danos, haciendo muy gran 
junta, salierona la gente y soldados que llevaban 
(a) mas de novecientas cabezas de ganado menor, 
y en el puesto que Uaman de Papagayos Chicos, 
los mataron, y flecharon a tres indios amigos, y 
dejandolos por muertos, desnudando a los espa- 
noles que mataron, que fueron a Juan Duran y 
a Lazaro Ruiz; y en el dicho puesto repartieron, 
asi el ganado como la ropa, bestias, cotas, arca- 
buces y todo lo que cogieron; se partieron los 
unos y los otros a sus rancherias, todo lo cual 
vieron los indios quequedaron pormuertos, que, 
libres del peligro, se fueron a dar razon al Sr. 
D. Martin de Zavala, Gobernador y Capitan Ge- 
neral de este Reino; y a poco mas de un mes, 
tornandose a juntar, salieron a los carros, y ha- 
ciendo rostro a diez y seis soldados que iban en 
escolta y acompanando a los carros, mataron a 
Agustm de Urquiza y a Juan Baptista de Alda- 
pe, hermano de Martin de Aldape, y a un indi- 
zuelo, y le(s) Uevaron (a) mas de cuatrocientas ca- 
bezas de ganado menor, sin otros atrevimientos 
que de pocos dias a esta parte tienen. 

«Todo lo cual se ha causado que de la mayor 
parte de indios que en conformidad del auto de 
guerra declarado contra las dichas naciones, por 
sus alzamientos y deiitos, se han vuelto de la ciu- 
dad de Zacatecas, San Luis, Fresnillo, Cuencame 
y de otrasProvincias mas remotas, y por volver 
tan ladinos y astutos, y con el animo y valor de 
los espaiioles, han experimentado sus trazas; y 



257 

cogiendolos al vivo, hoy se valen de ellos y ha- 
cen lo que jamas han hecho, aun siendo en do- 
blado niimero, y haciendo, como hacia(n), entre 
ellos, capitanes y caudillos de mas valor. 

«Sobre todo lo cual, y para que se remedie la 
parte que mas convenga, es caso tan convenien- 
ce el representar al dicho Sr. Gobernador, que, 
pues, los dichos indios, anadiendo deiitos a deli- 
tos, y no cumpliendo el tiempo por que salen con- 
denados, quebrantando las prisiones en que (se 
les encierra) para tenerlos sejjuros, se vuelven y 
causan irremediablesdanosen muertes y impiden 
el trato que la villa de Cerralvo, donde asiste S. 
S., debe tener con esto, y no se espera que haya 
otro remedio mas de proseguir al castigo de las 
dichas naciones con todo rigor, llevandolo a f ue- 
go y sangre, pues, en defensa natural, se debe 
hacer, por todos derechos, agrave las penas del 
auto de guerra, declarando, con nuevo auto, que 
los indios de mayor edad mueran por sus culpas, 
6 que, por !o menos, se les quite la mano dere 
cha y desoque (sic) de los pies, y las mujeres y 
mucliachos, de cinco hasta veinte y cinco anos, 
salgau fuera de este dicho Reino por el tiempo 
que S. S. viere y juzgare que, como mas dociles, 
se puede arraigaren ellos la costumbre de loses- 
paiioles y perder ellos el mal natural de sus pa- 
dres, pues, fuera de este dicho Reino, consiguie- 
ran el litil de ser criados en toda politica e ins- 
truidos en las cosas de nuestra santa fe catolica 
y vendran a ser cristianos;lo cual en estaciudad, 
ni en la dicha villa de Cerralvo, no se puede 
conseguir, porque, por mucha guarda que en ellos 
se pone, se vuelven, como tan cercanos a su tie- 
rra, y dan razon de todo lo que han visto y oido 
a los espanoles; cuyos danos se atajaran con que 
S. S. ponga en ejecuci6n lo que por este auto se 



258 

le pide, pues con ello vendra a asentar una paz 
muy tija y asegara todo este Reino, donde no 
protestan per el nopare (sic) por el perjuicio a 
esta Republica, en ningiin tiempo el articularles, 
no pidieron los que la tenian a cargo lo conve- 
niente a elia, y para ello se entriegue(sic poren- 
tregue) este auto a uno de los Regidores de esta 
ciudad, para que a S. S. sele haga notorio; y asi 
lo proveyeron y hrma.ron.—I^odrigo Mtds. — 
Alonso de Trevi-no. — Diego de Monte Mayor. — 
(jfregorio Fernandez. — Antonio Durdn. — Ante 
mi, Francisco Sanchez de la Bai^quera, Escribano 
de CHbildo* 

Habiendo llevado este auto el dicho Regidora 
la villa de Cerralvo, y visto por el dicho Gober- 
nador, en conformidad de lo que llevo referido, 
juntando todos los papeles y informaciones to- 
cante(s) a laguerra, los remitio al dicho Fr. Fran- 
cisco de Ribera, haciendo un auto en la forma si- 
guiente: 

«En la villa de Cerralvo, de la Gobernacion del 
Nuevo Reino deLeon, en veinteyseisdiasdelme^ 
de mayo derail yseiscientos y treinta y dosanos, 
ante el Sr. D. Martin de Zavala, Gobernador y 
Capitan General del dicho Reino y sus Provin. 
cias, por el Rey, nuestro Senor, Antonio Duran, 
Regidor de la ciudad de Monterrey, hizo presen- 
tacion del auto que la Justicia y Regimiento de 
ella ordenaron yse le entregopara que, comotal 
Regidor, le presentase ante S. S. y que pidiese 
que, por convenir a la quietud, seguridad y casti- 
go de los dafios y rauertes que en el se contienen, 
fechas por las naciones de indios alzados en termi- 
no de este dicho Reino, S. S. determine (lo) con- 
tenido en el dicho auto, y sobre el pedia justicia 
en nombre de la dicha ciudad, por los danos en 
su termino fechos; y el dicho Sr. Gobernador, 



259 

habiendolo visto, dijo que, sin erabarg'o de la 
justificacion con que tiene declarado el castigfo 
que se hacea las naciones contenidas en el dicho 
auto, para lo que de nuev^o se ofrece acerca de 
que, con los medios que en el se piden, se asen 
tRra de una vez el castigo de estos barbaros y los 
menores consiguieran el util que en el dicho au- 
to se propone, mando dar vista de dicho auto y 
informaciones fechas, apercibimientos y otras di- 
ligencias, parecer y asientos que se han fecho 
por tantas veces a las dichas naciones, al Padre 
Prior Fr. Francisco de Ribera, Lector en Santa 
Teologia, para que, visto por Su Paternidad, de 
su parecer en razon de lo que por el dicho auto 
se pide, y con el mandara lo que f uere de justi- 
cia; y asi lo proveyo y tirui6. — D. Mai'tin de Za 
vala. — Ante mi. Jxian de Abrego^ Secretario de 
Gobierno, Justicia y Guerra.> 



CAPITULO XX 

En que se pone a la lbtra el parecer del P. 
Fr. Francisco de Ribera. 



«Jesus Maria, dificultad, si se puede, hacer la 
guerra al presente contra ciertos indios alzados, 
conformeyal tenor de un requerimiento que hace 
el Cabildo de laciudad de Monterrey al Sr. Go- 
bernador de este Nuevo Reino de Leon, con que 
aseguran quedara en paz la tierra. 

«Si^ndome preguntado dijese lo que en Dios y 
en conciencia sen tia acerca dela justicia quese po 
dia y debia hacer, de muchos indios de diversas 
naciones que de tiempo a esta parte andan alza- 



260 

dos, haciendo notables danos, y al presente mayo- 
res que nunca, asi de muertes de espanoles y de 
indios de paz, como de robos de grande numero 
de ganados, asi mayores como menores, mulas, 
yeg-uas, caballos, como mas larga y distintamen- 
te en las informaciones se contiene; con que todo 
este Reino padece grave opresion, impidiendose 
el concurso de las gentes que traen bastimentos; 
acabandose los ganados y caballada, con que se 
impide la defensa, mengua lapoblacion y se vive 
con grande trabajo, desvelo, sobresaltoy continue 
peligro, que es causa de que es tal que (sic) el 
servicio de Dios y el provecho de las almas de los 
indios de paz, que son sin numero, en instruir- 
los en la santa fe catolica, y cesen los reales quin- 
tos de cuatro mineros que hay en esta villa de 
Cerralvo y otros mas en las Salinas, por la in- 
quietud y peligro que continuamente, de noche y 
de dia, tienen con esta perversa y ciega gente; de- 
jandose, como se dejan, de labrar las minas y 
detrabajar en las carboneras, por haber dado por 
varias veces asaltos en ellas, matando a muchos 
espanoles y indios amigos del servicio, robando 
(a) los ganados que habia en ellas y poniendofue- 
go a los jacales; quedando todo deshecho, perdi- 
do y arruinado. 

«Por tanto, en conformidad de estoy de las in- 
formaciones hechas, todo por mi visto, digo que 
el Sr. D. Martin de Zavala, Gobernador y Capi- 
tan General de este Nuevo Reino de Leon, no solo 
puede, sino debe en conciencia, pronunciar auto, 
segiin y cont'orme arbitra y pide el Cabildo de la 
ciudad de Monterrey; y lo uno, porque son per- 
sonas de buen juicio y de larga experiencia en 
este Reino; lo otro, porque todo este Reino esta 
notablemente leso, asi en comiin como en parti- 
cular, y se le debe resarcir la injuria; lo otro. 



261 

porque, habiendo recibido la santa fe catolica y 
dado la obediencia a los Reyes de Castilla, no solo 
son publicos salteadores, sino enemigos declara- 
dos, asi de los espanoles como de la Divina Ma- 
jestad, menospreciando la santa fe que ban reci- 
bido y profesado, arrancando las cruces de sus 
lugares en muchos puestos que los espanoles las 
habian puesto, donde el los alevosamente habian 
muerto (a) algunos, y en otros arrastrandolas y 
hecho anicos y pedazos; lo otro, porque muchas 
y diversas veces, de treinta anos aesta parte, ha- 
biendo dado la paz, nunca la conservaron por es- 
pacio de seis meses, antes laquebrantaron luego 
que se les of recia ocasion de hacer sus acostum- 
brados robos, y entonces los hacian mayores. 

«Por vivir descuidadamente con ellos y por ha- 
berles perdonado tantas veces y procurado llevar 
por medios suaves, si acaso se cansaban y asen- 
taban de una vez, f ue causa, lo uno, de que la po- 
blazon no este muy extendida en este Reino, y 
el Reiijo con grandes aumentos, asi de haciendas 
de labores y ganados mayores y menores, como de 
reales de minas, por ser tierra muy acomodada 
para todo esto; lo otro, fu^ causa la omision y 
remisionquecon ellos se ha tenido en castigarlos, 
de que viniesen a empeorarse y acometer tan- 
tos y tan atroces delitos y desaf ueros como han co- 
metido, y al presentecometen, amenazando a los 
espanoles y que hasta que los acaben no se han de 
cansar, diciendo unos a otros, para animarse, que 
no hay que temer a los espanoles, que si ellos nos 
matan, tambien los matamos a ellos y les come- 
mos sus haciendas; nadie desmaye, que, cuando 
mucho, nos llevaran a depositar a Zacatecas por 
algunos anos; con que alteran y atraen a su com- 



262 

pania (a) otras muchas naciones, haciendoles tla- 
tole^ para que los sigan. 

«Y viendo ellos que no se usa de otrocastigo y 
rigor para obviar sus cotidianos delitos, se deter- 
minan a cada paso a hacerlos mayores, como f ue 
habra tres meses: se juntaron mas de seiscientos 
en la sierra de Papagayos, camino de Santa Lu- 
cia para esta villa de Cerralvo, endondemataron 
(a) dos espanoles y jBecharon (a)otrosindiosami- 
gos que venian con ellos, y les robaron(a) mas de 
novecientas cabezas de ganado menor, cabras y 
carneros; y luego, dentro de un mes, cerca del 
mismo puesto, viniendo hasta once espanoles y 
yo con ellos, que traian tres carros y hasta qui- 
nientas cabezas de ganado menor, salio tan gran 
numero de ellos, de una emboscada que junto al 
camino tenian hecha, quemataron a dos espanoles 
y a un indio amigo y se Uevaron (a) todo el ga- 
nado, pidiendome confesion a voces en aquel aprie- 
to los espanoles; y no contentos con esto, antes 
con mayores atrevimientos. dentro de quince dias 
se f ueron una noche a las Carboneras, una legua 
de esta villa de Cerralvo, donde robaron (a) mas de 
duscientas cabezas de ganado menor. mataron (a) 
algunos indios amigos y flecharon (a) otros, y con 
gran peligro se escaparon los espanoles, aunque 
tenian ar(ca)buces y otras armas, porser tan gran 
numero el de los indios, y pusieron fuego a los 
jacales; y visita(n)do en este mismo tiempo las 
minas, para robar lo que hallasen en ellas, como 
otras veces lo hicieron y ahora lo confesaron al- 
gunos de ellos que cogieron; y luego incontinen- 
ti se determinaron de ir a robar (a) el ganado me- 
nor del lugar de San Francisco, que eran mas de 
ocho mil cabezas de ganado, y a no salira la de- 
fensa, de los cuales murio uno y quedo fiechado 

1 Esta palabra mexicana quierc decir hablador. — G. C. 



263 

otro, los robaran sin duda, con que perecieraalli 
el pueblo y padeciera notable dano todoeste Rei- 
no; y no se contentaron con todo esto, sino que, 
en menor tiempo de un mes. despues deesto, hi- 
zo junta el Capitan Guapale, indio ladino y bau- 
tizado, y caudillo de todos ellos, de masde ocbo- 
cientosindios, para venir a arruinary acabar esta 
villa de Cerralvo, y dej6 la venida por ser dedi- 
ferente parecer otro indio, y era en tiempo que 
habia necesidad de defensa; donde parece obro la 
Divina Misericordia con todos nosotros para li- 
brarnos de sus flechas. 

«Todo esto he experimentadoaqui por espacio 
de tres meses, y conforme a esto, el que f uere de 
diferente parecer que el mio, lo uno, para que no 
lo sea, vengase a morar aca por algiin tiempo, 
vera que asi muda el suyo, como yo mude el mio 
luego que palpe todas estas materias; lo otro, si 
no le mudare, sera darle(s) a ellos toda liber- 
tad y jurisdiccion sobre las ^idas y haciendas de 
los espanoles, y a los espanoles atarles las manos 
para impedirles la defensa y que del todo seaca- 
ben, porque esta gente, llena de ingratitud y que 
no hace mal sino cuando no puede, y para hacer 
sus alevosias no hay soldados de Flandes mas dips- 
tros; y sin haber usado en tan largo tiempo tantas 
y diversas ocasiones de rigurosa justicia contra 
ellos, antes acariciandolosy gastando, comogasto 
el Sr. Gobernador por varias veces, gran nume- 
ro de pesos en darles de vestir y comida, solo pa- 
ra apaciguarlos, jamas quisieron conservar la 
paz, antes fue siempre motivo el agasajo que se 
les hizo para que robasen mas y hiciesen mayor 
guerra: luego. no solo puede, sino que debe en 
conciencia el Sr. Gobernador, pjecutar, no solo 
loque el Oabildo de la ciudad de Monterrey pro- 
pone y pide, sino con mucho m^s rigor, pues la 



264 

falta de el en tantas y diversas veces y la super- 
flua e imprudeDte remision quecon ellosseha te- 
nido, f ue(ron) caus(as) de tantos 5^ tan notables 
danos en este Nuevo Reino. 

«Pruebo la consecuencia, lo uno, con el docti- 
simo Medina, Dzip. (sic) 39, donde dice las si- 
g^uientes \)2t\ixhr2iS'. Mortiferepeccatprincips Ci- 
helum rei piihlice falentern ad fidem. conservan- 
dam at enini eo nom, espirituale honum 7ieGesa- 
rium non gerat precipue^ etta. No podia hablar' 
este gravisinao Doctor mas a proposito a esta 
guerra, aunque estuviera en este punto mirando 
todas las cosas que senala, con que obligaal Prin- 
cipe para que la mueva, porque sin esta guerra la 
repiiblica se acaba, porque los enemigos quitan 
las vidas y lievan las haciendas; por el consi- 
guiente, la fe, porque, acabadoslos espanoles, no 
se predica a las sierras; el bien de los enemigos, 
porque, aunque algunos mueren en ella, los de- 
mas, aunque los haganesclavos por algunos anos, 
es mas provecho para ellos, que pasan toda la 
vida en las sierras y montes, piiblicos enemigos 
de los projimos y delaDivina Majestad, y en sus 
insultos y latrocinios; y finalmente, allanando a 
estas, quedan innumerables almas en este Reino, 
tan amplio y extendido, para comunicarles el 
bien espiritual, y por causa de ellos deja de co- 
municarse, por el peligro que hay de andar por 
la tierra: luego debe el Sr, Gobernador hacerles 
guerra, de suerte que los sujete y allane. 

«Lo otro, porque, como la experiencia tan lar- 
ga ha ensenado, no se ha hallado ni se halla me- 
dio mas conveniente ni que pueda ser eficaz para 
que esto se allane y apacigiie: luego, no solo se 
puede usar de el, sino que en conciencia se debe 
usar y ponerse en ejecucion el antecedente, con 
tal medio es (sic), por ser notorio, pues con el se 



265 

coDseguira sin duda el efecto de lo que se pre- 
tende. 

«La consecuencia pruebo, porque aesta tierra 
es de los Eeyes de Castilla 6 no lo es? Esto se- 
gundo nadie se atrevera a decirlo, porque mere- 
cera ser echado de ella y per extrano del Reino, 
6 se opondra a la potestad que tiene el Sumo Pon- 
tifice para darsela: luego, como pudieron conquis- 
tar las deraas tierras de las Indias como suyas, 
por haberselas dado la Santidad de Alejandro VI, 
puede(n) tambien conquistar esta; y que se la 
haya podido dar el Papa, pruebalo doctisima y 
latamente Fr. Bartolom^ de las Casas 6 Casaus 
en el principio del libro que escribio contra las 
conquistas de las Indias: luego puede(n)conquis- 
tarla como suya y echar a sus enemigos rebeldes 
y traidores de ella. 

«Ysi se respondierequerconforme al breve de 
Alejandro VI, en que concede el imperio de las 
Indias a los Reyes de Castilla y Leon, se debe 
conquistar con medios suaves y caritativos, cul- 
tivando las almas con la divina palabra, respond©, 
lo primero, interpretando el breve, y digo que 
la intenci6n de Alejandro VI fue que los Reyes 
de Castilla y de Leon conquistasen las Indias con 
los dichos modos, pudiendose conquistar de esa 
suerte, pero, no habiendo lugar de este modo, la(s) 
conquistasen con los medios y modos necesarios 
para conquistarlas. Consta esta ser la mente del 
Pontifice, lo uno, porque casi cuantas conquistas 
ha habido en todas las Indias, ninguna fue hecha 
conforme a la letra del breve, como consta de 
Fr. Bartolome delas Casas 6 Casaus, que las re- 
fiere todas, y, nobstante, los Sumos Pontifices 
ban pasado y pasan por todas ellas como justiti- 
cadas, y los Reyes de Castilla, por esta causa, las 
tienen por suyas, de cualquiera suerte que sean 

17 



266 

conquistadas: luego faeron hechas conforme a 
su intenci6n y voluntad del Papa. 

«Consta mas esta verdad, porque en ellas f ue- 
ron los espanoles favorecidos con favores y ayu- 
da del Cielo y medios sobrenaturales en los ma- 
yores peligros, como consta del P. Joseph de 
Acosta en la «Historia Moral de Indias,» libro 
siete, capitulo veinte y seis y veinte y siete; y en 
el Naevo Mexico, en los tiempos presentes, se- 
gun consta de la relacion que en la ciudad de Me- 
xico, el P. Manso, Procurador del Nuevo Mexico, 
imprimio elano del631, ha habido tambienalgu- 
nos milagros en favor de los espanoles: luego, con 
justo titulo y sana conciencia, tienen los Reyes 
de Castilla las Indias, aunque fuesen conquista- 
das no conforme a la letra del breve, puesDios les 
favoreceyayudaen lasconquistas, aunque hayan 
sido tan crueles y sangrientas como refiere el au- 
tor citado. Fray Bartolome de las Casas 6 Casaus; 
y su Vicario se las dio en potestady virtud divina: 
luego, con el mismo seguro de conciencia, pue- 
de(n) conquistar este Nuevo Reino de Leon con 
los medios necesarios para conseguir el fin de la 
conquista, porque siestatierra no se puede con- 
quistar con los medios necesarios con que las de- 
mas se conquistaron, tendrala S. M. si la con- 
quista contra conciencia, y, por el consiguiente, to- 
daslasdemas; esto, segun Donadillo, no se ha de 
decir: luego tampoco dire loprimero, si noes que 
diga que hay otra nueva concesi6n y otro nuevo 
breve para la conquista de este Reino, y paraeso 
debe ensenarle, lo cual no har£, porque no hay 
ni ha habido mas de dos, en que generalmente 
conceden los Sumos Pontifices el imperio de las 
Indias a los Reyes de Castilla y Leon, sin hacer 
diferencia de conquista en este ni en otro: lue- 
go puede S. M. conquistarla con los medios ne- 



267 

cesarios y tenerla con tanta conciencia como se 
tienen las demas, y para este efecto es necesario 
poner en ejecucion los medios que propone el 
Cabildo de Monterrey: luego debe el Sr. Gober- 
nador usar de ellos para allanar y apaciguar la 
tierra, y hacer con diligencia y cuidado lo que el 
manda, y encarga tanto S. M. 

«Con esta (sic por consta) esto mas, porque casi 
todas las tierras de las Indias que de esta suerte se 
han conquistado, eran pobladas de lugares, villas 
y ciudades, viviendo con gobierno y modo politi- 
co y siguiendo ley natural, y, nobstante, se ha pa- 
sado por el modo y medio con que se conquista- 
ron: luego con mas justo titulo se pueden conquis- 
tar los indios que hay deguerra en el Nuevo Reino 
deLeon, pues, louno,sonlosmasbautizadosyque 
inducen a los demas a que se alcen y pierdan la obe- 
diencia a los Reyes de Castilla, la cual dieron mu- 
chas veces, y todos, asi los unos como los otros, 
no siguen ley ninguna, porque, con ser bautizados, 
dejaran la evangelica que recibieron, como consta 
deldesprecioquehacen de las cruces, y no se halla 
ni (se ha) hallado otra ley en todos los indios de 
este Reino, mas de la epiacrer (sic), porque ni aun 
de rito ni ceremonias con fdolos y falsos dioses 
usan, viviendo como animales, sin tener natura- 
leza ni morada de asiento, ni otros bienes ni ves- 
tidos mas de arco y flecha, y como montaraces 
se sustentan de raices y yerbas de las sierras y 
campos y de lo que roban y hurtan a los espano- 
les de toda su caballada y ganado; muy enemi- 
gos de trabajar y inclinados a saltear y robar lo 
que pueden, y de grande ardid para hacer ale- 
vosias, como consta de sus hechos: luego con mas 
justificacion puede y debe el Sr. Gobernador con- 
quistarlos y sujetarlos con los dichos medios y aun 
mas rigurosos, si fueren necesarios, de los que 



268 

propone el Cabildo de Monterrey y de los (con) 
que se ban conquistado las demas tierras de las 
Indias, porser pobladas de gobiernoy seguir ley 
natural, porque, de otra suerte, fuerasuperflua la 
guerra y eonquista, y de ningun pro vecho, an- 
tes de notables danos y de grande gasto, como 
lo ha sido hasta ahora, de cuarenta aiios a esta 
parte, en que gast6 S. M. y el Sr. Agustin de Za- 
vala, con el Sr. Gobernador y otros conquistado- 
res que habia, mas de trescientos mil pesos, y no 
ha servido todo esto mas de morir muchos espa- 
noles fuera de su tierra, amanosde estos indios, 
y haber trabajado para ellos, porque, en los tiem- 
pos atrasados, que estuvo la tierra algo mas quie- 
ta, aunque siempre de guerra, habia grande abun- 
dancia de ganados y caballada,tanto,que hay hom- 
bre en ella a quien dicen robaron por veces (a) 
nueve mil vacas, y a este tono lo demas; de suerte 
que, si se hubiera hecho justicia de tantos hur- 
tos, estuviera este Reino tan rico y abundante, 
que pudieran sacar de el, como entonces sacaban, 
(a) mucho ganado y caballada para otras muchas 
tierras, porque tal vez y muchas veces acontecio 
ir mucho ndmero de ellos a las propias casas de 
los vecinos de la ciudad de Monterrey y de esta 
villa de Cerralvo y llevar (a) todo el ganado y ca- 
ballada y lo demas que podiandelas casas, dejan- 
dolas quemadas y a losduenos heridosy ahuyen- 
tados de ellas y de sus haciendas: luego, a quien 
puede dudar que quien(es) tales hechos hace(n) 
deben ser conquistadosy castigados como publi- 
cos salteadores y traidores a 8. M. , por haberle 
negado la obediencia que le dieron? 

«Pruebo, tras lo dicho, porque, para que la gue- 
rra sea licita y se pueda hacer con sana concien- 
cia, cuatro cosas se requieren, segun dicen los 
teologos: autoridad legitima, causa bastante, bue- 



269 

na intencion y modo conveniente. La autoridad 
legitima esta en el principe 6 qiiien tiene sus ve- 
ces: consta de San Agustin, libro 22, «Contra 
Fausto,» cap. 75, donde dice: ordo naturaUs et 
acomodatus ac e^cposit^ etta. No puse todo el la- 
tin, porque estaba tan mal escrito, que no se pu- 
do entender. La causa bastante y que justifica la 
guerra, ha de ser injuria conocida: vease al mis- 
mo santo en la cuestion diez, sobre Josue, donde 
dice: lusta velladeilniresoleint quod, etta. Sera 
intencion que el buen fin, intencion de aquesta, 
esto es, que el principe solo pretenda hacer jus- 
ticia y restituir la paz, castigando el agravio que 
pudo perturbar. La cuarta condicion, que es el 
medio conveniente, consisteenque se haga lague- 
rra con el menor daiio que pudiere ser, sin per- 
juicio de los inocentes, si no fuere en caso que 
casualmente se tropiece y no pueda ser de otra 
suerte, porque no sera justa de otra manera, co- 
mo dice el mismo San Agustin, libro 22, «Contra 
Fausto,» cap. 74, donde dice: nocendi Oupiditas, 
etta. Lo que se debe culpar con razon enlague- 
rra, dice Agastino, es desear hacer dano, la cruel- 
dad de la venganza, el animo pendenciero y im- 
placable, la fiereza de la rebelion, la codicia del 
senorio y otras cosas semejantes a ^stas, que 
el derecho prohibe. Todo esto inmediato cesa en el 
principe que al presente mueve la guerra, como 
consta a todo este Reino, y dejar omisiones y re- 
misiones de delitos para con los enemigos contra 
quienes era razon usar de los medios que ahora se 
ponen: luego, no solo la puede hacer con justicia, 
sino que debe hacerla en conciencia, pues para 
eso le ha puesto aqui S. M. 

«Consta mas esto de las condiciones senaladas 
por los teologos, por hall arse todas en esta auto- 
ridad; que sea la primera, nadie puede decir le 



270 

falta alSr. Gobernador, pues una de las que asen- 
to con S. M. fue que habia de apaciguar y alla- 
nar la tierra, para la cual no le limit6 los medios 
necesarios, ni podra limitarselos, porque fuera 
obligarse a una implicacion de contradi(c)ci6n. 
La segunda, que es causa bastante, tambien es no- 
toria a todo este Reino, por haber dado tantas y 
tales en el estos indios, ocasionadas a que con 
grande rigor sean castigados en penasuya y ejem- 
plo de los demas, como consta de informaciones 
liechas. Buena intencion, que es la tercera, no 
es menos notoria, pues de muchosanos a esta par- 
te, que dieron muchas y diversas veces la paz, y el 
Sr. Gobernador aceptadola, aunque nunca la guar- 
daron, en lugar de castigarlos, como era razon, 
para allanar la tierra y no fiar de ellos,nolohizo 
con el justo castigo que sus delitos pedian, antes, 
para afianzarles quese quietasen, gasto S. S. gran- 
de suma de pesos, por varias y diversas veces, en 
darles ropa y comida liberalmente, sin oprimirlos 
a irabajar; y con todas estas falsas paces, y dadi- 
vas que recibieron, jamas promulgo guerra con- 
tra ellos con pena de muerte, sino con deposito 
de algunos afios fuera de este Reino, los de diez 
y ocho anos arriba, y los de ahi abajo, dentro del 
Reino, para que en este tiempo se instruyesen» 
asi en la santa fe catolica como en policia.» 



CAPITULO XXI 

En que se prosigue el paeecer del P. Ribera. 

Prosiguiendo, pues, el P. Lector Fr. Francisco 
de Ribera con su parecer, dice asi: 

«Modo conveniente, quees la cuarta condicion, 



271 

de muchos y diversos se ha usado de cuarenta 
anos a esta parte para atraerlos a la paz y quie- 
tud y con ella(s) allanar la tierra y poder mejor co- 
municarles la luz del santo evangelic, y ninguno 
aprovecho, por lo cual, habi^ndolo mirado con 
sano y maduro acuerdo el Cabildo de la ciudad 
de Monterrey, firma de su nombre no haber otro 
que sea conveniente que el que propone al Sr. 
Gobernador, con requerimiento de que le ejecu- 
te S. S. : luego sin ningun escriipulo puede eje- 
cutarle, antes tenerle muy grande de ser omiso 
en observarle, piies lanecesidad lo pide y el fin de 
lo que se pretende, mediante este medio, y se es- 
pera con seguridad, con lo cual dice San Agustin, 
epistola 20T, se busca y pretende la paz: pacem 
habere dehet^ etta; de suerte que la guerra oca- 
sionada justa, trae consigo la paz, y la paz im- 
prudentemente concedida, como es la que a estos 
tantas veces se les concedio, pues veian que nun- 
ca la guardaban y que lapedian para mejor poder 
hacer sus robos, y es para que siemprehaya gue- 
rra, como la experiencia tan larga en este Reino 
tantas veces lo ha mostrado, y a cada paso mas 
sangrienta, matando a cuantos pueden, robando 
sus haciendas y poniendo fuego a sus casas: lue- 
go debe el Sr. Gobernador ejecutar los dicbos 
medios para limpiar y librar este Reino de tanta 
opresion, fatiga y trabajo que causa esta perversa 
y ciega gente, 6 dejar el oficio, pues el ser remiso 
en castigar semejantes delitos, es para quese va- 
yan acabando los espanoles y quede desampa- 
r(ad)o y desierto el Reino. 

«Confirmolo con lo que trae el P. Remessal en 
la «Historia de Chiapa y Guatemala,» libro 10, 
cap. 63, si era licito al Rey, nuestro Sefior, hacer 
guerra a los indios pustecas y otros, no porque 
son infieles, 6 porque comen carne humana, sino 



272 

porque quemaron muchas iglesias de los pueblos 
vecinos, quebrantaron las santas imageries, sa- 
crificaron a sus idolos sobre los santos altares (a) 
ninos hijos de cristianos, sobre la misma cruz, y 
por otras muchas maldades que entonces hacian, 
a lo cual respondieron los piadosisimos y mise- 
ricordiosisimos padres que ellos, en grande ma- 
nera, amaban (a) los indios; que no solo le era 
licito al Key, nuestro Seiior, hacerles guerra, si- 
no que, en conciencia, estaba a ello obligado y, 
para defender a sus subditos totalmente, destruir 
los de Lacandosse y Pactlas. 

«No amenaza ni muestra menos danos la deter- 
minacion y modo con que estos indios procedie- 
ron, proceden y van procediendo en sus robos y 
insultos, como consta de informaciones hechas, 
de tantas muertes de espanoles y indios de paz, 
que, por ser amigos de los espanoles, los matan, 
aunque sean de su nacion (y) rancheria y deudos, 
con grandes robos de ganados y caballada, que- 
mando las casas que pueden, menospreciando las 
santas cruces y el decirle al espanol que matan, 
al punto que quieren darle la muerte, por burla 
y escarnio y raenosprecio de la santa cruz, que 
diga: Jesiis, bajandole a pescozones la cabeza y 
dandosela a besar con violencia y desacato, y sien- 
do bautizados y ladinos: luego, con sana concien- 
cia, y no esta menos obligado el Sr. Gobernador 
a castigar y conquistar (a) estos indios hasta suje- 
tarlospor losraodosnecesarios, aunque sea destru- 
yendolosy acabandolos, pues ellos, como enemi- 
gos declarados, procuran destruir y acabar a todos 
los espanoles, como lo uno lo va(n) mostrando por 
las obras, y lo otro lo confesaron y declararon juri- 
dicamentealgunos indios que cogieron, de lacom- 
pania de estos : 1 uego, en conf ormidad de todo esto, 
debe S. S. proveer y pronunciar auto para que 



273 

se les haga guerra, conforme y al tenor y por 
lo menos del requerimiento que le hace el Cabil- 
do de la ciudad de Monterrey. 

«Y esto es lo que en Dios y en concienciasiento 
y respond©, debajo de la protesta que hago, con 
todos los requisites que en caso de peligro de 
muerte deben hacer los sacerdotes, en que no es 
mi intento aconsejar ni mover a pronunciar auto, 
ni a la ejecuci6n de el, en que se siga muerte 6 
cortamiento de miembro, sin responder a la difi- 
cultad propuesta. En esta villa de Cerralvo, en 
donde hay pocos libros, en cuatro dias del mes 
de junio de mil y seiscientos y treinta y dos aSos. 
— Ft. Francisco de Ribera, Lector de Teologia.* 



CAPITULO XXII 
De c6mo el Gobeknador remiti6 este pare- 

CER A LA CIUDAD DE SaN LuiS i OTROS Te6lO- 
GOS, Y LA RESPUE8TA QUE DIERON, Y LO QUE DE 
NUEVO ANAD16 EL DICHO LeOTOR. 



Bien conocera el lector, aunque sea de media- 
no discurso, cuan bien fundado esta el parecer 
antecedente, del P. Ribera, y en que parece ejer- 
cito bien su entendimiento, proband© con auto- 
ridades de San Agustin yotrosautores la guerra 
justa que se les hace a estos indios, y los f uertes 
f undamentos con que afianza sus propuestas, con 
tan firmes argumentos; y cuan bien los abraza a el 
Gobernador D. Martin de Zavala, con su claro 
entendimiento, como es publico lo tuvo, y que, 
demas de los estudios que habia profesado en la 
ciudad de Salamanca, era versado en muchas 



274 

lenguas y habia andado la Italia, Flandes y otras 
partes, con que era famoso en todas materias; 
mas, nobstante, no se resolvio a ejecutar el auto 
del Cabildo. Remitio dicho parecer a la ciudad 
de San Luis Potosi para que lo viesen algunos 
sujetos teologos de la orden de San Francisco, 
y que al pie de el dijesen lo que sg^ntian para mas 
asegurar su conciencia, con lo cual, y en su cum- 
plimiento, al pie de el dieron el suyo, que es el 
que se sigue: 

Aprobacion. 

«Los autores que tratan dilatadamente de gue- 
rra justa y sus calidades y condiciones, son San- 
to Tomas, 2-2 question, 44; Caeitanus edsequas 
Valina, disp. 3-9-16 asor, tom. 3, lib. 2, cap. 7; 
Covarrubias, part. 2, § 9, n. 1 et sequentibus ; 
Bid. deYeriheli, cap. 15, num. 15, et Sumo7iis- 
t(B, Verio helum, cuyas razones y argumentos 
toco brevemente el P. Lector Fr. Francisco de 
Eibera en este su parecer y sentencia, por lo 
cual, sin hacer prolijamente mas razones de las 
dichas, ni cansar con infinitas autoridades de 
los dos derechos y maestros de todas facultades, 
se puede juzgar y tener por justa la guerra con- 
tra los indios, castigandolos conforme a las oca- 
siones (en que) dieren lugar a ello; s61o se deja 
temer, y no pequeno, las insolencias y crueldades 
y liechos atroces a que los soldados se arrojan, 
en teniendo licencia de autoridad piiblica contra 
los enemigos, bien probadas y experimentadas 
en todas las conquistas de las Indias, por cuyos 
pecados quiza padecen hoy todos estos Reinos 
las calamidades y castigos que Dios nos en via; 
porque, si bien en las batallas publicas de opues- 
tos ejercitos, se aparecian personas y santos, y la 



275 

Santa de los Santos, Maria Santisima, que los fa- 
vorecia y ayudaba, pero no asi en los acometi- 
mientos privados de los soldados, que los hacian 
sin temor de Dios y sin el bianco y fin de servir- 
le, por donde debe mucho prevenir y ponderar 
este dano el Sr. Gobernador, con medios saluda- 
bles que leacarreen gloria y honor, como a capi- 
tan cristiano, haciendo las diligencias y medios 
convenientes a la paz y a laseguridad y buenpa- 
saje de los inocentes, pues, por lo menos, lo son 
las mujeres, doncellas y los ninos, que son los 
que menos danan y padecen mas en estas ocasio- 
nes, demas que muchos adultos seran de nuestra 
parte, y es forzoso ampararlos y defenderlos; en 
lo demas, notese la distincion no pequena que hay 
de venirme a buscar el e(ne)migo a mi casa, 6 si 
yo a matarle a la suya, que en lo primero me de- 
fienden todos los derechos, y en lo segundo me 
atan las manos a que no ejecute todo lo quepue- 
do; finalmente, la guerra propuesta es justa, y 
teniendo el Sr. Gobernador comisi6n bastante 
para ello, sin reconocimiento a otro superior, la 
puede publicarei(n)novar, en lacual le de el Se- 
Sor, ultra de la victoria corporal, lamejor ymas 
loable, que es el verdadero conocimiento de nues- 
tra fe y su recepcion en aquellos animos barba- 
ros y rebeldes; y en este caso se entienda la mis- 
ma protesta que hace el P. Lector, que en esa 
virtud y condicion firmamos todos los presentes. 
— Fr. Alonso Rehollo. — El Lie. D. Juan de 
Herrera Sandoval. — Fr. Alonso de la Mota. 
— Fr. Pedro JRuhio. — Fr. Pedro Yenegas. — Fr. 
Pedro de Cabrera. — Fr. Antonio Mondragon. 
— Fr. Andres del Catnpo. — Fr. Cosm,e Marti- 
nez. — Fr. Pedro dePrado. — Fr. Nicolas de 8a- 
lazar.^ 
Habiendo vuelto a manos del dicho Goberna- 



276 

dor D. Martin de Zavala el parecer con la apro- 
bacion antecedente, lo volvio al dicho Padre 
Lector Fr. Francisco de Ribera para que lo vie- 
se, y visto, aiiadio a el lo siguiente: 

<Estimando la merced que los Muy Reveren- 
dos Padres me ban hecbo en firmar este parecer, 
atendiendo juntamenteconmigo al servicio de las 
dos majestades, provecbo de las almas y bien co- 
miin de aqueste dilatado Reino, con todo, por si 
acaso a alguno le diere gusto de leerle y quede 
libre de toda duda, respondere con toda breve- 
dad a lo que parece muestran dar asomosdeella 
y quedar yo libre de todo descuido en esta par- 
te; y a los autores quecitan quetratandeguerra, 
digo queyo los hubiera citadosituviera aqui los 
libros, por cuya falta digo en la ultima palabra, 
pemiltimo verso de este parecer, que hay pocos 
libros en este puerto, y son tan pocos, que nin- 
gunos hay que exprofeso traten de guerra; y el 
decir que toque brevemente las razones que ellos 
traen, respondo, lo uno, como no las saque de los 
libros, mas que las que mi entendimiento di(c)t6, 
no es mucho que no f uesen tan a larga, demas 
que yo soy amigo de brevedad, cuando basta; 
lo otro, que no estan tocadas tan brevemente, 
^que despues de haberla leido 6 oido una vez, 
no quede satisfecho, como lo quedaron los sobre- 
dichos Padres, pues no anadieron ninguna de nue- 
vo, sobrando aqui papel para poder anadirlas; y 
el decir que dejan temer las crueldades atroces 
que hacen los soldados por la autoridad publica, 
no hace al caso, por dos razones: la una, porque 
eso es 'per accidens^ y no se ha de anteponer a la 
^Qpe7'se, (sic) ni dejarse de hacer la guerra cuando 
la necesidad lo pide, demas que estas son cosas 
y sucesos que los superiores no pueden remediar, 
principalmente en este Reino, por la guerra en 



277 

sierras escabrosas y extendidas, en donde no se 
puede hallar presente el principe que gobierna 
para amparar y defen(der) la villa, y no perezca 
mientras sale a otras partes; la otra razon, por- 
que en la tercera condicion puesta en este pare- 
cer, que senala, para que la guerra sea justa, es 
que se haga con el menor dano que se pueda ha- 
cer, y ese pretende siempre el Sr. Gobernador, 
cuanto es de su parte, si no es en cosas que S. S. 
no puede remediar, demas que el Padre Maria- 
na, hablando de los danos que en las conquistas 
de las Indias se hicieron, que comprensados (sic) 
todos con los bienes y f rutos espirituales que re- 
cibieron y reciben los naturales, dice que no ex- 
cedio toda aquella malicia a este bien; y el dar 
diferencia entre las batallas y acometimientos 
priyados y que en aquellas aparecian los santos y 
en estos no, yo no hallo ningunas, porque si los 
ej^rcitos y batallas piiblicas eran para quitar 
los reinos a los senores naturales y por esa causa 
hacian los espanoles guerra a f uego y sangre, tan 
cruel como las historias lo cuentan, los acometi- 
mientos particulares no se ordenaba(n) a otro fin, 
sino a coger todo el senorio, como de hecho lo 
cogieron; no pudo ser tan to el dano en esos aco- 
metimientos particulares como en la batalla pu- 
blica, pues no seria con tanto numero de soldados, 
y aunque lo fuese, todo era ardid de guerra; y si 
la guerra en la publica batalla era justa, lo seria 
tambien en la privada; y el no haber parecido la 
Virgen Santisima y santos en la privada, seria 
por no haber necesidad, que andarian en seme- 
jantes acometimientos los espanoles con el segu- 
ro necesario: luego, si peleando en este Nuevo 
Reino de Leon ejercito de espanoles con ejercito 
de indios, es justa la guerra, lo sera tambien en 
los acometimientos y ardides particulares que 



2Y8 

con los culpados se usare; y la distincion que di- 
cen, de venirme a buscar el enemigo a mi casa, 6 
ir yo a buscarle en la suya, lo aprobara yo si el 
enemigo estuviera en tierra poblada, en donde 
vivierasinsalirmuy asu salvo a los caminos a ro- 
bar cuanto por ellos se trae y matar a cuantos lo 
traen; ademas, que, como digo en este parecer, 
al poblado y poblados ha(n)se venido por diver- 
sas veces, matando a cuantos espanoles hallan y 
indios amigos y robando los ganados y todo lo 
demas que hallaban; y siendo asi que ellos no pe- 
lean cuerpo a cuerpo con espanol, sino todo con 
ardid y rnana, i quien duda que para librarse de 
ellos es necesario ir a buscarJos, no a sus casas, 
que no las tienen, sino a las sierras, adohde los 
hallaren, pues desde elks impiden la poblacion 
con matar a los espanoles y robarles sus hacien- 
das? y de otra suerte era imposible hacerlesgue- 
rra ni defenderse los espanoles de ellos; y a lo 
que toca la jurisdiccion, facultad y autoridad que 
tiene el Sr. Gobernador para publicar la guerra 
quefuere necesaria contra ellos, en orden a quie- 
tar y pacificar la tierra, vease la ordenanza 137, 
de la cedulareal de las nuevas poblazones, en que 
dice S. M., con todo su Consejo, que, si habien- 
dole(s) requerido por diversas veces tengan paz 
y dejen poblar a los espanoles, y con todo esto 
no quisieren, sino inquietarlos y perturbar la po- 
blacion, se les haga toda la guerra que f uere ne- 
cesaria para que la poblacion vaya adelante; vea- 
se una de las ordenes que hace S. M. al Sr. Go- 
bernador, en que pueda traer cien arcabuces a 
este Nuevo Reino de Leon, para la conquista y 
pacificacion de el: luego si S. M. lemandaporsu 
real cedula les haga guerra, habiendo necesidad, 
y le da licencia para que traiga armas para ella, 
bien se sigue que tiene autoridad para publicar- 



279 

la de la suerte que viere convenir, como la pu- 
blico, reservando a losinocentes quese presume 
no ser culpados, del castigo de los demas. Esto 
me parece responder para dejarlo todo mas cla- 
ro, debajo de la dicha protesta. En esta villa de 
Cerralvo, en trece de noviembre de mil seiscien- 
tos y treinta y dos aiios. — Fr. Francisco de Ri- 
hera, Lector de Teologia.> 



CAPITULO XXIII 

En que se prosiguen las guerras que hubo 

EN ESTE ReINO. 



No tan solamente los indios de la parte del 
Norte tenian oprimidos a los vecinos de este Nuevo 
Eeino de Leon, entrando en el, sino que tambien 
hacian sus escuadras y salian en distancia de cua- 
renta y cincuenta leguas, como era cerca de una 
hacienda llamada Matehuala, cercana del real de 
Charcas, y puestos de Sandi, el grande y chico, 
pues por el ano de 1671, a principles de el, se 
tuvo noticias, por las que dio el Capitan Fer- 
nando Sanchez de Zamora, de las minas del Rio 
Blanco, en que una escuadra de tetecoras habia 
acometido a una recua que entraba a este, de un 
Antonio Mendez, en cuya compania venia el Lie. 
Diego Alvarez, presbitero domiciliario del pue- 
blo de Guchiapa (sic por Huichapan), en la Nue- 
va Espana, quien venia a este Reino, donde tenia 
hacienda de ovejas. Viniendo la recua, caminan- 
do con alguna mercancia, la saltearon los indios 
en las ultimas mulas que venian atras [el dicho 
Antonio Mendez y el clerigo venian adelante. 



280 

como tres tiros de arcabuz]; mataron a un man- 
cebo espanol y a un indio, obligandoles a desam- 
parar, a los que venian adelante, (a) la recua y 
ir a dar al puesto del Rio Blanco, de donde salio 
con algunos soldados el dicho Capitan Zamora, 
por ver si podia dar alcance alenemigo; pero asi 
que hicieron las muertes, comenzaron a destro- 
zar las cargas y llevarse todo lo que pudieron 
cargar. El breviario del dicho clerigo, que acaso 
lo traia en unos cojinillos uno de los difuntos, lo 
dejaron metido en un brazo de un arbol. Cuando 
llego el socorro, hallaron el destrozo hecho, asi 
en la mercancia como en los cuerpos. Llevaron 
los difuntos a enterrar y recogieron los rezagos 
que habian quedado. 

Este mismo aSo, sucedio que, viniendo asimis- 
mo del valle de San Antonio la recua del Capitan 
Miguel de Escamilla, cargada de maiz, la saltea- 
ron unos indios de la sierra de Tamaulipa, que 
fue dichaescaparselosquela traian; con que fue 
necesario saliese el Capitan Alonso de Le6n con 
una compania a reparar estos danos, porque, en 
todas las que seofrecian, luego echaban manode 
su persona. 

No faltaronesteano, en el discurso de el, otras 
muchas salidas que fue necesario hacer, casti- 
gando a los indios que se cogian; pero esta es 
gente en quien no hace impresion el ejemplo ni 
las persuasiones: siempre continuan sus malda- 
des y solo escarmienta aquel que muere. 



281 



CAPITULO XXIV 

Del gran alzamiento del valle 
UE San Antonio. 



Ya queda dicho, en los illtimos renglones del 
capitulo pasado, que en esta gente chichimeca no 
hace impresion ni escarmienta con ejemplares 
ajeuos, si no es en cabeza propia. Habiase reti- 
rado de esta jurisdiccion un indio bien ladino y 
criado entre espanoles cristianos, llamado, por 
raal nombre, Cualiteguache; se araparo en la sie- 
rra de Tamaalipa, y luego, a titulo de quietarse, 
se agrego en la mision de San Antonio, distante 
de esta ciudad cuarenta leguas, en donde habia 
religiosos de San Francisco, administrando, asi a 
los naturales como a algunos vecinos espanoles 
que se habian agregado alii, en donde ya tenian 
su forma de pasar con algunas labores que ha- 
bian fundado y criasde ganado, y como empeza' 
ban por aquella parte a entrar a agostar algunas 
haciendas de la Nueva Espaiia, se iba aumentan- 
do aquel valle. Y, sin ocasion que precediese, se 
levantaron losindios, que fueron mas de seiscien- 
tos, y su caudillo de ellos, el dicho Cualitegua- 
che; y una noche mataron a Diego de Hinojosa, 
Teniente de aquel valle, llegando a su puerta y 
hablando en lengua castellana los indios, dicien- 
do: alabado se(a) Cristo; y pareciendole al dicho 
Teniente, en la voz, que eran espanoles, sali6 en 
esa confianza, y del primer flechazo que le tira- 
ron, al salir, quedo muerto; tiraron otros; hi- 
rieron a la mujer, aunque no de peligro. 

18 



282 

Y prosiguiendo instantaneamente en su mal- 
dad, estando agostando en aquel valle dos ha- 
ciendas de ganado ovejuno, que la una era de D. 
Martin Perez Romo, vecino de Queretaro, a car- 
go de un Gabriel Candelas, y la otra a cargo de 
unEodrigode Adame, mataron (a) treintayocho 
pastores y se llevaron a lo menos (a) cincuenta 
mil cabezas de ganado, ovejas y carneros, y cua- 
trocientos caballos y mulas, arreando con todo 
ello hacia la sierra de Tamaulipa, que quiso Su 
Divina Majestad cerrarles los ojos el no acome- 
ter a los dos ranchos en donde habia a lo menos 
doscientas y cincuenta personas, las mas mujeres 
y ninos, que con mucha facilidad las consumie- 
ran. El dicho Gabriel Candelas dio luego aviso 
al Capitan Alonso de Leon, quien salio con los 
soldados que pudo y pidio la brevedad del caso, 
dandole parte al Gobernador D. Nicolas de Az- 
carraga, del suceso; y habiendo dicho Capitan 
seguido a los indios, les quito (a) trece mil ove- 
jas y veinte caballos, que no pudo hacer mayor 
lance, porque ya habian ganado la sierra. 

Luego, aquella misma noche, que qait6 dicho 
ganado, revolvieron los indios [6 serian otros] y 
acometieron a las poblaciones que estaban a tre- 
chos, que, a no haberlos hecho recoger y congre- 
gar el dicho Capitan cerca del real, sin duda los 
mataran a todos; y habiendolos sentido, con solo 
seis soldados los hizo retirar, matando (a) uno de 
los enemigos. En este tiempo llego a dicho valle 
el Gobernador con ochenta hombres, y se pro- 
puso salir en seguimiento de los enemigos, y los 
alcanzaron en la boca que llaman de San Marcos, 
en donde mataron (a) ocho y quitaron (a) cuatro 
mil carneros y veinte y dos caballos; en la refrie- 
ga hirieron (a) dos soldados, y aunque la una de 
las heridas fue peligrosa, por haber sido en un 



283 

carrillo y le colo hacia el cerebro, no tuvo peli- 
gro. 

Dentro de dos dias volvieron al real, y el dia 
siguiente, a las nueve del dia, tavieron tantoatre- 
vimiento los indios, que, sin temor ni considera- 
cion de ver (a) ciento y treinta hombres juntos 
en un real, sin la demas gente que estaba agre- 
gada, llegaron cerca del real;hallaronse (a) solos 
cinco hombres a caballo, entre ellos el dicho Ca- 
pitan Alonso de Leon, quien atraveso de una es- 
tocadaal indio que losguiabaymurio luego, con 
que los demas huyeron. 

Vistos por el Gobernador estas osadias y atre- 
vimientos, le pareci6 acertado el que aquel valle 
se despoblase, pues no se podia mantener la gue- 
rra ni la defensa contra tantas naciones como se 
habian confederado para hacer dano a los espa- 
noles, y asi se hizo, desamparando los vecinos 
sus casas, labores (y) ganados y dejando muchas 
alhajas que no pudieron cargar por defecto de 
mulas; se reputo la perdida de este valle, entre 
pastores y vecinos, en mas de sesenta mil pesos. 
Caus6 compasion el dejar las galeras llenas de 
maiz y otras legumbres, yen ano tan esteril, que 
andaba a cinco pesos la fanega. Se quedaron las 
suertes de cana dulce en mucha cantidad, en el 
campo, con que quedaron los duenos destruidos 
y arruinados, desamparando sus propias casas, 
viniendose unos al valle del Pilon y otros pasan- 
dose al real del Rio Blanco. 



284 



CAPITULO XXV 



En que se trata dec6mo seprovey6 bstbGo- 
BiERNO EN D. Domingo de Pruneda. 



Aunque pasaron algunos sucesos despues del 
alzamiento de San Antonio, los omitire por no 
ser de mucho fundamento; solo, si, dire del fin 
del Gobierno de D. Nicolas de Azcarraga, quien, 
habiendo entrado a este Reino el ano de 67, a 12 
del mes de julio, le goberno hasta doce de febre- 
ro del de 1676, en que entro y le sucedio D. Do- 
mingo de Pruneda, caballeromontanes; y no sera 
justo pasar en silencio las buenas prendas que 
adornaban al dicho D. Nicolas de Azcarraga, ha- 
biendo sido en todo su Gobierno muy apacible y 
sufrido, (y) su capacidad bien notoria en toda la 
Nueva Espana. 

Estudio Artes en la ciudad de Mexico y un cur- 
so de Lej^es y Canones, y esto se reconocio bien 
en ocasiones que se ofrecleron, por la brevedad 
con que decidia los negocios. Tuvo una singula- 
ridad grande, que cualquiera persona que se va- 
lio de la suya en grave necesidad, y particular- 
mente en las de desconsuelo, como fue en supli- 
mientos (sic por suplementos) para los derechos 
de entierros y casos funebres, le socorrio con li- 
beral mano, sucediendo lomismo en casamientos 
de huerfanas 6 otras personas que por necesidad 
no podian (poner) en estado (a) sus hijas, de que 
soy testigo; distribuyendo con liberal mano lo 
que tenia en su casa y sin apretarles en la satis- 
faccion. No excuso el salir a la campana cuando 



285 

el caso lo pidi6, siendo muy liberal con los sol- 
dados y tambien compasivoy retentive en ejecu- 
tar la justicia contra los indios, teniendolos por 
mise rabies ydesvalidos: propiedades, todas, dig- 
nas de ser alabadas. Dio su residencia desu buen 
proceder, saliendo, de ella, dado por bueno y rec- 
to juez y gran servidor de S. M. 

Despues de haber acabado su Gobierno, se es- 
tuvo en este Keino mas de un ano, en donde f ue 
respetado y agasajado de todos los vecinos en la 
misma forma que si obtuviera el oficio; pasose a 
vivir a la ciudad de Zacatecas, en donde compro 
una hacienda de rainas, y habra tres aiios que 
fallecio, que fue por el de 1686, y se ditje dejo 
muy pocos bienes. 

El Gobernador D. Domingo de Pruneda, que, 
como va dicho, entro por Gobernador de este 
Reino a 12 de febrero del ano de T6, fue bien 
afortunado en todo el, pues no hubo cosa digna 
de uotar en materia de la guerra, si no fue una 
co(n)moci6n de los indios de naci6n pelones, que 
obligo a que mandase formar cuatro compaiiias 
que salieron al castigo, con que se sosego la tie- 
rra. Fue de espiritu muy quieto y sosegadc, y, 
aunque reputado de omiso en administrar justi- 
cia, no puede reputarse culpable esta omision, 
pues se dirigia a buena intencion, que era a que 
sus siibditos no tuviesen pleitos, como no los hu- 
bo, en su Gobierno, procurando componer todos 
los que se suscitaban entre vecinos. En todo su Go- 
bierno procuro se guardase la costurabre queha- 
bian tenido sus antecesores, no i(n)novardo en 
cosa ninguna ni mostrando jamas ambicion en ad- 
quirir bienes; con que estuvo el Reino muy gus 
toso. Durante su Gobierno no raudo ni proveyo 
los oficios, sino que conserve (a) los sujetos que 
hallo en ellos. 



286 

Tuvo porsucesor a D. Domingo de Vidagaray, 
quien trujo su residencia, que hubo bien poco que 
hacer enella, per su buen obrar. 



CAPITULO XXVI 

Del Gobierno de D. Domingo de Vidagaeay, 
y lo poco que vivi6 en el. 



A fin del mes de mayo del ano 1681, entro a 
este Gobierno el General D. Domingo de Vida- 
garay. Diole S. M. el oficio por sus muchos me- 
ritos y servicios, que constaron de sus papeles 
impresos, viendose por ellos haber servido cua- 
renta y cuatro anos en armadas y ejercitos; y f u^ 
de nacion vizcaino, algo rigido en la condicion, 
como se reconocera en el caso que le sucedio en 
la villa del Saltillo, antes de entrar a este Gobier- 
no. Paro en lacasa de Juan de Echeverria, vecino 
de dicha villa, de nacion vizcaino, que, por paisa- 
no le estuvo festejando por terminode ocho dias; 
le f ueron a visitar todos los vecinos y, entre ellos, 
un D. Pedro de Cajigal, que habia sido Alcalde 
Mayor de la dicha villa y en esta sazon era actual 
Teniente de Gobernador y Gapitan General de 
este Eeino. No le hizo dicho Gobernador el aga- 
sajo que el imaginaba, mayormente en el modo 
de recibirlo en la casa; estandose sentado sin sa- 
lir a la puerta y prosiguiendo el mismo estilo cuan- 
do se despidio, si bien tenia disculpa, porque, se- 
gun se vido, estaba como impedido de las piernas, 
y esa seria la causa. Quedo muy ofendido de ello 
el dicho D. Pedro, y yendo el dicho Gobernador 
a pagarle la visita, en carroza, en compania del 



28Y 

dicho Juan de Echeverria, llegando a la puerta 
la carroza, no salio el dicho D. Pedro a la puer- 
ta, por lo cual el dicho Gobernador se irrito, 11a- 
mandolo y reprendiendole, con lo cual el conte- 
nido salio afuera con espada y broquel, al tiempo 
que ya el Gobernador bajaba de la carroza y di- 
cho Juan de Echeverria, y sacando las espadas, se 
armo una horrenda pendencia, tirando el dicho 
D. Pedro al Gobernador una f uerte estocada que 
pas6 entre el y el Licenciado D, Francisco de la 
Calancha, que iba en dicha carroza; finalmente, 
se apartaron, yel Alcalde Mayor, siendo avisado, 
prendio en su casa al dicho D. Pedro y le puso 
guardas, y fue siguiendo la causa, en cuyo inter- 
valo hizo fuga dicho D. Pedro y se metio en la 
iglesia de San Francisco; y el Gobernador se vi- 
no a tomar posesion de su Gobierno, anticipando 
carta y aviso al Gobernador D. Domingo de Pru- 
neda para que despachase a la villa de Cerralvo 
y se le embargase al dicho D. Pedro cantidad de 
plomo y otros bienes que alii tenia, lo cual se eje- 
cuto luego; y llegado aesteReino, mostr6 el ren- 
cor que con el tenia, haciendo apretadisimas di- 
ligencias en inquirir otros bienes del susodicho, 
y puso en almoneda algunos, y se remataron. 

Trujo dicho D. Domingo (a) su mujer de Espaiia, 
llamada D^Cecilia de Heredia, senora muy noble y 
discreta, que con toda prudenciasabiareportara 
su marido, quienhabiasidomas soldado que poli- 
tico: era muy liberal, amigo de hacerbanquetes, 
gastando exorbitantemente lo que habia traido. 
Dur6 muy poco su Gobierno, porque, habiendose 
demasiado (sic) en comer muchas sandias y melo- 
nes, le sobrevinieron unas calenturas tercianas, 
de que murio muy breve, no habiendo gobernado 
mas que tres meses y diez y nueve dias. Parece 
que tuvo pronosticos de su muerte, porque, habien- 



288 

do venido con el de Espaiia un yerno su.yo, que 
lotrujohastalaciudaddeZacatecas, nose que cau- 
sa hubo para que no pasase a este Reino, y dijo 
en dicha ciudad que su suegro era muy amigo de 
fruta y que se habia de engolfar en ella y morir 
breve, como le sucedio al pie de la letra. Dispu- 
so todas sus cosas. Quedaron gobernando los al- 
caldes ordinarios, y en este intervalo habia ido 
D. Pedro de Cajigal a la ciudad de Mexico a que- 
jarse a la Audiencia de haberle dicho Goberna- 
dor embargado sus bienes; trujo real provision 
para que se le entregasen, como se hizo. Despa- 
ch6 la Ciudad al Sr. Virrey, dandole la nueva de 
la muerte del dicho Gobernador, para que pro- 
veyese lo que f uese servido. 



CAPITULO XXVII 

De c6mo el Sr. Virrey, Marques de la Lagu- 
na, provet6 este gobierno en juan de eche- 

VBRRIA. 

La nueva de la muerte del Gobernador D. Do- 
mingo de Vidagaray, hallo en la ciudad de Me- 
xico a Juan de Echeverria, quien habia a hacer 
un grueso empleo, con que pretendio el Gobierno, 
interin que S. M. le proveia. En Espana tuvo fa- 
vor y amigos, por lo cual se proveyo en el y en- 
tro a esta ciudad, el ano de 1681, a mediado di- 
ciembre. Desde que salio de la villa del Saltillo 
padecia un achaque de evacuaci6n, de la cual, 
aunque en la ciudad de Mexico se puso en cura, 
no pudo sanar, y siempre se le fue aumentando, 
de calidad que cada dia se hallsiba peor, y se re- 
conocio que procedia de colera, sangre y melan- 



289 

colia^ con que estaba impaciente, y lo f ue en todo 
su Gobierno, en el cual no hubo cosa de con tar 
en materia de alteraciones de indios, porque todo 
estuvo pacifico. Le (sic por El) achaque le fue 
agravando, y las impaciencias que ten?a dieron 
motivos a que algunos vecinos pasasen a Mexico 
a quejarse, de que result© que,.hallandoseel Sar- 
gento Mayor Alonso de Leon en dicha ciudad, 
fue proveido por Gobernador interino de dicho 
Reino, y el dicho Juan de Echeverria, viendose 
muy enfermo, resolvio no morir en el; mando ha- 
cer una litera y se hizo llevar hacia el Mazapil, 
y a veintiseis de diciembre del ano de 82, fallecio 
en la hacienda que Ilaman de Cedrcs, 

En estetiempohubonuevas decomo, poralgu- 
nos capitulos que se le habian puesto, se despa- 
chaba juez a la averiguacion de ellos, por cuya 
causa aca se le embargo la hacienda que se reco- 
nocio por suya, porlo que pudieseresultar. Con 
efecto, a fin de febrero del ano siguiente de 83, 
vino dicho juez con el Gobernador Alonso de 
Leon, que, como va referido, fue proveido por 
S. E. , teniendose por cosa muy singular, porque, 
como dice el Evangelio, ninguno es profeta en 
su patria, y el, por sus muchosservicios, los supo 
adquirir, debiendole este Reino la pacificacion 
del lado del Norte, en donde hizo en diferentes 
ocasiones nueve jornadas y masde doce a las na- 
ciones que Ilaman los pelones y mas de otras seis 
a la sierra de Tamaulipa, con los aciertos que son 
notorios, castigando a muchos de los malhecho- 
res, todo lo mas a su costa. En el tiempo de su Go- 
bierno se gozo de alguna quietud, si bien en la 
villa de Cerralvo, hallandose el en ella, hubo al- 
guna co(n)moci6n de indios, que la sosego con 
haber despachado algunas companias. 

En tiempo de su antecesor, Juan de Echeve- 



290 

rria, vino orden del Sr. Virrey para que de este 
Reino saliesen cuarenta hombres hacia el valle 
de la Huaxteca, por el aviso que habia dado a S. 
E. un religioso, (de)que en el puesto que llaman 
Taguanchin se habian alterado los indios, libran- 
do para la costa trescientos pesos en la caja de 
San Luis; con que, habiendo aprestado el dicho 
Gobernador los cuarenta hombres, lo eligio por 
Sargento Mayor al dicho Alonso de Leon y que 
llevase la companiaa su cargo. Pas6 con ella has- 
ta la dicha Provincia, en donde reconoci6 no ser 
cosa de cuidado loque habian informado a S. E.; 
hizo algunas diligencias en buscar (a) ciertos in- 
dios que habian alborotado el pais y se habian re 
tirado, con que se volvio a este Reino, y todos los 
soldados, unanimes y conformes, hicieron do- 
nacion a S. M. de los trescientos pesos que les 
habia senalado: accion que lucio mucho. A la 
vuelta, hallo unasgrandes salinas, sobre que hizo 
asiento de beneficiarlas, a que no dio lugar el 
tiempo. 

CAPITULO XXVIII 

En que se ponen las naciones de indios que 

HABIA en este ReINO, Y SE HAN COXSUMIDO. 

Aunque parezca f uera de proposito, y cortar 
el hilo de los sucesos y historia de este Reino este 
capitulo, me ha parecido que, para que se reco- 
nozca la multitud de naciones que le rodeaban y 
estaban en su cercania y que las mas daban gue- 
rra, el ponerlas en el, para que vea el lector el 
trabajo que han pasado los pocos espanoles que 
han vivido en este Reino y con cuantos sobresal- 
tos, de las cuales ya no ha quedado casi ninguna. 



291 

Iran con toda distinci6n, y las que estaban cer- 
canas a esta ciudad eran las siguientes: Guaca- 
chinas, Guinalaes, Miscale, Popocatoques, Gua- 
yaguas, Capatuus, Estguama, Cajubama, Amara- 
guisp, Catu janos, Cami-isubaba, Cabicujapas, Ca- 
guchuarca, Niacomala,TochoquiDes, Amoguama, 
Nepajanes, Guamoayazuas, Siamomos, Oamaca- 
luira, Macapaqui, Alaoquies, Aguicas, Michiaba, 
Canamau, Pastanquia,Oazulpanialie, Joqualanes, 
Quiatoltes,Quibobimas, Cagubiguamas, Camabe- 
cumas, Cuataches, Aguatas, Tatoamas, Apitala, 
Aguaque, Acatoyan, Amanasau. Macacuy, Ama- 
tames, Pomaliqui, Aleguapiame,Tepehuanes, Hu- 
tachichiles, Estegueno, Batajagua. 

Las naciones que estaban cercanas a la villa de 
Cadereyta, eran las siguientes: Cacamegua, Zu- 
mitagui, Canamarigui, Quejanaguia, Cuaguija- 
miguara, Guaristiguara, Jiniguara, Jiniapas, Pi- 
jiniguara, Caguiraniguara, Aniraniguara, Ami- 
guara, Baquiziziguara, Canayna, Ganaguiagues, 
Mayajuanguara, Camatonaja, Aguiniguara, Ca- 
mayapalo, Tociniguara, Cotipiniguara, Caguis- 
niguara, Pantiguara, Cajanibi, Yaquinigua, Hua- 
lahuies, Camaiguaras, Capagui, Parajota, Paci- 
guima,Tascuache,Cocoaiparas, Macoraenas, Ma- 
janales, Comocauras, Manunejo. Ipajuiguara, 
Amiguara, Upaseptta, Admitiales, Cuatigua- 
ra, Amancoas, Quinigualas, Soloaguas. 

Naciones de indios que estan de diez a doce le- 
guas, en circuit©, de la villa de Cerralvo: Mo- 
quiaguines,Capujaquines, Janapases, Gualeguas, 
Guelamoyes, Guanapujamos. Coalimojes, Imipec- 
tes, Cayagues,Imimules, Yechimicuales, Peguam- 
paxtes, Guampextes, Guamipejes, Comites, solo- 
guegues,Iliguigues, Lespoamas, Aguijaguas, Ca- 
lipocates, Caranas, Matascucos, Amitos, Jimio- 
pas, Amoamas, Amituaguas, Guajolotes, Cana- 



292 

peos, Guaguis, Alazapas, Tatoamas, Capaes, Ca- 
taaras, Tancacoamas, Caguilipanes, Tacuanamas, 
Gayaguaguines, Guinaimas, Canaines, Amapoa- 
las, Camalucanos, Canacabalas, Amacuyeros, No- 
reos, Palaguines, Escabeles, Maciguaras, Cagua- 
yoguames, Quinegaayos, Cajaquepas, Caguchuas- 
ca, Macomala^ Amoguama, Pestanquia, Coyotes, 
Cuepanos, Sayulimes, Camacuros, Quiguasgua- 
mas, CoDgues, Conicorichos, Quetapones, Caya- 
napuros, Guanpes, Quinemegaetes, Catujanos, 
Camuchinibara, Canameo, Tatocuenes, Caculpa- 
luniame. 

Todas estas nacionesdeindios estaban escritas 
de letra del Gobernador D. Martin de Zavala, y 
si en tan corta distancia se hallaban tantas, ^qne 
sera en la de 200 leguas de latitud y otras tantas 
de longitud que tiene este Reino, que aun no se 
ban descubierto? 



CAPITULO XXIX 

En que se ponen otras naciones que hoy 
estan agregadas a los espanoles. 



Como esta referido al principio del otro capi- 
tulo, de las naciones de indios que estan puestas 
en el, apenas ban quedado algunas personas, con 
que ha obligado a los espaSoles a adquirir ran- 
cherias en cuarenta y cincuenta leguas en distan- 
cia, y por las noticiasquetengo adquiridas ypor 
tener tambien por memoria las que hoy estan 
agregadas a los espanoles, me parecio ponerlas 
en este capitulo, y son como se siguen: 

Acancuaras, Pantiguaras, Ayenguara, Anas- 
guas, Iscapana, Cajapanama, Anquimaniomo, 



;z93 

Saguimaniguarjis, Caguiamiguara, Guarastigua^ 
ra, Pueripatama. Caramaperiguan, Cananarito, 
Caguiniguara. Tiaquesco, Abasusiniguara, Pan- 
tiporas,Mapili, Aguarnauguaras, Aristeti, Canai- 
toca, Macatigain, Minacaguapo, Matatiquiri, Pa- 
chizercos, A.yerapaguana, Maquispamacopini, 
Sainipame, Caramapama,Quiniguios, Locaguini- 
guaras, Quitaguriaguilo, Teminaguico, Piogra- 
papaguarca, Tacopates, Catareaguemaras, Quini- 
michicos, Amacuaguaramara, Asequimoa, Estia- 
jenepo, Aquijampo, Cocameguas, Cocojuparas, 
Ajuipiaijaigo, Iraiacolomo, Aguanas, Caramuni- 
gua, Camisnimat, Pajamaras, Mapaniguara, Qui- 
guantiguara, Camaniguara, Canaitoco, Ayun- 
degaigaira, Canbroinigueras, Canaranaguio, Ma- 
licococas, Aocolas,Ca.yupinas, Bazaniguaras,PIu- 
tuo, Gueyacapo, Cayanaguanaja, Pionicuaguras, 
Estecuenopo, Boigueras, Ameguara, Maapigua- 
ra, Boquiniguera, Quiriquitiniguera, Jimini- 
guera, Saratiguara, Aguirtigueras, Catomavo, Pe- 
ricagueras, Guicopasico, Jaquiripamona, Muna- 
pume, Macuarera, Copuchiniguara, Lomotuguas, 
Macatues, Caguiranigueras, Cuiminipacos, Bo- 
quigueras, Aguiniguaras, Caaquinacaniguaras, 
Patoos, Quiniquijos. 

Numeradas todas las naciones que van mencio- 
nadas en estos capitulos, se hallara que son dos- 
cientas y cincuenta, y las ochenta y ocho de este 
ultimo capitulo se ban conocido y agregado de 
veinte a veinticinco anos a esta parte, y de aqui 
a otro tanto tiempo sera necesario agregar otras, 
porque ya habran estas perecido, porque, en ca- 
yendo cualquier indio enfermo, aunque se ten- 
ga particular cuidado con el, se fuere (sic por 
muere), por ser gente demasiadamente pusilani- 
me y que por su parte hace poca diligencia por 
recobrar la salud; con que vendra a suceder en 



294 

este Reino lo que el Dr. Francisco Lopez de Go- 
mara refiere en la historia que compuso de las 
Indias, que de un millon y medio que habia de 
personas en la Isla Espanola, en menos de cin- 
cuenta anos se acabaron todos. Debemos de atri- 
buir esto a los muchos pecados que cometen y 
cometieron sus antepasados, que, aunque estas 
naciones no ban seguido idolatrias, han tenido y 
tienen muchas supersticiones y abusos, por lo 
cual Su Divina Majestad los castiga y va aniqui- 
lando; de manera que por curso de tiempo se 
acabaran todos los indios de la Nueva Espana y 
Pirii, ^ como lo veran los que en el vivieren. 



CAPITULO XXX 
De lamuerte del Gobernador Juan de Eche- 

VERRIA. EnTRADA Y GoBIERDO DEL GoBERNA- 
DOR AloNSO DE Le6n. 

Quien se pusiere a discurrir sobre las cosas de 
este siglo, hallara en ^1 cuan su jeto esta el hombre 
a la incoDstancia y mudanza de elks. Quien vio 
entrar a Juan de Echeverria con tanta majestad 
y grandeza a la posesion de este Gobierno, y le 
vido salir con tan poco acompanamiento, enfer- 
mo y en una malformadalitera, que mas parecia 
ataud, sololo puede considerar. Nadie fie en la 
fortuna, porque tan presto como se ve su vida en 
lo sublime, se balla muy breve en lo infimo. Buen 
ejemplo tenemos en las historias romanas, en 
Cayomano, que, habiendo nacido en un pueblo 
bien corto, cerca de Roma, se supo hacer con su 
fortaleza y imperio tanto lugar, que obtuvo en 

1 Asi se decia antiguamente. — G. G. 



295 

dicha ciudad cinco consulados y llego despu^s a 
tal extreme, que, ven(c)ido de Silla (sic por Si- 
la), se fu^ a esconder eD una laguna, que, ha- 
llado en ella y preso, lo mando meter en la car- 
eel y lo desterro. Asi lo dice Claudiano por estas 
palabras: Yictus a Sila minturnis in pacu de na- 
tatuit inventus ed in carcerem. Coniextus. (sic) 
acepta que navicula ubi debec xulabid (sic). Qui^n 
f la de las cosas de este mundo, quien vio (a) Dario, 
ultimo Bey de los Persas, que con su mucho po- 
der despreciaba a Alejandro, por su poca edad, y 
este le vencio tres veces en la batalla, tan to, que 
en la ultima le oblige a retirarse, y los mismos 
suyos le mataron. Asi lo dice el mismo autor: 
Darius^ ultimus Persmiu Rex, qui Alexandria 
dole essemtiam despectui a henes velum cum ai- 
gresus (sic) est abeo que quamvis ex sixis copiis in- 
gen tihus prelus victus eum, se fug a victori eripere 
conatetur a suis coraprehensus est ed tuis dup- 
tus. 

Con cuyos ejemplos de tan insignes varones no 
noscabe ara ^ novedad ver la caidadenuestroGo- 
bernador Juan de Echeverria, que solos informes 
bastaran para que le quitasen el Gobierno, pues, 
antes de averiguarle los capitulos, lo proveyeron 
[como va referido] en el dicho General Alonso de 
Leon, quien entro a ^1 a fin de febrero del ano 
de 683, con mucho gusto y contento de todos, co- 
mo persona de la patria. Fue proveido a 19 de 
deciembre en dicha ciudad de Mexico, y dicho 
Gobernador Juan de Echeverria murio a 26 del 
dicho. Trujo en su compania a un juez receptor 
de la Real Audiencia, que procedio a los capitu- 
los que se le habian puesto al dicho difunto. 
Conclusa la causa, se fue y llevo los autos, en lo 
que toco a demandas publicas; todo se compuso. 

1 Antiguamente queria decir ahora.— C G, 



296 

En lo demas del Go bier no del dicho General 
Alonsode Leon, ya he dicho que (no) hay cosaque 
digna sea de contar. No goberno mas que nueve 
meses; miro las cosas de la patria y sus vecinos 
como natural de ella. 



CAPITULO XXXI 

De la entrada a este GobieknodelMaeques 
DE San Miguel Aguayo. 



Ell la flota que vino de Espana, el auo de 1683, 
(i puerto de la Veracruz, desembarco el Marques 
deSan Miguel de Aguayo, Caballerodel Orden de 
Santiago, a quien Su Majestad tenia proveidopor 
Gobernador y Oapitan General de este Reino, 
por tiempo de cinco afios, de qu-e recibio toda la 
Provincia mucho regoci jo, considerando que, co- 
mo quien era vecino de Patos y tan cercano, se 
experimentaria un gobierno muy sosegado, ya 
que la suerte f ue tan adversa en no merecer mas 
dilaci6n de Gobierno en su antecesor. Entro a 
los 4 de f ebrero del afio siguiente de 84, con mu- 
cho aplauso de todos. Fue persona muy afable, 
nada ambicioso, y feliz en su Gobierno, respecto 
a que no liubo conmocionen losindios, si bien, a 
los dos anos, comenzaron las noticias de que el 
frances estaba poblado en la bahia del Espiritu 
Santo, cuyas noticias vinieron de la Corte y con 
cedula de encargo al Exmo. Sr. Marques de la 
Laguna, Virrey y Capitan General de la Nueva 
Espana, para que mandase reconocer dicha bahia; 
con lo cual y con lo que informo en Mexico cier- 
to sujeto, que deste Reino a dicha bahia no ha- 
bia mas de siete jornadas, dicho Sr. Virrey des- 



297 

jpacho mandamiento al dicho Marques para que 
alistase algunas compamas que fuesen aeste des- 
cubrimiento con toda precision ybrevedad, como 
se hizo. 

Con la vigilancia y cuidado que el caso pedia, 
hizose junta para ello, y en ella se discurrio que 
a ninguno se podia encarg-ar funcion de tanta 
importancia, como al General Alonso de Leon, 
porque, demas del sequito que de su, parente- 
la tenia en este Reino, prevencion de caballos y la 
buena fortuna que le asistia, no se hallaba otro 
en quien asistiesen mayores experiencias. Alis- 
tose una compania dela jurisdiccionde la ciudad 
de Monterrey y otra dela villa de Cadereyta, las 
cuales habian de salir de ella el dia 25 de junio; 
y porque en el diario, denoten (sic por derrotero) y 
demarcacion de la tierra que hizo dicho General 
Alonso de Leon, de la dicha Jornada, consta con 
mucha individualidad todo lo que para ella pro- 
cedio, me parecio, para mayor noticia de esta his- 
toria, ponerlo a la letra, elcual es como se sigue: 

4iJ)errotero diario y demarcacion del viaj'e que 
yo, el General Alonso de Leon^ Teniente de Go- 
hernador y de Capitdn General de este Nuevo 
Reino de Leon^ hice al descubrimiento de la cos- 
ta del Mar del Norte y hoca del B,io Bravo; los 
fundamentos y motivos que para ello hub o^ con 
todo lo sucedido en el; cantidad de gente, caba- 
llos y bagaje^ etc. 

«Habiendo el Sr. Marques de San Miguel de 
Aguayo, Gobernador y Capitan General de este 
Nuevo Reino de Leon, recibido, en 8 del mes de 
junio, despacho del Exmo. Sr. Virrey de la Nue- 
va Espana, este ano de 1686, en que le encarga 
que, por la noticia que le han dado los oficiales rea- 

19 



298 

les de la ciudad de la Veracruz, quelosfranceses 
estaban poblados en la bahia del Espiritu Santo, 
y que estaba seis 6 siete jornadas de este Reino, 
que se hiciese descubrimiento por esta parte y se 
inquiriesela verdad con todaindividualidad, para 
poner el remedio que conviniese; mandando ha- 
cer junta, el dia once de dicho mes, en la ciudad 
de Monterrey, cabecera de dicho Reino; antici- 
pando el aviso a todas las jurisdicciones, y sir- 
viendose de llamarme para dicha junta, que, fe- 
cha, se resolvio hacer la dicha Jornada para el dia 
veinte y cinco del dicho mes de junio, saliendo, 
este dia, de la dicha ciudad de Monterrey una 
compania de treinta soldados, que habia de con- 
ducir el Capitan Nicolas Ochoa hasta la villa de 
Cadereyta, y que se alistase otra en la jurisdic- 
cion de dicha villa, que condajese al Capitan An- 
tonio Leal, y que S. S. bajaria de la ciudad, di- 
cho dia, a ella, para que pasasen muestra y se 
entregasen a los capitanes que nocnbraria, y que 
dichas dosconopanias fuesen a mi cargo, hacien- 
dome en esto merced, mas por su grandeza que 
no por mis meritos; y dispue^to todo en la for- 
ma referida, f ue S. S. servido bajar de la ciudad 
de Monterrey con la dicha compania, el dia 26 de 
junio, dilatandose, este dia, mas de lo propues- 
to, por los accidentes de las aguas que hubo, y, 
este mismo dia, llegue a dicha villa con la com- 
pania de los veinte soldados de la dicha jurisdic- 
cion, la cual (compafiia) y la de Monterrey se jun- 
taron cerca de dicha villa, para que, el dia siguien- 
te, 27, pasasen muestra; que, habiendose juntado, 
dicho dia, en la dicha villa con toda orden militar, 
en forma de marcha, y teniendo dicho Sr. Marques 
los titulos hechos, de los capitanes, alf erez y sar- 
gentos, para entregarlos por su mano a los elec- 



299 

tos, mando pasar la dicha muestra en su presen- 
cia, que se hizo en la manera siguieote: 

«Pas6 lacompania que condujode la dicha ciu- 
dad de Monterrey el Capitau Nicolas Ochoa, con 
los soldados de elk y su jurisdiccion, en la forma 
siguiente: Primeramente, al pasar el susodicho, 
saco S. S. el titulo de Capitan, fecho en Carlos 
Cantu, el cual mando leer en alta voz y se lo en- 
treg6, y fueron pasando por sus hileras a caba- 
llo los soldados en esta forma: el dicho Capitan 
Carlos Cantii, el Alferez Diego Rodriguez, el 
Sargento Nicolas Ochoa, el Sargento Mayor Lu- 
cas Caballero, el Capitan Nicolas Garcia, el Sar- 
gento Lorenzo de Ayala, el Sargento Caspar de 
Lerma, Gonzalo de Trevino, el Sargento Juan 
de la Garza, Jacinto de la Garza, Joseph de Tre- 
vino, Francisco de la Garza, Joseph de la Gar- 
za, Alonso Garcia de Quintanilla, Marcos Flores, 
Alonso de Olivaies, Andres Fernandez Tijerina, 
Nicolas de Montalvo, Juan Perez de la Garza, 
Francisco de la Garza, Juan de la Garza, Diego 
Martin, Joseph Perez, Antonio Perez, Joseph 
Gonzalez, Francisco Gonzalez, Mateo de Pena, 
Santiago de Leon, Nicolas Cantu. 

«Y sucesivamente paso muestra la compania de 
dicha villa de Cadereyta, conducida por el Ca- 
pitan Antonio Leal, la cual entrego al Capitan 
Nicolas de Medina, Capitan electo de ella, cuyo 
titulo se leyo y entrego, y fueron pasando en 
esta forma: el dicho Capitan Nicolas de Medina, 
el Alferez Tomasde la Garza, el Sargento Miguel 
de Leon, Alonso de Leon el Mozo, el Sargento 
Lorenzo de la Garza, el Sargento Juan Cantii, 
el Sargento Agustin Garcia, el Sargento Tomas 
Cantii, Joseph Gutierrez, Sebastian de Villegas, 
Francisco Falc6n, Lucas de Betancourt, Fran- 
cisco de Escamilla, Luis Perez, Nicolas de Lira, 



300 

Miguel Gonzalez, Matias de Herrera, Santiago 
de la Garza. 

«Pasada la muestra en esta forma, S. S. entre- 
go los titulos de Alt'erez y sargentos a las perso- 
nas electas: de la conapaiiia de Monterrey, Alfe- 
rez Diego Rodriguez y Sargento Nicolas Ochoa 
el Mozo; de la compania de la villa de Caderey- 
ta, Alferez Tomas de la Garza y Sargento Mi- 
guel de Le6n. 

«Asimismo fue pasando el bagaje de las dos 
compaiiias en esta forma: cuarenta cargas de bas- 
timento, entre harina, bizcocho, carne y choco- 
late; cuatrocientos y sesenta y ocho caballos; 
arrieros, mozos de servicio y pajes de estas com- 
panias: Diego Monita, Pascual de Gumendio, 
Mateo Esteban, Juan Rodriguez, Juan de Oliva- 
res, Juan de Villagran, Juan Rendon, Tomas de 
Torres, Nicolas de Losa, Matias de Munguia, 
Juan Cabazos, Cristobal de Avila, Juan de Ochoa, 
Bernabe de la Garza, Miguel , Juan, Joseph, Juan ; 
Alonso, indio Capitan de la rancheria Zacatil, 
nuestro guia; Bernabe, indio; Mateo, indio. 

«Despues de lo cual, S. S. mando leer mi titulo, 
en que f ue servido nombrarme porCabode estas 
compafiias, con plena comision y instruccion, y 
nombro por Capellan al Padre Presidente de es- 
ta villa, Fr. Diego de Orozco, y me agrego S. 
S. a D. Pedro Fermin de Echeberz, su hermano; 
al Alferez Francisco de Benavidez y Juan Bap- 
tista Chapa. 

«Este misrao dia, veinte y siete de j uni o, j ue ves, 
pasada la muestra, sali con el real a dormir al 
puesto quellaman de San Diego, que esta cuatro 
leguas en distancia de dicha villa, arrimado al 
rio, tierra liana, al rumbo del Leste. 

«Viernes28de junio, sali con el real a dormir 
mas aca del rio de San Juan, en unos charcos, 



301 

camino llano; aunque hubo como una legua de 
montecillos, camino el real, este dia, ocho leguas 
al rumbo del Leste. 

«Sabado 29 de junio, sali con el real al rumbo 
del Nordeste, Uevando la mira a un cerrito pun- 
tiagudo que esta como media legua mas aca del 
rio de San Juan; el camino algo montuoso, aun- 
que penetrable; llegamos al pasodel rio, quefue 
muy bueno; anduvimos dos legaas mas, despues 
de haberlo pasado; anduvimos, este dia, cuatro 
leguas al Nordeste. 

«Domingo 30 de junio, sali con el real, siendo 
necesario andar al rumbo de Sueste, como legua 
y media, por no poder atravesar un monte gran- 
de; anduvimos cinco leguas, lo mas al Leste, cuar- 
ta al Nordeste; paramos, este dia, en unos charcos 
de agua, cerca de la rancheria de mis indios. El 
rio enderezo hacia el Norte por esta parte. 

«Lunes 1° de julio, salimos del dicho puesto y 
f uimos la derrota de Leste y cuarta al Nordeste, 
tierra liana; anduvimos distancia de seis leguas; 
paramos en unos charcos en tierra liana. El agua 
de ellos es llovediza, como la de los demas que 
van mencionados. 

«Martes 2 de j ulio,dia de laVisitacion deNuestra 
Senora, salimos con cuarenta y cuatro indios, cau- 
rames denacion, que se nos juntaron, el dia antes, 
y la noche dicha, habian espiado una rancheria 
de enemigos suyos, y por ver si podia coger (a) 
dos indios para guia, meadelantecon veintehom- 
bres; debieron de tener aviso y la habian desam- 
parado. Este dia, caminamos lo mas la derrota 
del Norte y Nordeste ocho leguas; nos dio razon 
el indio Alonso que el rio grande estaba cerca; 
no pudo el real, con las cargas y caballada, pe- 
netrar (en) un monte grande, por lo cual paramos 
en una cieneguilla. Penetre por un ailadero del 



302 

dicho monte, que f ue bien penoso, a no mas de 
dos leguas, al rio, que va en esta parte bien ancho 
y muy turbia el agua; a lo que parece, es nave- 
gable con embarcacion pequena; no hubo forma 
de sondearlo; tiene de ancho un tiro de arcabuz, 
y corre en esta parte hacia el Norte. 

«Miercoles 3 de julio, no hallando paso, f ue for- 
zoso [aunque con mucho trabajo] pasar con el 
real el monte espeso; no anduvimos mas que 
dos leguas, este dia, porque dispuse salir a la li- 
gera a reconocer el rumbo por donde habiamos 
de ir, el siguiente dia; sali, con efecto, con doce 
companeros, y yendo el rio abajo, topamos impen- 
sadamente con unarancheria vaciadegente, que, 
habiendonos sentido, la habian desamparado y 
dejado todas sus alhajas, que mande no se les lle- 
gase a cosa; volvimos a seguir el rio abajo y vi- 
mos como algunos indios y indias lo iban pasando 
a nado, como con efecto lo pasaron, y aunque los 
Uame en paz, no pude conseguir viniese ninguno; 
antes, si, uno se venia a lo mas angosto a flechar- 
nos, a menos de tiro de arcabuz, con que discu- 
rrimos que no habian visto (a) espaSoles, pues 
no temia el tiro de arcabuz. El rumbo fue al 
Leste. 

«Jueves 4 de julio, sali con el real al rumbo del 
Nordeste, distancia de cuatro leguas; paramos en 
una laguna y canada, apartados del rio como una 
legua, porque el rio en lo mas tiene montes muy 
espesos en su orilla. Pase con doce companeros, 
a la ligera., a reconocer el dicho rio, que por su 
mucho monte f u^ necesario andar tresleguas para 
reconocerlo; en esta parte va muy ancho y, a lo 
que parece, (es) navegable; y lleva mucha co- 
rriente; no hubo forma de ver puesto a proposi- 
to para que pudiese la caballada bajar a beber. 

«Viernes 5 de julio, caminamos cuatro leguas 



303 

hacia el Leste, pasando un ailadero de media le- 
gua, abierto a mano de los indios; paramos jun- 
to al rio y unas lomas largas; la caballada bebio 
con dificultad; es navegable de embarcacion pe- 
quena. Sali con diez companeros, a la ligera, a 
descubrir la tierra; segui una vereda que se en- 
camino en un monte tan espeso, que no pudimos 
penetrar. 

«Sabado 6 de julio, sali con el real por el rum- 
bo descubierto el dia antes, pasando un ailadero 
de una lomita, muy corto y espeso; anduvimos 
cuatro leguas por un llano hasta que topamos una 
cienega seca, que, a tener agua, f uera imposi- 
ble, Uena de hoyos y descomodidades; no halla- 
mos salida a un monte que se nos ofrecio; se- 
guimos una canada hasta que se dividi6 en dos, y 
seguimos la del rumbo del Norte, hasta que lle- 
gamos al rio con dificultad, por los muchos jara- 
les espinosos que tiene; hubo extremado abreva- 
dero;parece menos navegable y con menosagua 
que en lo antes visto, Sali con unos companeros 
a buscar salida para el siguiente dia y ver si ha- 
llaba (a) algun indio para guia; hay muchas vere- 
das, aunque notrilladas; anduvimos, este dia, el 
rumbo del Nordeste. 

«Domingo 7, salimos al rumbo del Nordeste a 
vista del rio; hubo algunos montes quedesechar; 
fuimos a toparel rio, que parece navegable; pro- 
seguimos a su orilla como una legua hasta unos 
arboles grandes queestanen un llano, dondeha- 
llamos un aguaje pequeno, que parecio manan- 
tial. De aqui sali con doce companeros a buscar 
paso para el siguiente dia; divisamos unas lomas 
largas; subimos a la mas alta; divisamos grandes 
llanos y el rio, como en distancia de dos leguas. 
Me quede en esta loma con siete companeros, con 
intenci6n de dormir en ella, aquella noche, y 



304 

antes que se pusiera el sol, se fueron aparecien- 
do como cuarenta indios, que, asi que los divisa- 
mos, subimos a caballo, y ellos echaron a juir 
(sicpor huir); les deje un pano bianco, bizcocho, 
tabaco y otras cosas, y me vine al real. Anduvi- 
mos seis leguas, este dia, a Les-Nordeste. 

«Lunes 8, salimos por el rumbo de Les-Nor- 
deste; por el rastro del dia antes, me adelante 
con veinte compaiieros por si podiamos coger (a) 
algiin indio de los del dia antes, y a distancia de 
tres leguas [pasando por la loma del dia antes, 
donde habia dejado el pano y demas cosas, las 
cuales hallamos en el mismo lugar] salieron, cer- 
ca de un monte, como cincuenta de ellos; les hice 
muchas caricias y no quiso venir ninguno. Les 
puse en un arbolito un pano y un cuchillo de mi 
estuche, y me retire, y con efecto lo vinieron a 
coger, y en recompensa de ello me revolearon 
una bandera de plumas y pusieron un plumero 
para que lo cogiese, haciendo senas lo fuese a 
coger, como lo hice; fui siguiendo el rumbo, y 
siempre nos fueron siguiendo, amparados del 
monte. Anduvimos, este dia, ocho leguas por di- 
ferentes rumbos, lo mas al Leste; y topando un 
monte espeso y nohallando agua, nos fueforzo- 
so volver atras tres leguas, a buscar el rio, que 
lo hallamos con buen abrevadero, aunque menos 
navegable. 

«Martes 9 de julio, f ue necesario parar con el 
real en este parajedel rio. Sali con veinte y cin- 
co companeros a descubrir la tierra para el dia 
siguiente; me fue necesario andar ocho leguas 
para dar con el (rio?), encuya orilla hay muchos 
montes espesos que salen a llano tres y cuatro 
leguas, y sin hallarse otro aguaje, despache (a) 
seis companeros, el dia miercoles siguiente, para 
que saliese el real y siguiese nuestro rastro. 



305 

«Miercoles 10, salioel real porel rastro, guian- 
do los soldados que despache, y poco antes de 
empezar a aparejar la recua, dieron alarido, 
de la otra banda del rio, como treinta indios, ha- 
ciendo senas que se viniesen, 6 que se habian de 
juntarymatarnosa todos; tocaban dos flautas, y 
habiendo salido poco trecho, salio otra escuadra 
como de sesenta, aunque nunca acometieron; si- 
guieron el real hasta un llano, en donde habia un 
gran rastro, donde al parecer se juntaron a algun 
baile mas de trescientos indios. Paro el real en 
un llano sin agua. Como cinco leguas anduvimos 
al rumbo de Les-Sueste, este dia. 

«Jueves 11, salio el real por mi rastro y llego 
adistancia de tres leguas, rumbo del Les-Nordes- 
te, al rio, donde los estabaesperando; va en esta 
parte muy ancho y (es) navegable de pequena em- 
barcacion, aunque con demasiada corriente. La 
tierra f ue liana, y, a lo que se pudo divisar, nos 
pronosticamos buen camino para el siguiente dia. 

«Viernes 12 de julio, sali6 el real del rio. Me 
adelante con quince companeros a buscar derro- 
ta; hallamos un estero quehace el rio en distan- 
cia de seis leguas al rumbo del Les-Sueste. Pa- 
rado el real, volvi a salir con doce companeros a 
buscar paso para el dia siguiente y adistancia de 
cuatro leguas hallamos dos lagunas de sal, aun- 
que no la habia, por haber poco que habia Uovi- 
do; tiene la una, legua y media de largo y media 
de ancho; el agua es muy salada, que no se pudo 
beber. 

«Sabado 13 de julio, salio el real del estero, 
donde durmio, y lo encamine al principio por el 
rumbo del dia antes, y anduvimos, este dia, di- 
f erentes rumbos, distancia de cuatro leguas, aun- 
que lo mas al Les-Sueste. Pare con el real junto 
al rio, cerca de un gran rastro que dejo una ran- 



306 

cheria de indios que habia quince dias que la ha- 
bian despoblado; aqui hallamos una duela de ba- 
rril. Sobre tarde, me adelante con veinte y ocho 
companeros, por juzgarme ya nauy cerca de la 
mar; anduvimos seis leguas con mucho recato, 
buscando siempre el rio, y a las seis de la tarde, 
impensadamente, dimos en una rancheria de in- 
dios, que, por habernos divisado, tuvieron lugar 
de desampararla, con que no se cogieron mas que 
(a) tres indias, que, acariciadas y preguntadas 
por senas donde habia espanoles y gente vestida, 
seSalaron la parte del Norte y que habia en dos 
partes, con que discurri no los habria en la boca 
del rio que seguiamos, por caer a Levante;nom- 
braron muchas veces los dos puestos donde esta- 
ban, diciendo se Uamaban Taguili el mascercano 
al Norueste, y el otro, al Norte, Zaguiii [decian 
en su idioma, sin duda]; no supieron dar razon 
de las distancias, aunque hicimos diligencias, 
porque, ni aun por conjeturas, nos entendian ni 
las entendiamos; hallamos en esta rancheria un 
pedazo de fondo de pipa; un perno de navio, que- 
brado; un eslabon de cadena, y un pedacillo de 
vidro, y no otra alhaja alguna. Quedeme, esta 
noche, con los companeros, a dormir, orilla del 
rio, y con el sosiego de ella se oyo el iDramido de 
la mar. 

«Domingo 14, dia de San Buenaventura, despa- 
che (a) cuatro soldados a que saliese el real y vinie- 
se caminando a parte sefialada; pase con los de- 
mas companeros a descubrir la mar, venciendo 
cienegas, carrizales, espesuras de mimbres y 
montes espesos de la orilla del rio, y a distancia 
de dos leguas le hallamos hacia el Nordeste, y 
anduvo, este dia, cuatro leguas el real; no hubo 
vestigio de haber jamas llegado, a esta boca del 
rio, espanoles ni extranjeros; costee una legua 



307 

para llegar a dicha boca. Entra muy turbio en 
la mar, como una legua de distancia, la mar aden- 
tro; el agua es de color bermejo; tiene la boca, 
de ancho, un tiro de mosquete, poco mas; mande 
hacer una balsa y sondear en cinco 6 seis partes, 
y la mas honda fue de siete brazas y media y 
ocho, con que puede entrar nao de alto bordo, a 
lo que parece, como dos leguas adentro. Este dia, 
costee la orilla de la mar cuatro leguas hacia el 
rio de Palmas; hubo algunos rastros de indios, 
fresco(s), y algunos palos parados en distintas 
partes, donde habian estado ranctieados, aunque 
de mucho tiempo no se hallara en toda esta ori- 
lla unapiedra. La costacorre de Norte aSur, algo 
mas al Nordeste; la mar es muy brava, aunque no 
haya mucho viento; hay en su orilla muchos sa- 
binos, pinos, palmas y otates ^ gruesos como una 
pierna y otros mas que ha echado la mar; la cos- 
ta es muy limpia, sin penasco alguno, y muyan- 
dable(sic) la orilla, a caballo, que no se atascan; 
crece y mengua mas de un estado. 

«Lunes 15 de julio, estando en la misma boca 
del rio, en el punto del Mediodia, se tomo la al- 
tura de sol con astrolabio, y se hallo en veinte 
y cinco grados y cuarenta y cinco minutos de al- 
turade Norte [salvo yerro, por estar el astrolabio, 
a lo que parece, mal apuntado y algo descom- 
puesto]. Por el poco pasto, dispuse saliese el real, 
despues de mediodia, hastadondealcanzaseaquel 
dia, y que, el siguiente, parase en el estero don- 
de estuvo el dia sabado; y yo, con veinte y cinco 
soldados, pase a reconocer de nuevo la costa, ha- 
cia el rio de Palmas, en distancia de mas de ocho 
leguas, en la cual hallamos alguna tablazon de 
costados de navio, vergas, masteleros y pedazos 
de quilla y de timon, fondos de pipas, duelas, 

1 Del mexicano «otatli,» especie de cafta dura y s61ida.— G. G. 



308 

boyas y cuatro ruedecillas de pieza de artilleria; 
una pipa con los aros de mitnbre, tres canoas 
quebradas; una redomita de vidro redonda, muy 
gruesa, tapada con un corcho, que, destapada, 
halle en ella un poco de vino ya corrupto; el 
vidro es muy visto, y parece no f ue labrada en 
los Reinos de Castilla, segiin su forma; y final- 
mente, hubo en esta orilla de todo genero de 
madera y ruinas de navios, con que sin duda zo-, 
zobraron algunos en ella, por la diversidad de 
dichas ruinas, y la madera ser una mas antigua 
que la otra. Lo que mas me admiro fue ver al- 
gunas canas de maiz que traia la resaca de la 
mar, al parecer de la siembra de este ano, que 
comenzaba a jilotear^ con sus raices las canas, 
sobre que discurrl que hay alguna poblazoncer- 
cana y que alguna avenida le llevo alguna milpa. 

«Martes 16, sali de cerca de la orilla de la mar 
en busca del real, y no pude atravesar unas la- 
gunas ni pasar unos atolladeros, con que fue for- 
zoso volver al camino de la orilla de la mar, y 
salir por el rastro en su busca; no le alcance 
aquel dia. 

«Miercoles 17 de julio, llegue al real, tempra- 
no, y por lo maltratado de la caballada, no pasa- 
mos, aquel dia; lo halle en el estero, donde par6 
el viernes 12 de este presente mes; esta distante el 
estero, de la mar, ocho leguas. 

«Jueves 18, sali con el real hasta el rio, dis- 
tancia de seis leguas largas. 

«Viernes 19, f ui con el real a pasar al manan- 
tial del llano, donde paramos a la ida, el domin- 
go 7 del correinte. Anduvimos, este dia, once le- 
guas, habiendolas andado en tres a la ida; hubo 

\ Del mexicano oxilotic, que significa comenzar A formarse el 
xilotl, (3 sea la mazorca del mai'z, lechosa todavia, pero ya comes- 
tible.— G. G. 



309 

muchos rastros de indios que se encarainaban al 
paso del no. eu donde nos amenazaron, 

«Sabado 20. salimos del puesto de arriba y ve- 
nimos a dormir con el realadelante del mal abre- 
vadero del rio, en una lomita sin agua. Anduvi- 
mos ocho leguas. 

«Domingo 21, salimos de la lomita, venimos a 
dormir cerca de la rancheria donde nos flecharon 
los indios, y, divisando (a) algunos, acometimos 
a ellos; habia mas decincuenta. Queriendo coger 
(a) uno el Sargento Mayor Lucas Caballero, (el 
indio) se metio en un chaparro y le tiro un flecha- 
zo, que le metio la flecha debajo de la tetilla, por 
no tener cota. Mataronse (a) dos, se cogieron (a) 
dos muchachos. Anduvimos ocho leguas. 

«Lunes 22 de julio, salimos de este puesto, an- 
duvimos cinco leguas, salimos por el ailadero 
espeso, por donde descubrimos el rio; por excu- 
sar muclio camino, quisimos venir por otro rum- 
bo y nos lo impidio otra laguna. Dormimos en 
un llano y charcos de agua. 

«Martes 23 de julio, sali con el real por dife- 
reutes rumbos del que vine, por haber entonces 
bajado mucho,adar en la rancheria de los Paja- 
ritos; anduvimos siete leguas largas; paramos en 
el charco de las Calaveras. 

«Miercoles 24, sali con el real del dicho pues- 
to, pasando por su rancheria de los caurames, 
quienes nos estaban esperando en el camino; ve- 
nimos a parar en el paso del rio de San Juan; an- 
duvimos doce leguas. 

«Jueves 25 de julio, salimos del dicho puesto, 
venimos al real de San Simon, de alii pasamosal 
real de San Diego. Hubo de distancia catorce le- 
guas. 

«Viernes 26, estando en dicho real, llego la or- 
den de S. S. paraquelascompafiias fuesen ades- 



310 

cansar y estuviesen apercibidas para, asi que 
fuese necesario, volver a salir. En descansando 
la caballada, por haber venido maltratada, pasa- 
mos a la villa este dia, y yo luego a dar cuenta 
al Sr. Marques, de la Jornada. 

«Fecha en Cadereyta, en 27 de julio de 1686 
afios. — Alonso de Leon.* 



CAPITULO XXXII 

En que se van prosiguiendo los sucesos 
en adelante. 



El Marques de San Miguel de Aguayo siempre 
estuvo firme en la opini6n de que los france- 
ses estaban pobladosen el Mar del Norte, y, asi, 
dispuso que se repitiese Jornada por la otra ban- 
da del Rio Bravo, pasando por la villa de Cerral- 
vo, por'estar ya reconocido, por este Keino, te- 
ner buen vado a distancia de veinte leguas de 
ella. Forrao, a principios del ano de 87, tres 
companias: la una fue a cargo del General 
Martin de Mendiondo, la otra de D. Pedro Fer- 
min de Echeverz, y la tercera del Capitan Nico- 
las de Medina, y por Cabo principal, el General 
Alonso de Leon, quesalieron de esta ciudad a fi 
nes de febrero, y a los veinte de marzo llegaron 
a la costa del mar, atravesando por muchas na- 
ciones de indios belicosos, que le(s) dieron harto 
en que entender, y aun anduvieron vagando por 
diferentes rumbos. 

No hallaron poblazon de franceses, ni quien 
les pudiese dar noticia, antes, si, les impidio un 
rio grande, salado, el que pudiesen pasar ha- 



311 

cia el Norte, con que quedaron frustradas las 
esperanzas del descubrimiento, con harto senti- 
miento de todos y mayormente del dicho Marques, 
quien deseaba que en su tiempo se descubriese 
una cosa que tanto cuidado habia costado y que 
ya se le iba acabando el Gobierno, respecto a 
que habia enviado a hacer dejacion de el a S. M. 
para pasarse a Espana, como, cod efecto, habien- 
dolo conseguido, el dicho ano de ochenta y siete, 
prov^eyo el Sr. Conde de la Monclova, por Go- 
bernador interino, al General D. Francisco Cuer- 
vo de Valdes, caballero montanes de muy buenas 
prendas, que entro a su Gobierno por el mes de 
septiembre, en cuyO Gobierno, que f ue poco mas 
de nueve meses, tuvieron mucha sujecion los in- 
dios, mediante a que fue anticipada prevencion 
de que, para conservarse las haciendas, asi de mi- 
nas como de labores, era medio muy necesario el 
temor y castig'o con esta gente natural; y hu- 
biera, cierto, tenido su Gobierno muy buenos 
fines, a no haber sucedido la fatalidad del aiio 
siguiente, por el mes de febrero, que, habiendo 
en el valle de San Antonio, los indios de la sie- 
rra que llaraan de Tamaulipa, muerto a algunos 
pastoresy Uevadose (a) algdn ganado, salioen su 
seguimieutouna escuadrade hombres [no le doy 
titulo de soldados, porque, a serlo, no hubieran 
incurrido en tanta bisoneria] yquitaron (a) algu- 
nas ovejas, las que pudieron alcanzar ; (a) otras me- 
tieron por una Canada, dentro de la sierra de Ta- 
maulipa, los enemigos. 

Por seguirlos, no pudiendo entrar a caballo, 
se aventuraron diez de dichaescuadracon el Ca- 
bo, y aunque hubo repugnancia de algunos, que 
le advirtieron que habian de peligrar, por la 
ventaja que tenian los indios en la sierra, el di- 
cho Cabo, como hombre de poca experiencia, se 



312 

arrojo al peligro, y los enemigos, viniendo sobre 
ellos y descolofando piedras de la sierra, mataron 
a los nueve. Escapose uno, aunque muy maltra- 
tado de una laja que le alcanzo en las espaldas; 
A este sacaron de adentro de la sierra los indios 
amigos y llegaroncon el hasta donde estaban dos 
de los companeros, que habian quedado con las 
bestias, con que a toda priesa se f ueron a San 
Antonio, puesto de donde habian salido, llevan- 
do la infeliz nueva a lasoQujeres delos difuntos, 
los que las habian tenido. 

Este nies de febrero de este aiio, parece que 
fae fatal en este Reino, pues no tan solamente 
sucedieron estas infelices muertes en Tamauli- 
pa, sino tambien en la ciudad de Monterrey; 
porque, habiendo subido al cerro que llaman de 
las Mitras, distante dos leguas de la ciudad, el 
Capitan Nicolas de Ochoa, Justicia Mayor en el la 
y Regidor, a ver una mina que setrataba de be- 
neficiar, la cual estaba en mucha altura, habien- 
do yalos barreteros comenzadoa trabajar en ella 
y el susodicho sentadose encima de una laja a 
rezar ciertas oraciones, estando toda la gente 
descuidada, ora fuese que le diese al contenido 
algiin vahido, 6 que desmintiese la laja en un 
improviso, resbalo y cayo precipitado en una 
barranca de mas de veinte estados y se hizo pe- 
dazos, cosa que no pudo remediar la gente, aun- 
que oyeron, cuando iba cayendo, que invoco con 
el nombre de la Virgon, que sin duda en trance 
tan f uerte le favoreceria, como a devoto suyo. La 
sierra es altisima y costo mucho trabajo el sa- 
car el cuerpo, y causo mucha lastima a todos la 
muerte tan violenta. 

Y volviendo al suceso delas muertes, se ledio 
lucgo aviso al Gobernador, quien se hallaba en 
la villa de Cerralvo, que junto en todo el Reino 



313 

tres companias y sali6 en persona al castigo de 
dichos indios; y aunque estuvo algun tiempo en 
la campana y se hicieron exactas diligencias, no 
se pudieron prender (a) ningunos de los agreso- 
res, con que se volvieron las dichas companias, 
dejando una escuadra de diez y seis soldados para 
el resguardo de las haciendas. 



CAPITULO XXXIII 

De c6mo el Gobernador Alonso de Leon, Go- 
be rnador DE LA PrOVINCIA DE COAHUILA, EN- 
Vl6 A PEDIR SOCORRO AL DE E8TE ReINO, Y DE 
c6M0 PRENDIO a UN FRANCES QUE ESTABA EN- 
TKE LOS INDIOS. 

En todas las ocasiones que se le of recieron ar- 
duas al General Alonso de Leon, en la Provin- 
cia de Coahuila, nunca excuso pedir socorros al 
Reino de Leon, como mas inmediato, y, junta- 
mente, por el conocimiento y experiencia que 
tenia, que los soldados de el no saben volver las 
espaldas al riesgo; por lo cual, hallandose ya de- 
masiado acosado de algunas naciones de aquella 
comarca, que se llevaban (a) las bestias de la cer- 
cania de las poblaciones, escribio al Gobernador 
D. Francisco Cuervo pidiendo socorro de veinte 
y cinco 6 treinta soldados, para poder entrar a 
la tierra dentro; y (este) le remitio una compania 
a cargo del General Martin de Mendiondo, que, 
habiendose juntado en dicha Provincia, salieron 
con dicho General y se hicieron algunos castigos 
de mucha consecuencia en dos jornadas que se 
of recieron hacerse contra los enemigos. 

Y habiendo salido a la tercera, para acabar de 

20 



314 

allanar la dificultad que se ofrecia, tuvo noticia 
decomo, adelante del Rio Bravo, que dista cua- 
renta y dos ieo'uas del Presidio de Coahuila, es- 
taba un f ranees en una rancheria grande y que lo 
tenian los indios en mucha veneracion; con cuya 
noticia se resolvio (a) pasar alia con solos diez 
y ocho hombres de los que le parecieron de su 
satisfaccion, y por seis jornadas llego a la dicha 
rancheria, que estaba veinte y cinco leguas mas 
adelante del dicho E,io Bravo. 

Habiendo dejado el real en buena parte, y con 
solo trece hombres, se fue llegando a la habita- 
cion donde estaba el dicho frances, que era una 
sala fecha de cueros de cibola, y habiendo dis- 
puesto que diez de lossoldados se quedasen aca- 
ballo, se ape6 el dicho General Alonso de Leon 
y -Fr, Buenaventura Bona), religioso que ilja 
por capellan, y el General Martin de Mendion- 
do, y entraron dentro de esta habitacion, nobs- 
tante a que habia en esta rancheria mas de seis- 
cientos indios, y en la dicha habitacion cuarenta 
y dos de posta, con sus armas en las manos. 

Eq lo mas comodo de ella, estaba sentado sobre 
Unas cibolas, en forma de estrado, el dicho fran- 
cos, y dos indios le estaban haciendo airey otros 
limpiandole el rostro. Habiendo Uegado cerca 
del dicho frances el dicho religioso, no hizo mas 
accion, sin salir desu asiento, que hincar las ro- 
dillas y besar la manga del habito, y al dichoGo- 
bernador y General Martin de Mendiondo, ha- 
cerles una gran cortesia, dandoles la mano y di- 
ciendo: yo, frances; y al dicho Gobernador le 
pregunto con cuidado que cuantos eran los que 
venian, aque [previniendo lamaliciaconqueselo 
debia preguntar] le respondio que muchos. Lue- 
go el dicho Gobernador, por congratular a los 
indios, raando traer algunas alhajas que habia 



B15 

llevado para ellos, como fueron huepiles} (e)na- 
guas, cuchillos, zarcillos, tabaco, etc., y se las 
entreg6 al dicho frances, para que por su mano 
las repartiese. El dicho frances estaba rayado el 
rostro al uso de los indios, y sabia muy bien la 
lengua materna de ellos. 

Le hizo saber, por interprete, el dicho Gober- 
nador, de como habia de ir con el, y aunque lo 
resistio, y lo mismo hicieron los indios, nobstan- 
te, con industria lo sacaron de la habitacion, y 
lo subieron en un caballo y caminaron con el al 
real, acompaiiandole rauchos indios de la ranche- 
ria, aunque descontentos por su traida, con que 
llegaron con el a la poblacion de Coahuila. 



CAPITULO XXXIV 

De c6.vro el frisionbro Frances declar6 la 

CAUSA Y MOTIVOS DE HABERSB VENIDO CON LOS 
INDIOS. 

Caus6 mucha novedadal Gobernador y demas 
personas que fueron con el, el haber hallado al 
dicho frances entre gente barbara y que tanta 
estimacion hiciesen de su persona, que, a ser 
idolatra esta gente, se pudiera inferir le adora- 
ban como a su dios, segiin hacian los gentiles; 
pero en ninguna de estas Provincias no se ha 
hallado nacion que sea id61atra, ni tengan supers- 
ticiones. 

Llegados, pues, a Coahuila, con dicho prisio- 
nero, se trato de que diese razon de la causa y 
motivos que habia tenido de meterse entre las 

1 Palabra mexicana que sirve de nombre ^ una especie de ca- 
saca 6 camisola que usan los indios. — G. G. 



316 

naciones de indios, y si era verdad la poblacion 
que se decia habia en la bahia del Espiritu San- 
to, y de donde era y por donde habia venido. A 
que respondio que el era natural de San Juan de 
Orliens (sic por Orleans?) y vino con Mr, Fe- 
lipe, Gobernador de una poblacion que tiene fe- 
cha junto (a)un rio grande, y !o hizo Capitande 
una compania, y que aprendio la lengua de los 
indios, y se vino con eilos de algun tiempo a es- 
ta parte, y que el motivo era ir reduciendo (a) 
toda esta gente a la devocion del Rey de Fran- 
cia, y que habria como tres anos que andaba en 
estas diligencias; pero que ha casi quince anos 
que se comenzoa poblar la parte que dijo estaba 
junto al rio, en el cual haj- un castillo de la otra 
banda y otro mas pequeno de esta, y que el cas- 
tillo mayor tiene veinte piezas de artilleria, y el 
menor no tiene ningunas, sino mosqueteria, y 
que era de flamencos, y que la poblacion tenia 
cuatro calles bien formadas y con seis compafiias 
de soldados, con convento de religiosos capuchi- 
nos, y que de ordinario habia tresnavios que ve- 
nian de Francia para el comercio y que cogian 
sementeras de trigo y maiz, cria de vacas y de 
caballada y que sembraban tabaco y cana dulce. 
Y se le pregunto de que materia eran los casti- 
llos, y respondi6 que de piedra y cal, lo cual 
traian de la costa, y que desde que el habia veni- 
do y salido de la poblacion, no habia vuelto a 
ella; pero que algunos de sus companeros le ha 
bian venido a ver, como lo habian hecho habria 
poco mas tiempo de un ano, que vinieron diez y 
seis de los dichos sus companeros a visitarle, y que 
ahora dos meses habian venido otros siete tan so- 
lamente por saber como leibaentre la dicha gen- 
te y si los iba agregando. 
Estas y otras muchas cosas declare, que por no 



3lY 

ser de sustancia ni tener f undamento de credito, 
no se le di6 al contenido, con que resolvio dicho 
Gobernador despachar a dicho prisionero a la 
ciudad de Mexico, como lo ejecuto. Llev61o a 
la ciudad de Monterrey, por la mejor convenien- 
cia de poder despacharlo, y de alii lo paso al valle 
del Pil6n, a disponer la mejor forma, en cuyo 
medio entro por Gobernador a este Reino D. 
Pedro Fernandez de la Bentosa, Caballero de la 
Orden de Santiago, y de las buenas partes y pren- 
das que son notorias en toda la Nueva Espana; 
sabe muy bien la lengua francesa, y, al pasar di- 
cho f ranees por la ciudad, le examine en lo mis- 
mo que contiene este capitulo, y no declar6 mas 
de lo antecedente. Y encargado al General Mar- 
tin de Mendiondo, como persona que se habia ha- 
llado en su prision y en las jornadas que antece- 
dieron, para que con soldados de escolta lo lie- 
vase a la presencia del Exmo. Sr. Conde de la 
Monclova y le diese razon, como testigo de vista, 
de lo que habia pasado, (y) resolviese S. E. lo 
que f uese servido. 



CAPITULO XXXV 

De c6mo S. E., con vista del Frances, resol- 
vio se HICIESE JORNADA A DE8CUBRIR LA POBLA- 
CI6n DE FRANCESES. 

A breves jornadas llego el General Martin de 
Mendiondo a la ciudad de Mexico, con el francos, 
a vista de S. E., quien recibio particular regoci- 
jo, juzgando que por su medio se habia de con- 
seguir el descubrirse la poblacion de los f ranceses 
en la costa del Mar del Norte, cuyas noticias hasta 
de Espana venian, y el encargo de S. M. para que 



318 

se recoDociese. No causo poca admiracion a toda 
la ciudad de Mexico el ver al dicho frances, por 
ser cosa extrana ver a un hombre, rayado el ros- 
tro, a usanza de los indios, siendocristianoy na- 
cido en tierra politica; pero se le puede hallar al- 
guna disculpa, pues lo hacia por complacer a los 
diclios indios, como quien duda (sic) se habia ya 
dedicado a vivir con ellos y aiin a morir entre 
sus barbarismos. 

Con la noticia que por los despachos dio el Go- 
bernador Alonso de Leon a S. E., y lo que in- 
form© de vista el General Martin de Mendiondo 
y declaracion que hizo el frances, resolvio S. E. 
que se repitiese Jornada al descubrimiento de la 
poblacion de los Franceses con cien hombres y por 
Cabo principal de ellos el dicho Gobernador Alon- 
so de Leon; loscincuenta que fuesen soldados pa- 
gados de los cinco presidios de la Vizcaya, y los 
otros cincuenta del Nuevo Reino de Le6n, y que 
costease S. M. la Jornada, dando de su real hacien- 
da ochenta cargas de harina, cien novillos y otras 
cosas, alguna ropa para los indios que se hallasen 
en el camino por donde se habia de ir, para que 
estuviesen gratos, algunas hachas y alfanjes por 
si se ofreciese desmontar en algunas partes que 
impidiesen el paso, que todo import6 mas de seis 
mil pesos, que se sacaron, por mandamiento de 
S. E., de la real caja de la ciudad de Zacatecas; 
con que despacho S. E, al dicho General Martin 
de Mendiondo, entregandole todas las ordenes 
necesarias, que trujo a este Reino, y de nuevo vi- 
no el frances para que sirviese de guia para el 
dicho descubrimiento; y aunque este se procuro 
hacer para fin del ano pasado de ochenta y ocho, 
no se pudo conseguir, por ladistancia grande que 
hay de la Provincia de Coahuila a los presidios 
de la Nueva Vizcaya, que f ue necesario despachar 



319 

(a) diferentes correos a los capitanes de ellos para 
que remitiese cada uno (a) sus diezsoldados. Vi- 
no asimismo orden al Gobernador del Reino de 
LeoD para que alistase en el (a) los cincuenta hom- 
bres que se propusieron en la junta de guerra, 
en la ciudad de Mexico, para la dicha Jornada, a 
que dio expediente con toda precision dicho Go- 
bernador, formando dos companiasde obedientes 
oficiales y soldados acostumbrados a servir a S. 
M.; y a mediado el mes de marzo, salieron de la 
ciudad de Monterrey la derrota delrio dela Cal- 
dera, y, al mismo tiempo, para Coahuila, el Go- 
bernador Alonso de Leon, para ir a topar, con los 
que habia de llevar del Parral, en el rio que 11a- 
man de las Sabinas; habiendo precedido que ya 
tenia confirmadas todas las ordenes que habia re- 
cibido del Sr. Conde de la Monclova, por su su- 
cesor, que ya habia llegado, que f ue el Exmo. Sr. 
Conde de Galve, por haber S. M. promovido al 
Sr. Conde de la Monclova al Virreinato del Pe- 
ril. Hizo el dicho Gobernador en Coahuila toda 
la prevencion necesaria para el dicho descubri- 
miento, que tuvo la ejecucion y efecto que se ve- 
ra en el capitulo siguiente. 



CAPITULO XXXVl 

De c6mo el Gobernador Alonso de Le6n des- 
cubr16 la poblaci6n de los franceses y ba- 

HfA DEL ESPIRITU SaNTO. 

Dispuestas y prevenidas todas las cosas nece- 
sarias en la Provincia de Coahuila, salio el Gober- 
nador con los soldados del Parral y algunos de su 
presidio, a veinte y cuatro de marzo, la derrota 



320 

del Norte, y habiendo caminado cuatro jornadas, 
Uegaron al rio que llaman de las Sabinas, y habien- 
do parado en su orilla, divisaron c6mo ya venian 
las companias del Reino a juntarse en aquella par- 
te; les salieron arecibir y hubo de unayotra parte 
mucha salva. Y habiendo juntado y ser todavia 
temprano, se resolvio a hacer resefia general de 
toda la gente, para mas bien disponer lo que con- 
viniese durante la Jornada, cuya resena, por ha- 
llarme con la original que aquel dia se hizo, me 
parecio ponerla en esta historia, a la letra, y f ue 
en la manera siguiente: ' 

^Lista general de toda la gente, asi militar coino 
arrieros y inosos de servicio^ que vienen en las 
companias del cargo del General Alonso de 
Leon, Gohernador y Capitdn del presidio de la 
Provincia de Coahuila, Caho principal de di- 
chas companias, que van al descuhrimiento de la 
pohlacion de los franceses, que dicen estd en 
lahahiadel Espiritu &anto; fechahoy, 27 de 
marzo de 1687 , en este rio que llaman de las 
. Sabinas. 

«E1 dicho General Alonso de Leon; el Br. D. 
Toribio Garcia de Sierra, Cura y Vicario de 
la Provincia de Coahuila; el. P. Fr. Damian Ma- 
zanet, de la Orden de San Francisco, nuestro Ca- 
pellan; el Sargento Mayor Nicolas de Medina; el 
Alferez Real Francisco Martinez; el Ayudante 
Geronimo Cantii; Juan Baptista Chapa; el Capi- 
tan Lorenzo de la Garza; el Alferez Juan Cantu; 
el Sargento Joseph Perez; el Sargento Miguel de 
Leon; el Alferez Joseph Sanchez; el Alferez Juan 
Ramirez; el Sargento Agustin Garcia; Marcos de 
los Reyes; Juande Benavides; Salvador de los Re- 
yes; Nicolas de Bermeo; Lucas Gonzalez; Juan 



321 

Kencl6D, Tomas Gutierrez; Miguel de Betancourt; 
Bias deOcha; Joseph deUrdiales; Diego Martin; 
Nicolas de Salazar; Alejo de la Garza; el Sargen- 
to Gaspar de Lerma: Joseph Gutierrez; Juan 
Guerra; Antonio de Escobedo; Domingo Guerra; 
Nicolas de Estrada; Atanasio del Corral; el Capi- 
tan Tomas de la Garza; el Alf erez Nicolas de A^^a- 
la; el Sargento Bernardo de Benavides; el Capi- 
tan Cristobal de Villarreal; el Alf erez Francisco 
de Trevino; el Sargento Juan deOlivares; el Sar- 
gento Gaspar de Chapa; Joseph de las Casas; Fe- 
lipe de Sosa; Alonso Garcia; Nicolas Garcia; Mel- 
chor de Garibay; Diego de Montalvo; Joseph de 
Abrego; Juan de Trevino; Juan de Charles; An- 
tonio Prieto; Joseph de la Garza; Alonso Rodri- 
guez; Ignacio Hernandez; el Sargento Lorenzo 
Garcia; Diego de Pastrana; Antonio de Espino- 
sa; Baltasar de Sepiilveda: Jacinto de Talaman- 
te; Francisco de ia Garza; el Capitan Alonso de 
Leon; el Alf erez Nicolas de Ocha; el Sargento 
Antonio Gonzalez; el Cabo Antonio Martincho; 
Manuel de la Riba; Francisco de Castro; Juan 
Antonio Vizcarra; Gaspar de Figueroa; Diego 
Lopez; Gcroninao de Tejeda; el Cabo Miguel de 
Valenzuela; Joseph de Saucedo; Cristobal Perez; 
Marcos de Frias; Ambrosio Baltierra; Joseph de 
Ayala; el Alferez Antonio de Adame; Antonio 
Saldafia; Diego de Acosta; Salvador de Trevino; 
Juan de Ribera; Nicolas Gomez; Francisco Ja- 
vier; Juan del Canto; Joseph Hurtado; Joseph 
Minchaca; Gaspar Lopez; Nicolas Hernandez; 
Juau Andres, prisionero f ranees; doce arrieros, 
los mas con armas ofensivas; trece criados de to- 
das calidades; setecientas y veinte y un(a) bestias 
caballares y mulares; ochenta y dos cargas de ha- 
rina, bizcocho y otros mantenimientos; tres car- 



322 

gas de ropa y otras cosas para repartir a los in- 
diosen el discurso de la jornada.» 

El dia 28, salieron las compaiiias en demanda 
del Rio Bravo, que esta en distancia de cuarenta 
y dos leguas de Coahuila, y llegaron a el, apri- 
mero de abril, habiendo precedido que, el dia;an- 
tes, que estuvo el real parado cerca de una gran 
rancheria de indios conocidos del f ranees, que le 
hicieron mucho agasajo, cuando llegaron a ella, 
sentandolo sobre unos cueros de cibola, en medio 
de dos indias doncellas, aqui se les repartieron a 
los indios algunas cosas de las que lleva(ban) para 
el efecto, como f ueron cuchillos, zarcillos, tocho- 
tnite^ ^ dos cargas de harina, y se les mataron (a) 
cinco vacas de la(s) que llevaban. Enfrente de la 
rancheria donde aposentaron al f ranees, estaba 
un palo clavado y colgadasdiez yseis cabezasde 
indios enemigos que habian muerto. Habia en esta 
rancheria gente de cuatro naciones, que f ueron: 
Apes, Mescales, Jumanes.Ijiaba; y porcuriosidad 
le pareci6 al Gobernador contar (a) la gente que 
habia, y se hallaron (a) cuatrocientas y noventa 
personas, sin las que estaban ausentes, que ha- 
bian ido a naatar cibolas, y otras que se escon- 
dieron en un monte que estaba cercano a la di- 
cha rancheria. 



1 Del mexicano «tochomitl,» con que se designa el pelo de co- 
nejo que sirvc para fabricar telas de vestido.— G". G. 



323 

CAPITULO XXXVII 

En que se prosigue la .toenada. 



Parado el real en el Kio Bravo, en su orilla, se 
pondero su afluencia y copia de agua; esta es muy 
turbia; tiene de ancho como un tiro de mosque- 
te; es opinion que tiene su nacimiento adelante 
del Nuevo Mexico; la corriente en esta parte no 
es mucha, ni el paso dificultoso, pues no fue ne- 
cesario pasar las cargas en tercios. Y de ahi a 
dos dias, que fue el Domingo de Ramos, paro el 
real en un arroyo de agua, en donde hubo opor- 
tunidad de pesar el sol, por llevar astrolabio, 
aunque algo desconcertado, y se hallo el real en 
veinte y seis grados y treinta y un minutos de 
altura de Norte, si bien no se tuvo esta observa- 
ci6n por muy cabal, respecto al defecto del as- 
trolabio, y ser las tablas de la declinacion del sol 
muy antiguas, fechas antes de la correccion gre- 
gori(a)na, aunque se procure ajustar lo mejor 
que se pudo. Y prosiguiendo el viaje, llegaron, a 
quince deabril, a unriogrande [despuesdehaber 
pasado otros tres], que le pusieron el rio de Nues- 
tra Senora de Guadalupe; aqui, juzgandonos ya 
muy cercanos a la poblaci6n de los franeeses, se 
entro en consulta de lo que se podia determinar. 

Por olvido natural, no he puesto en su lugar, 
en la descripcion de este descubrimiento, como 
lo guio Dios por un medio bien extrano, y fue el 
caso que (a) un indio de nacion Querns, que vivia 
cerca del Rio Bravo, lehurtaron unos indiosene- 
migos suyos a su mujer, no estandoel en su ran- 



324 

cheria, y cuando llego a ella y supo su mal suce- 
so, como buen amante, comenz6 a hacer exactas 
diligencias en su busca, vagando por diferentes 
partes, solo, arr(i)esgando en partes remotas a la 
gruesa ventura de si la hallaba 6 no, y se alargo 
tanto de su propia tierra, que llego hasta la po- 
blaci6n de los f ranceses, y estuvo con ellos tres 
6 cuatro dias, y visto que no hallaba noticias de 
su mujer, se volvio a su patria, y de ahi vino a 
la misi6n que llaman Santiago, que es junto al 
rio de la Caldera, donde asistia el Padre Fr. 
Damian Mazanet, y dio, aunque confusamente, 
estas noticias, y de ahi pas6 hasta el Saltillo; y 
como que era (sic por quiera) que por entonces 
no se hizo mucho caso, se estuvo en silencio es- 
ta noticia (hasta) que se dispuso esta Jornada, en 
que f ue el dicho religioso, y dandola al Gober- 
nador Alonso de Leon, cuando llegaron cerca de 
su rancheria, se envio a llamar y vino a juntarse 
con las companias en el Rio Bravo, y fue el que 
nos guio en toda esta Jornada con mucho conoci- 
miento de la tierra, como quien la habia andado 
con todo cuidado, que, aunque llevaban otraguia, 
que era un indio, a quien el prisionero frances 
llamaba de hermano, siempre lo tuvimos por sos- 
pechoso, respecto a que recelabamos que el di- 
cho frances, llevado del amor natural de los su- 
yos, le aconsejaria que no descubriese la poblacion; 
y esto, en algunas ocasiones que tuvieron dife- 
rencia, se reconocio, porfiando los dos indios so- 
bre el rumbo que habian de llevar para estedes- 
cubrimiento; pero siempre seguimos el del indio 
quems, y a esto se llegaba el que el General le 
habia prometido de que buscarian a su mujer, 
aunque costase mucho trabajo. He hecho esta di- 
gresi6n, porque era muy necesaria, y vuelvo a 
proseguir el intento. 



325 

Resulto de la consulta el que el dia siguiente, 
16 de abril, saliese el Gobernador con sesenta 
hombres a reconocer la dicha poblacion, por de- 
cir el dicho guia que estaba dos 6 tres dias de 
distancia, con lo cual, y despues de haber dicho 
una misa cantada a Nuestra Senora de Guadalu- 
pe, salieron a un mismo tiempo el real y los di- 
chos sesenta hombres; y habiendocaminadocomo 
tres leguas, la retaguardia de los dichos sesenta 
hombres cogio (a) un indio que descubrieron en 
un montecillo de encinos, y traido ante el Gober- 
nador y examinando(lo) lo mejor que se pudo, por 
medio de nuestra guia, dijo que su rancheria es- 
taba cerca y que en ella habia cuatro franceses; 
con cuya noticia determine el Gobernador ir a la 
dicha rancheria, como se ejecuto, mandando que 
el real se quedase en aquella parte, donde fue 
traido el indio, por haber unos charcos de agua. 

Salieron, pues, guiando el indio, y a distancia 
de tres leguas divisamos la rancheria, que, a lo 
que parecio, debieron tener noticia los indios de 
los espanoles, pues ya se iban metiendo por un 
monte de encinos, y iban tras ellos doce 6 ca- 
torce perros cargados con sus cueros de cibola. 
Con el mismo indio que nos guio, se enyiaron a 
llamar, y se consiguio que los mas viniesen; se 
averigu6 no estar alii los cuatro franceses, sino 
que habia cuatro dias que habian pasado hacia a 
laProvincia de los Tejas. Aqui se hallaron (a) dos 
indios que eran de partes masdistantes, que dije- 
ron que, dos dias de camino, se hallarian (a) di- 
chos franceses; aestos indios se agasajaron, dan- 
doles algunos cuchillos, tabacoy otras cosas para 
que nos guiasen a donde estaban dichos france- 
ses, como lo ejecutaron, siguiendo el rumbo del 
Norte hasta ponerse el sol; y, al anochecer, en un 
monte de encinos, junto a un arroyo, hallamos 



326 

una rancheria de mas de ducientas y cincuen- 
ta personas. Aqui procuraron saber de Jcs f rance- 
ses, sirWendo de interprete nuestro prisionero 
f ranees, y tuvimos por respuesta que habia cua- 
tro dias que habian pasado a los Tejas, y asimismo 
dieron razon que (a) los demas franceses que es- 
taban en la poblacion, en el mar pequeno [qui- 
sieron en este mar pequeno dar a entender la 
bahia del Espiritu Santo], los habian muerto los 
indios de la costa, y que los dichos franceses te- 
nian seis casas, donde vivian, y que habia tres 
meses que el caso habia sucedido, y que antes de 
este suceso les habia dado un achaque de virue- 
las, del cual habian muerto los mas. 

El dia sigaiente, proseguimos la derrota del 
Norte en busca de dichos franceses, hasta llegar 
a una rancheria de pocos ranchos, conocidos 
de nuestro prisionero frances, en donde tomamos 
nueva noticia de los cuatro franceses y supimos 
que habian pasado mas adelante; y entrando en 
consulta de lo que se podia hacer, se resolvio que, 
por estar ya el real muy lejos y en tierra no co- 
nocida, se les escribiese una carta en leng-ua f ranee 
sa por mano del Alferez Francisco Martinez, muy 
perito en el la, y que (se) les remitiese con un in- 
dio, agasajandolo primero. Asi se ejecuto, escri- 
biendo la dicha carta, cuya substancia f ue que, 
habiendo tenido razon de que los indios de la 
costa habian muerto a sus companeros. y que 
ellos se habian escapado, que si viniesen (sic por 
viv:iesen) entre cristianos, que los esperarian en 
las casas de la poblacion por terminode tres 6 cua- 
tro dias. Esta carta la firmo el Gobernador, y el P. 
Fr. Damian. por si hubiese algun religioso, auadio 
abajo cuatro renglones en latin por si hubiese al- 
gun religioso (sic), exhortandolesaque viniesen; 
y en esta carta metieron papel bianco por si quisie- 



32T 

sen responder; y con ecta diligencia se fue el co- 
rreo, y dicho Gobernador con los soldados se en- 
camino hacia el real, y en el caraino tuvo carta de 
como la caballada habia dado una gran estampi- 
da^ y se habian ido cien caballos, de los cuales 
se iban hallando algunos; con lo cual, aviv^ando 
el paso para el real, en donde, demas de lo di- 
cho, se hallo que cuatro soldados de los que ha- 
bian ido a buscar (a) la caballada, se habian perdi- 
do, aunque los tres habian parecido aquella ma- 
nana, y faltaba el uno, llamado Juan de Char- 
les, por cuya causa fue forzoso detenerse dos 
dias el real, echando escaadras por diferentes 
runibos, y no habiendo parecido, se determino, al 
tercer dia, el que saliese; y estando yapara salir, 
llego dicho soldado, guiado de unos indios, y di- 
jo haberdormido aquella noche en una rancheria 
de indios en donde fue a dar, que le hicieron mu- 
cho agasajo y buen hospedaje. Este dia obser- 
vamos la elevaciou de polo y nos hallamos en 28 
grades y 4 minutos, y f uimos adornaira unarro- 
yo de muy buena agua. 



CAPiTULO xxxyiii 

En que SB TKATA DE c6M0 LLEGARON A LA PO- 
BLACi6n de los FRANCESES, Y LA FORMA QUE 
TENIA. 

A los 22 dias del mes de abril, guiados por el 
indio guia, fue Dios servido llegase el real a la 
poblacion desierta donde habian estado los fran- 
ceses, la cual se componia de un f aerte pequeno 
de madera y otras seis casillas, bien debiles, de 

1 Fatniliarmente se da en Mexico ^ esta palabra la acepcWn 
de huida 6 carrera imprevista y precipitada.— G. G 



328 

palizada y lodo, y los techos de cueros de cibola, 
bien inutiles para cualqniera defensa, todas sa- 
queadas de lascortas alhajasque sus habitadores 
tenian; mas de ducientos libros en lengua fran- 
cesa, despedazados, tiradas sus hojas en los pa- 
tios y yapodridas, por haber llovido muchas ve- 
ces en aquella parte, segun se reconocio; con que 
hicieron los enemigos un saco horrendo de todo 
cuanto tenian; y se noto una cosa digna de con- 
sideraci6n: que en las rancherias donde llegamos 
[antes de llegarnos a la dicha poblaeion], se ha- 
llaron algunos libros en lengua f rancesa muy bien 
tratados y de extremada encuadernadura(sic por 
encuadernacion), y otras alhajas de poco valor, 
cuyos libros se rescataron para remitirlos a S. E. 

Y no tan solamente los indios enemigos hicie- 
ron estrago en los habitadores, sino tambien en 
las arraas que hallaron, pues vieron, junto a las 
mismas casas, mas de ciencoces de arcabuz que- 
bradas, que, a lo que se discurrio, tomaban los 
arcabuces por los caSones y daban con ellos so- 
bre las piezas de artilleria, y saltaban las cajas 
y coces y rastrillos. Se hallaron tres difuntosti- 
rados en el campo, que el unohabia parecido ha- 
ber sido raujer, respecto a que todavia tenia pe- 
gadas las faldillas a los huesos, y lo mas del cuerpo 
comido de animates; recogieronse todos los hue- 
sos y se les dio sepultura con misa cantada de 
cuerpo presente. 

Estaban repartidas entre el f uerte y demas ca- 
sas ocho piezas de artilleria de fierro, nuevas, de 
a seis y ocho libras, de bala, algunas en sus cu- 
renas y otras en el suelo, Se hallaron algunas 
Haves, cerca de las casas, de los arcabuces que 
quebraban, y tres pedreros, aunque sin recama- 
ras. Habia algunos vergajones de fierro, que se 
reputo todo por veinte arrobas, poco mas; hubo 



329 

alguQOS barriles desfondados, que habiaa servido 
de tener polvora, de la cual no se hallo sino una 
poca en uno de dichos barriles; asimismo se hall6 
cerca de las casas alguna jarcia, aunque ya mal- 
tratada. No se pudieron hallar mas difuntos que 
los referidos, de que inferiraos los habian arro- 
jado en el arroyo que estaba cercano a la dicha 
poblacion, la cual estaba en famosa parte y lia- 
na, para poderse defender de cualquier acome- 
timiento. 

En el marco principal del fuerte estaba graba- 
do con un cuchillo el ano en que debieron de po- 
blar, que fue el de 1684, con otras particulari- 
dades que se poneh en descripcion en la foja si- 
guiente. 

Y habiendo hecho computo de las leguas, 
Jornada por Jornada, desde el presidio de Coa- 
huila hasta la dicha poblacion de los f ranceses, se 
ajustaron ciento y treinta y seis leguas, y de la 
ciudad de Monterrey, ciento y sesenta y cinco. 

El nilraero que esta aba jo, de ciento sesenta 
y ocho, de la grabazon referida, que estaba fres- 
co, y, a lo que se discurrio, le debian de estar 
grabando cuando les dieron los indios, porque 
aquel Usque ad apela al numero de los anos pri- 
meros de 1684, que fue el en que poblaron, y 
quisieron decir: hasta el de 1689, y no lo acaba- 
ron. Tambien me parecio poner la descripcion 
de la poblacion con sus casas, que esta en la pri- 
mera plana de dicha foja siguiente, que, aunque 
no es del caso todavia, servira de entreteni- 
miento. 



21 




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331 








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332 

Tenian, cercana a la poblacion, unahuertacer- 
cada de palizada, en quetodavia estaban paradas 
las caiias de maiz que habian sembrado, que serian 
como tres almudes; con que dio que discurrir y 
hacer recuerdo que las caiias de maiz que se vie- 
ron, por el aiio pasado de ochenta y seis, en la cos- 
ta del mar, cuando se descubrio por parte de este 
Reino el Rio Bravo, en su orilla, que debian de 
ser de esta poblacion, que sin duda la llevo al- 
guna avenida de este arroyo que esta junto a di- 
cha poblacion, y pasando por la bahia, por dis- 
curso de tiempo, las corrientes las llevaron a di- 
cha parte. 

Habiendoparadodosdias en la dicha poblacion, 
resolvi6 el General Aloriso de Leon proseguir el 
descubrimiento de la bahia, llevando por guia al 
prisionero frances, por haber dicho que la sabia 
y la habia andado toda en barco; con cuya segu- 
ridad, y con treinta hombres, salio con el conte- 
nido, quien no quiso guiar por el arroyo abajo, 
por decir no habia paso, con queguio cinco leguas 
al Sudueste, y descabezados dosarroyos, seandu- 
vo otras tres al Leste, hasta dar con la bahia, en 
donde durmieron; y el dia siguiente, seguimos la 
orilla como ocho leguas, yhallamos cercadeella 
muchas lagunas de agua muy salada, muchos 
atascaderos, que en partes f ue necesario pasar a 
pie, estirando a los caballos. 

Hace la dicha bahia una gran ensenada al Norte, 
otra mas pequena al Sur, y la mejor parece que 
se encaminaa la bocadel arroyo de la poblacion. 
Al fin de las ocho leguas, poco mas 6 menos, di- 
visamos el puerto por donde entran las embarca- 
ciones, que estaria como dos leguas en distancia, 
de donde pudieron llegarcon los caballos; el pri- 
sionero frances nos afirmo ser aquel el puerto 
por donde el habia entrado cuando vino de Fran- 



333 

cia con Mr. Felipe de la Gala. Hay en la entrada 
de dicho puerto una isleta muy baja y pequena, 
que forma dos entradas a la bahia. y por la mas 
pequena, que es la que cae hacia la Veracruz, es 
la por donde se entra. A lo que se discurrio, en- 
tra en esta bahia, por la parte del Sur, el rio de 
Nuestra Senora de Guadalupe, que, por la impo- 
sibilidad de pasar, nose pudo verificar, y el fran- 
cos afirmo su entrada de dicho rio en la bahia. 
En la orilla que costeamos, que, como va refe- 
rido, fueron comoocho leguas, se vieron algunas 
ruinas de navios, como fueron un mastelero, un 
cabrestante y alguna tablazon, duelas de barriles 
y de pipa, que sin duda fue(ron) de algiin navio 
que se perdio dentro 6 en la costa, cuyo casco no 
pudimos divisar. 

Vista y reconocida la boca de la bahia, se vol- 
vieron por el mismo rumbo por donde habian 
ido, y durmieron (a) orillas de un arroyo, junto a 
una rancheria despoblada de dos meses al parecer, 
en la cual se hallaron cuatro canoas, aunquemal- 
tratadas, con que se discurrio que dicho arroyo 
entraba en la bahia. En la dicha rancheria se ha- 
116 una fresquera quebrada, una poca de polvora 
y pedazos de papel de marca mayor y un libro 
en lengua francesa, con que sin duda los indios 
de ella fueron de los complices en las muertes de 
los franceses. 

Y habiendo salido, el diasiguiente, para el real, 
antes de llegara el, lessalieron a recibir algunos 
soldados, diciendo que traian respuesta de la car- 
ta que se habia escrito a los franceses, que ya 
habia llegado el indio correo; con efecto, entre- 
garon la carta al Gobernador: estaba escrita con 
almagre y venia abierta, con que, como la firma 
decia Larchebec de Bayone, y vido esta firma el 
Br. D. Toribio Garcia, Cura de Coahuila, enten- 



334 

dio que sin duda seria el Arzobispo de Bayona, 
sin discurrir dos cosas: la primera, que Bayona no 
es Arzobispado, y que, caso que lo fuese, era co- 
sa muy incompatible que un Arzobispo hubiese 
de venir a una nueva poblacion sin f undamento, 
eon que no le hallo evasion a la creencia. Me 
parecio poner aqui, a la letra, la carta, por ha- 
llarme con un tanto de ella, que es como se si- 
gue: 

Tanto de la carta. 

«Jesds Maria. Je rezeui la vostre agreable par 
laquelle avous nos mandes que voues estes tout 
poroche nous prious da voir la bonte de tandre 
nous sommes desapere deum plus loint je ne pas 
manque de les enboye cluriher si tot quil seront 
venece nous ne manque vot daide vous venir salier 
on crespee cretiene nous ne manquerot par de bous 
retirer parmes le cretiene il ya de ya Ion tans que 
nous semnes par mi barbies quinont ni fociabes 
loua e, mesieur tout que Je reciteur la votre je 
ne pras manque de partir pour alle rechercher 
les autres Mesieur. — Mesieurss, Je suy votre tres 
umble et tres obeissent serviteur. — Larchebeque 
de Bay one.'* ^ 

Leida esta carta por el Alferez Real Francisco 
Martinez, como quien entendia la lengua f rance- 
sa, dijo que, en sustancia, contenia que no eran 
mas de dos los franceses que habian recibido la 
que se les escribio, y que otros dos habian pasa- 
do mas adelante, y que, esperandolos unos dias, 
vendrian a la poblacion; que estaban ya cansados 
de andar entre barbaros. 



1 Reproducimos textualmente esta carta, no obstante que d. ve- 
ces carece de todo sentido por sus continuas v graves erratas.— 
G.G. 



335 



CAPITULO XXXIX 



De c6mO SE DESCDBRI6 UN RfO GRANDE, QUE SE 
LE PUSO FOR NOMBRE SaN MaRCOS. 



Aunque el Gobernador habia determinado es- 
perar tres 6 cuatro dias a los dos f ranceses, por 
haber escrito que vendrian, discurri6 que po- 
dia haber duda en su venida, ora porque pudieran 
arrepentirse, ora por otros inconvenientes que se 
pudieran ofrecer; determin6 levantar el real, el 
dia 26 de abril, ya unmismo tiempo pasarades- 
cubrir un rio grande que decia el frances prisio- 
nero estaba hacia la banda del Norte, y, con efec- 
to, fue con 20 soldados, guiado del francos, y 
como a distancia de seis leguas lo hallaron; es 
muy caudaloso y, al parecer, mas que el Rio Bra- 
vo; siguieron su orilla hasta donde hubo impedi- 
mento de algunas lagunas; parece navegable con 
embarcacion pequena. Determino el Gobernador, 
aunque fuese con dificultad, ver su entrada en la 
bahia, que finalmente se consiguio, desde una lo- 
mita que esta en distancia de tres cuartos de le* 
gua de la boca del dicho rio, y desde ella a la 
boca del arroyo por donde entraron los f ranceses 
a poblar, habra otro tanto, y desde esta boca a 
la poblaci6n, como legua y media. 

Este dia, se anduvo mas de quince leguas muy 
cerca de la bahia; observamos el sol y nos halla- 
mos en 29 grados y tres minutos de elevacion de 
polo [salvo yerro, por la mala calidad del astro- 
labio]. A este rio le pusimos por nombre San 
Marcos, por haberse descubierto un dia despu^s 



336 

de su festividad; llegamos al puerto doDdeestaba 
el real, a las nueve de la noche; este rio esta de 
la banda del Norte de la poblacioo; y no quiero 
omitir, aunque parezca cosa ajena de la historia, 
Unas canciones que hizo un sujeto en la dicha po* 
blaci6n de los franceses, viendo la lastima y es- 
trago que habian hecho losenemigos; dijo asi: 

«Sitio funesto y triste, 
donde la lobreguez sola te asiste, 
porque la triste suerte 
dio a tus habitadores fiera muerte. 
Aqui solo contemplo 
que eres fatalidad y triste ejemplo 
de la inconstante vida, 
pues el enemigo fiero y homicida, 
tan cruel y inhumano, 
descargo su crueldad con terca mano 
sobre tanto inocente, 
no perdonando al nino mas reciente. 

«iOh, francesas hermosas! 
que pisabais de estos prados f rescas rosas, 
y con manos de nieve 
tocabais bianco lirio en campo breve, 
y en dibujo bello 
a damas griegas echabais el sello, 
porque vuestros marfiles 
adornaban la costura con perfiles; 
como asi difuntas 
OS miran estas selvas todas juntas, 
que no en balde ajadas 
se ven por vuestra muerte, y tan trilladas. 

«Y tu, cadaver frio, 
que en un tiempo mostraste tanto brio 
y ahora de animales 



337 

comida, segiin muestran tus seuales, 

tierno te contemplo 

y eres de inf elicidad un vivo ejemplo. 

Gozas de eterna gloria, 

pues f uiste de esta vida transitoria 

a celestial morada, 

yendo con tanta herida traspasada. 

Ruegale a Dios eterno 

DOS libre de las penas del infierno.* 

Esta ultima cancion se hizo a la lastima de ha- 
ber hallado, como un tiro de piedra de la ultima 
casa de la poblacion, (a) una mujer muerta a fle- 
chazos [que, segiin relacion (que) nos dieron des- 
pues los dos franceses de quienes se habla en el 
capitulo siguiente], que huyendo, por ver si se 
podia escapar de los enemigos, la derribaron en 
aquella parte; causo mucha compasion el suceso, 
asi de ella como de los demas. Ellos son juicios 
de Dios que no podemos investigar, pero tambien 
parece que son ejemplos y dechados para que los 
cristianos no vayan inmediatamente contra las 
bulas y mandatos de los pontifices, pues en la que 
expidio Alejandro Sexto a favor del Rey D. Fer- 
nando y D^ Isabel, de aSo de 1494, les hizo gra- 
cia y donacion de todo lo que habian descubierto 
los espanoles en las Indias Occidentales y lo que 
descubriesen, con prohibicion que otro rey nin- 
guno las ocupase, con pena de excomunion; con 
que puede ser que, por haber quebrantado este 
precepto, les enviase Dios este castigo. 

Antes que se pase de la memoria. me parecio 
poner en el fin deeste capitulo con (sic)copia de 
algunas naciones que el prisionero frances dijo 
eran de su devocion, que son las siguientes: 

Cubas, Emot, Sanatdo, Poguan, Casmojoo, Pi- 
yai, Piguen, Panaa, Pataoo, Tamireguan, Cagre- 



338 

moas, Agaaunimi, Chiles, Cobapo, Huiapico, 
Etayax, Cuajin, Caomopac, Saurum;que, juntas 
(a) las cinco naciones de que va fechamencion en 
el capitulo XXXVI, son 24 naciones, que estas 
viven separadas en distancia como de setenta le- 
guas. No supo explicar el f ranees el significado 
de los nombres de las dichas naciones, que en su 
idioma cada una lo tiene, como nos lo muestra la 
experiencia de las rancherias que hay en este 
Eeino, congregadas en las estancias y vaquerias, 
para cuya comprobacion pondre aqui algunas con 
su significado, que por curiosidad he procurado 
averiguar, que son las siguientes: 

Ayancuaras significa rayas pintas; Pantigua- 
ras, untados de almagre; Ayanguara, monte sin 
espinas; Saguimaniguaras, campo falto de lena; 
Maguipamacopini,estrellagrandequemata(a)ve- 
nados; Guciacapo, agua dentro del monte; Baya- 
gueras significa pies de venado; Agustiguaras, 
cerrito puntiagudo; Bayamiguaras, gente que vi- 
ve en barrancas pequenas. No quiero cansar al 
lector con mas significados, que para prueba bas- 
tan los que aqui he traido y mayormente no siendo 
sentencias ni conceptos para encomendar a la me- 
moria, por no tener en si sustancia. 



CAPITULO XL 
C6mo el Gobbrnador Alonso de Le6n entr6 

A BU8CAR (a) los DOS FRANCESES, Y LOS TRUJO. 

Viniendo ya de vuelta del descubrimiento de 
la bahia del Espiritu Santo, y a la segunda Jorna- 
da, despues de haber salido dela poblacion de los 
franceses, le parecio al Gobernador caso de me- 



339 

nos valer no aventurar entrada nueva en busca 
de los dos f ranceses, por la noticia de la carta; y 
asi aparto (a) treinta soldados, y ordenando que 
el real f uese a parar junto al rio de Nuestra Se- 
nora de Guadalupe, tom6 el rumbo del Norte, y, 
habiendo caminado eomo veinte y cinco leguas, 
con guia que llevaron, (fueron) a dar a una ran- 
cheria donde estaba un indio Capitan de los Te- 
jas, en cuya compania estaban los dos franceses, 
el cual los tenia con mucho cuidado y regalo, segun 
la posibilidad de su modode vivir. Habia otrosin- 
dios con el. Dicho Capitan de los Tejas no era alii 
su propiatierra, sino en mucha mas distancia; el 
dicho Capitan de los Tejas tenia un oratorio fe- 
cho de cueros de cibola con algunas imagenes y 
un crucifijo, que los tenia con mucha veneracion, 
y siempre tenia lumbre en dicho oratorio; ycuan- 
do Uego cerca el dicho Gobernador, le sali6 a re- 
cibir con los dos franceses y le hicieron la salva 
con sus pistolas, y dicho teja pronuncio a Dios 
y dio a entender por senas que habia Dios en el 
cielo. Le pareci6 al Gobernador traer al dicho 
Capitan de los Tejas con algunos de los suyos al 
real para agasajarlos y repartirles algunas alha- 
jas de las que habian quedado. Era el dicho 
Capitan de los Tejas indio en que se reconocio 
[aunque barbaro] capacidad; fu^ bastantemente 
agasajado del Gobernador, asi en el tratamiento 
como en todo lo demas, dandole a el y a los su- 
yos todos los rezagos que habian quedado, de que 
quedaron muy gustosos. 

Fue necesario, para que se reformase la caba- 
llada, parar dos dias mas el real en el dicho rio 
de Guadalupe, en cuyo intermedio, pregunta- 
dos los franceses sobre el suceso de las muertes 
de los suyos, nos contaron que les habia acometi- 
do un achaque de viruelas, de que habian muerto 



340 

mas de cien personas, y que las que habianque- 
dado en la poblacion, estando en muy buenapaz 
con las naciones de indios de todo aquel circuito, 
vivian muy descuidadas de que les pudiesen hacer 
dafio; y que habia poco mas de un mes que habian 
llegado a la poblaci6n cinco indios con pretexto 
de venderles algunas cosas, y pararon estos en la 
casamasapartadade las cinco que habia, y luego 
fueron llegando otros con el mismo pretexto: y 
que, como los franceses no tenian sospecha de 
ellos, los fueron todos a ver, sin llevar armas, y 
estando dentro de la casa, fue viniendo mucha 
tropa de indios yabrazandose con ellos, y salien- 
do otra emboscada del arroyo, al mismo tiempo, 
no pudieron ponerse en ninguna defensa, con que 
los mataron a todos, a punaladasy a palos, yen- 
tre ellos, a dos religiosos y un clerigo, y saquea- 
ron todas las casas; y que ellos no se hallaron pre- 
sentes a este suceso, por haberse ido a los Tejas, 
en donde tuvieron esta nueva, y vinieron cuatro 
de ellos, y, habiendo hallado muertos asus com- 
paiieros, que serian veinte, pocos mas 6 menos, 
con algunas mujeres, y que ellos enterraron hasta 
catorce que hallaron, y quemaron casi cien quin- 
tales de polvora, porque los indios no se la Ueva- 
sen; y que la poblaci6n estaba bien pertrechada 
de todas armas de f uego, espadas y alfanjes, y 
muy buenos ornamentos para la iglesia, con tres 
calices, mucha libreria bien encuadernada, muy 
curiosa. El uno de dichos franceses [que era el 
mas mozo, que apenas tenia 22 anos] dijo llamar- 
se Juan Larchebec deBayone, y el otro, Jacome; 
el primero, natural de Bayona, y el segundo, de 
la Rochela. Les tomo el Gobernador sus declara- 
ciones en secreto, para remitir a S. E. 

Antes de salir el real del riode Nuestra Senora 
de Guadalupe, le persuadio el Gobernador al Ca- 



341 

pitan de los Tejas que se f uese con los suyos, 
y el, usando de una buena politica natural, dijo 
que no se iria hasti que nos viese que habiamos 
pasado el no, como, con efecto, no lo pudieron 
veneer ningunas persuaciones y nos estuvo miran- 
do pasar y no salio hasta que nos perdio de vista, 
quedandonos admirados de que en un barbaro 
hubiese tantaadvertencia. 

El dia siguiente, habiendo parado el real, lle- 
vados de la curiosidad, les preguntamosalos dos 
f ranceses su rnodo de vivir entre esta gente bar- 
bara, su poblacion y modo de gobierno, que, como 
personas que habian estado y vivido entre ellos, 
lo sabian con individualidad; a que nos respon- 
dieron que la dicha nacion de los Tejas tenia una 
poblacion distante de dondelos habiaoaos hallado 
[no supieron decir de leguas], que tiene quince 
leguas de largo y siete de ancho [esta distancia 
la senalaron con demostraci6n de la tierra que 
divisabainos], y que cada vecino tiene su casa y 
huerta con mucha capacidad, bastante para sem- 
brar maiz para su gasto; dicen que tambi^n 
siembran frijoles, calabazas y otras semillas, con 
que se sustentan; las casas son formadas de palos, 
redondas, con jacal encima, hacen dentro sus di- 
visiones y dormitories; si alguno de los vecinos 
se ausenta a algun negocioqueleimporta^ elGo- 
bernador del pueblo pone otro en su lugar, que le 
cuide su casa y alee los frutos, con que, cuando 
Uega, lo halla todo recogido y bien acondiciona- 
do. Nos parecio muy buen gobierno este, y nos 
atirmaron quemas adelantehay otros nueve pue- 
blos, rauy bien fundados y con buena orden. 

Acuerdome asimismo que, una noche de las que 
el indio teja estuvo con nosotros,lepreguntamos, 
mediante interprete y por medio de los dos f ran- 
ceses, si acaso habia visto (a) una mujer con ha- 



342 

bito [seSalandole el del Padre Fr. Damian], 6 si la 
habian ^isto sus antepasados; a que respondi6 que 
el no la habia visto; pero que a sus antepasados 
SI se lo habia oido, de que en algunas ocasiones 
se les habia aparecido una senora del habito que 
le senalaban; con que se discurrio era la Madre 
Maria de Jesus, monja de Agreda, pues, como 
ella misma refiere en sus escritos, anduvoen aque- 
llas Provincias, que ella nombra Tielas. 

Prosiguiendo nuestra vuelta a la Provincia de 
Goahuila, llegamos al rio de las Nueces, que esta 
en distancia (de) sesenta leguas del Presidio de 
ella; y, el dia siguiente, quefue a 10 de mayo, le 
parecio acertado al Gobernador adelantarse con 
quince hombres y los dos franceses y el Alferez 
Real Francisco Martinez, para despachar aS. E. 
raz6n del descubrimiento de la poblacion de los 
franceses y de la bahia, con el diario y derrotero, 
que se hizo con toda puntualidad y distincion, y 
la descripcion y calidad de la tierra; y habiendo 
llegado, a los trece del dicho mes, al presidio de 
dicha Provincia, a la oracion, y (sic) a los diez y 
ocho, salio para la ciudad de Mexico el dicho Fran- 
cisco Martinez con los dos franceses y despachos 
para S. E., quien estariacon muchos desvelos por 
saber el suceso de esta Jornada, en la cual, gracias 
a Dios, no se experimento niogiin peligro. 



343 



CAPITULO XLI 



De las alteraciones que hubo en el Reino 
DE Le6n, el mismo ano de 1689. 



El haber hecho relaci6ii de los sucesos de la 
Provincia de Coahuila, no desdice a la prosecu- 
ci6n de la historia de este Nuevo Reino de Leon, 
porque, demas de haberse hecho aquella Jornada 
con los mejores soldados de el, aquella Provincia 
y esta son continuas, y fue de esta jurisdiccion 
desde el descubrimiento de este Reino por Luis de 
Carabajai y de la Cueva, que entro a el, el ano 
de 1580, poco mas 6 menos, porque he visto el 
asiento de su capitulaci6n, y de ella sacaron la 
que hizo Su Majestad con D. Martin de Zavala, 
por el ano de 625; y, asi, pfoseguire de aqui ade- 
lante en los sucesos que hubiere de una y otra 
parte, pues no tienen implicacion. 

Mientras estabamos en la Jornada, 6, por me- 
jor decir, reci^n salidos a ella, para la bahia del 
Espiritu Santo, se alteraron losindios janambres 
y los demas de San Antonio, y mataron (a) dos 
pastores; quemaron asimismo las casas del valle 
de San Antonio, obligando a despoblara algunos 
vecinos que estaban en el; con que le fue fuerza 
al Gobernador de este Reino salir en persona al 
castigo, formando una compania; y por las bue- 
nas diligencias que hizo, cogieron (a) algunos 
agresores, que castigaron, quedandose la dificul- 
tad en pie, por haberse subido muchos delosene- 
migos a la sierra, y otros ganando los montes 
mas espesos, impenetrables. Nobstante, se fue- 



344 

ron haciendo diferentes jornadas con poco f ruto, 
porque esta gente es muy astuta y dificil de po- 
derlos hallar en llano para poder hacer presa; y 
aunque el Gobernador procurocon medios de paz 
atraerlos, nunca lo pudo conseguir. Encargo 
aquel ladoal Sargento Mayor Carlos Cantu, ve- 
cino del valle del Pilon, experimentado en la mi- 
licia, y, con las buenas diligencias que puso, pu- 
do prender hasta veinte indios de los indiciados 
en los delitos cometidos; ahorcaronse (a) los mas 
culpados, y los otros, acompanando la justicia 
con la misericordia, los sacaron a compurgar sus 
delitos a las haciendas del Mazapil y Benanza, de 
adonde, a pocos meses, se huyeron todos. 

Prosiguieron los indios en su alzamiento y de 
calidad que obligaron a que se despoblara la mi- 
sion que llanaan de San Buenaventura de Tamau- 
lipa, saliendose el religioso a vivir a la de San 
Cristobal, que esta seis leguas distante, habien- 
dole llevado los enemigos (a) las pocas bestias 
que tenia; y aunque por entonces no despoblode 
todo punto, a poco tiempo fue necesario hacerlo, 
porque no le llevaran los indios (a) algdn ganado 
mayor, retirandolo a la dicha misi6nde San Cris- 
tobal los indios que quemaron las viviendas del 
religioso y se quedaron sin castigo. 

Viendo el Gobernador que perse veraba el al- 
zamiento de los indios y que, aunque por parte 
del General Fernando Sanchez de Zamora, Justi- 
cia Mayor y Teniente deCapitan General del real 
y minas del Rio Blanco, se hacian algunas dili- 
gencias en reducirlos, y que no tenia(D) efecto, 
le obligo a salir de nuevo en persona, por ver si 
podia conseguir algiin efecto; alisto una compa- 
nia de 60 soldados y sali.6 a principios del mes 
de septiembre,y por su Jornada llegaron al valle de 
San Antonio, desde adonde despacharon (a) unas 



345 

espias y juntaraente carta al General Zamora para 
quBi juntardo (a) la mas gente que pudiese, vi- 
niese a juntarse con S. S., conao lo hizo, llegan- 
do con una escuadra de 15 soldados bien arma- 
dos y prevenidos; que de ellos, salieron, este dia, 
con el Sargento Mayor Carlos Cantd, algunos, a 
ver si con la diligencia de las espias podian coger 
(a) algunos enen)igos, habiendose, para ello, cita- 
do en puesto senalado. 

Salieron a esta diligencia 44hombres, y, estan- 
do en ella y el real en un puesto llamado San Agus- 
tin, llegaron cartas del Tenientedel valle del Pi 
Ion y del Padre Fr. Domingo Blanco, misionero de 
Taraaulipa, de como Domingo Conde, protector 
del pueblo de San Cristobal, confiadoen algunos 
indios que el tenia de su sequito y que lo mas 
del tiempo le solian asistir en el dicho pueblo, se 
habia determinado, con un yerno suyo, a ir a la 
sierra de Tamauiipa, juntamente con un indio 
llamado Juan Bellaco, y que este y el yerno del 
dicho protector habian llegado de huida al dicho 
pueblo, dando por nue^as decomo, habiendoba- 
jado una escuadra de indios de los suyos y seo- 
tadose a bablar con ellos, estando ellos en algu- 
nadistancia [este reciproco se entiendedel yerno 
y del indio], lo cogieron a mano y mataron,cuya 
nueva fue de mucho sentimiento para todos, y 
abominando la determinacion del difunto y su 
confianza,teniendo experienciay conocimientode 
la poca fidelidad de los indios. 

A 18 de septiembre, llegaron los companeros 
que habian ido a buscar (a) los enemigos y tru- 
jeron (a) 18 personasde todas edades, que cogie 
rou en algunas emboscadas; y sucedio un caso 
raro, segiin contaron, que, yendo corriendo a un 
indio que se iba a meter en un monte, en cu- 
ya corapania iba una hija suya, viendo este que ya 

22 



346 

io iban alcanzando los soldados, estando ya muy 
cercano al monte, reconociendo que,aunque se pa- 
dia escapar, no lo podia hacer su hija [seria ella 
de edad de ocho a nuevo anos], le tir6 un jSechazo 
a los pechos, j ella, poniendo la mano hacia aque- 
11a parte, cuando vido la accion del padre, se la 
atraves6 con la flecha, y le ectro, aunque al sos- 
layo, como cuatro dedos en el pecho izquierdo; 
el indio tuvo lugar de ganar el monte, aunque 
herido ya, y ella fue traida con los demas; se tuvo 
cuidado de curarla y en cuatro 6 cinco dias me- 
joro de las heridas. Al Gobernador le parecio 
soltar la presa, por ver si con esta franqueza, 
y haberles dado a los indios sayal, frezadillas y 
otras cosas, los conmovia a que sus compaSeros se 
bajasen de paz, prometiendoles, por medio de es- 
tos que se soltaron, que los recibirian con todo 
carirfo; que ni estas ni otras diligencias bastaron 
para conseguirla, y se esta en su ser el alzamien- 
to hasta la era presente, que esto se escribe. Des- 
pacho el Gobernador (a) una escuadra de solda- 
dos a ver el cuerpo del dif unto, que lo hallaron 
todo comido de animales, y (d)esparramados los 
huesos; que, visto no se podia conseguir cosa de 
provecho, dispuso el Gobernador nos vinieramos 
a la ciudad, como se ejecuto, con el poco fruto 
que se ha visto antes. 

Se qued6 la tierra en peor estado, si bien el 
General Zamora, como cercano y mas inmediato 
a los aliados, prometio hacer todas las diligen- 
cias posibles en bajarlos de paz, aunque no se 
ha conseguido, estando despobladasdos misiones, 
que son la(s) de San Bernardino y San Antonio, 
cuyos misioneros estan en otros conventos a la 
mira, para cuando la Divina Majestad sea servi- 
da que tenga efecto la paz. 



347 



CAPITULO XLII 

Del descubrimiento del Rio Blanco, 
T su poblaci6n. 



Habiendo llegado, con la relacion que queda 
hecha, estahistoria del Reino de Leon, al estado 
presente, y mientraslle^an las noticias de la nue- 
va Jornada que por orden del Exnao. Sr. Virrey 
se hizo a la Provincia de los Tejas, a cargo del 
Gobernador Alonso de Leon, que a su tiempo se 
diran los nuevos motivos que para ello hubo, me 
parecio anadir en ella el descubrimiento del Rio 
Blanco, que es un real de minas, que, cuando es- 
tuvo en su pujanza, daba mucho provecho a los 
haberes de Su Majestad, por la plata que se sa- 
caba y por ser de Ja Gobernacion de este Reino. 
Esta este puestohacia el rumbo del Sueste de esta 
ciudad de Monterrey, en distancia de cincuenta 
leguas, y siete distante de la misi6n de San An- 
tonio de los Llanos. Hay tres caminos para ir a 
el: el uno es el que llaman del Pilon Chico, que se 
pasa un rio treinta y siete veces, que viene por en- 
tre dos sierras altas, ina(c)cesibles, y en donde es- 
ta una puente que la llaman de Dios, por ser de 
naturaleza fabricada, y debajo de ella pasa el di- 
cho rio, cuya caja esta del hondor (sic por de la 
hondura) de veinte estados, a lo que parece, y de 
alii se va a dar a un puesto que llaman Labra- 
dores, que esta cinco leguas de un valle que lla- 
man Pablillo, y de alii al Rio Blanco. El otro ca- 
mino se llama el de los Pastores, que no hay nin- 
gun rio que pasar; es una abra pequefia y angos- 



348 

ta, que tiene ciaco leguas de largo; muy arr(i)es- 
gadaal pasar las ovejas, en caso quehubiese acci- 
dente dealgiinaguacero, porque vatanencanada, 
que fuera imposible escaparse ninguna. El otro 
camino es por la mision de San Antonio, j para 
llegar a la poblacion del dicho Rio Blanco se pasa 
este 44 veces, y nobstante estos inconvenientes, 
se trajinan estos caminos de ordinario por los di- 
chos pastores y por ellos salen a la Nueva Espana. 
Y porque en la Jornada que refer! en el capi- 
tulo pasado, que hizo el Gobernador de este Reino 
en busca de los indios alterados, comunicandole 
al General Zamora de como estaba escribiendo 
esta historia, me dijo que tenia un cuadernillo de 
apuntamientos que habia hecho del dicho real del 
Rio Blanco; le hice instancia que me lo remitiera, 
que, habiendo llegado a mis manos, lo saque a 
la letra, que son como se siguen: 

(§1) 

^D'esoiirmiiento del Rio Blanco y conversion 
de sus naficrales, hecha por los JReligiosos de 
Nuestro Serdfico Padre San Francisco, de la 
Provincia de Zacatecas. — Relacion que hizo el 
Capitdn Fernando Sanchez de Zamora. 

«Las noticias mas verisimiles que en veinte y 
dos anos continuos que ha que vivo en este pais 
del Rio Blanco, de su descubrimiento, asi por las 
que algunos viejos me ban dado, como por las que 
por algunos papeles que he habido a las manos^ 
son que, siendo Guardian del Convento de Char- 
eas nuestro Padre Fr. Lorenzo Cantu, que seria 
por el aiio de 1626, administraba (a) los indios de 
Matehuala, que son de nacion negritos, cuya tie- 
rra era adonde ahora Uamados Apuchimapa y 
Sandi; estos estaban emparentados con estos del 



349 

Rio Blanco, que son de la nacion Bocala, y per 
esta razon acudian a las faenas que se ofrecian 
en la hacienda de Matehuala, De aqui comenz6 
nuestro Padre Cantu a conocerlos y tenerles amor, 
y los f ue acariciando y dontiesticando, para lo cual 
hizo una entrada, el dicho ano, a donde ahora 11a- 
mamos San Joseph, que es el nacinaiento del rio; 
y este f ue el primer religioso que sabemos haber 
entrado en esta tierra. Y despues, el ano de 31, 
el Padre Valverde; tambien entro el Padre Fr. 
Geronimo de Pangua, aunque no sabemos que 
ano; y a su imitacion f ueron continuando los de- 
mas padres guardianes del convento de Charcas, 
hasta el tiempo del Padre Fr. Juan Garcia, de 
quien hay bastantes noticias. 

«Hacia sus entradas repetidas a visitar (a) es- 
tos pobres,con deseos de poblar y vivir deasiento 
con ellos, cosa que nunca pudo conseguir, aun- 
que para ello hizo muchas diligencias, parti- 
cularmente dando noticia al Sr. D, Juan Ruiz 
Colmenero, Obispo de Guadalajara, de lo apaci- 
ble y domestico de estos indios, que le motivo (a) 
entrar a verlos y consolarlos, acompanandole 
tambien nuestro Padre Fr. Juan Caballero, que 
a la saz6n era Difinidor ^ actual y Procurator 
de la Provincia. Su entrada fue el ano de 1648, 
a dos de agosto, diade la Procincula (sic por Por- 
ciuncula), por cuya razon le pusieron a este pue- 
blo el nombre de Nuestra Senora de los Angeles; 
tomo posesion el Sr. Obispo, haciendo bautizar 
(a) algunos de los viejos caciques, y los confirm© 
y hizo casar, y dejando niuy encomendado a los 
padres prosiguiesen en la conversion, prosiguio 
en su visita, interin que daba cuenta a S. M., co- 
mo lo hizo, segun consta de una carta que para 
en mi poder, su fecha trecede juniode 1650 anos, 

1 Asi se decia antisruamente.— G. G. 



350- 

escrita del Sr. Obispo al Padre Fr, Juan Garcia, 
y en ella un parrafo que dice: «Para la nueva 
doctrina que se ha de fundar en el Rio Blanco y 
para esa de Matehuala, he tenido en esta flotace- 
dula de S. M., en que me ordena lo confirme, y 
consulte esta resolucion con el Sr. Presidente 
y Real Audiencia, para que, ajustada la impor- 
tancia, se tome la que pareciere mas conveniente. » 

«He puestoestas circunstancias por el derecho 
que intentaron los padres del Rio Verde, los cua- 
les parece haber entrado, el mismo aiio en que 
entro el Sr. Obispo y los dichos padres Caballe- 
ro y Garcia, como parece por unos papeles de 
recomendacion que dejaron a los indios de este 
pais, en que hacen relacion de que tomaron po- 
sesion, poniendole por nombre San Cristobal, 
donde nosotros llamamos San Joseph; los escritos 
son firmados de los padres Fr. Francisco de Vi- 
lla-Senor, Custodio, y de Fr. Luis de la Parra, 
Secretario, a 29 de marzo deldicho ano de 48. Lo 
que despues sucedi6, lo pondre en su lugar. 

«Fue continuando el Padre Fr. Juan Garcia 
hasta que fue Guardian de Charcas nuestro Pa- 
dre Fr. Juan Caballero, el cual, llevado del fer- 
voroso celo que siempre tuvo, de la conversion 
de estos indios, habiendo traido consigo al Padre 
Fr. Gabriel de San Joseph, digo Fr. Joseph de 
San Gabriel, religioso lego, de ejemplar vida, lo 
dejo en el puesto de San Joseph para que asistie- 
se a los indios y alii sembrase una milpa de maiz, 
previniendo el sustento necesario, como quien te- 
nia pensado el entrarse de una vez a cultivar la 
vina del Senor luego que acabase el tri(e)nio de 
su guardiania. 

«En este tiempo andaban solicitos para descu- 
brir, por esta parte, camino para las pastorias de 
las ovejas, juzgando seria conveniente para que 



351 

esta tierra se poblase de espanoles, y dando no- 
ticia de esto a D. Martin de Zavala, Gobernador 
que fue de este Reino, de consejo del Padre Ca- 
ballero envio la orden a Cristobal Coronado, con 
titulo de caudillo, de que se tuvo por agraviado 
el Capitan Antonio de Orpinel, que a la sazon era 
Justicia Mayor y Capitan a Guerra de este pais, 
por cuya razon pretendia el derecho del descu- 
bricniento del camino, procurando cada cual es- 
torbarse el uno al otro; con ambos, el Capitan, 
acompanado del Padre Garcia, y el caudillo, del 
Padre Caballero, y se juntaron eii este puesto de 
Santa Maria, ano de 1657. De esta competencia 
se tuvo otra entre los padres, respecto de que el 
Padre Garcia decia no ser subdito del Padre Fr. 
Juan Caballero, porhaberlenombradoel Sr. Obis- 
po por Presidente y doctrinero del Rio Blanco; 
(de) ello se encendio entre ellos estos dos bandos, 
y el descubrimiento del camino se quedo por 
entonces neutral, porque, aunque Coronado pa- 
s6 con su escuadra, no hizo mas que divisar los 
llanos de San Antonio, llegando solo a donde en- 
tonces le pusieron la Mesa del Orreo, en memo- 
ria y conteoaplacion de su padre del Goberna- 
dor, que era del Orreo, en Vizcaya. No refiero 
esta discordia de los padres por vituperarla, sino 
para loarla, por ser nacidadel fervor y deseo que 
cada uno tenia, de que le cupiesela suertede ve 
nir a la conversion de estos infieles. 

«Por esta razon, y porque el P. Caballero parece 
haber cogido esta causa con mas fervor, hizo via 
je a la ciudad de Monterrey a conferirlo con madu- 
rez con el Gobernador D. Martin de Zavala, donde 
quedaron concertados de que, entrando el Padre a 
la asistencia y conversion de esta gente, le daria 
para su sustento ducientos pesos cada ano, mien- 
tras daba cuenta a Su Majestad, y asi lo cumplio 



352 

el uen Gobernador mientras le duro la vida; y 
un ano despues, por haberlo mandado asi en su 
testamento y por darle todo gusto el Padre, dijo 
(sic) dejo a su voluntad el nombrar (a) persona 
que le asistiese y cuidase, con el cargo y admi- 
nistracion de la real justicia, y proponiendole (a) 
un sobrino, vecino de la ciudad de San Luis, Fer- 
nando Sanchez de Zamora [autor de esta obra], 
le dio luego el titulo de Justicia Mayor y Capi- 
tan a Guerra de este Distrito, escribiendome 
como de su juicio, exhortandome a la asistencia 
y guarda del Padre Caballero en obra tan del 
servicio de Sus Majestades Divina y humana; 
escribiendo tambien, para este efecto, a los pa- 
dres capitulares, ademasque, aunqueya lotenian 
dispuesto en la forma referida ya, les f ue forzoso 
pro veer de ministros seglar y eclesiastico, porha- 
ber muerto, aquel ano, que fue el de 1659, por 
el mes de agosto, el Capitan Antonio de Orpi- 
nel y el Padre Fr. Juan Garcia, con que se ba- 
rajaron algunos inconvenientes para que facilita- 
se la entrada a la f undaci6n de esta conversion. 

(§2) 

^^Fandacion del pueblo de San Joseph del Rio 
Blanco^ que fue la primera pohlacion. 

«Luego que Uego a mi noticia la muerte del 
Capitan Antonio de Orpinel, procure a tomar 
posesi6n del oficio y que los naturales reconocie- 
sen (a) su Capitan. Entre a los tres de octubre, y 
la posesion la tome a 13 del ano de 59, porque 
para tomarla fue necesario enviar a llamar a Juan 
Francisco de Escobedo, dueno de Pablillo, que 
ya lo tenia poblado, y porque f uimos a descubrir 
Unas minas a la Lagunade Pacazili, que esta seis 
leguas de San Joseph, el rio abajo, donde, ha- 



353 

biendo traido para este efecto fuelles y lo nece- 
sario, hicimos ensayes del metal no con inalos 
sucesos, que me animan a volver a San Luis a 
traer todo lo necesario, de herraniientas, para 
fundar hacienda, la cual hice el ano sigaiente; 
mas no pudimos atinar con su beneficio, yseque- 
do todo en confuso, sin tener hasta ahora expe- 
riencia si es cosa de sustancia. 

«Habiendo entrado como digo, no me faltaron 
desconsuelos, que asi estuveen punto de salirme 
para no volver, porque reconoci estaba esto in- 
culto y muy en los principios, porque los indios 
andaban desnudos, en carnes, que ni se cubrian 
las partes vet gonzosas, cosa que para mi era nue- 
va y nunca vista. Habia en este tiempo mas de 
ochocientas personas en sus ranches, que habia 
repartidos en la ribera del rio, en distancia de cua- 
tro leguas desde San Joseph hasta Santo Tomas, 

«A los principios del ano de 60, se celebro el 
capitulo de nuestro Reverendo Padre Fr. Domin- 
go Leyton, en que fue nombrado el primer Pre- 
sidente del Rio Blanco nuestro Padre Fr. Juan 
Caballero, mi tio, dandole por companero al Pa- 
dre Fr, Joseph de San Gabriel, los cuales entra- 
ron a su conversion por el mes de febrero y pu- 
sieron su asiento en San Joseph, por ser un valle 
muy ameno y con bastantes tierras donde sem- 
brar para su sustento, y juntameute cultivar la 
vina del Senor con muchisimo f ruto de almas pa- 
ra el cielo. Alii fabricaron su iglesia, aunque de 
jacal, cercada de pared de adobes y muy decente, 
con su sacristia, donde fueron continuando con 
algunos trabajos y sustos, porque, como los in- 
dios eran tan nuevos y no hechos al trabajo y su- 
jecion de la doctrina, y no les daban tanto lugar 
para sus holgazanerias, hacian algunos sus escan- 
dalos y alborotos, subiendose a la sierra y no 



354 

queriendo acudir a la doctrina; con que a los pa- 
dres les era de grandisimo desconsuelo, y no me- 
nos trabajo y cuidado para mi, que me obligaba 
a formar escuadras para traerlos al pueblo y doc- 
trina, y con tanta repeticion, que no me entre- 
tenia yo en otra cosa, porque juntamente en es- 
te tiempo dieron los indios del Jaumave, que vi- 
ven en la misma sierra, mision de los padres del 
Rio Verde, en perseguir esta poblacion, de ma- 
nera que no dejaban (a) bestia que no se la lleva- 
ban, hasta consumirme a mi una recua de mas de 
cuarenta mulas que meti cuando vine, y (a) la 
gente que cogian descuidada; particularmente en 
una ocasion mataron (a) cuatro mujeres y un in- 
dio; con que, perdida la paciencia, me obligo 
darles yo guerra en su propia tierra, con que 
amainaron y no perjudicaron mas. 

«Por esta misma razon, y porque los indios de 
Santo Tomas, que hoy es Santa Maria, no podian 
acudir a la doctrina, por estar tan lejos, ni los 
padres venir tan a menudo a darsela, y, demas 
de esto, por estar tan cerca de los llanos de San 
Antonio, donde pretendian ir a convertir (a) nu- 
merable gente borrada que en ellos habiay hay: 
por todas estas causas, se bajaron a poner la mi- 
sion y asistencia en Santa Maria de los Angeles, 
por estar en medio de toda la gente y mas cerca- 
no a mi casa, que estaba en Santo Tomas, por 
haber hecho alii el molino y estar cercano a las 
minas. La mudada de los padres fue en el ano 
de 1660, donde poblaron con mas firmes cimien- 
tos, porque aqui hicieron una iglesia de terrado 
fuerte y rauy linda, que permanece hasta hoy, y 
celda de lo mismo; mas no satisfechos los padres 
con la redu(c)ci6n de esta gente, viendo que ya 
estaban domesticos y obedientes, y que, como 
buenos hijos, no se acordaban ya de sus antiguos 



355 

abusos, y seguros de que ni habria novedad ni 
alborotos, tratamos de efectuar la entrada a los 
llanos de San Antonio. 

(§3) 

^Fundacion del pueblo de San Antonio de los 
Llanos por el Padre Fray Juan Caballero. 

«Sedientos el Padre Fr. Juan Caballero y su 
compaSero, el Padre Fr. Joseph de San Gabriel, 
de convertir y ganar almas para el cielo, y pare- 
ciendoles que era ociosidad el estar solo eonser- 
vando lo que tenian obrado en el Rio Blanco, 
trataron conmigo de que fuesemos a recorrer y 
reconocer (a) la gente y tierra de los llanos de 
San Antonio, para lo cual enviamos a buscar (a) 
algunos indios de los mas cercanos, y f ue Dios 
servido que, para mayor facilidad de este nego- 
cio, entre los indios que vinieron, f ueron dos in- 
dios ladinos en lenguaje mexicano y ya bautiza- 
dos, que eran de la encomienda del Sargento 
Mayor Jacinto Garcia, con los cuales, y el bene- 
placito del Gobernador, hicimos la entrada a los 
llanos de San Antonio, a los fines del mes de enero 
del ano de 1666; y habiendo llegado, a los 2 de 
febrero, a un rio muy caudaloso, queestaamano 
derecha, asi que salimos, asen tamos el real, y alii, 
haciendo una enramada, le(s) di posesion a los 
padres, poniendo el nombre de aquel dia, que es 
el de la Purificacion, donde se recogieron (a) 
muchisimos indios barbaros, rayados, a quienes 
por los interpretes se les dio a entender el motivo 
de la venida de los padres, que era para alum 
brarlos de los misterios de nuestra santa fe y 
sacarlos del poder del demonio. Y habiendo re- 
conocido el rio abajo, y dando vuelta por el rio 
de San Antonio, buscando sitio a proposito para 



356 

f andar la mision, llegamos a una cienega muy 
abundante de agua, y muy facil de sacarla para 
regar con ella, y alii quedo asentado con los in- 
dios de que seria su pueblo, y lo mismo hicieron 
todos, escogiendo para si el puesto en que habian 
de poblar, con muchisimo regocijo, mayormen- 
te de los padres, por haber hallado tanto niimero 
sin niimero de hombres barbaros en que ejerci- 
tarse y emplear su caridad. Y volviendonos, con 
esto, al Rio Blanco, y con bastantes deseos cada 
imo de volver a buscar sus conveniencias, por 
haber reconocido tantas en tierra tanfertil, y los 
padres (a) buscar cada cual lo que letocaba, y a 
los padres, ornamentos, caliz y lo necesario para 
el individuo, fue menester tiempo yse pasotodo 
aquel ano hasta el venidero de 67. 

«A mediado abril. despues de haber cumplido 
con los preceptos de la Santa Madre Iglesia, sa- 
limos del Rio Blanco para los llanos, y antes de 
asentar la poblacion, tuvimos por bien de pasar 
el rio de la Purificacion y colar hacia la parte del 
Sur. corao quien va a la Huaxteca, (en) la cual 
no habiamos entrado, el viaje antes de este, 
donde hallamos otros rios muy araenos y mas 
gente nueva y de otra nacion y distinta lengua, 
que son los janambres, gente blanca y no tan ra- 
yados como los borrados; y el Padre Caballero, 
como quien tanto deseaba la salvacion de las al- 
mas, se le arrancaba la suya de lastima, viendo 
sus pocas f uerzas y menos ayuda que tenia de la 
Provincia para este ef ecto, porque aunque habia 
repetidamente pedido companeros, nunca los pu- 
do conseguir, no por culpa de los padres provin- 
ciales, sino por falta de religiosos de espiritu, 
que no hallaba (a) ninguno que (no) viniese hu- 
yendo el cuerpo a los trabajos; mas como el Pa- 
dre Caballero y su companero tenian puesto el 



357 

coraz6n en solo Dios, los trabajos ,y necesidades 
se les convertian en gloria y conveniencia, y al 
tamano de padecerlas, tanto mas se acrecentaba 
el animo de multiplicar las conversiones y dedi- 
car templos a la Divina Majestad. Patentemente 
se reconocio en esta ocasioc este fervor de los 
padres, pues, sin tener ayuda de hombre vivien- 
te. porque la limosna, como dije arriba, (que) les 
daba D. Martin de Zavala, habia ya tres anos que 
con su muerte habia cesado, y s61o fiados en Dios, 
inmediatamente, sin trabajo, antes de dar prin- 
cipio a la fabrica de la conversion de San Anto- 
nio y a fabricar otra mas opulenta en el rio de 
vSanta Engracia, cuyo nombre le pusieron por ha- 
ber dicho misa el Padre el dia que alii llegamos, 
que f ue a 15 de abril, y es de advertir, para ade- 
lante, que, aunque ahora llamamos San Bernar- 
dino, es porque a su devocion le puso al convent© 
este nombre, y al rio el otro, por lo dicho. 

«De alii pasamos hasta cerca de los terminos 
huaxtecos, dando mil gracias a Nuestro Senor de 
ver (a) tanto gentio de barbaros como hay en aquel 
pais, y de alii nos volvimos a efectuar el negocio 
a que habiamos ido, que, como tengo dicho, 
era a dar principio a la fundacion de San Antonio 
de los Llanos; y en llegando, f ue lo primero que 
hicieron un jacal en que acogerse y, luego, in- 
mediatamente, otro jacal grande para iglesia, 
llevando ya, para su culto y adorno, los orna- 
mentos necesarios para celebrary administrar, y 
para cultivar la tierra y asegurar el sustento: 
bueyes, rejas y azadones y los demas aperos a 
este ministerio convenientes, para que, nobstan- 
te el trabajo que tenian en la ensenanza y con- 
version de los indios, trabajaban [y muy bien] lo 
que habian de comer, no porque se desdenaban 
en pedir limosna, sino porque conocian bien la 



358 

falta que hacian y que cualquiera ausencia, aun- 
que f uera de pocos dias, se atrasaban las conver- 
siones, no solo en la doctrina, sino en las cosas 
serviles, y porque las mas veces es mas la costa 
que se tiene en los viajes, que lo que se recoge 
de limosna, y por esta causa ponian su mayor cui- 
dado en la asistencia, sabiendo que con ella ade- 
lantaban mucho. 

«Y pluguiera a Dios algunos de los padres mi- 
sioneros de este tiempo, pusieran el cuidado en 
la asistencia de sus misiones, que ellas y ellos tu- 
vieran cada dia creditos aumentados y con eso re- 
forzaran los animos de algunos catolicos para que 
los ayudarana sus fabricas; mas hay algunos que, 
porque no hallan a manos llenas cuanto han me- 
nester y todas las conveniencias que desean, no 
poniendo de su parte una poca de diligencia, de- 
jan lo mas del aiio la mision que la religion y 
obediencia les ha(n) encomendado, y se andan va- 
gueando y entreteniendo el tiempo sin acordarse 
de sus obligaciones ni del sueldo 6 limosna que 
da Su Majestad porque asistan [perdonenme los 
padres a quien algo de esto les puede caber, que 
el series yo tan aficionado a la religion de mi Pa- 
dre San Francisco y apasionado en esta materia, 
me ha dado osadia a daraquiestos avisos, no con 
intencion dereprender, sino de aprovechar, guar- 
dando el decoro que se debe a todos los religio- 
sos, que todos son loables envirtud, ys61o hablo 
con e! que se hallare culpado]. 

«Volvi6se el Padre Caballero al Rio Blanco, 
dejando en San Antonio alcompaneroFr. Joseph 
para que asistiendo a los indios, pusiese en co- 
rriente la conversion, tomando trabajo de repe- 
tir a menudo sus viajes, a visitarlos, que no era 
poco, por haber mas de 12 leguas de muy mal 
camino, hasta que le enviaron, para que le ayu- 



359 

dase en algo, al Padre Fr. Salvador deBarragan, 
baile^ muy ejemplar y virtuoso, que asistio con 
grandisimo fervor, caridad y amor y con harto 
aprovechamiento en los naturales; y aunque se 
hayan introducido opiniones de que tiene dema- 
siada condicion con los indios, yo puedo asegurar 
con toda verdad que, como testigo de vista, el 
tiempo que asistio, siempre le vide con ellos muy 
carinoso y muj^ caritativo con los enfermos, y a 
los ninos enseSandoles con mucho amor, guar- 
dandoles mendrugos de pan en las mangas, y si 
los azotaba, era con amor y porque acudiesen con 
puntualidad a la doctrina y misa y por sus malas 
costumbres: deste modo los doctrino y refreno 
hasta el capitulo que se celebro en la ciudad de 
San Luis, el ano de 1670, en que fue electo por 
Ministro Provincial nuestro Padre Fr. Felipe de 
Artestain, donde lo fue tambien, por primer Pre- 
sidente de San Antonio, el Padre Prior Fr. An- 
tonio de Velasco, en quien ocurrieron iguales par- 
tes, que se reconocieron en el mismo capitulo, pues 
queriendole elegir de fundador, no quiso esta 
graduaci6n, descargandose de ella por entrarse a 
padecer trabajos y incomodidades, sin atender 
a mas conveniencia que la conversion de las al- 
mas para el cielo, que bien logro este buen fin; y 
como le ayudo Dios, pues en ano y medio que 
asistio, adelanto tanto en la conversion, que ya 
parecia pueblo antiguo, poniendo cada familia en 
su barrio, y de la misma forma las milpas, ha- 
ciendoles hacer jacales de adobes, dandoles el mis- 
mo la norma y traza, y haciendolos barrer y te- 
ner limpios con sus tapext{l)e8^ altos y con sus za- 
leas para dormir con limpieza y aseo, no descui- 

1 QuizA esta palabra fue usada aqui como una ampliaciCn de 
la acepci6n que tiene, de juez ordinario. — G. G. 

2 Del mexicano tlapechtli, que sirve de nombre al tablado ele- 
vado, A la cama de tablas, etc. — G. G. 



360 

dando en que eultivasen sus milpas, las cuaies les 
hacia sembrar a cada f aniilia la suya, y asistiendo 
a las limpias, para lo cual ensillaba(a) uncaballo 
y andaba todo el dia, que no pareciasinoun soli- 
cito mayordomo, y yendo personalmente a los 
montes y sacar (a) los indiosque se leausentaban 
de la doctrina, sin temer de que le flechasen. De 
esta denaasiada viveza y solicitud se le ocasiona- 
ron algunosdisgustos, que motivaron al interme- 
dio sacarlo de la mision con harto sentimiento y 
pesar suyo. 

«Sucedi61een la presidenciael Padre Fr. Pedro 
de la Villa, en cuyo tiempo llego a estar todo 
aquel distrito muy poblado de labores, ranchos 
y estancias de ganado, y cada dia se iban vinien- 
do hombres con sus familias, asi de los de tierra 
afuera como del misnao Reino de Leon, a poblar 
con muy firines esperanzas de enriquecer, por 
ser la tierra tan fertil ,y de tantas conveniencias. 
Mas el comun enenaigo, viendo que con tanta f uer- 
za se le iban disminuyendo su dominio, y que la 
palabra del Santo Evangelio a toda priesa iba cun- 
diendo,introdujo las pastorias de ovejas, las cua- 
ies parecia a los moradores que eran mas princi- 
pales para el comercio y aumento de la poblacion, 
y f ue la total ruina y origen de su perdicion, como 
se vera en el rebelion^ que se dice. 

(§4) 
^Rebelion de los indios janamhres. 

«No he querido con cuidado referir la conti- 
nua guerra que el demonio nos daba por diver- 
sos caminos por estorbar la conversion, porque 
para hacerlo me era forzoso nombrar (a) sujetos 
y personas calificadas de este Reino; mas la que 

1 Asf se decia antieruamente.— G. G. 



361 

ahora se sigue no la excuso, por haber ocasionado 
la total ruina de la conversion y pueblo de San 
Antonio, de tal suerte, que en muchos anos no se 
ha de ver, como en este tiempo, que f ue el de 1673. 

«Entraban a los llanos de San Antonio algunas 
pastorias de ovejas, donde salian muy adelanta- 
das, con muy buenos esquilmos, entre las cuales 
era lamas aquerenciada una de D, Martin Perez 
Romo, vecino de Queretaro, la cual traia por ma- 
yordomo (a) un buen hombre llamado Juan Diaz, 
que, como viejo y maduro, sabia muy bien que, 
para el aumento de sus ovejas y quietud de su 
gente, se requeria tener gustosos (a) los natura- 
les, y a este fin les hacia agasajo y les daba algu- 
nas alhajas que, aunque de poco valor, de esti- 
macion para los indios. No se que disgusto tuvo; 
lo despidio, aquel ano, su amo, y, para la total 
ruina de su hacienda, la envio a cargo de un Ga- 
briel Candelas, hombre presumido de temerario, 
y con ella (sic) queria espantar a los indios y de- 
cia no venia a ser tributario de los indios, 

«Habia un indio cacique llamado Juan Diaz, 
ahijado del viejo Juan Diaz, ycomoestabaaque- 
renciado con su padrino y que le daba tal vez (a) 
algunas ovejas para comer, pareciendole que lo 
mismo haria el nuevo mayordomo, llegose a el 
y pidiole (a) una oveja, y diole (a) una que estaba 
enfermay muy flaca, aqueel indio le dijo: dame 
(a) una buena, que esta no me sirve. No bubo 
menester mas el mayordomo para darle con el ar- 
cabuz de golpes, que lodescalabro; fu«se el indio 
sin habJar mas [poniendo en su mente lo que des- 
pues ejecuto]. Estoseacabo deencender conotro 
caso, que fue que un sobresaliente del mayordo- 
mo cogio a un indio janambre con un carnero 
hurtado, y, sin esperar a otro castigo, le tir6 un 
arcabuzaso y le quebro una pierna. 

23 



362 

«De estas dos cosas y otras de menos cuenta, 
tomaron motivo los indios janarabres y guaripas 
para convocarse para su venganza, atizados y 
aconsejados de un indio fiscal de San Antonio, 
que, por haberle azotado el Padre por ladron, se 
habia rebelado; y habiendo hecho con todo secre- 
te esta convocacion, el dia 13 de diciembre de 
16T3, dieron de improviso en las manadas deove- 
jas, que estaban sesteando, matando (a) todos 
los pastores y vacieros, sin que pudiesen esca- 
parse de esta pastoria y de otra que estaba cer- 
cana, de carneros, la cual traia Rodrigo de Ada- 
me, de una senora de Creretaro (sic por Quere- 
taro), mas que unos pocos heridos, que f ueron a 
dar aviso a los ranchos, de que se alborotaron 
todos, procurando cada cual guardar su casa. 
Solo el pobre Teniente, como a quien tocabaesta 
diligencia, desamparando la suya, acompanado 
de los mayordomos y otros, partio luego a verel 
suceso, llevando consigo (a) un indio cacique cu- 
ya gente le servia, llamado Mariman, para que 
este, como indio belicoso y enemigo de diclios 
janambres, le defendiese, en caso que fuese ne- 
cesario; llegando a la parte, hallo muertas (a) 37 
personas, y recogiendo (a) alguuas ovejas y car- 
neros que hallo, trato de irlos conduciendocerca 
de San Antonio, al amparo de los ranchos y pue- 
blo; mas haciendosele tarde y considerando que 
quedaba su casa desamparada, encomendo (a) las 
ovejas a otros y dejolas al indio Mariman pa- 
ra que los defendiese de los otros [quien pensara 
que de haber dejado a este indio en escolta de los 
otros, tuvieran motivo sus hi jos para matarle]. 

«Estaban en la sazon en servicio del Teniente 
Diego de Hinojosa, y viendole venir a su casa y 
que no le traia consigo, presumieron lo habian 
ahorcado, nobstante que les aseguro quedaba es- 



363 

coIteaDdo (sic por escoltando) las ovejas y que, 
otro dia, llegaria con ellas. Avisaronle otros 
iDdios del mal intento de los de Mariman; mas 
confiado en que el motivo era sin fundamento, 
y, junto con esto, se hallaba rendido del trabajo y 
malas noches antecedentes, no pudiendo resistir 
el sueno, se acosto. Volvieronle a dar aviso, es- 
tando en lacama, y la mujer le persuadia que se 
levantase, mas el no creyo que f uese cierto, hasta 
que vido que por un lado del jacal le pegaron 
fuego; entonces se f ue levantando y saliendo por 
la puerta, vistiendose la cuera por el brazo iz- 
quierdo, le pasaron por el costado derecho con 
una flecha, de que cayo luego, sin darle otro. 
Este aviso lleg6 luego al pueblo de San Antonio, 
que estaba en distancia de dos leguas, y, sin mas 
esperar, los indios del pueblo lo desampararon, 
presumiendo que, si no se ahuyentaban, habia 
de resultar en ellos el castigo. 

«Con la fuga delos del pueblo y con lamuerte 
del Teniente, crecieronlos temores de los vecinos 
y pastores, y corriendo de improviso la nueva a los 
que traian conduciendo (a) las ovejas y carneros, 
las desampararon y largaron en aquellos montes, 
que pasaban de cuarenta mil cabezas. Que caso 
bien lastimoso, mayormente cuando los indios no 
las quitaron, sino que se las dejaron, porque los 
janambres que hicieron el estrago con los pasto- 
res, luego se retiraron a su tierra; los de Mari- 
man, que mataron al Teniente, se retiraron a la 
sierra de Tamaulipa, que es una sierra que esta 
enf rente de San Antonio, bien aspera; y, asi, las 
ovejas se quedaron perdidas, sin mas fundamento 
que el miedo que concibieron los mayordomos. 
Ya aquel dia, sele acabo lac61era a Gabriel Can- 
delas. 

«Corrieron por la posta los avisos a Monterrey^ 



364 

y luego, juntando gente el Gobernador D. Nico- 
las de Azcarraga, vino al socorro hasta que S. 
S. llegase; ya el Capitan Alonso de Leon, que lo 
era de la villa de Cadereyta, habia venido, y, re- 
corriendo la sierra, recogio (a) algunas pocas de 
ovejas y carneros, y estaba con animo de volver 
a recorrer y alejarse para restaurar (a) mas ovejas; 
pero luego que lleg6 el Gobernador, cesaron sus 
disposiciones, porque solas las del Gobernador y 
las de sus allegados permanecieron, y como al- 
gunos de los que trujo consigo habian sido emu- 
los de la poblacion de San Antonio, dieron en 
aconsejarle que no era posible el conservarse, y, 
asi, que lo mas acertado era despoblarlo en el 
todo, y que no tan solamente se debia despoblar 
aquello, mas que tambien el Eio Blanco. 

«Tomando e.sta resolucion el Gobernador, me 
escribio mandandome afirmativamente que con- 
venia al Hey, nuestro Senor, despoblase yo el 
Rio Blanco, por cuanto, despobladose San Anto- 
nio, no me podia yo defender de tan crecido nd- 
mero de enemigos, haciendome cargo de todos 
los danos y menoscabos; yo le respond! lo que 
parecio convenir y le suplique me dejase estar, 
que quien se habia mantenido y resistido tantos 
anos, no seria menos en aquclla ocasion; y es 
cierto que, a no haberme cogido a mi enfermo, 
en la cama, baldado de pie y mano, no dudo va- 
liera mi resistencia, porque no despoblase a San 
Antonio, porque, una vez recobrados los vecinos 
y pastores, no les era muy facil a los indios aso- 
larlo, y mas con los socorros que le habian vien- 
do; y mas hallaron la suya los encomenderos, y 
encareciendole el riesgo que corrian si los de- 
jaba poblados y que ser(i)a darles avilantez a los 
enemigos si les dejaba los vecinos de San Anto- 
nio en que se celasen, como si no lo fuera mayor 



365 

el irse huyendo de ellos, despoblo todo el valle, 
dejando perdidos los pobres todas sus hacien- 
das de labores, trojes de maizy ganados may ores, 
quedandose mas de mil reses, que ni aun dio lu- 
gar a que las fuesen a recoger para sacarla(s). 

«Viendo los enemigos que tantos hombres con 
su Gobernador habian desamparado el pueblo de 
San Antonio, les parecio muy facil hacer lo mis- 
mo con los del Rio Blanco, mayormente cuando 
su Capitan estaba enfermo en la cama, y, as!, ha- 
ciendo luego los del valle con (sic por como?) los 
de Tamaulipa, se conjuraron y vinieron de mano 
armada a darnos guerra; mas yo, que ya habia 
tenido noticia por indio mio, que leal y compasi- 
vo me habia avisado, ya prevenido, no me cogie- 
ron de susto, porque yo, dando la voz a los del 
pueblo de lo que habfan de hacer, puse las centi- 
nelas necesariasen mi casa; y, asi, llegando ellos, 
que fueal5defebrero del ano de 1674, no recibi- 
mos susto, antes con denuedo resistimos la rocia- 
da de flechas que nos tiraron, que f ueron tantas, 
que no se pueden encarecer, mas que decir con 
todaverdad que, en amaneciendo, vimos el pa- 
tio, azoteas y alrededor de la casa casi cubierto(s) 
de flechas; mas nunca ellos se quisieron arrimar 
a las casas, porque, como muchos de ellos sabian 
sus secretos, v(e)ian que no les estaban bien, co- 
mo en la realidad no era otro mi deseo, antes, 
como astutos, les sirvio de trinchera la troje y 
otras casillas a que se arrimaron, hasta que fue 
amaneciendo, reconociendo que, si les cogia el 
dia en el cerco, les pudieramos hacer mucho mal 
desde las troneras con los trabucos y escopetas, 
dando un grande alarido y mucho estruendo, se re- 
tiraron al cerro, donde esperaron el dia. 

«Luego que los pude divisar, envie orden a los 
del pueblo que los saliesen a embestir; asi lo hi- 



366 

cieron, y, viendo que se les hacia resistencia, se 
f ueron embrenando con arte para de arriba des- 
galgar lajas, como asi lo hicieron, echando tantas, 
que f ue suerte en que ninguna antecogiese a los 
nuestros. Fueronse por la halda del cerro, y co- 
mo iban ailados, se pudieron contar hasta seten- 
ta yseis indios, sin los quequedaron prevenidos 
aquella tarde, antes, para da7' realada'' de la ca- 
ballada, los cuales, como ya dije, eran algunos 
caseros, sabian bien los rincones de la tierra y 
donde comia, y asi dieron la recogida general, 
que no dejaron manada, salvo dos: una de yeguas 
mansas, que con prevencion teniamos en el co- 
rral, y otra manada de mulas, que, aquerenciada 
en las sementeras de trigo, como las espantaron 
del comedero, se ailaron al trigo, y asi se esca- 
paron; las demas manadas, que pasaron de du- 
cientas bestias, se las llevaron, y mataron (a) no- 
vecientos cabritos que estaban en estaca, Uevan- 
dose (a) las madres; estas, alcanzandolos, se las 
quitaron con p^rdida de algunas. 

«Pasado este rebeli6n, cada dia venian a ame- 
nazar y nuevas de que se convocaban todas las na- 
ciones para venir a la desolacion; y pareciendo- 
le al Padre Caballero que, yendo S. P. a verlos, 
se apaciguarian, determine a bajar a los llanos, y 
porque no fuera tan del todo indefenso, lediuna 
escuadra de doce hombres que leguardasen [po- 
ca resistencia para tanto enjambre, si Dios no le 
guardara]. Bajaron a la mesa del Orreo y en un 
llano grande que esta mas abajo, toparon tanta 
multitud de indios embijados a su usanza de gue- 
rra, que decian no parecer indios, sino montes, y 
que no habian visto mas gente en su vida; nobs- 
tan te de que se atemorizaron de ver tanta multi- 

1 Los abigeos mexicanos ernplean esta frase en lugar de decir: 
robar la reala, 6 hato. — G. G. 



367 

tud, reconociendo que si volvian las espaldas, 
habia de ser peor, se determinaron (a) esperar la 
resolucion de los indios, y el Padre Caballero, 
apartandose un poco, llamo a un ladino de los que 
capitaneaban, y preguntandole dondeiban, le di- 
jo que al Rio Blanco a matar (a) cuanta gente ha- 
bia en el. El Padre le(s) hizo su platica, persua- 
diendoles lo contrario, y que les estaria muy mal 
su inquietud, y que mirasen que, aunque hasta 
entonces no les habian castigado su apostasia y 
rebelion, era por sus respetos; el indio dijo que 
el, de su parte, no venia de su voluntad, que iria 
a ver loque los otros decian; fuese. 

«Cerr6 la noche sin volver, de que se recelaron 
los espaiioles, de alguna traicion y que los que- 
rian coger de improviso, aquellanocheo alama- 
drugada, por lo cual y porque no les cogiesen 
las angosturas del rio y que los del Rio Blanco 
quedaran indefensos, se volvieron luego, cami- 
nando hasta coger las algosturas (sic) del rio, 
pasando alii el resto de la noche en vela hasta que 
amanecio; prosiguieron hasta llegar [bien asus- 
tados] y determinados a que despoblasemos, res- 
pecto de que juzgaron siempre venian tras ellos 
toda aquella chusma, porque un indio espia que 
habian dejado, aquella noche, en un cerrillo, les 
vino a decir venian en su seguimiento; y es cier- 
to que, segun su ponderacion y el ahinco que pu- 
sieron en que no(s) saliesemos, porque decian ser 
imposible el poder resistir (a) tan crecido numero 
de enemigo(s), tuve a mara villa y providencia de 
Dios el poder desvanecerles por entonces tan re- 
suelta determinaci6n, enterbalos (sic) con decir- 
les que no era posible el irnos tan de improviso, 
que no hubiesemos primero de remitir a Mate- 
huala algunos trastes y el ganado menor, que era 
el que a ellos les hacia cosquillas para llevarselo; 



368 

y asi, luego al punto, lo hice empezar a caminar, 
perdiendoseentonces otros cuatrocientos cabritos 
que estaban en estacay no pudieron seguir (a) las 
madres. 

«Fue tan to el temor que a los indios bocalos 
les causo esta noticia, que no quisieron esperar 
mas en su pueblo, y para nosotros f ue el mayor 
desconsuelo, no por la defensa que en ellos pu- 
dieramos tener, sino porque, no habiendo otra 
gente de servicio, era forzoso se acabaran de per- 
der las sementeras y ganados; mas Dios Nuestro 
Senor que permitia padeciesemos estos trabajos, 
nos proveia y daba el consuelo con un milagro 
patente, que era enviar sus socorros de aguatan 
concertados y repartidos y tan a tiempo, que no los 
pudieramos nosotros regar con mas sazon; y con 
toda verdad, sin ponderacion, aseguroqueni an- 
tes ni despues de este ano se ban visto mas ni 
mejores sementeras. 

«Estas y otras cosas y, lo que mas es, la pro- 
videncia de Dios, nos tuvieron siempre el ani- 
mo constante y parejo para no despoblar, porque, 
con la huida 6 alzamiento de los bocalos, inven- 
taron muchas quimeras y renovaron el intentoy 
voluntad (de) desamparar latierra, que era para 
mi mayor confusion, para lo cual, sin que yo lo 
supiera, habian enviado al Padre apedir socorro 
aMatehuala, alo cual vino Fernando Ramos, con 
seis 6 ocho hombres, conanimode noirsesin lle- 
varnos; y aunque el intento de estos era contra 
mi voluntad, nobstante, se lo estime, porque de 
parte ningunalohabiamos tenidohastaentonces, 
ni despues lo tuvimos. 

«Con la venida de estos hombres, algo se aquie- 
taron, juzgando que yo vendria en que nos sa- 
liesemos; mas visto que no lo podian alcanzarde 
mi, trataron de volverse a sus casas; con su ida, 



369 

me amenazaron en que, si yo no me salia, me de- 
jarian solo; y ya que no pude con buenas razo- 
nes, use de valerme de la fuerza, promulsrando 
un auto con pena de la vida y traidores al Rey y 
perdim(i)ento de bienes, el que se saliese sin mi 
licencia; mas esto no me vali6 en el todo, porque 
algunos de los que se hallaron sueltos sin tener 
mujeres ni haciendas que les embarazase(n), se 
huyeron aquella noche, y aunque envie a seguir- 
los para castigarlos y que sirviese de ejemplar, 
no los alcanzaron. 

«Ypuedo decir en verdad que mas guerra me da- 
ban los vecinos que los enemigos, y si queria acon- 
sejarmedel Padre, no hallabaconsueloniresolu- 
cion, porque su respuesta era que yo lo dispusiera 
como me pareciese, no atreviendose a darme con- 
sejo en esta parte, porque por la una, v(e)ia el ries- 
gomanifiesto que teniamos de las vidas, y por otra 
v(e)ia que era cosa terrible el perderen un dia lo 
que se habia trabajado en quince afios. Y lo que 
en este conflicto hice, fue mandar que todos los 
del pueblo y el Padre nos juntasemos en mi casa, 
para que, juntos, resistiesemos cualquiera asal- 
to; y de esta forma estuvimos hasta el Sabado 
Santo, 24 de marzo, y tuvimos algun consueloy 
mas ciertas noticias de que los enemigos habian 
deshecho la liga y estaban con determinacion de 
dar la paz, para lo cual enviaron su embajada 
con un indio de nacion bocalo a este pueblo, el 
cual, por estar casado con una india borrada, se 
habia ido con los alzados, y trujo embajada de 
parte de los indios del pueblo de San Antonio, 
y se les di6 la paz con mucho gusto; mas como 
no era de todos los aliados, no nos aseguramos 
en el todo. 

«Poco despues entr6 el Padre Fr, Antonio de 
Velasco, que, sabiendo el rebelion de sus queri- 



3Y0 

dos hijos, quiso arr(i)esgarse por reducirlos y 
asistirlos, para acabarlos de asegurar, como lo 
hizo, entrandose en el pueblo de San Antonio, y 
asistir conellos y pasar incomodidades, hambres 
y calamidades. Poco despues, por el mes de Ju- 
lio, ya mas asegurados por la asistencia del Pa- 
dre Velasco, dimos larga a la caballada que me 
habian dejado, cuando vino una escuadra de ene- 
migos del cerro de Santiago y se la Uevaron to- 
da, sin dejarme ni aun una bestia en que andar; 
muy sensible f ue para mi esta perdida, no tanto 
por la caballada como por cuarenta mulas que se 
llevaron, por ser tan necesarias para el acarre- 
to de las cosas precisas al individuo, mayormente 
en la ocasion, que, con la falta de gente, no ha- 
biamos sembrado maiz aquel ano y era forzoso 
traerlode otra parte; y aunque sucedi6 estedes- 
consuelo, no por eso amaine el animo, que ya re- 
suelto a resistir cualquier trabajo, le tuve siem- 
pre pare jo. 

«A1 fin, como ya se tenia mas cotidiana la co- 
municacion con los de San Antonio, por la asis- 
tencia del Padre Velasco, fuimos allanandolos 
y aquietandolos, de manera que vinieron ellos a 
perder el temor del castigo que esperaban, y nos- 
otros el de sus asechanzas. 

«A este mismo tiempo, con los indios bocalos 
de Santa Maria, tratamos de bajarlos de paz de 
la sierra, adonde estaban con los mismos temores, 
nobstante que estaban muy bien asegurados por 
ser la tierra tan f ragosa e intratable, y, asi, pro- 
curamos, con los mas suaves medios que pudi- 
mos, asegurandoles que no se les castigaria su 
apostasia, enviando en senal de este seguro, el 
Padre Caballero una de sus capillas y yo un pa- 
pel con una cruz pintada en el, dandoles palabra 
de no hacerles dano. Con este estilo los reduci- 



371 

mos y se bajaron a su pueblo, quedandose sola 
una familia de un indio Uamado Vicente, no aca- 
so, sino por permision de Dios, como lo veremos 
en lo que adelante dire, de que teniamos mucho 
regocijo; y haciendole(s) su(s) platicas y razona- 
mientos, se aquietaron y redujeron, sinhaberte- 
nido hasta este tiempo inquietud ni otra invasion, 
antes ban perseverado y viven en republica poli- 
tica y muy sujetos y obedientes a los religiosos 
que los administran, ya la justicia y a su gober- 
nador y alcaldes eligen cada aSo, como es cos- 
tumbre. Dios les conserve en su gracia y permi- 
ta que los demas que estan f uera del gremio de 
nuestra Santa Madre Iglesia, que son i(n)numera- 
bles, se reduzgan ^ a su santa f e catolica. Amen. 

<^Descubriniiento de las minas del Santo N ombre 
de Jesus. 

«Ya apunte de c6mo, habiendose ya bajado los 
indios bocalos a su pueblo, solo uno, llamado Vi- 
cente, rebelado y contumaz, se resistia; antes, 
temeroso de que sus mismos parientes lo sacasen 
de rastro y lo entregasen, se f ue remontando y 
metiendose en lo mas remoto y f ragoso de la sie- 
rra, por no ser hallado. Un dia, pues, saliendo 
con un hi jo suyo a buscar cana y chainal [que es 
ungenerodegrano parecido al cacao, asi en la pi- 
na como en el grano, aunque mas grueso, de que 
hacen tamales como si f uera de maiz] para su sus- 
tento, les cogio un temporal de agua menuda, 
que son muy continuas en la sierra, y, por gua- 
recerse, se arrimaron al repecho de un cerro, 
donde les cogio la noche, desde donde vieron le- 
vantarse llamas de fuego, que resplandecia don- 
de ellos estaban, de un cerro que tenian enf rente; 

1 Asi se decia antiaruamente.— G. G. 



372 

viendo esto el viejo, le dijo al hijo:he oido decir 
a los espanoles que donde se levantan estas lla- 
mas, hay minas de plata, y, asi, tener cuenta y 
asegurar bien la vista d6nde es, para que mana- 
na vamos a buscarlas. Asi lo hicieron y, otro dia, 
fueron y sin mucha dilig-encia hallaron dos cres- 
tones de metal, con mucho gozo de los dos, por 
cuanto les pareci6 [y no se enganaron] que, me- 
dian te el descubrimiento de estas vetas, no serian 
castigados, diciendo el viejo al hi jo: agora pode 
mos ir seguros a presencia del Capitan, porque 
los espanoles son codiciososde minas, y dandoles 
estas, no nos castigara la rebeldia. 

«Con esta, se fueron Uegando con mucha cau- 
tela y asechanza al pueblo; una noche, sin que 
nadie los viese, se arrimaron a la puerta de la 
iglesia y de alii enviaron a Uamar al Padre Ca- 
ballero, que vino luego, y sucedio en este paso 
un chiste gracioso. quefue que, viniendole el Pa- 
dre diciendo que como era tan pesimo, que ha- 
biendo bajado todos, solo el se habia estado re- 
belde, el no respondia mas que: Padre, unpa 
unca guey coscosco, repitiendo esta palabra a to- 
do cuanto el Padre le decia, sin dar otra discul- 
pa. Otro dia, de manana, los trujo el Padre apa- 
drinando, y yo los recibi con mucho carino y ca- 
ridad, y les perdone su apostasia y rebeldia, con 
que se enmendasen y aquietasen; entonces el Pa- 
dre me refirio el modo y ardid que habian teni- 
do para venirse y de lo que le habia pasado con 
el repetir la palabra tecosco, que quiso en esto de- 
cir, segun buena tradici6n (sic por traducci6n), 
mexicano en castellano: alia esta una mina. 

«No hice mucho caso por entonces de la mina, 
pareciendome queseria quimeray entretenimien- 
to, y temeroso de lo que con las primeras me habia 
sucedido, que no sirvieron de otra cosa mas que 



373 

gastar el tiempo y el caudal en vano; mas asegu- 
rando el indio que eran buenas minas y que de- 
rretian las piedras y echaban de si mucho plomo, 
me resolvi a que el fuese y trujese primero me- 
tal para ensayarlo. Asi lo hizo, y habiendo trai- 
do el peso de 20 libras de metal, le ensayamos 
[habiendo para ello facilidad, respectoa que toda- 
via permanecian fuelles y alcribis de los queha- 
bia traido cuando vine a poblar], de que sacamos 
una onza de plata. 

s: Viendo q ue tenia la plata docilidad en el bene- 
ficio, enviecon el indio (a) dos hombres para que 
les ensenase la mina, los cuales, habiendo cami- 
nado a pie con niuchisimo trabajo por altisimas 
cuestas y ped regales, poniendose a descansar al 
pie de una cuesta, que era ya la tercera, reco- 
brandose para poderla subir, le preguntaron si 
habia mas barrancas y si estaba muy lejos la mina; 
les dijo: esta que esta aqui yotra mayor nos fal- 
ta para llegar alia. Con estanoticia, desmayaron 
y se determinaron a vol verse, pareciendoles im- 
posible que semejantes brenales se pudiesen tra- 
jinar; volvieronse, y de esta vuelta tomamos 
asunto de ponerle a aquella cuesta, la cuesta de 
los Arrepentidos, y en razon de lo que habia(n) 
andado y el trabajo con que habian llegado, pon- 
derando con grandes encarecimientos y que, aun- 
que fuese plata virgen, tenian por imposibleque 
espanoles subiesen y trajinasen tan aspera y emi- 
nente fragosidad, y que solos chichimecos huidos 
podian andarla; por eso y por el poco bastimen- 
to que teniamos, por no haber sembrado maiz 
aquelano, sefue pasando el tiempo, aunquesiem- 
pre con la intencion de volver a que el indio en- 
senase las minas, hasta que entre ellos se levant6 
una quimera 6 abusion, que tenian por cierta, 
•de que, en mostrando la mina, se habia de morir. 



374 

«Con esto nos motivaron a poner mas calor en 
el negocio, antes que el indio se arrepintiese con 
lo que los otros le decian; para esto le predic6 el 
Padre, diciendole lo que importaba al servicio 
de Dios y del Key que no encubriese sus teso- 
rosyque no creyese en supersticiones. Con es- 
to, despachamos (a) seis hombres con el indio, 
llevando orden que no volviesen sin llegar a las 
minas, y con bastante provisi6n y herramientas 
para ir abriendo camino para bestias. Salieron 
a este descubrimiento, el dia 14 de enero del ano 
de 1675, habiendo dicho el Padre misa por el buen 
suceso, prometiendo de ponerle al real el Nom- 
bre Santisimo de Jesus, de quien reza nuestra 
Santa Madre Iglesia aquel dia. Estuvimos quin- 
ce en ir y volver, trayendo tres cargas de metal, 
que despachamos a Matehuala. que en la sazon 
estaba corriente la hacienda, donde se ensayaron 
por mano de Isidro Gonzalez, hombre muy ex- 
perimentadoy inteligente, dequesac6 diez y ocho 
onzas de plata y mucha greta. Con este desen- 
gano, hice una hacienda de rodezno en esta labor 
del Rio Blanco. 

«En el ensaye y en la fabrica del molino se 
paso el tiempo hasta fin de noviembre, que fui 
yo personalmente con algunos amigos y gente 
que f uesen abriendo el camino; llegamos a la mi- 
na a 25, dia de Santa Catilina, virgen y martir, 
cuyo nombre le puse a la primera mina, y a otra 
que se descubrioinmediatamente, la Fernandina, 
por mi y por mi hijo. Al tiempo que f uimos lle- 
gando, cayendosele a- una mula la carga, partio 
a correr por la alda del cerro con tanto estruen- 
do y violencia, que (de) improviso se desparecio, 
de manera que aquel dia no la pudieron hallar; 
el siguiente, la salieron a buscar, trasegando to- 
do el cerro, donde hallaron tantas vetas de metal, 



375 

que ya las tenian en poco, no contentandose ca- 
da uno en coger para si dos nitres, sinotambien 
para los parientes y amigos ausentes. 

«Nobstante, aunque corrio la voz, no hubo mu- 
cha operaci6n en la tierra f uera, hasta el ano si- 
guiente, que fue el de 76, que, habiendo yo aca- 
bado de poner el corriente a mi hacienda y sacado 
buenos tejos de plata, que despache a Charcas y 
a San Luis, a mis correspondientes, como ya vie- 
ron la plata, ya entonces se despoblaban las ha- 
ciendas por venir al nuevo descubrimiento, de tal 
suerte, que no cesaban todos los dias de entrar y 
salir gente, y en pocos, antes que pasase el ano, 
andaban ya corrientes, en el mismo real, cinco ha- 
ciendas; deellas han permanecido las tres, sin las 
de agua que tenemos en el Rio Blanco, en que se 
han sacado hasta hoy, 20 de diciembre de 1680, 
seis mil y seiscientos marcos de plata, manifesta- 
da ante mi, y mas de otros tantos que (sic) de 
plomo. y de greta que han salido para los reales 
de minas de Charcas, Zacatecas y Sombrerete. 

^Muertes de los padres misioneros. 

«El siguiente ano, de 1677, a 15 de junio, al 
amanecer, Uego un indio del pueblo de San An- 
tonio a mi ventana y me aviso de que el Padre Fr. 
Antonio de Velasco se estaba muriendo, a que 
me levante y se lo fui yo a decir al Padre Caba- 
llero, para que si S. P. se alentara, f ueramos am- 
bos; mas como estaba tambien enfermo en laca- 
ma, no le fue posible, y asi, dandome toda priesa, 
Ilegue a San Antonio, aquel dia, a las siete de la 
noche, y le halle ya dif unto, que acababa de mo- 
rir, porque le halle todavia tratable; ya sus hijos le 
tenian amortajado con su habito, y le tenian ro- 
deado y dando tan lastimosos alaridos de llanto. 



376 

que enternecerian al hombre mas duro, tanto, que 
en vez de consolarlos me puse a llorar con ellos, 
y fue darles mayor motivo de sen ti mi en to, y 
aunque yo me esforzaba para consolarlos, ya 
que queria hablar, me provocaba a mi a llanto, 
con que de esta manera nos estuvimos gran par- 
te de la noche, sin hacer mas que llorar, y no dudo 
que le sucederia lo mismo a otro hombre mas 
duro de corazon. A otro dia, por la mafiana, le 
sepultamosal pie del altar, y en vez de responsos, 
le rezamos laoracion del Santo Sudario y padre- 
nuestros y ave-Marias, renovando el llanto, con 
mayor ternura, de los pobres indios, que, como 
huerfanos, quedaron solos, tristes y sin consuelo. 

«Habiendo venido yo con la nuevaal Padre Ca- 
bal lero [que, como dije,estaba enf ermo en la cama], 
lo sintio de manera que parece desde aquel dia em- 
pezo a anunciar su viaje, que fue a los cuatro rae- 
ses, abreviandosele mas con uno que hizoal nue 
vo descubrimiento, ocasionado de los padres del 
Rio Verde que pretendian jurisdiccion en lo del Rio 
Blanco y sus minas, viniendoseles a la memoria 
[quiza lo que tenian muy olvidado] la entrada que 
habian hecho a este pais, el ano de 48, el Padre 
Custodio, Fr. Francisco de Villa-SeiTor, (y) su 
Secretario, Fr. Luis de la Parra, parecieDdole(s) 
suficiente para adquirir jurisdiccion; a lo que al 
Padre Caballero le habia costado tantos trabajos 
y penalidades, a que resistio con animo parejo y 
constante, hasta ponerlo en el estado que hoy 
tiene. 

«Despacharon para este efecto a un religiose, 
Fr. Pedro de San Andres, con patente del Custo- 
dio, para adquirir posesion y derecho a la admi- 
nistracion de las minas; y teniendo noticia de su 
venida, reforzandose el Padre, aunque enfermo, 
se determine de que fueramos a darle posesion, 



3YT 

a que parece se opusieron los elementos, que, lue- 
go que salimos de San Joseph, empezo a caer tan 
prolija y porfiadaagua, que en distancia de ocho 6 
nueve leguas estuvimos nueve dias, y fue mucho 
que pudiese el Padre aguantar, yendo tan enf ermo. 
Al fin, llegamos a las minas, a tin de julio, y lue- 
go le meti en posesion por esta Provincia y Obis' 
pado, administrando los santos sacramentos, con 
harto regocijo de los que asistiamos, por ser la pri- 
mera misa que se celebraba en aquel desierto. 

«Hecha esta diligencia, nos volvimos, y en el 
camino encontramos con el Padre Fr. Pedro de 
San Andres, acompaSado de muchos hombres 
de aquella jurisdiccion, y luego echo mano de su 
patente, en que le parecio traiacuantohabiame- 
nester para su pretension, de que no hizo casoel 
Padre, antes yo le lei el auto de posesi6n que 
habiamos hecho, con que se encendio en colera, 
de maaera que salio de los limites de la modestia 
que debiera, queriendo sustentar porfiadamen- 
te que la posesion quedecia haber tornado los pa- 
dres, de su propia autoridad, sin interponerse la 
de la real justicia, fuese mas legitima que la del 
Padre Caballero, asistiendo juridicamente en po- 
sesion de diez y siete afios continues, sin los de 
sus antecesores. El alboroto fue tan demasiado, 
que ocasiono al Padre Caballero a encolerizarse 
tambien y mandar con pena de excomunion no le 
consintiesen decir misa, ni darle ayuda en cosa, 
y le amenazo que lo remitiria al convento deZa- 
catecas; por ultimo, reconociendo la razoD, se 
hubo dereducir y pidiolicencia para pedirlimos- 
na y celebrar. Todo se le concedio con mucho 
gusto, y el Padre le regalo cuanto le fue posible 
con liberalidaJ, despachandole asu Custodio,muy 
gustoso y aficionado. 

«Volv^i6 el Padre Caballero, de las minas. tan 

24 



378 

descaecido y lastimado del camino y riguroso tiem- 
po, que no se pudo levantar mas de la cama, au- 
mentandosele cada dia mas sus achaques, hasta 
que lleg6 el que Dios le tenia senalado para lle- 
varselea descansar y premiarle la constancia que 
tuvo en resistir 17 anos de trabajos y calamida- 
des, con bien notorio fruto de almas que redujo 
para el cielo, pues solas de las que constan de los 
libros de asientos de bautismo, parece haber bau- 
tizado (a) mil ciento y veinte y ocho personas. Fa- 
llecio a 12 de octubre del ano de 1677. Esta se- 
pultadoal lado derecho del altar mayor del templo 
que fabric© en este pueblo de Santa Maria del Rio 
Blanco, y en el lado izquierdo le acompafia su ama- 
do y buen companero y que Je ayudo en todas ope- 
raciones, el Padre Fr. Joseph de San Gabriel, que 
habia anticipadose para el cielo, el ano de 1672. 
Dejandonos todos tres muy bien asegurados de 
que gozan de la bienaventuranza, puesto que su 
santa vida nos deja afianzada esta certeza. 

«Por muerte del Padre Fr. Juan Caballero, 
nos quedo asistiendo el Padre Prior Fr. Luis 
Camacho, que a la sazon era Presidente de San 
Antonio, y le asistio al Padre en su enfermedad 
con mucha caridad y amor religioso y fraternal, 
hasta el capitulo que vino el Padre Fr. Miguel 
de Irazoqui, que despues. al intermedio, se tro- 
caron este en aquella mision y aquel en esta: am- 
bos religiosos de gran espiritu y virtud y que 
procuran, no s61o conservar lo que dejaron obra- 
do los padres difuntos, sino que adelantan cuan- 
to posible les da lugar; particularmente el Padre 
Fr. Luis Camacho, en esta mision del Rio Blanco, 
en poco mas de dos anos, ha trabajado y adelan- 
tado mucho, asi en la administracion y doctrina 
de sus feligreses, sino (sic por como) en el adorno 
y fabrica de su templo y culto divino. 



379 

«[Y digo verdadj que solo S. R. pudiera haber 
llenado el grueso de la falta del Padre Caballero, 
que hoy se celebran los oficios divinos con la so- 
lemnidad que se pudiera en otro cualquier tem- 
plo mas antiguo, no con poca ternura y regocijo 
de mi alma, que se me arrasan los ojos de agua 
con el gozo de ver celebrar las pascuas, Semana 
Santa y festividades solemnes, con tanto adorno, 
limpieza ysolemnidad; a que acuden tambien los 
naturales del pueblo con mucha puntualidad y 
politica, como si fueran yaantiguos, no solo a la 
limpieza y adorno del templo, sino a la doctrina 
y lo necesario al servicio del convento; mas y 
muchos (sic), si ban sido favorecidos de la mano 
de Dios, que los ha proveido de ministros tan 
Santos y celosos de su honra y culto divino, de 
que le doy infinitas gracias por haberme presta- 
do la vida para llegar a ver logrado en tan buen 
estado y corriente, y le pido le conserve para 
mayor honra y gloria suya y bien de las almas. 

<^Intermedio. 

«En el capitulo que se celebro en la villa de 
Illerena, ano de 1678, se eligio por primer Presi- 
dente de San Bernardino al Padre Prior Fr. Mi- 
guel de Irazoqui, que, en el capitulo provincial 
proximo pasado, lo eligieron para el de San An- 
tonio, donde hoy asiste, y en San Bernardino el 
Padre Fr. Mateo de Herrera. Dios Nuestro Se- 
nor les favorezca y d6 la suma mano para que en 
aquellas misiones tengan el logro y abundante 
fruto que de su religioso celo se espera. 

^Finis. 
<^ Ad honor em SeraphiciPatris nostriFrancisci. » 



380 



CAPITULO XLIII 

En que se pkosiguen los nuevos sucesos del 

DESCUBRIMIENTO DE LA PrOVINCIA DE LOS 

Tejas. 

En el capitulo XLIIdeestahistoria dije como 
se darla razon de la nueva Jornada que se habia 
dispuesto para descubrir la Provincia de los Te- 
jas y que se dirian los motivos que a ella obliga- 
ron, que estos fueron por la carta que el Gober- 
nador Alonso de Leon escribio a S. E., dandole 
razon de las prevenciones que eran necesarias 
para ello y de como se necesitaba poner algunos 
presidios en las partes que le seSalo, que fueron 
en el Rio Bravo, Eio Zarco, Rio de Guadalupe 
y otro en la bahia, y, habiendose de poblar, en 
la Provincia de los Tejas se necesitaba otro, y no 
de menos ndmero desoldadosquelos deDaas;que, 
consultado el caso por S. E., no solo con los Mi- 
nistros de Su Majestad, sino con los prelados de 
las religiones, para que se viesen los religiosos 
que podian ir a la conversion de tantas almas co 
mo hay que piden el bautismo, y que estos habian 
de ir debajo de la obediencia del Padre Fr. Da- 
mian Masanet y asistidos de soldados de toda sa- 
tisfacci6n, valor y prendas de virtud; ordenan- 
dole al dicho Gobernador que solicitase la gente 
que f uese necesaria para la segunda Jornada que 
se intentaba, y nombrando un Cabo que f uese de 
toda satisfaccion y a la de los religiosos, para 
que no se ocasionasen algunos disturbios entre 
los unos y otros, ni fuese causa de algun mal 
ejemploa los indios, mandandole al dicho Gober- 



381 

nador que en el interin procurase continuar la 
coraunicacion con el dicho Gobernador de los 
Tejas y que le advirtiese lo que S. E. le estimaba 
el que se redujese a nuestra amistad y que qui- 
siese abrazar la religion, y que en nombre de Su 
Majestad le haria muchas honras y mercedes, y 
que le reraitiria algunas alhajas de aquellas que 
ellos mas estimaban, y que le avisase el tiempo 
mas convenicnte para ejecutar la Jornada y por 
donde seria mas a proposito, con todas las demas 
dificultades y prevenciones que f uesen necesarias; 
a que respondio dicho Gobernador satisfaciendo a 
todos los puntos necesarios; con que S. E. re- 
solvio el despachar mandamiento al Corregidor 
de Zacatecas y a Sombrerete para que se alista- 
sen hasta 90 hombres, y que los que de este nii- 
mero bajasen, se alistasen en el Nuevo Reino de 
Le6n y villa del Saltillo; que, hechas estas dili- 
gencias, y despachada orden (de) S. E. para que 
saliesen veinte soldados de los presidios de la Viz- 
caya, se dispuso la Jornada para el mes de f ebrero, 
que no se pudo conseguirpor la falta de caballa- 
da, que f ue necesario salir a buscar la tierra f uera, 
y asimismo, porhaber tardado los veinte soldados 
de la Vizcaya, en la ciudad de Zacatecas y real de 
Sombrerete se juntaron y alistaron tan sola- 
mente cuarenta soldados, de este Nuevo Reino 
"de Leon, veinte, inclusos cuatro del presidio de 
Cerralvo, y salieron de esta ciudad de Monterrey 
a los 15 dias del mes de marzo de esteano de 690, 
y de la Provincia de Coahuila, dentro de doce 
dias, que fue a los 27 de marzo; que nobstante 
no habian llegado los veinte soldados del Parral, 
determine salir, dejando encargado los fuesen a 
alcanzar cuando llegasen. 

Llegaron los veinte soldados a la villa del Sal- 
tillo para pasar luego a Coahuila, y sobre ciertas 



382 

diferencias que tuvieron dos soldados con un ve- 
cino, sacaron las espadas. Supolo el Alcalde Ma- 
yor, prendio a los soldados, hizo las amistades; 
pero como nunca falta en las repiiblicas un mal 
intencionado [asi se divulg6], aconsejaron al Cabo 
de dichos soldados, llamado Antonio Martincho, de 
que c6mo habia dejado prender a sus soldados, 
no siendo su juez el Alcalde Mayor; y siendo asi 
que ya el caso habia pasado y (estaban) hechos 
amigos los de la cuestion, nobstante, acompanado 
de seis soldados, llego a las Casas Reales y, de- 
jandolos a ellos que guardasen las puertas, se 
entro adentro, donde estaba el Alcalde Mayor, 
que lo era D. Alonso Ramos de Herrera y Sal- 
cedo, Teniente de Capitan General, juntamente, 
el cual, poniendose en pie a laentrada que hizo el 
contenido, y juzgando que se iba a despedir, le 
dijo que cuando era el viaje, y la respuesta que 
le dio f ue sacar un espadin que tenia y tirarle 
tan gran cuchillada en la cabeza, que le llevo un 
pedazo del cuero de ella a cerce(n) y otro pedazo 
del codo izquierdo, con que procure repar(ar) la 
cuchillada, y alii lo acabara de matar, a no ha- 
llarse un religioso que se metio de por medio, y 
a un mulato del dicho Alcalde Mayor, que se le 
antepuso, le dio otra gran cuchillada en la ca- 
beza. 

Y saliendose el dicho cabo con sus seis solda- 
dos, y el Alcalde Mayor dando voces, acudieron 
los vecinos, bien ignorantes delsuceso; atrinche- 
r6se el dicho Cabo con sus soldados en una casa 
que esta como una legua de la villa, cercana a 
una estancia, y hizo troneras para defenderse, y 
subieron a caballo, esperando si los iban a pren- 
der. Habiendose en este intermedio juntadose ya 
mucha gente en dicha villa, y nombrando el Al- 
calde Mayor (a) un Cabo de ella con orden que 



383 

fuesen a prender (a) los seis soldados y (a) dicho 
Cabo, 6 que los matasen si no se quisiesen dar, 
llegaron a donde estabaD, y llevaban dos sacer- 
dotes para que con sus buenas persuasiones les 
aconsejase(n) que se diesen, y aunque se lo per- 
suadieron, no lo quisieronhacer; finalmente, tanto 
]e persuadieron al dicho Cabo, que se dejo con- 
vencer y prender con cuatro de los que le acorn - 
panaron en la faccion, 

Le dieron carcel separada al dicho Cabo, y a 
los otros cuatro, juntos, en la piiblica; y tomadas 
sus declaraciones, conf esaron el delito los cuatro, 
y el Cabo nego, y ellos dijeron que les impuso pe- 
na de la vida que lo acompaSase(n), y convenci- 
do con estas declaraciones, confeso de llano di- 
ciendo que sus companeros no tenian culpa nin- 
guna, con lo cual, y haber sido tan atroz el delito, 
el dicho Alcalde Mayor, a usanza de guerra, lo 
raando apelotear para que sirviese de ejemplo. 
Los cuatro soldados fueron sueltos para que pa- 
sasen con los demas a su funcion. Llegaron a 
Coahuila a tiempo que ya habia salido el Gober- 
nador, y ellos, por el rastro, le fueron a alcanzar, 
a 30 del mes de abril; estando el real de la otra 
banda del rio de Guadalupe, dosde dichos solda- 
dos, dando razon de como los companeros venian 
atras, desaviados de caballos y bastimento, con 
lo cual el Gobernador les envi6 recurso de lo uno 
y lo otro. 

Habiendo ya en este tiempo reconocido la po- 
blacion de los franceses que se descubrio el ano 
pasado y visto c6mo la artilleria que se habia 
enterrado entonces, estaba alii, quemo el fuer 
te [que el ano antes no lo hizo por razones que 
le movieron, y de que dio parte a S. E.]. Y ha- 
biendo pasado de aqui a reconocer la bahia, vie- 
ron dos boyas, al parecer, que la una estaba donde 



384 

desemboca en ella el rio de San Marcos, y la otra 
a un lado, que parece senalaba la misma canal; 
y deseando este diaobservar la altura de labahia, 
quiso la suerte que fuese nublado, que no sepudo 
conseguir; queriendo desenganarse por la altu- 
ra que se observo el ano pasado con el astrolabio 
quebrado, si bien juzgo siempre se hallara la de 
veinte y nueve grados, en que la ponen todos los 
autores geograficos. 

Y habiendo andado el dicho General con algu- 
nos companeros mas de sesenta leguas por dife- 
rentes rumbos, para ver si topaban con algunos 
indios de quienes tomar razon, no se hallaron, 
hasta que, a 3 de mayo, habiendo pasado el rio 
de San Marcos, divisaron (a) una india y un in- 
dito, que, llamandolos por seSas, no quisieron 
venir, antes, si, ganaron el monte; con que fue 
el Gobernador con dos soldados a donde tenia(n) 
su rancheria, y visto no estaban alii, dej6 dicho 
Goberuador en su rancheria tabaco, navajas, lis- 
tones y zarcillos y un pano; y paro esta noche 
apartado de la dicha rancheria. Y al otro dia vino 
un indio a donde estaba dicho Gobernador, y 
habiendolo agasajado y haciendole repetidas pre- 
guntas por el Gobernador de los Tejas, dijo que 
el iria a llamarlo, con que determin6 el despa- 
charlo, como lo hizo luego, al instante, habien- 
dole dejado a su mujer y un cunadito suyo para 
que losguiaran. 

Y a este tiempo despacho al Capitan Francis- 
co de Benavides con tres soldados al real para que 
viniese marchando. Y a nueve del dicho mes de 
mayo, habiendo pasado el rio de San Marcos, ha- 
llaron (a) dos indios, y a poca distancia fue encon- 
trado el dicho Capitan Francisco de Benavides, 
con tres soldados, y traia (a) un indio ladino en 
lengua mexicana, que habia hallado, que sirvi6 



385 

de interprete, y, el mediante, se supo comoesta- 
ba un francesito en una rancheria como dos dias 
de camino al Poniente, y otro en otra, hacia el 
Oriente; que, haciendo la diligencia al segundo 
dia, encontramos (a) unos indios y a uno de di- 
chos francesitos, llamado Pedro TaI6n, muchacho 
de doce anos, ynotuvieronpor entoncesrazonde 
otro ninguno. El dia siguiente, se tuvo razon 
de otro f ranees que estaba en otra rancheria, con 
lo cual, y hallandose el Gobernador de esta ban- 
da del rio de San Marcos, y haber llovido mucho 
por la parte de arriba, temeroso de que no cre- 
ciese, le paso aquel dia, y el siguiente, que f ue a 
los doce de mayo, lleg6 el f ranees, con otros tres 
indios, a encontraraldicho Gobernador; el dicho 
frances dijo llamarse Pedro Muni. 

Y encamin^ndodealliel real, hacia laProvin- 
cia de los Tejas, y mediante el aviso que se habia 
anticipado al Gobernador de dicha nacion, vino 
a reciiair (a) el General mas aca desu habitacion, 
como veinte leguas, acompanado con catorce in- 
dios de su nacion, a quienes se les repartio ropa 
y de las demas alhajas que Uevaban; mostro el 
dicho Gobernador y los suyos mucho regocijo en 
haber visto (a) los espanoles, y dijo como su gente 
los estaba esperando con mucho regocijo. Yprosi- 
guicndo el viaje, llegaron a un valle muy ame- 
no, que le puso el Gobernador el valle de Gal- 
vez; pasa junto a el un rio muy grande, que le 11a- 
maron de la Santisima Trinidad, quecostoalguna 
dificultad el pasarlo. Y a 22 del dicho mes de mayo, 
habiendo el real atravesado unos encinales muy 
grandes y cinco arroyos secos, llegaron a un va- 
lle muy poblado, que es el principio de la tie- 
rra de la nacion de los Tejas, en donde divisaron 
muchas casas hech?s a su modo y alrededor de 
ellas muchos sembrados de maiz, f risoles, calaba- 



386 

zas y sandias; pusieron a este puesto San Francis- 
co Javier; yhacia la banda del Norte de este pues- 
to, por una looaa de encinos, y como un cuarto 
de legua, se topo con otro valle de indios de la 
misma nacion, con sus casas. Y dando raz6n el 
Gobernador de los dichos Tejas de como la casa 
de su habitacion estaba cerca, fueron a ella, y, 
antes de llegar, sali6 su madre, su mujer y una 
hija suya a recibir a los nuestros, con otra mu- 
cha gente, y sacaron unos bancos en que se sen- 
taron: politica que admiro mucho a los nuestros, 
y mas cuando al instante les sacaron tamales de 
maiz y atole, todo con mucho aseo, para que me- 
rendasen. 



CAPITULO XLIV 

En que 8e pkosigue la entrada 
A LOS Tejas. 

Cuando me pongo a considerar los descubri- 
mientos que desde el ano pasado de 686 ha he- 
cho por esta Mar del Norte el General Alonso de 
Leon, el premio que se le debiera dar por tan 
i(n)numerables trabajos y servicios, hallo que son 
dignos de eterna fama y que esta sea pregonera 
en todos los reinos, no solo de las Indias, sino de 
Espana y toda la Europa, si ya no es que le 
siga la misma fortuna que a los demas descu- 
bridores de este Nuevo Mundo, que en vez de 
premios, experimentaron ingratitudes y desabri- 
mientos: leanse las historias y las hallaran llenas 
de semejantes correspondencias. Cuatro jorna- 
das son las que nuestro General ha hecho por es- 
tas partes [como va referido en esta historia], con 
la felicidad que se ha experimentado, y en esta 



387 

ultima, descubriendo la i(n)namerable nacion de 
los Tejas, en que se espera copiosisima cosecha 
de almas que se ban de reducir al gremio de nues- 
tra Santa Madre Iglesia, por ser nacion tan do- 
cil, como se ha experimentado, y que ha cobrado 
tanto carino a los espanoles. 

Merecedor es nuestro General del elogio que 
Alejandro VI, Pontifice, hizo a D. Cristobal Co- 
lon, primer descubridor de este Nuevo Mundo, 
en la bula que expidio adjudicando a los senores 
Eeyes Catolicos las Indias, cuyas palabras son 
las siguientes: dilectum mrum Christophorum 
Colvinbum virum utique dignum ed plurimun 
comendandum ac tanto negocio actwin destinatis 
non sini maximis lahoribus ed pericidis ut te- 
rra firma ed insulas remotas ed incognitas 
'permare ubi ac tenus navigatumnon fuerad di- 
lixenter in qui resed, etta. Parece que a letra 
le ajustan estas palabras a nuestro invicto Gene- 
ral, pues en aquellas: 7i07i sini maximis lahori- 
hus ed periculis, etta, se esta visto cuan adecua- 
damente, con verdad, en los trabajos y peligros 
que experiment© en estas jornadas; atravesando 
tierras inc6gnitas; pasando por tantas y tan be- 
licosas naciones de indios barbaros con menos de 
cien hombres, y muchos de ellos no experimen- 
tados en estas milicias; teniendo en estos descu- 
brimientos una invencible constancia en tan in- 
mensos trabajos y fatigas; no faltandole oposi- 
ciones; resistiendo con prudencia la ignorancia 
presumida de algunos y la malicia de otros, que, 
sin experiencias algunas, iban contra sus dicta- 
menes. 

Y volviendo a nuestra historia, digo que, ha- 
biendo llegado nuestras companias al principio 
de la Provincia de los Tejas y asentado nuestro 
General el real como en distancia de media legua 



388 

de la habitaci6n del Gobernador, se consult6 que, 
para el buen ejemplo, seria conveniente ir en 
procesi6n los religiosos con los oficiales, y asi se 
dispuso, acompanando en ella i(n)numerab]ecan- 
tidad de indios, que ya se habian juntado en el 
real, y llegando a la morada del dicho Goberna- 
dor, cantaron el Te Deum laudamus; y habiendo 
estado un buen rato sentados en su casa en 
unos bancos que el dicho Gobernador mando sa- 
car, sacaron de la misma casa unas ollas ycazue- 
las con frisoles para que merendasen, atole de 
maiz y pinole, con que, por complacer, merenda- 
ron todos y se volvieron al real. 

El dia siguiente, se dispuso una capilla para 
poder celebrar la festividad del dia de Corpus 
para agasajar a los indios; habiendo citado al Go- 
bernador de ellos. los mando juntar y se les re- 
partio ropa y de las demas alhajas que para el 
ef ecto se llevaban y habia dado S. E. , y asistiendo 
mucho numerode indios, se celebrocon la mayor 
solemnidad que se pudo la festividad de aquel 
dia, con procesion y las demas ceremonias que 
se pudieron hacer para el buen ejemplo de los 
naturales. Despues de estacelebridad se levanto 
el estandarte real en nombre de Su Majestad, y el 
dicho Gobernador de los Tejas y sus capitanes 
le dieron la obediencia, y el dicho General Alonso 
de Leon, en su real nombre, les prometio favo- 
recer y ayudarles en todo lo necesario, y le dio a 
dicho Gobernador titulo y nombramiento en for- 
ma, entregando por insignia un baston, y man- 
dando a todos los indios que le respetasen y obe- 
deciesen como a su Gobernador y Capitan Gene- 
ral entre ellos y estuviesen a sus ordenes. 

Y de los cuatro religiosos que iban por misio- 
neros, se quedaron los tres, que f ueron el Padre 
Fr. Miguel de Fontecuberta, el Padre Fr. Anto- 



389 

nio Bordey y el Padre Fr. Francisco de Jesiis 
Maria, dandoles a entender, por interprete, la 
obediencia y respeto que habian de tener a los 
religiosos, con quienes quedaron tan solamente 
tres soldados, no dejando mas por la adverten- 
cia y reparo que hizo el dicho Gobernador de 
los Tejas, de como habian de quedar muchos 
espanoles no teniendo mujeres, que inquietarian 
a las suyas. Contentisimo quedo el Gobernador 
con la compania de los religiosos, habiendolo el 
mismo pedido el que se quedasen; diose posesion 
al Padre Prior Fr. Damian Masanet, Comisario 
de estas conversiones en esta misi6n, dejando a 
dichos religiosos muy contentos para que fuesen 
tantas almas al gremio de Nuestra Santa Madre 
la Iglesia. 

Andaba entre estos indios uno a quien todos 
ellos respetaban y lo tenian como por su ministro 6 
sacerdote, el cual, habiendo visto a los nuestros, 
6 fuese por divina inspiracion, 6 por costumbre 
antigua entre ellos, entre sus antepasados, la ve- 
neraci6n de los sacerdotes, les dijo a los indios 
[senalando a los religiosos] que aquelloseran los 
verdaderos ministros y a quienes habian de obe- 
decer de alii adelante, y que de los frutos que co- 
gieran, primero les habian de dar a ellos las 
primicias, de alii adelante, para que las ofrecie- 
rana Dios: todo lo cual fue entendido por medio 
de un indio llamado Tomas, ladino en lengua 
mexicana y que sabia la lengua materna de los 
Tejas, que asi lo declare yquehabia entradocon 
dos religiosos del Parral habia dos aiios; que es- 
tos se quedaron a larga distancia y el se habia 
venido a aquellas partes, en donde se habia que- 
dado; con lo cual tuvieron los nuestros algun ali- 
vio, por ser inteligente en la dicha lengua. 

El Gobernador de los Tejas le conto a nuestro 



390 

Gobernador como unos franceses le habian en- 
viado a decir que querian venir a poblar en su 
pueblo, y que les habia enviado por respuesta 
que no viniesen, porque tenia muchaamistadcon 
otros cristianos, y que los estaban esperando, 
con cuya respuesta volvieron a enviar mensaje- 
ro, diciendole que no admitiesen (a) tal gente, que 
era muy mala y que les habian de quitar (a) sus 
mujeres y hijos, que, a no estar el Gobernador 
tan satisfecho de los nuestros y agasajado, pu- 
diera ser que este mal consejo le hubiera perver- 
tido; pero Dios, Autor de todas las cosas, le dis- 
puso el corazon a que no diese credito a las em- 
bajadas de los franceses, y en que se conoceque 
el demonio, envidioso del fruto que se ha sacar 
de la redu(c)ci6n de esta gente, queria por este 
camino impedirlo; cuyas astucias no han de pre- 
valecer para la constancia que se ha reconocido 
en aquella naci6n, de abrazar la ley evangelica, 
por medio de los religiosos que alia quedaron. 



CAPITULO XLV 

En que se da fin a la jornada de los Tpjas. 



Dispuestas las cosas en la forma referida, le 
pareci6 a nuestro General buscar el puesto mas 
a proposito para poner la misi6n de los religiosos, 
que,comunicando con el Gobernador de los Tejas, 
salieron juntos con los religiosos, con algunos 
oficiales de las companias, y discurrieron por el 
rumbo del Nordeste, 'en donde vieron tres valles 
muy amenos, aunque pequenos, yen donde dije- 
ron los indios que habian muerto dos franceses 



391 

de los que alii querian poblar, que se verifico por 
las dos sepulturas, que estaban patentes. Llega- 
ron a un rio caudaloso, que no fue posible ha- 
llarle paso. si bien los naturales pasan por un 
arbol que debieron de derribar de la orilla y 
llego de la otra banda, y para pasar con seguri- 
dad hicieron una maroma, de la cual se van te- 
niendo; pusieronle por nombre a este rio San Mi- 
guel Arcangel. En este paraje, pues, se dispuso 
hacer la iglesia de jacal para los padres aposto- 
licos, que, a lo que se pudo reconocer, vino a ser 
en medio de la poblacion principal de los Tejas, en 
donde se detuvieron seis dias en la fabrica de 
la dicha iglesia y celdas en la mejor forma que 
se pudo; dioseles posesion a los religiosos, del 
puesto; cantose misa con toda celebridad en la 
dicha iglesia, que la dijo el Padre Coraisario Fr. 
Damian Masanet. Asistio a ella con mucha de- 
vocion el Gobernador y mucha de su gente, y se 
detuvieron en estas funciones los dichos seis dias; 
y dejando (a) tres soldados con los religiosos, se 
partio el real la vuelta de Coahuila, a primero de 
junio. 

No deja el Gobernador mas soldados, porque 
el de los Tejas hizo reparo de como habian de que- 
dar espanoles sin mujeres que les asistieran, 
que se ocasionarian a inquietarles (a) las suyas, 
y esta fue la causa de no quedar mas soldados, y 
en principio de poblaciones, y mas de tanta con- 
secuencia como esta es, es necesario mucho tien- 
to, hasta que, reconocido el modo de la gente, se 
van disponiendo las cosas a su gublo, porque, si 
en los principios hay desabrimientos, nunca se 
conseguira el fin de la redu(c)ci6n. Asegurole 
nuestro Gobernador al de los Tejas y a todos los 
suyos que vivieran con mucha paz y amor con 
los nuestros, de que quedaron muy contentos. 



392 

Les quedo provision a los religiosos, de todo lo 
necesario pa a tiempo de un ano. 

Venia caminando el real hacia la Provincia de 
Coahuila; habiendo llegado al rio de la Santisi- 
ina, que a la ida se pudo pasar muy bien, lo ha- 
Uaron tan crecido, que los detuvo, termino de 
ocho dias, que, visto por el Gobernador, dispuso 
se hiciesen balsas, y se pas6 de esta manera, no 
con poca dificultad; y habiendo llegado ya mas 
aca del rio de San Marcos, salio nuestro Gober- 
nador con diez y seis soldados al rumbo del Nor- 
deste en busca de dos muchachos franceses y una 
f rancesa que unos indios dieron noticia estaban 
en una rancheria, distancia de cuatro leguas; lo 
cual parecio ser siniestro en cuanto a la distancia, 
pues andavieron mas de diez y siete aquel dia, 
hallando diferentes rancherias de indios, queaga- 
sajaron, y se dieron los indios por muy amigos 
de los nuestros y aun les guiaron algunos, el dia 
siguieiite, distancia de quince leguas; y prosi- 
guiendo la busca de los muchachos por el rambo 
del Leste, dieron con una gran nacion de indios, 
que, agasajados, les dieron por guia (a) cuatro 
indios, que los guiaron catorce leguas. 

Habiendo pasado un arroyo que los indios 11a- 
man de las Canoas y habiendo dejado atras la 
pobIaci6n de los franceses, del ano pasado, se en- 
caminaron hacia el Sueste y encontraron (a) dos 
indios a caballo que venian de la tierra de los in- 
dios que tenian (a) los franceses. Estos Uevaron 
a los nuestros a su rancheria, que estaba (en) 
una punta de una ensenada, en donde estaban los 
dos f rancesitos y f rancesa; y trato el Gobernador 
de su rescate con los indios, agasajandoles y agra- 
dandoles para consegairlo, y, siendo asi que se 
les dio todo lo qae pedian, sin duda como no vie- 
ron mas que (a) diez y seis de los nuestros, se les 



393 

iDfuEdioalgunanimode quelos habian de matar, 
porque con mucha osadia comenzaron a pedir por 
el rescate (a) todos los caballos que los nuestros 
llevaban y aun la ropa que llevaban puesta, en- 
treteniendolos con que iban a buscar (a) uno de 
los otros francesitos, que estaba dos leguas en 
distancia de alii, y con efecto lo trujeron; y pro- 
siguiendo sus osadias, trayendo cada uno muchas 
flechas con su arco y adargas, iban pidiendo co- 
sas exorbitantes y con amenazas que, de no dar- 
selas, los habian de matar a todos, como luego 
instantaneamente lo pusieron por ejecucion, co- 
menzando a flechar con mucho impetu, con que 
se pusieron los nuestros en defensa y les mataron 
(a) cuatro indios y hirieron a otros dos; se fue- 
ron retirando; hirieron asimismo (a) dos caballos, 
con lo cual y habiendo ya agregadose los dos fran- 
cesitos y la francesa, vinieron siguiendolos nues- 
tros su derrota, y en cuya refriega le dieron a 
nuestro Gobernador dos flechazos, llevandole el 
sombrero, del uno, y el otro fue en un costado, 
sin duda por la buena cota que llevaba. 

Y con esta victoria, vinieron a alcanzar el real 
en el rio de Guadalupe, y de alii, prosiguiendo 
el viaje la vuelta de Coahuila, llego el real a los 
cuatro de julioal Rio Grande que, por venirmuy 
crecido, no se pudo vadear, obligando a estarse 
alii mas de doce dias, y fue necesario hacer al- 
gunas balsas de cuerosdecibolapara que pasaran 
algunos de los soldados que no sabian nadar, en- 
tre los cuales, uno, que se arrojo inadvertidamen- 
te, se ahogo. 

Antes que pasara el real, dispuso nuestro Go- 
bernador el que por elcuidadoque S. E. tendria 
de la dilaci6n de la Jornada, el despacharle nue- 
vas, como lo hizo, con el Capitan D. Gregorio 
de Salinas, persona que, por orden del dicho Sr. 



394 

Virrey, fue a la dicha Jornada, en la cual se es- 
tuvieron desde quince de marzo hasta treinta de 
Julio, cuya tardanza causaba mucho cuidado, si 
bien siempre se discurrieron dos cosas que la po- 
dian causar, que fue el haber llevado (a) la caba- 
Uada debil por la mucha seca que hubo a la sali- 
da, y el haberlos detenido alguno de los CQUchos 
rios caudalosos que hay por aquellas partes, a 
que se puede anadir la distancia que se aunaento 
al viaje del ano pasado desde la poblacion de los 
franceses a la Provincia de los Tejas, que hubo 
cien leguas de distancia. Hecho el computo de 
las que se anduvieron en esta Jornada, desde que 
salieron del presidio de Coahuila hasta llegar a 
la ciudad de Monterrey, son casi setecientas, en 
que se puede considerar los trabajos que se pasa- 
rian en tan larga Jornada. 

Olvidabaseme de decir la altura en que esta la 
Provincia de los Tejas, que, segun se vido por ei 
astrolabio que llevaron los Capitanes D. Grego- 
rio de Salinas y Francisco Martinez, se hall6 es- 
tar en treinta y cuatro grados y siete minutos de 
altura de Norte. Lo que f uere sucediendo en ade- 
lante, mediante Dios, se ira apuntando, que no 
dudo que, continuandose la conquista de los Te- 
jas, se haga con el tiempo mayor volumen, que 
quiera Nuestro Senor sea todo para su mayor 
honra y gloria. 

7 de septiembre de 1690 anos. 



INDTCE 

PAg-s, 

RliLACION Y DfSCURSOS DEL DESCUBRIMIENTO, 
POBLACION Y PACIFICACION DE ESTE NUEVO 
REINO DE LEON; TEMPERAMENTO Y CALIDAD 
DE LA TIERRA. HECHOS POR EL CAPITAN 
ALONSO DE LEON 9 

(Dedicatoeia) al Muy IlustreSr. Dr. D.Juan de Makozca, 

IXQUISIDOR DEL SaNTO TRIBUNAL DE LA NUEVA EsPANA... . 11 

PROEMIO al CURIOSO Y benevolo LECTOR 13 

DISCURSO primero. 

Capitulo I.— C6mo el hombre e.s inclinado A buscar A Dios. 17 

Capitulo II— C6mo se prueba haber Dios 19 

Capitulo III.— C6mo todas las naciones del mundo, por bSr- 
bara.s que sean, han tenido dieses, si r.oes la deestcNue- 

vo Reino de Le6n 22 

Capitulo IV.— C6nio ninguna nacidn ha carecido de maes- 
tros para el conccimiento del verdadero Dios, y los res- 
quicios (sic por indicios) que en este Reino sehan halla- 

do de haberlos habido 26 

Capitulo V -De las diversidades de lenguas que estas gen- 

tes hablan 31 

Capitui o VI.— Del modo de vivir de esta gente 33 

Capitulo VII —De las costumbres de cstos indios; condici6n 

y fiereza 35 

Capitulo VIII.— De las comidas de estas gentes 37 

Capitulo IX. — C6mo comen carne humana estos indios 41 

Capitulo X. — De los regocijos y mitotes de estos indios 48 

Capitulo XI.— Dc los agiieros, embustes y hechicerias que 

tienen 46 

Capitulo XII.— De los ca'^amientos— Poco empacho y ver- 

glienza que tienen 50 

Capitulo XIII.— De los nacimientos, crianzas y moriuorios 

de (.sta gente 55 

Capitulo XIV.— De la crueldad que esta gente liene, unos 

con otros, entr e si 58 

Capitulo XV, — Del modo de pclear de los indios de cste Rei- 
no, y sus armas 63 



396 

Capitulo XVI.— Del poco fruto que ha hecho en esta gente 

la doctrina en tantos afios, y que sea la causa 67 

DISCURSO SEGUNDO. 

Capitui.o I.— De la entrada y descubrimiento de este Reino; 

quiSn lo hizo y por que orden 73 

Capitulo II. — Que prosigue el descubrimiento de este Reino. 76 

Capitulo III.— De las cosas que avinieron en la gente que 

qued(5 en la villa de Le6n , 77 

Capitulo IV. — De la calidad de la tierra, y su temperamento. 79 

Capitulo V. — De las minas de este Reino, y su calidad . . 83 

Capitulo VI.^De las minas de Coahuila 86 

Capitulo VII.— De la prisi(5n y muerte del Gobernador D. 

Luis de Carabajal 89 

Capitulo VIII.— C6mo el Teniente Gaspar Castano pobl(3 la 
villa del Almaden y pas(5 A un nuevo descubrimiento. 
Su prisi6n y muerte , 92 

Capitulo IX. — De cOmo se despoblO la ciudad de Le<5n; por 

qu6 causa. Alzamiento y muertes que hubo 95 

Capitulo X.— De la poblaci6n de la ciudad de Monterrey, y 

por quien 98 

Capitulo XI. — De la muerte del Gobernador. C6mo qued6 

el Gobierno. Sucesos de ese tiempo 103 

Capitulo XII —Del alzamiento general que hubo en el Rei- 
no, y entrada que los (indios) hicieron en Monterrey. 
Muertes acaecidas antes y despues 105 

Capitulo XIII.— De algunas muertes que hubo en este Rei- 
no, de espailoles, y sus castigos 109 

Capitulo XIV —En que se prosigue la materia del pasado. 112 

Capitulo XV.— De la muerte del Cuaujuco. Vida y costum- 

bres 115 

Capitulo XVI. — En que se da raz(3n de quien tuvo este Rei- 
no a su cargo 119 

DISCURSO TERCERO. 

Capitulo I. — De la capitulaci6n de D. Martin de Zavala. Su 

venida & este Reino, y otras cosas — 125 

Capitulo II— De algunos alzamientos que durante el (del) 
capitulo pasado hubo, y algunas muertes hechas por los 
indios 129 

Capitulo III — Del primero }• segundo viaje que se hizo A la 

Huaxteca 132' 

Capitulo IV.— De algunas muertes hechas por los indios, y 

algunos castigos en el discurso del alzamiento de arriba 134- 



397 

Pags. 

Capitolo V.^Prosigue la materia del pasado 137 

Capitulo VI.— De la entrada de las ovejas A. este Re ino, A 

agostar 142 

Capitulo VII. —De la inundaci6n del Reino j- de otras que 

despues ha habido; hambres y enfermedades 145 

Capitulo VIII. —De la fundacWn de la villa de Caderej'ta. . 148 
Capitulo IX.— De la Jornada que se hizo al holandes, }■ iTio- 

tivo que hubo para ello. . , 151 

Capitulo X.— Del alzamiento de los alazapas, su origen, y 

muertes de hombres que han hecho los indios, algunos 

dias antes y despues 155 

Capitulo XI.— Del tercer viaje A la Huaxteca 160 

Capitulo XII —De algunos alzamientos generales y parti- 

culares que han intentado desde el ano de treinta y sie- 

te hasta el de cuarenta y siete 165 

Capitulo XIII.— Del alzamiento del ano de cuarenta y ocho, 

y ultimo de los de esta relaci6n y el mayor 169 

Capitulo XIV.— Prosigue la materia del pasado 1T3 

Capitulo XV.— Vase prosiguiendo la materia del pasado. . 176 
Capitulo XVI — Prosigue los sucesos de este alzamiento .. 180 

Capitulo XVII.— Del fin del alzamiento de los icauras 183 

Capitulo XVIII y ultimo de estos discursos. — En que se 

cuentan algunos casos particulares 185 

(HISTORIA DEL NUEVO REINO DE LEON. DESDE' 

1650 HASTA 1690, POR UN AUTOR ANONIMO) 189 

Al pio lector 191 

Capitulo I.— De la historia del Nuevo Reino de Le6n, que 

comienza desde el ano de 1650 en adelante 19i 

Capitulo II.— De c(5mo el indio Cabrito, cabeza de bando, 
junto it diez naciones de indios y acometiO A la casa del 
Justicia Mayor, con lo demAs que subcediO 193 

Capitulo III. — De c6mo el Gobernador D. Martin de Zava- 
la, por la mucha alteraci6n de la tierra, le oblig6 4 pe- 
dir .--oldados al Sr. Virrey para fundar dos presidios. . . 203 

Capitulo IV. — En que se van prosiguiendo los sucesos de 

adelante al ano de 53 207 

Capitulo V.— De cOrao con cierta astucia fueroncastigados 
los indios que hicieron las muertes de que (se) ha trata- 
do en el capitulo pasado 210 

Capitulo VI —De la buena negociaciOn que trujo delConsejo 

el CapitAn Alonso de Le6n para el Gobernador del Reino 212 
Memorial 213 

Capitulo VII — De los demas sucesos de guerra que se fue- 

ron prosiguiendo en este Reino 217 



398 

Pags. 

Capitulo VIII. — Dc c6mo las naciones del Norte comenza- 
ron a alzarse y hacer muertes y robos, asi en este Reino 
como en los caminos que salen de Zacatecas y Sombre- 
rete 220 

Capitulo IX.— De c6mo falleci6 el GobernadorD. Martin de 

Zavala. Su buen Gobierno y prendas de que fue dotado. 2:3 

Capitulo X.— De cOmo por muerte del Gobernador D. Mar- 
tin de Zavala, provey<5 el Sr. Vir rev este Gobierno 226 

Capitulo XL— De varies sucesos que se prosiguieroa el aiio 

de 665 228 

Capitulo XII. — En que se prosiguen otros sucesos del mis- 
mo aiio 231 

Capitulo XIII. — De otros dos casos raros sucedidos en este 

Reiao 231 

Capiiulo XIV,— En que se refieren sucesos y prodigios que 

han sucedido en diferentes partes del mundo 237 

Capitulo XV. — En que se prosiguen las cosas del Reino . . . 211 

Capitulo XVI.— De c6m.o los indios del Norte proseguian 

las en trades A este Reino 243 

Capitulo XVII —De c6mo hubo noticia que los indios tete- 
coaras intentaban entrar A este Reino por la parte del 
Alamo 2J6 

Capitulo XVIII.— Del buen acierto quese tuvo, asi en la vi- 
lla del Saltillo como en este Reino, en prender (il) los 
enemigos.. 250 

Capitulo XIX. — En que se pone A la letra el requerimiento 

del Cabildo de Monterrey al Gobernador 253 

Requerimiento 254 

Capitulo XX.— En que se pone A la letra el parecer del P. 

Fr. Francisco de Ribera 259 

Capitulo XXI.— En que se prosigwe el parecer del P. Ri- 
bera 270 

Capitulo XXII — De ccSmo el Gobernador remiti(5 este pa- 
recer A la ciudad de San Luis A otros teOlogos, y la res- 
puesta que dieron ylo que denucvo afladiO eldicho Lec- 

t-or 273 

Aprobacion 274 

Capitulo XXIIL— En que se prosiguen las guerras que hu- 
bo en este Reino 279 

Capitulo XXIV.— Del gran aJzamiento del valle de San An- 
tonio 281 

Capitulo XXV.— En que se trata de c6mo se provey(5 este 

Gobierno en D. Domingo de Pruneda 284 

Capitulo XXVI.— Del Gobierno de D. Domingo de Vidaga- 

ray, y lo poco que vivio en el- 286 



399 

PAffs. 

Capitulo XXVIL— De c6mo el Sr. Virrey, Marques de la 

Laguna, prove\'6 este Gobierno en Juan de Echevern'a. 288 

Capitulo XXVIII— En que se ponen las naciones de indios 

que habfa en este Keino, y se han consuuiido 290 

Capitulo XXIX.— En que se ponen otras naciones que hoy 

estan ag-rejEcadas A los espanoles 292 

Capitulo XXX.— De la muerte del Gobernador Juan de 
Echevern'a. Entrada y Gobierno del Gobernador Alon- 
80 de Le(5n 294 

Capitulo XXXI.— De la entrada A este Gobierno del Mar- 
ques de San Miguel Aguayo. 296 

Derrotero diario y demarcaciOn del viaje que yo, el Ge- 
neral Alonso de Le(5n,Teniente de Gobernador y de Capi- 
tAn General de este Nuevo Reino de Le(5n, hice al descu- 
brimiento de la costa del Mar del Norte 3' bocadel Rfo 
Bravo; los fundamentos y raotivos que para ello hubo, 
con todo lo sucedido en el; cantidad de gente, caballosy 
bagaje, etc 297 

Capitulo XXXII.— En que se van prosiguiendo los sucesos 

en adelante 310 

Capitulo XXXIII.— De c6mo el Gobernador Alonso deLe6n, 
Gobernador de la Provincia de Coahuila, enviOApedir 
socorro al de este Reino, y de cOmo prendi(3 & un frances 
que estaba entre los indios 313 

Capitulo XXXIV. — De c6mo el prisionero francos declarO 

la causa y motivos de haberse venido con los indios 315 

Capitulo XXXV. — De c6mo S. E., con vista del frances, re- 
solvi6 se hiciese Jornada A descubrir la poblaci6n de 
f ranceses 317 

Capitulo XXXVI.— De c6mo el Gobernador Alonso de Le<5n 
descubri(3 la poblaci6n de los franceses y bahia del Espi- 

ritu Santo 319 

Lista general de toda la gente, asi militai" como arrie- 
ros y raozos de servicio que vienen en las compaiifas 
del cargo del General Alonso de Ledn, Gobernador 
y CapitAn del presidio de la Provincia de Coahuila, 
Cabo principal de dichas companias, que van al descu- 
briraiento de la poblaci6n de los franceses, que dicen estA 
en la bahfa del Espiritu Santo; fecha hoy, 27 de marzo de 
1689, en este rio que llaman de las Sabinas 320 

Capitulo XXXVII. — En que se prosigue la Jornada 323 

Capitulo XXXVIII —En que se trata de c6mo llegaron A la 

poblaciOn de los franceses, y la forma que tenia 327 

(Piano de la poblaci(5n de los franceses) 330 

Inscripci(5n que estaba enel marco principal del fuerte 331 



400 

P5gs. 

Tanto de la carta 334 

Capitulo XXXIX. — De cOmo se descubri6unr]ogrande que 

se le puso por nombre San Marcos 335 

Capitulo XL.— C6mo el Gobernador Alonso de Le6n entr6 

a buscar (A) los dos f ranceses, 3' los trujo 388 

Capitulo XLL— De las alteraciones que hubo en el Reino de 

Le(5n, el mismo ano de 1689 343 

Capitulo XLII.— Del descubrimiento del Rio Blanco y su po- 

blaci6n 347 

(§ 1.) Descubrimiento del Rio Blanco y conversion de 
sus naturales. hecha por los religiosos de Nuestro Ser^fi- 
co Padre San Francisco, de la Provincia de Zacatecas. 
Relaci6n que hizo el CapitS.n Fernando Slnchez deZa- 

mora 348 

(§ 2.)Fundaci6n del pueblo deSan Joseph del Rio Blan- 
co, que fue la primera poblaci(5n 352 

(§ 3 ) FundaciOn del pueblo de San Antonio de los Lla- 
nos por el P. Fr. Juan Caballero 355 

(§ 4.) Rebeli(5n de los indios janarabres 360 

(§ 5.) Descubrimiento de las minas del Santo Nombre 

de Jesiis 371 

(§ 6.) IVIuertes de los padres misioneros 375 

(§ 7.) Intermedio 379 

Capitulo XLIII. — En que se prosiguen los nuevos sucesos 

del descubrimiento de la Provincia de los Tejas 380 

Capitulo XLIV.— En que se prosigue la entrada & los Te- 
jas 386 

Capitulo XLV.— En que se da fin a la Jornada de los Tejas. 390 



ERRATAS NOTABLES. 

En la pAg. 24, li'nea 26^, dice: Atiasaniota; lease: Huasaniota. 
En la pag. 93, linea 19^, dice: cjuola (sic); lease; cibola. 
Ell la p^g. 246, linea 5^, dice: 1663; lease: 1669. 
tin la piig. 3.'0, liiiea 21''^, dice: 1687; lease: 1689. 



LiSTA DE LAS PERSONAS QUE HAN PROPOROIONADO GENERO 
SAMENTEDOCUMENTOS INEDITOS PARA ESTA PUBLICACION 

Sr. Ministro Lie. D. IgnacioMARiscAL. 
Sr. Ministro Lie. D. Justo Sierra. 
Sr. Ministro Gral. D. Manuel Gonzalez Cosio. 
Sr. Subsecretario Lie. D. Jos^ Algara. "f 
Sr. Subseeretario Lie. D. Ezequiel A. Chavez. 
Sr. D. Rieardo Alcerreca y Comonport. 
Sr. Canonigo Lie. D, Vicente de P. Andrade. 
Sr. Dip. Ing. D. Agustin Arag6n. 
Monsenor Lie. D. Joaquin J. de Araoz. "j" 
Srita. Coneepeion Baz. 
Sr. Lie. D. Maximiliano Baz. "f 
BiBLioTEeA Nacional de Madrid. 
Sr. Lie. D. Jos6 L. Cossio. 
Sr. Dip. Lie. D. Alfredo Chavero. t 
Sr. D. Josd Elguero. 

Sr. Teniente Coronel D. Martin Espino Barros. 
Sr. Dip. D. Rafael Garcia. 
Sr. Dip. D. Daniel Garcia. 
Sr. Dip. D. Ignacio Garcia Heras. 
Sr. Senador D. Benito G6mez FakIas. 
Sr. D. Fausto Gonzalez. 

Sr. Teniente Coronel D. Manuel Gonzalez (hijc). 
Sr. Dip, Lie. D. Rieardo Guzman. 
Sr. Lie. D. Rafael Isunza. 
Sr. Dip. D. Benito Juarez. 
Sr. Lie. D. Mariano Lara. 
Sr. D. Luis L6pez. 
Sr. Dip. Lie. D. Pablo Macedo. 
Sr. Lie. D. Emilio J. OrdOnez 
Sr. Ing. D. Alberto J. Pani. 

Sra. Da. Maria Sanchez Roman Vda. de Gonzalez Or- 
tega. 
Sr. Dip. D. Manuel H. San Juan. 



TOMOS PUBLICADOS: 

I. IV y XIII. — Correspondencia Secreta de los Principjiles In- 
tervencionistas Mexicanos. Primera, segunda y tercera y ultima 
partes. 

II.— Antonio LOpez de Santa Anna. Mi Historia Militar y Po- 
li'tica. 

Ill^ose Fernando Ramirez. Mexico durante su guerra con 
los Estados Unidos. 

V. — La InquisicicSn en Mexico. Docuraentos selectO'^ tornados 
de su arcliivo secrete. 

VI. — Papeles Ineditos y Obras Selectas del Dr. Mora. Cartas 
intimassobre Mexico. 1836-1850. 

VII -Don Juan de Palafox y Mendoza. Su virreinato en la 
Nucva Espafia, sits contiendas con los PP. Jesuitas, etc. 

VIII. — Causa instruida contra el General Leonardo MArquez 
por trraves delitos del orden militar. 

IX — El Clero de Mexico y la Guerra de Independencia. Docu- 
mentos del Arzobispado de Mexico. 

X.— Tumultos y Rebeliones acaecidos en Mexico. 

XI. — Don Santos Degollado. Susmanifiestos, campanas, desti- 
tuci6n militar, enjuiciamiento, etc. 

XII. — Aut6g'rafos Ineditos de Morelos y Causa que se le instru- 
yC— Mexico en 1623, por el Bachiller Arias de Villalobos 

XIV. XVI, XVII, XVIII, XX, XXII y XXIV.-La Intervenci6n 
Francesa en Mexico, seg-un el urchivo delMariscal Bazaine. (Tex- 
tos espaiiol 3- frances.) Primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, 
sexta y septima partes. 

XV.— El Clero de Mexico durante la dominaciOn espaiiola, se- 
giln el archivo inedito metropolitano. 

XIX y XXI. —Felix Osores. Noticias Bio-bibliogrd-ficas de 
Alumnos Distinguidos del Colegio de San Ildefonso. Primera y 
segunda y dltima partes. 

XXIII.— El sitio de Puebla en 1863, segun los archives de D. 
Ignacio Comonfort, General en Jefe del Ejercito del Centre, y 
D.Juan .'Vntonio de la Fuente, Ministro de Relaciones Exieriores. 

XXV— Alonso de Le6n, un autor anOnimo y Fernando San- 
chez de Za mora. Historia de NuevoLedn, con noticias sobre Coa- 
huila, Tejas y Nuevo Mexico 

EN PRENSA: 

Mexico desde la Invasion Norte-americana hasta el triunfo de 
la Revoluci6n de Ayutla, segtin el archivo del Gral. Doblado. 




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Connecticut 

Libraries 



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